<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Conozca &#187; Presbiterio General</title>
	<atom:link href="http://conozca.org/?author=157&#038;feed=rss2" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://conozca.org</link>
	<description>Revista Cristiana</description>
	<lastBuildDate>Sat, 04 Apr 2026 17:36:34 +0000</lastBuildDate>
	<language>es-ES</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.4.2</generator>
		<item>
		<title>Documento de posición sobre el transgenerismo, la transexualidad y la identidad de género</title>
		<link>http://conozca.org/?p=6649</link>
		<comments>http://conozca.org/?p=6649#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 07 Oct 2025 01:47:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Presbiterio General</dc:creator>
				<category><![CDATA[2025.2]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://conozca.org/?p=6649</guid>
		<description><![CDATA[Por  Presbiterio General Según las Escrituras, cuando Dios creó a los seres humanos, los creó “varón y hembra” y bendijo su unión matrimonial (Gn.1:26-28; 2:20-25). Autores posteriores de las Escrituras interpretaron este doble acto de creación y bendición como una combinación de normas morales, como el cultivo mutuo de la intimidad entre esposos y la</p><p class="more-link"><a href="http://conozca.org/?p=6649">Mas…</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por<strong>  </strong>Presbiterio General</p>
<p>Según las Escrituras, cuando Dios creó a los seres humanos, los creó “<em>varón y hembra</em>” y bendijo su unión matrimonial (Gn.1:26-28; 2:20-25). Autores posteriores de las Escrituras interpretaron este doble acto de creación y bendición como una combinación de normas morales, como el cultivo mutuo de la intimidad entre esposos y la prohibición de la inmoralidad sexual y el divorcio (Mt.19:4-9; Mr.10:5-12; 1 Co.7:12-20; Heb.13:4). El profeta Moisés, Jesús el Mesías y el apóstol Pablo comparten un testimonio común de la bondad de la complementariedad biológica de la humanidad y de las normas morales que deben regir la conducta sexual entre hombres y mujeres.</p>
<p>Las últimas décadas han presenciado la constante erosión de las normas morales bíblicas que rigen la conducta sexual. A medida que estas normas, relativas, entre otras, a las relaciones sexuales fuera del matrimonio, la actividad homosexual, la infidelidad conyugal, la procreación y el divorcio, han dado paso, en la cultura general, a concepciones más permisivas, han surgido nuevos desafíos más fundamentales para la propia noción del complementarianismo biológico. Este “momento transgénero”, como se le ha denominado (en el que una persona puede elegir una identidad de género distinta a su sexo biológico) requiere una evaluación bíblica y teológica.</p>
<p>¿Cómo, entonces, deben responder las Asambleas de Dios a las personas transgénero?</p>
<p>En este documento de posición, nos propusimos responder a esta pregunta, primero al comprender la experiencia de las personas transgénero desde una perspectiva socio científica. Luego, realizamos una evaluación teológica del asunto a la luz de lo que la Biblia enseña sobre la santidad del cuerpo y el comportamiento transgénero. Finalmente, ofrecemos directrices para el ministerio de la iglesia hacia las personas que luchan con la identidad de género, una lucha difícil de comprender para la gran mayoría de las personas, cristianas o no.</p>
<p><strong>Un análisis socio científico del transgenerismo: identidad de género versus identidad sexual</strong></p>
<p>&#8220;Transgénero&#8221; se representa con la &#8220;T&#8221; en las siglas populares LGBTQIA+ (Lesbiana, Gay, Bisexual, Transgénero, Queer o Cuestionando su identidad, Intersexual, Asexual, con el &#8220;+&#8221; para cualquier otra designación). Si bien es difícil obtener datos demográficos, el transgenerismo podría ser el grupo más pequeño dentro de la comunidad LGBTQIA más amplia. A modo de comparación, la homosexualidad podría representar entre el 1% y el 2% de la población estadounidense (con más hombres que mujeres), la bisexualidad entre el 2% y el 4% (con más mujeres que hombres), la intersexualidad entre el 1% y el 4%, la asexualidad el 1% y el transgenerismo el 0,6% según una definición amplia del término (aunque algunos investigadores la sitúan incluso por debajo del 0,1%).<sup>1</sup><strong></strong></p>
<p>&#8220;Transgénero&#8221; puede referirse a cualquier persona cuya identidad de género (definida culturalmente como un sentido interno de género) difiere de alguna manera de su sexo de nacimiento o biológico. El término &#8220;transexual&#8221; se usa típicamente para quienes buscan asistencia médica para cambiar su sexo biológico o de nacimiento. Un paso significativo en la concepción moderna del transgenerismo fue la separación del género como construcción social del sexo biológico como algo dado al nacer. Nacer mujer ya no significaba que alguien estuviera limitado como mujer según las expectativas de la sociedad. A medida que se desarrolló esta comprensión, su fluidez ofreció un poder explicativo significativo para la experiencia transgénero de incongruencia de género (experimentar un sentido interno de género que está en desacuerdo con el propio sexo de nacimiento o biológico).</p>
<p>Aunque, por definición, el transgenerismo no es lo mismo que la homosexualidad, existe suficiente coincidencia entre ambos como para que algunos lo consideren como homosexualidad con otro nombre. Por ejemplo, si una persona transgénero es biológicamente hombre, pero percibe su identidad como mujer y siente atracción sexual por hombres, quienes la perciben como hombre la considerarían una atracción homosexual. Por otro lado, esa misma persona podría considerarla heterosexual debido a su identificación como mujer. Pero ¿cuál sería la determinación si la persona transgénero se hubiera sometido a una cirugía de reasignación de sexo? Nuestra cultura no está de acuerdo con la respuesta.</p>
<p>Independientemente de su inclusión en las siglas LGBTQIA+, los beneficios políticos compartidos y la superposición entre las comunidades transgénero y gay, el transgenerismo sigue siendo culturalmente distinguible de la homosexualidad, ya que el primero se relaciona con la identidad de género (identificarse como hombre, mujer u otro), mientras que el segundo con la orientación sexual (atracción sexual hacia el mismo sexo). Si bien se reconoce la superposición entre las comunidades transgénero y homosexual, es importante recordar que quienes se identifican como transgénero no son necesariamente homosexuales.</p>
<p>Hoy en día, el término &#8220;transgénero&#8221; se utiliza generalmente como un término general para la infinidad de maneras en que las personas pueden experimentar y expresar la incongruencia entre su sexo de nacimiento y su identidad de género. &#8220;Transgénero&#8221; se ha aplicado a individuos tan diversos como niños que luchan con su sentido de género, drag queens y personas intersexuales que nacen con rasgos masculinos y femeninos que no permiten una fácil identificación (aunque debido a que nacieron sin un sexo de nacimiento claro, muchas personas intersexuales no aceptarán la etiqueta trans). El comportamiento transgénero también puede abarcar una variedad de expresiones que van desde el travestismo en secreto hasta someterse a una cirugía de reasignación de sexo. No existe una explicación única para el transgenerismo, ni una respuesta universal al dolor que experimentan las personas transgénero.</p>
<p><strong>Entendido como una condición médica</strong></p>
<p>Una suposición común entre algunos médicos es que existe una base biológica para el transgenerismo, pero años de investigación y debate dentro de la comunidad médica sobre la causa del transgenerismo no han sido concluyentes. Incluso si se pudiera demostrar una base biológica para el transgenerismo, ¿es esa base determinante o solo proporciona una disposición para el transgenerismo que también debe considerar factores ambientales y culturales? Algunos estudios recientes han cuestionado si se puede encontrar alguna base biológica para el género como algo más que el sexo de nacimiento. Esos estudios no sugieren que quienes experimentan incongruencia de género con su sexo de nacimiento hayan elegido esa experiencia, sino que los factores que parecen estar fuera de su control con respecto a su sentido de género tienen una causa psicológica y cultural junto a, o en lugar de, una causa biológica.</p>
<p>Hoy en día, los profesionales de la salud mental trabajan para ayudar a las personas con su experiencia de incongruencia de género en lugar de la incongruencia de género en sí. La tercera edición del <em>Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales</em> (DSM) de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría definió por primera vez el &#8220;Trastorno de Identidad de Género&#8221; como un trastorno mental en el que alguien se identificaba con un género distinto al sexo de nacimiento. Para la quinta edición del DSM (2013), &#8220;Trastorno de Identidad de Género&#8221; fue reemplazado por &#8220;Disforia de Género&#8221; para eliminar el estigma asociado con la palabra &#8220;trastorno&#8221;. El diagnóstico ha cambiado de la incongruencia de género como un trastorno mental significado por el comportamiento a la incomodidad o disforia experimentada por un individuo debido a su incongruencia de género. Bajo la nueva clasificación, no todas las personas que serían identificadas como transgénero también serían diagnosticadas con disforia de género, como alguien que ya no reportó una sensación de disforia después de una cirugía de reasignación de sexo. Al tener en cuenta que el 41% de las personas que experimentan disforia de género intentarán suicidarse, esta tendencia en el campo de la salud mental a centrarse en la angustia es comprensible.<sup>2</sup></p>
<p>Hay cuatro resultados posibles para quienes buscan tratamiento para la disforia de género: (1) la disforia de género puede permanecer sin resolver, (2) puede resolverse a favor del sexo de nacimiento, (3) puede manejarse con un comportamiento cruzado de género intermitente (por ejemplo, travestismo) o (4) puede resolverse al elegir adoptar por completo su género preferido en lugar de su sexo de nacimiento (incluidas opciones médicas como la cirugía de reasignación de sexo).</p>
<p>Si bien algunos estudios en personas transgénero han demostrado un beneficio psicológico a corto plazo de la cirugía de reasignación de sexo, otros estudios también han demostrado que las tasas de suicidio siguen siendo anormalmente altas entre quienes han completado la transición. Algunos atribuyen la causa del continuo malestar psicológico después de la cirugía a la falta de aceptación plena por parte de la sociedad, pero esa teoría por sí sola podría no explicar el alto número de suicidios. El tratamiento que enfatiza una resolución hacia el género preferido podría enmascarar problemas que la resolución por sí sola no resuelve. Algunos profesionales de la salud mental han cuestionado la moralidad de la cirugía de reasignación de sexo, especialmente a la luz de la falta de evidencia sólida de una causa biológica del transgenerismo. Una respuesta quirúrgica invasiva, que implica la eliminación de órganos sanos, puede no ser la solución ética a lo que puede ser una condición psicológica profundamente arraigada. En ese caso, puede que no resuelva el problema de raíz a largo plazo. Debido a estas preocupaciones, algunos hospitales ya no permiten las cirugías de reasignación de sexo.</p>
<p>En niños diagnosticados con disforia de género, las opciones de tratamiento incluyen una actitud expectante, animando al niño a identificarse con su sexo de nacimiento o animándolo a identificarse de acuerdo con su incongruencia de género. Esta última opción puede incluso incluir la administración de bloqueadores hormonales para retrasar la pubertad, de modo que los niños tengan tiempo de entrar en la adolescencia antes de decidir cómo resolver su incongruencia de género. Este último tratamiento parece irresponsable considerando los posibles riesgos de esterilidad, el impacto en la masa ósea y el desarrollo cerebral, y que la mayoría de los niños diagnosticados con disforia de género no mantendrán ese diagnóstico en la edad adulta.</p>
<p>La disforia de género se presenta en toda la comunidad transgénero y conlleva conductas negativas y peligrosas, desde actos de daño corporal como las cortaduras hasta el suicidio. Decir que se trata de una condición psicológica que requiere tratamiento no resta importancia a la dimensión espiritual de la disforia de género en particular, ni al transgenerismo en general. Esta dimensión espiritual también requiere ayuda. Según el Dr. Mark Yarhouse, psicólogo evangélico, las personas transgénero no deben ser vistas como soldados en una guerra cultural, sino como sus víctimas. La pregunta que debe responderse es cómo debe responder la iglesia al problema del transgenerismo y a las personas transgénero de una manera que esté plenamente en consonancia con el plan redentor de Dios para todos.</p>
<p><strong>Una respuesta cristiana: a la luz del cuerpo</strong></p>
<p>Más allá de ciertas conductas que pueden interpretarse como reflejos del transgenerismo, la Escritura no aborda específicamente una comprensión contemporánea del género como un concepto socialmente construido, distinto del sexo biológico. Una respuesta cristiana al transgenerismo se establece mejor a través de una teología bíblica del cuerpo, en lugar de analizar las Escrituras en busca de textos que lo prueben a la luz de conductas específicas.<strong></strong></p>
<p>En el corazón de la experiencia transgénero se encuentra la incongruencia de género, una sensación interna de género que discrepa con el sexo de nacimiento. Una forma común de abordar esta incongruencia es preferir la sensación interna de género como representación de la propia identidad, en lugar del propio cuerpo. Algunos dentro de la iglesia han argumentado a favor de diversas expresiones del transgenerismo, afirmando que el yo interior, identificado con el alma, debería determinar el género, y no el cuerpo. En otras palabras, si alguien con genitales masculinos tiene una sensación interna de ser mujer, entonces debería ser entendido correctamente como ella. El cuerpo no tiene derecho a voto.</p>
<p>Sin embargo, una teología bíblica del cuerpo defiende la esencialidad del cuerpo para determinar nuestra identidad. El testimonio bíblico de la santidad del cuerpo se mantiene vigente independientemente de la cambiante comprensión cultural del género. La Escritura no habla del transgenerismo tal como se entiende hoy en día, pero sí se dirige a la comunidad transgénero y a la iglesia. Una teología bíblica del cuerpo puede ayudar a la iglesia a desarrollar una respuesta al problema del transgenerismo que respete la intención de Dios para los seres humanos y su redención.</p>
<p>Una teología bíblica del cuerpo implica necesariamente tres doctrinas cristianas centrales: la creación de la humanidad, la encarnación de Jesús y la resurrección de los creyentes. A través de estas doctrinas se puede apreciar plenamente el testimonio bíblico sobre el cuerpo humano. Estas doctrinas también sirven de base para comprender pasajes que se aplican más directamente a las conductas relacionadas con el transgenerismo.</p>
<p>Génesis 1:26-31 narra cómo Dios creó, bendijo y ordenó a la humanidad como hombre y mujer. Los seres humanos fueron creados a la &#8220;imagen de Dios&#8221;, como hombre y mujer. La &#8220;imagen de Dios&#8221; se refiere, al menos, al papel de la humanidad sobre la creación como representantes de la autoridad divina. La bendición de Dios a la humanidad, al igual que las demás bendiciones de Dios a lo largo del Génesis, se refiere a la continuidad, que en este caso significa procreación. Si la humanidad debe representar a Dios sobre la tierra, entonces los seres humanos deben poblarla. Por lo tanto, el primer mandato de Dios a la humanidad es ser fructíferos y multiplicarse. La creación como hombre y mujer hace posible la fecundidad humana y, por extensión, el llamado a actuar como la imagen de Dios.</p>
<p>En todo esto, el aspecto corporal de la masculinidad y la feminidad es primordial. Ser mujer y hombre posibilita la capacidad de reproducirse sexualmente. Incluso después de la caída de la humanidad, la capacidad reproductiva se atribuye a Dios, quien creó a los humanos como hombre y mujer (Gn.4:1), al igual que la condición continua de la humanidad como creaciones a imagen de Dios (Gn.5:1-3; 9:6). La creación de la humanidad como hombre y mujer por parte de Dios se debe, al menos, a su intención de que los humanos se reproduzcan.</p>
<p>A lo sumo, la intención de Dios para la humanidad de ser mujer y hombre puede estar relacionada con la incompletitud humana aparte de un otro sexualmente diferenciado. En Génesis 2:18-25 se describe la relación inicial entre la mujer y el hombre con el reconocimiento de Dios de que &#8220;no es bueno que el hombre esté solo&#8221;. La &#8220;construcción&#8221; de la mujer a partir del hombre lleva al hombre a reconocerse a sí mismo como hombre tal como la reconoce a ella como mujer. Hasta el versículo 23, el hebreo para &#8220;hombre&#8221; es <em>adam</em> , relacionado con la palabra hebrea para tierra, <em>adamah</em>. &#8220;Hombre&#8221; se forma del polvo de la tierra en Génesis 2:7 y se nombra en relación con la tierra. Después de la creación de la mujer, <em>ishshah</em> , el hombre es identificado por primera vez como &#8220;<em>ish</em>&#8220;, porque la mujer, <em>ishshah,</em> salió del hombre, <em>ish</em>. El hombre como hombre permanece incompleto sin su otro biológicamente sexual, sin el cual ni ella ni él podrían ser conocidos o conocerse a sí mismos como mujer y hombre. Como han señalado muchos teólogos desde al menos Karl Barth, Dios podría querer que la humanidad sea a su imagen, como hombre y mujer juntos, porque esto hace de los humanos seres necesariamente relacionales que, al no encontrar su plenitud separados, también reconocen su incompletitud sin Dios. Nuestros cuerpos, con su género, sirven como testimonio de nuestra responsabilidad de vivir a imagen de Dios y de nuestra incompletitud individual.</p>
<p>El reconocimiento bíblico de dos sexos humanos distintos, femenino y masculino, desde la creación de la humanidad como masculino y femenino en Génesis 1:26-27, es afirmado por Jesús en Mateo 19:4 y Marcos 10:6. El Antiguo Testamento también narra el papel que el pecado juega en la corrupción de la naturaleza humana, comenzando en Génesis 3. El Nuevo Testamento afirma esta corrupción de la humanidad incluso hasta el punto de afectar los deseos sexuales (Ro.1:18-32). No hay un solo aspecto del ser humano o de la experiencia humana que no sea afectado por la caída, inclusive, la biología, la razón, la espiritualidad, la autoidentidad y las relaciones entre todos los aspectos de la humanidad. La relación con el Creador y el resto de la creación, también es afectada por la caída humana. La salvación, encontrada en Cristo, incluye una sanación de los efectos de la caída para que ningún aspecto del ser humano o la experiencia humana sea ajeno a la redención de Dios a través del Señor encarnado.</p>
<p>El cuerpo humano no recibe mayor honor que en la doctrina de la Encarnación. El hecho de que el Verbo de Dios se hiciera carne y habitara entre la humanidad (Jn.1:14) demuestra que el cuerpo humano, creado por Dios, puede encarnar la presencia de Dios. Jesús nació, vivió y murió plenamente humano como Dios encarnado, pero sin pecado. Su resurrección fue corporal como ser humano, las primicias de todos aquellos que Dios resucitará (1 Co.15:20-23).</p>
<p>Jesús vivió con toda la experiencia de un cuerpo humano y toda la diferenciación que un cuerpo humano posee en comparación con otros cuerpos humanos. Jesús creció hasta cierta altura con características específicas que lo hicieron identificable para todos los que lo conocieron. Nació con una ascendencia que lo marcó como judío dentro de Israel y el mundo romano en general. Tenía una composición sexual que lo identificaba como hombre. Incluso las cicatrices en su cuerpo, que ayudaron a identificarlo como el Señor Resucitado para sus seguidores, siguen siendo parte de su vida corporal después de la Resurrección. Jesús experimentó todas las limitaciones de un cuerpo humano, incluso el sueño, el hambre, el sudor y el dolor. Si bien no se describe todo sobre el cuerpo de Jesús (su altura, peso, complexión, color de cabello, color de ojos, etc.), lo que se describe revela a Jesús como un ser humano completamente encarnado con todo lo que conlleva un cuerpo, desde una herencia genética hasta el hambre diaria.</p>
<p>Jesús permaneció como un ser humano plenamente encarnado después de su resurrección. Jesús es el único ejemplo concreto de una resurrección humana final. Si Jesús resucitó con un cuerpo identificable, no solo como humano, sino como Jesús, aún con las cicatrices de la Crucifixión, entonces todos los cuerpos serán redimidos en la resurrección y seguirán siendo identificables. El cuerpo entonces será una continuidad con el cuerpo actual, aunque diferente por el poder resucitador de Dios.</p>
<p>El alcance total de la redención de la humanidad caída, y por ende, la verdadera identidad humana, se comprende a la luz de la resurrección del cuerpo. Las enseñanzas más significativas sobre la resurrección del cuerpo en el Nuevo Testamento provienen de los relatos de resurrección de los Evangelios y 1 Corintios 15. Ambas fuentes resaltan la continuidad y discontinuidad entre los cuerpos humanos antes y después de la resurrección, pero la encarnación misma está asegurada. En Lucas 24 y Juan 20, Jesús debe demostrar que su resurrección no es la reanimación de un cadáver ni la aparición de un espíritu. Jesús demuestra que no es una aparición al ofrecer su cuerpo para que lo tocaran los discípulos y al comer delante de ellos; sus cicatrices prueban que es el mismo Jesús que fue crucificado (Lc.24:37-43, Jn.20:20-27). La prueba de su resurrección depende de su encarnación continua, que a su vez se convierte en la garantía de nuestra resurrección física. Jesús no es menos encarnado que el Señor Resucitado.</p>
<p>Según muchos comentaristas, Pablo explica la doctrina de la resurrección en 1 Corintios 15 porque algunos dentro de la iglesia corintia denigraban el cuerpo hasta el punto de negar la verdad o la necesidad de la Resurrección. Defiende la enseñanza a la luz de la resurrección comprobada de Jesús (1 Co.15:1-11), que garantiza la resurrección futura de los humanos (1 Co.15:12-34). En la última mitad del capítulo, Pablo describe la resurrección comparándola con la expresión actual del cuerpo. Los cuerpos resucitados serán una continuidad con los cuerpos actuales, como una planta es una continuidad con la semilla de la que brota. Mientras que los cuerpos anteriores son perecederos, débiles y polvorientos, los cuerpos resucitados serán imperecederos, poderosos y espirituales. Es la carne y la sangre de los cuerpos actuales la que no puede heredar el reino de Dios, pero Dios concederá cuerpos glorificados que sí pueden. La diferencia entre los cuerpos naturales y los glorificados es una diferencia de mortalidad, no de encarnación.</p>
<p>La doctrina de la resurrección establece la continuidad del cuerpo humano como la intención de Dios en la salvación de la humanidad. El Dios que creó a los humanos como seres completos (compuestos de cuerpo y naturaleza inmaterial) desea que la vida en la era venidera sea como seres completos. La redención no está completa hasta que los cuerpos sean resucitados. Si bien esto no significa que no haya una experiencia de Dios entre la muerte física y la resurrección (2 Co.5:6-8), sí significa que la plenitud no se expresa sin cuerpos. La Biblia presenta a los seres humanos como unidades completas, como cuerpos de polvo inicialmente vivificados por el aliento de Dios (Gn.2:7) que un día se convertirán en cuerpos de gloria vitalizados por el Espíritu de Dios. Ningún relato del cielo que haga de la resurrección final algo anticlimático puede considerarse una visión cristiana del más allá.</p>
<p>La verdadera identidad humana se realiza en la relación con Cristo, su cuerpo y su naturaleza inmaterial, y culminará en la Resurrección. Ningún relato de la humanidad que afirme la vida interior como el verdadero yo en contraposición al cuerpo constituye una comprensión bíblica de la humanidad. El verdadero yo es un ser completo, redimido y restaurado mediante la obra de Cristo a una gloriosa resurrección que refleja la intención final de Dios para la humanidad encarnada. Esa resurrección involucra a todo el cuerpo, porque los cuerpos con género fueron parte de la buena creación de Dios y no resultado de la Caída; porque la humanidad no será menos redimida que como caída; y porque los relatos evangélicos presuponen que Jesús aún era reconocido como un ser completo después de su resurrección.</p>
<p>Una enseñanza bíblica de Jesús que puede poner esto en duda se encuentra en Mateo 22:23-32 y Marcos 12:18-27. Los saduceos habían desafiado la creencia en la resurrección al presentarle a Jesús el caso de una mujer que, de acuerdo con la ley de Moisés, se había casado con siete hermanos uno tras otro, pero los había sobrevivido a todos sin tener hijos. Su pregunta sobre de quién sería esposa en la resurrección pretendía mostrar los problemas que una resurrección literal introducía para su creencia en la validez eterna de la Ley. Jesús respondió al cuestionar su conocimiento tanto de la Ley como del poder de Dios. Enseña que en la resurrección los humanos serán como los ángeles al no casarse ni entregarse en matrimonio (Mt.22:30; Mr.12:25).</p>
<p>Algunos han interpretado esto como que los cuerpos resucitados serán como los cuerpos angelicales, al asumir que si los ángeles no tienen género, entonces nosotros tampoco lo tendremos en la resurrección. Sin embargo, Jesús solo dice que la institución del matrimonio no existirá después de la resurrección, como tampoco existe entre los ángeles. El propósito del matrimonio en esta era no será necesario en la era venidera. Este pasaje no debe interpretarse como que el cuerpo carecerá en la resurrección en comparación con el cuerpo actual.</p>
<p>La promesa de la resurrección sirve como enfoque para el desarrollo de una identidad en Cristo, pues la humanidad completa en Cristo se cumplirá en la resurrección del cuerpo. Es la resurrección, incluso más que la doctrina de la creación, la que resalta la santidad del cuerpo, pues es evidente que la intención final de Dios para los humanos es la existencia como seres encarnados. Esta teología del cuerpo como esencial para nuestro verdadero ser no puede negarse al abordar la incongruencia de género, así como el dolor de la incongruencia de género puede ignorarse al ministrar a quienes sufren de disforia de género. El deseo de muchas personas que sufren incongruencia de género de encontrar una solución mediante un cambio de cuerpo es una señal de la importancia del cuerpo para la identidad humana.</p>
<p>Se debe brindar verdadera compasión a quienes sufren, incluso si una solución que prioriza por completo lo interior sobre lo exterior no puede aceptarse debido a la creencia en la santidad del cuerpo y la integridad del ser humano. Esto no significa que quienes luchan con la incongruencia de género pecan, ni que los intentos de resolver la incongruencia contra el cuerpo deban considerarse una rebelión intencional contra Dios en lugar de una lucha por la supervivencia. Una comunidad en la que el 41% de sus miembros intenta suicidarse es una comunidad de personas que sufren. Si bien la Biblia no aborda directamente la identidad transgénero ni el estilo de vida transgénero como tal, sí reconoce que las personas pueden tomar decisiones que discrepan deliberadamente con su sexo de nacimiento.</p>
<p>Nadie comprende completamente las causas de la incongruencia de género, pero ciertos comportamientos que reflejan una identidad transgénero son moralmente inapropiados según la teología cristiana del cuerpo. Esto no significa que deba existir un estándar completamente rígido e irrazonable para expresar un género en particular basado en estereotipos culturales. No todos los comportamientos tienen el mismo significado, independientemente de la cultura o el contexto. Sin embargo, la ausencia de normas o límites, y la negativa a reconocer nuestra existencia humana corporal colectiva como masculina y femenina, según las intenciones de nuestro Creador, conduce a una confusión que afecta negativamente a nuestra cultura en su conjunto.</p>
<p><strong>En vista del comportamiento</strong></p>
<p>El versículo más citado sobre el comportamiento transgénero es Deuteronomio 22:5: “La mujer no vestirá ropa de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer, porque el Señor tu Dios aborrece a cualquiera que haga esto” (NVI). Este versículo se encuentra en una sección de Deuteronomio 22 que se centra en el respeto por la vida humana y animal (versículos 1-8). Los versículos 9-11 recuerdan que no se deben mezclar lo que debe permanecer separado, mientras que la segunda mitad del capítulo aborda las normas para proteger la integridad del matrimonio y a las personas agredidas sexualmente. Leídas en conjunto, estas leyes se refieren a la protección de la vida tanto en la naturaleza como en el matrimonio. La vida y la sexualidad van de la mano, y la protección de la primera exige la protección de la segunda. Si, como creen muchos comentaristas, Deuteronomio 12 al 26 debe entenderse como ordenado a la luz de los Diez Mandamientos, entonces Deuteronomio 22 contiene leyes relativas tanto al sexto como al séptimo mandamiento, que prohíben el asesinato y el adulterio.</p>
<p>El juicio sobre el travestismo en el versículo 5 es que es una &#8220;cosa detestable&#8221; ( <em>toebah</em> ) o una abominación para Dios. El hebreo <em>toebah</em> se usa en todo el Antiguo Testamento para las actividades rituales y éticas que Dios detesta, incluso la idolatría (Dt.7:25) y la inmoralidad sexual (Lv.18:29), pero también para otras violaciones del orden apropiado, como prácticas comerciales poco éticas (Dt.25:13-16) y problemas (Pr.6:16-19). El travestismo en este versículo se ha interpretado como una referencia a la homosexualidad (el travestismo entendido como una especie de juego de roles sexual) o una referencia al comportamiento travesti que se encuentra en el culto pagano de otras culturas del Antiguo Cercano Oriente, como en el culto de Ishtar o los cultos de fertilidad cananeos. Puede ser en ese contexto que cualquier comportamiento que disolviera las distinciones entre los sexos ofreciera apoyo a las versiones paganas de la prostitución o el culto a la diosa. Sin embargo, incluso si la prostitución o el culto a la diosa ya no son el contexto, el texto no apoya un comportamiento que falte el respeto a un género basado biológicamente.</p>
<p>Al leerse en el contexto de Génesis 1:26-27 y Deuteronomio 22 en su conjunto, este comportamiento está prohibido porque no respeta la santidad de los cuerpos humanos como masculino y femenino, cualquiera que sea la razón por la que se disuelven esas distinciones. No se trata de una prohibición contra una forma de vestir culturalmente específica, sino de una prohibición del travestismo como tal, es decir, la intención de vestirse como el sexo opuesto, tal como se entiende en esa cultura, sin respetar un género basado en la biología. Al igual que otras leyes en Deuteronomio, esta ley está escrita a la luz de las prácticas de las naciones circundantes, porque Israel es llamado como un pueblo apartado por Dios. Dar testimonio del buen orden de la creación de Dios representa una manera significativa en que Israel puede distinguirse de las demás naciones. La humanidad sobrevive y prospera como mujer y hombre. De lo contrario, la humanidad no puede llenar la tierra y, por lo tanto, cumplir con el mandato de Dios de actuar a imagen de Dios sobre toda la creación, lo cual incluye el cuidado de toda la vida, tanto animal como humana (Dt.22:1-8). Israel está llamado a representar el orden de la creación (Dt.22:9-11). Deuteronomio 22:5 debe interpretarse a la luz del llamado a la humanidad a actuar a imagen de Dios y a que Israel refleje el orden divino a las demás naciones.</p>
<p>Un último versículo de Deuteronomio, al que a veces hacen referencia quienes critican la conducta transgénero, es Deuteronomio 23:1: “<em>Ningún hombre castrado, aplastado o cortado, podrá entrar en la asamblea del Señor</em>”. Deuteronomio 23:1-8 trata sobre quienes no pueden entrar en la asamblea de Israel, ni en el contexto del culto ni en el de liderazgo. Los eunucos eran considerados así en el Antiguo Cercano Oriente por razones religiosas y para ciertas funciones políticas. Esta restricción en particular fue abolida en tiempos de Isaías (Is.56:2-5). Como lo demuestra claramente la historia del eunuco etíope en Hechos 8, los eunucos son aceptables para Dios a través de Jesús. Aplicar la restricción de los eunucos de la asamblea del pueblo de Dios en Deuteronomio 23 a los transexuales de hoy, independientemente de la debilidad de esa aplicación, no tiene sentido a la luz del levantamiento de esa restricción en Isaías 56 y el ejemplo de Hechos 8. Jesús mismo declara que uno puede convertirse en eunuco por causa del reino de Dios en Mateo 19:12 (una referencia a la abstención del matrimonio por causa del servicio a Dios).</p>
<p>Otro pasaje citado contra el comportamiento transgénero es 1 Corintios 6:9-11, donde Pablo enumera una serie de &#8220;malhechores&#8221; que no entrarán en el reino de Dios, tales como <em>malakos</em> y <em>arsenokoites</em>. Mientras que el último término denota a un homosexual como alguien que se acuesta con un hombre como con una mujer, hay debate sobre el significado del primer término, que puede traducirse como &#8220;blando&#8221;. La mayoría de los eruditos creen que se refiere a la pareja pasiva en una relación homosexual, y <em>arsenokoites</em> a la pareja activa. Algunos argumentan que <em>malakos</em> es una referencia a hombres afeminados o a hombres que de alguna manera significativa desempeñan el papel de una mujer. Bajo esta interpretación, Pablo condena los comportamientos transgénero como el travestismo. Como <em>malakos</em> se encuentra entre dos palabras para los malhechores sexuales, es más seguro asumir que el comportamiento sexual pecaminoso es lo que Pablo pretende con esta palabra en lugar de los comportamientos que podríamos asociar con el transgenerismo.</p>
<p>La segunda mitad de 1 Corintios 6 puede ser más instructiva respecto a ciertas conductas asociadas con el transgenerismo. Pablo reprende a los miembros de la iglesia de Corinto por visitar prostitutas. Muchos comentaristas asumen que su justificación para este comportamiento era una comprensión excesivamente espiritualizada o dualista del cristianismo, según la cual las acciones cometidas por el cuerpo no importaban en vista de la importancia del alma. Pablo destaca la centralidad del cuerpo como parte de nuestra identidad cristiana. El cuerpo físico no está destinado a la inmoralidad sexual, sino al Señor, ya que ese cuerpo será resucitado por Dios. Si el cuerpo es miembro de Cristo, entonces no puede convertirse en una sola carne con una prostituta. Pablo enfatiza la santidad del cuerpo físico. Fue pagado por Dios, unido a Cristo, y ahora es templo del Espíritu Santo. El cuerpo ya no es nuestro para hacer con él lo que nos plazca. Aunque el mandato de Pablo de glorificar a Dios con el cuerpo responde a la inmoralidad sexual, la justificación que da para dicho mandato abarca más que simplemente evitarla. Si el cuerpo es templo del Espíritu Santo, perteneciente a Dios, que un día resucitará, no debe ser rechazado ni devaluado mientras tanto.</p>
<p>Finalmente, 1 Corintios 11:2-12 se cita a veces con la suposición de que el travestismo es el problema que Pablo busca abordar. Pablo ordena a las mujeres orar con la cabeza cubierta, mientras que los hombres deben orar con la cabeza descubierta, respeta su género en el contexto del culto. Una explicación controvertida de este pasaje ha sido que el culto en los templos paganos de Corinto implicaba travestismo, y Pablo se preocupa por distinguir el culto cristiano del pagano, garantiza el respeto a la distinción de género. Independientemente del contexto, Pablo aboga claramente por el respeto a la distinción de género en el culto.</p>
<p>Pablo enfatiza la importancia de que las mujeres y los hombres respeten su naturaleza en el curso de su adoración y ministerio a la iglesia, ya que los hombres y las mujeres se necesitan mutuamente (Gn.2:18-24). Las diferencias de género no restringen a las mujeres de orar o profetizar más que a los hombres. El llamado es a valorar el género de cada uno para que la comunidad sea completa al respetar las diferencias en él, pero en comunión entre sí. Disolver esas distinciones falta al respeto a un sexo tanto como al otro, y puede faltarle el respeto al cuerpo en general. El llamado es a glorificar a Dios con el cuerpo (1 Co.6:20) y a respetar sus identidades como hombre y mujer en el contexto de la adoración y la comunidad cristiana (1 Co.11:2-12).</p>
<p><strong>Una aplicación práctica de la teología del cuerpo</strong></p>
<p>¿Cómo deben responder las Asambleas de Dios a las personas transgénero?</p>
<p>La pregunta debe replantearse en términos de la Gran Comisión, que consiste en “hacer discípulos a todas las naciones” (Mt.28:19). Enmarcado así, el ministerio de la Iglesia hacia las personas transgénero es esencialmente el mismo que su ministerio hacia todas las personas: <em>evangelización</em> que conduce al arrepentimiento y la fe en Jesucristo, simbolizado por el bautismo, y <em>discipulado</em> que enseña a los conversos a obedecer los mandamientos de Jesucristo cada vez más.</p>
<p>Esto no significa negar que las personas transgénero presentan desafíos únicos para el discipulado. Por ejemplo, ¿cómo deberían responder los pastores de niños, tanto al niño como a sus padres, cuando un niño en la iglesia expresa disforia de género? Si una persona transgénero (que se ha sometido a cirugía y tratamiento hormonal para adquirir la apariencia externa de una persona del sexo opuesto) llega a la fe en Jesucristo, ¿cómo se manifiesta el arrepentimiento para ella?</p>
<p>Dada la teología del cuerpo articulada en los párrafos anteriores, debe quedar claro que el ministerio de la Iglesia hacia las personas transgénero debe ayudarlas a experimentar una mayor integridad entre su sexo de nacimiento y su identidad de género. Este es un objetivo de discipulado a largo plazo. Sin embargo, no es el único objetivo de discipulado, ni siquiera el primer asunto que debe abordarse en la vida de las personas transgénero. Después de todo, la cuestión más fundamental en la vida de todas las personas es si están &#8220;en Cristo&#8221;, para usar la expresión del apóstol Pablo. “<em>De modo que si alguno está en Cristo, nueva creación es; lo viejo pasó; he aquí lo nuevo</em>” (2 Co.5:17). La pregunta práctica, entonces, es cómo crear un entorno óptimo para que las personas transgénero experimenten una nueva vida en Cristo.</p>
<p>La primera característica de un entorno así es <em>el autoexamen</em>. La famosa frase de Jesús sobre la paja y la viga (Mt.7:3-5) es pertinente. Las iglesias que creen en la Biblia critican con razón las perversas concepciones y prácticas inmorales de la sociedad contemporánea en materia sexual. Sin embargo, a menudo no se abordan las actitudes desamoradas hacia personas con perspectivas y prácticas diferentes. El ministerio con personas transgénero (y con personas LGBT en general) reconoce y se arrepiente de las palabras y acciones desamoradas que se les han dicho o hecho.</p>
<p><em>La hospitalidad</em> es la segunda característica. Las ciencias sociales indican que las personas transgénero experimentan altos niveles de violencia, rechazo, soledad y pensamientos suicidas. El discurso político contemporáneo, que trata el transgenerismo como una fachada en la guerra cultural sobre las costumbres sexuales, exacerba sus sentimientos de alienación y rechazo. Una respuesta pastoral a las personas transgénero ni siquiera puede comenzar si experimentan un ambiente hostil y desagradable en la iglesia local. La hospitalidad, en cambio, acoge a las personas en el momento en que se encuentran. Los fariseos y escribas dijeron de Jesús: “<em>Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos</em>” (Lc.15:2). ¿No debería la Iglesia seguir el ejemplo de Jesús en este sentido?</p>
<p>Una tercera característica de un entorno óptimo es <em>el holismo</em>. La tentación que los pastores deben enfrentar es la reducción de las personas transgénero a su disforia de género y comportamientos relacionados, como si el adjetivo <em>transgénero</em> agotara el significado del sustantivo <em>persona</em>. La disforia de género es un problema de discipulado sin duda, pero también lo son la falta de fe, la falta de oración, el analfabetismo bíblico, el error teológico, las obras de la carne, etc. Los pastores que descuidan abordar estos problemas no ayudan a las personas transgénero a desarrollar una relación con Jesucristo, una cosmovisión bíblica, prácticas espirituales y una narrativa centrada en el evangelio que a su vez ayudará a esas personas a abordar su disforia de género y comportamientos relacionados.<br />
Una característica final es <em>la paciencia</em>. La disforia de género se forma a lo largo de la vida por causas complejas. La experiencia enseña que los sentimientos de incongruencia entre el sexo de nacimiento y la identidad de género generalmente no desaparecen instantáneamente cuando una persona transgénero se convierte. Por supuesto, lo mismo es cierto para los pecados que nos acosan, los malos hábitos y las luchas a largo plazo como la adicción a las sustancias. Si bien existen testimonios genuinos de liberación instantánea, estos son escasos. El discipulado suele consistir en una larga obediencia en la misma dirección, como lo describió un escritor. Y, a medida que las personas transgénero emprenden esta larga obediencia, la respuesta pastoral debe ser paciente, alentadora, correctiva y perdonadora a lo largo del camino. “¿<em>O menosprecias las riquezas de su bondad, paciencia y longanimidad, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento?</em>” (Ro.2:4).</p>
<p>Todas las citas bíblicas proceden de la Nueva Versión Internacional de la Biblia.</p>
<p>________________________</p>
<p>Bibliografía</p>
<p>1.   Las estadísticas sobre la población LGBTQIA en los Estados Unidos y en el mundo son notoriamente difíciles de estimar. Véase Gary Gates, “How many people are lesbian, gay, bisexual and transgender?” <em>The Williams Institute</em>, abril de 2011; “A Survey of LGBT Americans: Attitudes, Experiences and values in Changing Times” del Pew Research Center, 13 de junio de 2013; “Sexual Orientation and Health Among US Adults: National Health Interview Survey, 2013”, <em>National Health Statistic Report</em>, 14 de junio de 2014; “¿How sexually dimorphic are we? Review and synthesis?”, <em>American Journal of Human Biology</em> 12:151–166; y “¿How Many Adults Identify as Transgender in the United States?” <em>The Williams Institute</em>, junio de 2016.</p>
<p>2.   Véase “Intentos de suicidio entre adultos transgénero y no conformes con su género: hallazgos de la Encuesta Nacional sobre Discriminación Transgénero”, <em>The Williams Institute</em>, enero de 2014.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="divVerBio">
				<span class="spnAutor">Presbiterio General</span>
				<p></p>
				<br/>
			</div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://conozca.org/?feed=rss2&#038;p=6649</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Documento de posición sobre la homosexualidad, el matrimonio y la identidad sexual</title>
		<link>http://conozca.org/?p=6564</link>
		<comments>http://conozca.org/?p=6564#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 05 Aug 2025 15:07:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Presbiterio General</dc:creator>
				<category><![CDATA[2025.2]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://conozca.org/?p=6564</guid>
		<description><![CDATA[Por Presbiterio General de las Asambleas de Dios (Aprobado por el Presbiterio General en sesión del 4 al 5 de agosto de 2014)  La creciente defensa política y religiosa de las prácticas homosexuales1 el matrimonio igualitario y las identidades sexuales alternativas nos ha impulsado a aclarar nuestra postura sobre estos temas cruciales. Creemos que todos los</p><p class="more-link"><a href="http://conozca.org/?p=6564">Mas…</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por Presbiterio General de las Asambleas de Dios</p>
<p>(Aprobado por el Presbiterio General en sesión del 4 al 5 de agosto de 2014)<strong> </strong></p>
<p>La creciente defensa política y religiosa de las prácticas homosexuales<sup>1</sup> el matrimonio igualitario y las identidades sexuales alternativas nos ha impulsado a aclarar nuestra postura sobre estos temas cruciales. Creemos que todos los asuntos de fe y conducta deben evaluarse con base en las Sagradas Escrituras, que son nuestra guía infalible (2 Ti.3:16-17). Dado que la Biblia habla de la naturaleza del ser humano y su sexualidad, es imperativo que la Iglesia comprenda y articule correctamente su enseñanza sobre estos temas, que se han vuelto tan controvertidos y divisivos.</p>
<p>La reafirmación de las enseñanzas bíblicas se ha vuelto aún más urgente debido a que escritores que simpatizan con las comunidades LGBT+ (Lesbianas/Gays/Bisexuales/Transgénero/Queer y otras identidades),<sup>2</sup> han promovido interpretaciones revisionistas de textos bíblicos relevantes basadas en una exégesis sesgada y traducciones erróneas. En efecto, buscan dejar de lado casi dos mil años de interpretación bíblica y enseñanzas éticas cristianas. Creemos que estos esfuerzos reflejan las condiciones descritas en 2 Timoteo 4:3: “<em>Porque vendrá tiempo cuando no tolerarán la sana doctrina, sino que, para satisfacer sus propias concupiscencias, se rodearán de una multitud de maestros que les dirán lo que les pica el oído</em>”. <sup>3</sup> (Véase también el v. 4).</p>
<p>Cabe señalar desde el principio que en las Escrituras no se encuentra ninguna afirmación sobre la actividad homosexual, el matrimonio entre personas del mismo sexo ni sobre cambios de identidad sexual. Los géneros masculino y femenino están cuidadosamente definidos y no se confunden. El ideal constante para la experiencia sexual en la Biblia es la castidad<sup>4</sup> para quienes no pertenecen a un matrimonio heterosexual monógamo y la fidelidad<sup>5</sup> para quienes sí lo están. También existe abundante evidencia de que la conducta homosexual, junto con la conducta heterosexual ilícita, es inmoral y está sujeta al juicio de Dios.</p>
<p>Creemos, a la luz de la revelación bíblica, que la creciente aceptación cultural de la identidad y el comportamiento homosexual (masculino y femenino), el matrimonio entre personas del mismo sexo y los esfuerzos por cambiar la identidad sexual biológica son todos síntomas de un trastorno espiritual más amplio que amenaza a la familia, al gobierno y a la iglesia.</p>
<p>Este artículo es una breve exposición de las enseñanzas bíblicas más destacadas sobre la homosexualidad y la aplicación de esas enseñanzas al matrimonio y la identidad sexual.</p>
<p><strong>I. La conducta homosexual es pecado</strong></p>
<p>Históricamente, la homosexualidad se ha definido a menudo como un problema emocional (psicológico) u orgánico (fisiológico). En los últimos años, algunos han presionado a las organizaciones de salud mental para que la homosexualidad se elimine de la lista de patologías diagnósticas clasificadas, y muchos han llegado a considerarla simplemente una preferencia personal moralmente neutral o un aspecto natural de la diversidad biológica humana. Al emitir juicios morales, debemos recordar las advertencias bíblicas contra la dependencia de nuestro propio razonamiento o incluso de nuestra experiencia personal para discernir la verdad (Pr.3:5-6).</p>
<p>A. La conducta homosexual es pecado porque desobedece las enseñanzas bíblicas</p>
<p>Cuando Dios llamó a Israel a ser su pueblo en un sentido distintivo, los liberó milagrosamente de la esclavitud egipcia. Pero Dios hizo más. Estableció una relación de pacto con ellos y les proporcionó la Ley, basada en el amor a Dios y al prójimo, mediante la cual podían ordenar sus vidas como pueblo santo. Esa ley incluía prohibiciones específicas sobre la práctica homosexual, como la de Levítico 18:22: “<em>No tendrás relaciones sexuales con un hombre como se hace con una mujer; eso es abominación</em>”. Para evitar que el mandato anterior se malinterprete, Levítico 20:13 lo reitera: “<em>Si un hombre tiene relaciones sexuales con un hombre como se hace con una mujer, ambos han hecho lo que es abominación</em>”. “<em>Abominación</em>”, usado en ambos versículos, es una palabra contundente que indica el desagrado divino con el pecado.<sup>6</sup></p>
<p>La iglesia cristiana ha entendido históricamente que, si bien las disposiciones ceremoniales de la ley del Antiguo Testamento no tienen vigencia luego del sacrificio de Cristo, la interpretación y reformulación que hace el Nuevo Testamento de sus leyes morales continúan vigentes. En torno al tema de la homosexualidad, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento hablan con una sola voz. Las prohibiciones morales contra la conducta homosexual en el Antiguo Testamento son repetidas explícitamente en el Nuevo Testamento.</p>
<p>Pablo describió a las personas que a diario presenciaban el libertinaje sexual de la Roma imperial, las consecuencias que experimentaron aquellos que rechazaron a Dios y “<em>adora[ron] y sirvie[ron] a los seres creados antes que al Creador&#8230; Por tanto, Dios los entregó a pasiones vergonzosas. En efecto, las mujeres cambiaron las relaciones naturales<sup>7</sup> por las que van contra la naturaleza. Así mismo los hombres dejaron las relaciones naturales<sup>8</sup> con la mujer y se encendieron en pasiones lujuriosas los unos con los otros. Hombres con hombres cometieron actos indecentes<sup>9</sup>, y en sí mismos recibieron el castigo que merecía su perversión</em>” (Ro.1:25-27). Pablo se refiere tanto a los homosexuales varones como a las lesbianas.</p>
<p>En la época de Pablo, la ciudad de Corinto era especialmente conocida por la inmoralidad sexual. No solo era un cruce de caminos para el comercio, sino también para todo tipo de vicios. Dado que la iglesia se comenzaba a establecer en esta ciudad, era importante que los nuevos cristianos comprendieran el orden moral de Dios. El relato es explícito. Pablo escribió: “<em>¿No saben que los malhechores no heredarán el reino de Dios?</em>”. Luego continuó: “<em>No se dejen engañar: ni los inmorales sexuales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los prostitutos, ni los homosexuales [...] heredarán el reino de Dios</em>” (1 Co.6:9-10, NVI). En este caso, se entiende que Pablo identifica a los hombres homosexuales tanto en roles de comportamiento homosexual activo como pasivo.</p>
<p>Pablo escribió: “<em>La ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y rebeldes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, los inmorales y los homosexuales</em>”,<sup>12</sup> (1 Ti.1:9-10, NVI).<sup>13</sup></p>
<p>Un estudio imparcial de estos pasajes deja claro que las Escrituras identifican sistemáticamente la conducta homosexual como pecado. Las Escrituras no solo condenan los ejemplos más flagrantes de violencia y promiscuidad homosexual, sino que tampoco respaldan la idea popular moderna de que las relaciones homosexuales amorosas y comprometidas entre dos parejas estables, incluso legalmente casadas, son moralmente aceptables. Las actividades homosexuales de cualquier tipo son contrarias a los mandamientos morales que Dios nos ha dado.</p>
<p>B. La conducta homosexual es pecado porque es contraria al orden creado por Dios para la familia y las relaciones humanas</p>
<p>El primer capítulo de la Biblia dice: “<em>Y creó Dios al ser humano a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó</em>” (Gn.1:27). Después de crear al varón, Dios indicó que no era bueno que viviera solo (Gn.2:18). Así que Dios le creó una compañera (Gn.2:18). Cabe destacar que la soledad del varón no se remediaría con la creación de otro varón, sino con la creación de una mujer. Dios creó dos sexos, no solo uno, y cada uno para el otro</p>
<p>Cuando Dios trajo a la mujer a Adán, Adán dijo: “<em>Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada varona, porque del varón fue tomada</em>”. La Escritura luego declara: “<em>Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne</em>” (Gn.2:23-24).</p>
<p>Al crear a la humanidad, Dios estableció el orden de la sexualidad mediante el cual la raza humana se desarrollaría. Psicológicamente, la relación es sólida. Físicamente, la relación es natural. Sociológicamente, sienta las bases de la familia. El orden bíblico para la expresión sexual humana es el de una relación física íntima, compartida exclusivamente dentro de un pacto matrimonial para toda la vida: una relación heterosexual y monógama.</p>
<p>Cuando las personas deciden participar en conductas homosexuales, se apartan de la naturaleza divina de la sexualidad. Su comportamiento sexual antinatural es un pecado contra Dios, quien estableció el orden de la sexualidad (Ro.1:27). Y la unidad social que buscan establecer es contraria a la instrucción divina que ordena que el hombre deje a su padre y a su madre y se una a su esposa (Gn.2:24).</p>
<p>En la conversación de Jesús con los fariseos, reiteró el orden de la sexualidad que Dios estableció en el principio: “<em>¿No han leído&#8230; que en el principio el Creador los hizo varón y hembra, y dijo: &#8216;Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne&#8217;?</em>” (Mt.19:4-5). Señaló que la única alternativa al matrimonio heterosexual es el celibato por amor al reino de los cielos (Mt.19:10-12).</p>
<p>C. La conducta homosexual es un pecado que cae bajo el juicio divino</p>
<p>El nombre de la antigua ciudad de Sodoma,<sup>14</sup> se ha convertido en sinónimo de comportamiento homosexual. Si bien existían otros males en esta comunidad, la sodomía era prominente. Los homosexuales de Sodoma eran tan depravados que amenazaron con violar homosexualmente a los invitados de Lot. “<em>Sácalos ["los hombres que vinieron a ti"] para que podamos tener relaciones sexuales <sup>15</sup> con ellos</em>”, le dijeron a Lot (Gn.19:5).</p>
<p>El relato bíblico indica que la turba se volvió violenta e intentó derribar la puerta de la casa de Lot. Solo la intervención divina libró a Lot y a su familia de sus malas intenciones, y Dios posteriormente destruyó tanto Sodoma como la ciudad vecina de Gomorra (Gn.19:4-11, 24-25). El castigo divino a estas ciudades fue tan severo que tanto Pedro (2 Pe.2:6) como Judas (7) lo utilizan como ilustración del juicio divino. El comentario de Judas es particularmente acertado: «De igual manera, Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas se entregaron a la inmoralidad sexual y la perversión. Sirven como ejemplo de quienes sufren el castigo del fuego eterno».</p>
<p>El Libro de los Jueces (19:1-30) registra un incidente en la antigua ciudad benjamita de Guibeá que guarda muchas similitudes con el pecado de Sodoma. Ciertos “<em>hombres malvados de la ciudad</em>” (19:22) intentaron obligar a un levita visitante a mantener relaciones homosexuales con ellos. Al ser denegadas sus insistentes peticiones, los atacantes finalmente se conformaron con abusar sexualmente despiadadamente y violar en grupo <sup>a</sup> la concubina del levita, lo que resultó en su muerte (19:25-30). Las demás tribus de Israel encontraron el crimen tan repugnante que, cuando la tribu de Benjamín se negó a entregar a los culpables, finalmente declararon la guerra, diezmando a los benjamitas (20:1-48).</p>
<p>Estos son ejemplos particularmente notorios de expresión homosexual que, sin duda, la mayoría de las personas homosexuales hoy en día repudiarían. Cabe entender que, si bien expresan aversión ante tal perversión rapaz, los escritores bíblicos no insinúan que los heterosexuales no sean capaces de atrocidades sexuales ni que la mayoría de los homosexuales sean tan depravados como los habitantes de aquellas antiguas ciudades. Los cristianos modernos tampoco deberían extraer esas conclusiones. Sin embargo, es importante señalar que, siempre que la homosexualidad aparece en el registro bíblico, es motivo de escándalo y juicio. La homosexualidad nunca se ve de forma positiva.</p>
<p>Los escritores bíblicos dejan claro que los homosexuales practicantes, junto con los heterosexuales inmorales y todos los demás pecadores impenitentes, no heredarán el reino de Dios (1 Co.6:9-10). Pablo también describió la conducta homosexual como una evidencia del juicio de Dios por la rebelión colectiva de la humanidad contra Él (Ro.1:26-27). Jesús mismo fue explícito al afirmar que al final de los tiempos “<em>el Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, y eliminarán de su reino todo lo que hace pecar y a todos los que hacen el mal. Los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el crujir de dientes</em>” (Mt.13:40-42).</p>
<p><strong>II. La conducta homosexual es un pecado con posibilidad de reconciliación</strong></p>
<p>Si bien las Escrituras dejan en claro que la conducta homosexual es pecado y está bajo el juicio de Dios, también indican que aquellos que son culpables de conducta homosexual o cualquier otro pecado pueden reconciliarse con Dios (2 Co.5:17-21).</p>
<p>En la iglesia de Corinto había ex homosexuales que habían sido liberados del poder del pecado por la gracia de Dios. En 1 Corintios 6:9, Pablo incluyó a los homosexuales, junto con los heterosexuales inmorales, como aquellos que no pueden heredar el reino de Dios. Su gramática implica continuar con la inmoralidad sexual hasta su conversión.</p>
<p>El versículo 11 continúa con un poderoso contraste: “<em>Y eso era lo que eran algunos de ustedes. Pero fueron lavados, fueron santificados, fueron justificados en el nombre del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios</em>”. Habían sido homosexuales en orientación y comportamiento, pero ahora el poder del Espíritu de Dios había transformado radicalmente sus vidas y las de sus compañeros pecadores heterosexuales.</p>
<p>Las Escrituras dejan claro que la eficacia de la muerte y resurrección de Cristo es ilimitada para quienes la aceptan. No hay pecado, ni sexual ni de ningún otro tipo, que no pueda ser limpiado. Juan el Bautista anunció: <em>“¡Miren, el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!</em>” (Jn.1:29).</p>
<p>El apóstol Pablo escribió: “<em>Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él</em>” (2 Co.5:21). El apóstol Juan escribió: “<em>Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad</em>” (1 Jn.1:9).</p>
<p>Mediante el poder regenerador del Espíritu Santo, las personas, independientemente de la naturaleza de su pecado, pueden ser hechas nuevas criaturas en Cristo Jesús (2 Co.5:17). El plan de salvación de Dios es el mismo para todos. El homosexual practicante que desea ser liberado de la pena y el poder del pecado debe acercarse a Dios de la misma manera que todos los pecadores heterosexuales deben acercarse a Dios, de la misma manera que todos los que ahora son sus hijos han venido para ser liberados de sus pecados.</p>
<p>El acto de recurrir a Dios para salvación incluye tanto el arrepentimiento como la fe. Jesús es Salvador y Señor. Él es quien perdona nuestros pecados cuando creemos en Él y nos arrepentimos. El arrepentimiento representa un cambio de mentalidad, en el cual nos alejamos del pecado tanto en actitud como en comportamiento.</p>
<p>Jesús es también aquel cuyo señorío afirmamos en una vida santa. “<em>La voluntad de Dios es que seáis santificados: que os apartéis de la inmoralidad sexual; que cada uno aprenda a controlar su propio cuerpo de una manera santa y honorable, no en lujuria apasionada, como los paganos, que no conocen a Dios</em>” (1 Tes.4:3-5).</p>
<p>Al igual que el carcelero de Filipos, quien preguntó qué debía hacer para ser salvo, quienes desean la salvación deben creer en el Señor Jesucristo (Hch.16:30-31); creer que Él puede salvarnos tanto del poder como de la pena del pecado. La fe obediente, al igual que el arrepentimiento, es una condición para la salvación.</p>
<p><strong>III. Afirmaciones resultantes</strong></p>
<p>En vista de las claras enseñanzas bíblicas sobre la homosexualidad y la aplicación de estas enseñanzas a las prácticas sexuales contemporáneas, la Fraternidad de las Asambleas de Dios hace las siguientes afirmaciones:</p>
<p>A. Con respecto al matrimonio entre personas del mismo sexo</p>
<p>Las Asambleas de Dios definen el matrimonio como la unión permanente, exclusiva, integral y conyugal de un hombre y una mujer, en una sola carne, intrínsecamente ordenada a la procreación y a la familia biológica, y en la promoción del bien moral, espiritual y público que une a padre, madre e hijo (Gn.1:27-28; 2:18-24; Mt.19:4-9; Mr.10:5-9; Ef.5:31-33).</p>
<p>B. Con respecto a la inmoralidad sexual</p>
<p>Las Asambleas de Dios creen que los actos sexuales fuera del matrimonio están prohibidos por considerarse pecaminosos. Estos actos incluyen, entre otros, adulterio, fornicación, incesto, bestialidad, pornografía, prostitución, voyerismo, pedofilia, exhibicionismo, sodomía, poligamia, poliamor o relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. (Éx.20:14; Lv.18:7-23; 20:10-21; Dt.5:18; Mt.5:27-28; 15:19; Ro.1:26-27; 1 Co.6:9-13; Gá.5:19; Ef. 4:17-19; Col.3:5; 1 Tes.4:3; Heb.13:4).</p>
<p>C. Con respecto a la identidad sexual</p>
<p>Las Asambleas de Dios creen que Dios creó a la humanidad a su imagen: hombre y mujer, sexualmente diferentes, pero con igual dignidad personal. La Comunidad apoya la dignidad de las personas, afirman su sexo biológico y desalientan cualquier intento de cambiar, alterar o estar en desacuerdo con su sexo biológico predominante, lo que incluye, entre otros, la reasignación de sexo voluntaria, el travestismo, las conductas transgénero o no binarias de género queer. (Gn.1:26-28; Ro.1:26-32; 1 Co.6:9-11).</p>
<p>D. Con respecto a la orientación sexual</p>
<p>Las Asambleas de Dios afirman la complementariedad sexual entre el hombre y la mujer y enseñan que toda atracción sexual hacia personas del mismo sexo debe ser resistida. Por consiguiente, los creyentes deben abstenerse de todo acto o conducta sexual con personas del mismo sexo, que son intrínsecamente desordenados. (Gn.1:27; 2:24; Mt.19:4-6; Mr.10:5-9; Ro.1:26-27; 1 Co.6:9-11).<strong> </strong></p>
<p><strong>IV. Una palabra a la Iglesia</strong></p>
<p>Las Asambleas de Dios creen que todos han pecado y están destituidos de la gloria de Dios, y deben buscar la redención mediante la confesión, el arrepentimiento, el bautismo y la fe en Jesucristo. Nuestra Comunidad acoge y trata con respeto, compasión y sensibilidad a quienes experimentan atracción hacia personas del mismo sexo o confiesan actos sexualmente inmorales, y se comprometen a resistir la tentación sexual, abstenerse de la inmoralidad sexual y transformar su comportamiento a la luz de las enseñanzas bíblicas. (Mt.11:28-30; Ro.3:23; 1 Co.10:13; Ef.2:1-10; Heb.2:17-18; 4:14-16)</p>
<p>Los creyentes que luchan con las tentaciones homosexuales y la confusión de identidad sexual deben recibir aliento y fortaleza de sus compañeros cristianos (Gá.6:1-2). Asimismo, se les debe enseñar que, si bien la tentación a conductas pecaminosas es universal, la tentación en sí misma no es pecado. La tentación se puede resistir y vencer (1 Co.10:13; Heb.12:1-6).</p>
<p>Los imperativos morales de las Escrituras son de cumplimiento obligatorio para todas las personas. Sin embargo, los creyentes no deberían sorprenderse de que los incrédulos no honren a Dios ni reconozcan la Biblia como un derecho legítimo sobre sus vidas y conducta (1 Co.1:18).</p>
<p>Pedro escribe claramente sobre el conflicto y el contraste entre creyentes e incrédulos en su primera carta: “<em>Por tanto, ya que Cristo sufrió en su cuerpo, armáos también vosotros con la misma actitud, porque quien sufre en el cuerpo ha terminado con el pecado. Como resultado, no vive el resto de su vida terrenal para los malos deseos humanos, sino para la voluntad de Dios. Pues ya habéis pasado bastante tiempo en el pasado haciendo lo que los paganos eligen hacer: viviendo en libertinaje, lujuria, borracheras, orgías, juergas e idolatría detestable. Se sorprenden de que no os unáis a ellos en su vida desenfrenada y te insultan. Pero ellos tendrán que rendir cuentas ante aquel que está listo para juzgar a los vivos y a los muertos</em>” (1 Pe.4:1-5).</p>
<p>Como cristianos, debemos exhortar a los creyentes a vivir en pureza moral y expresar con palabras y hechos el amor de Cristo por los perdidos. Conscientes de las exigencias de Dios en cada aspecto de nuestra vida, debemos enfatizar que estamos llamados a la santidad. A los no creyentes debemos acercarnos con compasión y humildad. No debemos albergar rencor ni temor hacia los homosexuales ni hacia quienes luchan con su identidad sexual; tales actitudes no son de Cristo. Al mismo tiempo, no debemos tolerar la conducta sexual, homosexual o heterosexual, que Dios ha definido como pecaminosa.</p>
<p>Los cristianos también deben hacer todo lo posible para ayudar a la persona que ha luchado con conductas homosexuales y desea cambiar y encontrar liberación. Cambiar no siempre es fácil, pero es posible. Puede requerir la ayuda de otros miembros del cuerpo de Cristo, como consejeros y pastores, así como el apoyo de una comunidad eclesial. Las organizaciones cristianas también están disponibles para ayudar a quienes buscan cambiar su estilo de vida.</p>
<p>Deseamos que todos se reconcilien con Dios: que experimenten la paz y el gozo que provienen del perdón de los pecados mediante una relación personal con Jesucristo. Dios no quiere que nadie perezca en sus pecados; invita a todos a aceptar su oferta de vida eterna (Jn.3:16). Como parte de su iglesia, extendemos a todos esa invitación a la vida en Cristo.</p>
<p><strong>Notas</strong></p>
<p><sup>1  </sup>El término homosexualidad se utiliza frecuentemente para describir tanto la orientación como el comportamiento. En este trabajo, se entiende por orientación homosexual la atracción sexual hacia personas del mismo sexo. Por comportamiento homosexual se entiende la participación en actividades sexuales con personas del mismo sexo. La orientación homosexual puede generar tentaciones de pensamientos y comportamientos lujuriosos, al igual que las tentaciones heterosexuales, que no necesariamente se llevan a cabo y que pueden resistirse y superarse con el poder del Espíritu Santo. En este estudio, solo la lujuria y los comportamientos homosexuales se consideran pecaminosos.</p>
<p><sup>2  </sup>Algunos grupos de preferencia sexual pueden preferir una designación diferente pero, en ausencia de un término acordado universalmente, LGBT, generalmente entendido en los círculos contemporáneos, se utiliza aquí para incluir a todas las comunidades “no heterosexuales”.</p>
<p><sup>3  </sup>Todas las citas bíblicas son de la Nueva Versión Internacional a menos que se indique lo contrario.</p>
<p><sup>4  </sup>Aquí significa abstenerse de actividad sexual ilícita.</p>
<p><sup>5  </sup>Aquí se refiere a la fidelidad sexual y la exclusividad en el matrimonio.</p>
<p><sup>6  </sup>La palabra hebrea que se encuentra aquí, to&#8217;ebah, también se usa en este capítulo de Levítico para diversas prácticas sexuales abominables de los vecinos paganos de Israel (18:26-27,29-30). En otras partes del Antiguo Testamento, denota prácticas tan repugnantes como la idolatría, los sacrificios humanos y la brujería. Véase R. Laird Harris, Gleason L. Archer y Bruce K. Waltke, eds., Theological Wordbook of the Old Testament (Chicago: Moody Press, 1980), 2:976-77. No es raro que los revisionistas intenten justificar el significado llano del texto al asumir que los actos homosexuales se juzgan incorrectos solo porque estaban asociados con prácticas religiosas paganas prohibidas a Israel. Sin embargo, nada en los pasajes citados respalda esta interpretación y el hecho de que la práctica homosexual sea condenada implícita o explícitamente dondequiera que aparezca en el texto bíblico niega esta interpretación.</p>
<p><sup>7  </sup>“Relación sexual natural”, Nueva Versión Estándar Revisada (NRSV); el término griego chresis se refiere a la relación sexual en tales contextos. Véase A Greek-English Lexicon of the New Testament and other Early Christian Literature, 3.ª edición, revisada y editada por Frederick William Danker (Chicago: University of Chicago Press, 2000), 1089.</p>
<p><sup>8  </sup>Ibíd.</p>
<p><sup>9  </sup>Del griego aschemosyne, “acto desvergonzado”. Véase Léxico griego-inglés del Nuevo Testamento y otra literatura cristiana primitiva, 147.</p>
<p><sup>10  </sup>Es importante destacar que las Escrituras también condenan con imparcialidad los pecados heterosexuales. Además de la homosexualidad, el apóstol Pablo incluye pecados heterosexuales como el adulterio, la fornicación y la prostitución. (Véase también pasajes como Gálatas 5:19-21 y 1 Timoteo 1:10). Las Asambleas de Dios se oponen a toda inmoralidad sexual, tanto heterosexual como homosexual, y llaman a todos los participantes al arrepentimiento.</p>
<p><sup>11  </sup>«Prostitutos» se traduce del plural griego de malakos; «delincuentes homosexuales» se traduce del plural de arsenokoites. Los términos se definen respectivamente como «el compañero pasivo en la relación sexual» y «el compañero masculino en la relación sexual» en Johannes P. Louw y Eugene A. Nida (eds.), Léxico Griego-Inglés del Nuevo Testamento Basado en Dominios Semánticos, 2.ª edición (Nueva York: Sociedades Bíblicas Unidas; 1988, 1989) 1:772. Véanse también las entradas respectivas en «Léxico Griego-Inglés del Nuevo Testamento y Otra Literatura Cristiana Primitiva».</p>
<p><sup>12  </sup>Plural de arsenokoites.</p>
<p><sup>13  </sup>Nueva Biblia Estándar Americana.</p>
<p><sup>14  </sup>Algunos intérpretes modernos afirman que Sodoma fue condenada en las Escrituras solo por su maldad general, no por su reputación de conducta homosexual generalizada. También concluyen, a partir de Hebreos 13:2 (“algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”) y Mateo 10:14-15 (“sacudan el polvo de sus pies”), que el pecado de Sodoma no fue más que inhospitalidad. Se afirma, además, que incluso si las referencias a Sodoma describen conducta homosexual, en realidad se denuncia la violación masculina, no las relaciones homosexuales consensuadas. Si bien el relato del Génesis no responde a todas nuestras preguntas, la historia misma y las numerosas referencias en ambos Testamentos dejan claro que se refiere a la homosexualidad promiscua y violenta.</p>
<p><sup>15  </sup>En este contexto, «tener relaciones sexuales» es una traducción precisa del hebreo yada&#8217;, que significa «conocer», pero se usa frecuentemente como eufemismo para referirse a las relaciones sexuales (Génesis 4:1, NVI). La palabra también se usa para referirse a la sodomía (Génesis 19:5; Jueces 19:22) y la violación (Jueces 19:25). Véase el Diccionario Teológico del Antiguo Testamento, 1:366.</p>
<p><sup>16  </sup>Hebreo yada&#8217;. Véase la nota anterior.</p>
<p><sup>17  </sup>Hebreo yada&#8217;. Ver notas anteriores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="divVerBio">
				<span class="spnAutor">Presbiterio General</span>
				<p></p>
				<br/>
			</div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://conozca.org/?feed=rss2&#038;p=6564</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La Seguridad de la Salvación</title>
		<link>http://conozca.org/?p=5356</link>
		<comments>http://conozca.org/?p=5356#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 07 Dec 2022 19:45:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Presbiterio General</dc:creator>
				<category><![CDATA[2022.3]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://conozca.org/?p=5356</guid>
		<description><![CDATA[(Adoptada por el Presbiterio General en sesión el 5-7 de agosto de 2017) &#160; &#160; En vista de la enseñanza bíblica según la cual la seguridad del creyente depende de una relación viva con Cristo (Juan 15:6); en vista del llamado de la Biblia a una vida de santidad (Hebreos 12:14; 1 Pedro 1:16); en</p><p class="more-link"><a href="http://conozca.org/?p=5356">Mas…</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p data-em="to|the|las|de|of|in|\d+"><strong>(Adoptada por el Presbiterio General en sesión el 5-7 de agosto de 2017)</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<p><em>En vista de la enseñanza bíblica según la cual la seguridad del creyente depende de una relación viva con Cristo (Juan 15:6); en vista del llamado de la Biblia a una vida de santidad (Hebreos 12:14; 1 Pedro 1:16); en vista de la clara enseñanza según la cual un ser humano puede ser borrado del Libro de la Vida (Apocalipsis 22:19); y en vista del hecho de que alguien que haya creído por un tiempo puede caer y alejarse (Lucas 8:13); el Concilio General de las Asambleas de Dios no está de acuerdo con la posición de seguridad incondicional, la cual sostiene que es imposible que se pierda una persona que antes ha sido salva.</em> (Estatutos, Artículo IX.B.1)</p>
<p>Las Asambleas de Dios sostienen la enseñanza bíblica según la cual las personas entran en una relación personal salvadora con Cristo por medio del poder regenerador del Espíritu Santo, quien las lleva al arrepentimiento y a la fe en Cristo. Jesús describió esta experiencia inicial de la salvación como el «nuevo nacimiento» (Juan 3:3–6),<sup>1</sup> como lo hizo también el apóstol Pedro (1 Pedro 1:3).  De igual manera, Pablo escribe: «Nos salvó… por el lavamiento de la regeneración [<em>palinguenesías</em>, “del nuevo nacimiento” o “de la regeneración”] y por la renovación en el Espíritu Santo» (Tito 3:5), usando también la expresión «nueva creación» para referirse a este transformador suceso salvador (2 Corintios 5:17).</p>
<p>En el momento del nuevo nacimiento del creyente, designado teológicamente como «regeneración», el Espíritu Santo entra a él, llevándole la seguridad del perdón de sus pecados, la renovación espiritual y una relación personal con Dios. «El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios» (Romanos 8:16). Esta relación dinámica con Dios a través de su Espíritu, iniciada y sostenida por medio de la fe, afianza la seguridad del creyente.</p>
<p>Las siguientes enseñanzas bíblicas sostienen y guían la creciente madurez del creyente y su perseverancia en su relación con Cristo.</p>
<ul>
<li>La salvación se halla al alcance de todas las personas (Lucas 19:10; Juan 3:16; Romanos 10:11–13; Hebreos 2:9; 2 Pedro 3:9; Apocalipsis 22:17).</li>
<li>La salvación es recibida y asegurada por medio de la fe (Romanos 3:28; Gálatas 2:20–21; Efesios 2:8; Filipenses 3:9; Hebreos 10:38; 1 Pedro 1:5).</li>
<li>La salvación es un conflicto constante con la tentación y el pecado (Romanos 1:32; 1 Corintios 3:1–3, 5–8; 5:9–13; Hebreos 3:12–14; 12:1; 1 Juan 1:8; 3:8).</li>
<li>La salvación del creyente se puede perder o abandonar por su alejamiento voluntario de Cristo (Juan 17:12; 1 Timoteo 4:1; 5:12, 15; Hebreos 6:4–6, 10:26–27, 38; 2 Pedro 2:20; 1 Juan 5:16).</li>
</ul>
<h3>I. Dios hace provisión de la salvación para todas las personas</h3>
<p>Dios quiere que todos los seres humanos sean salvos, verdad que la Biblia presenta repetidas veces (Lucas 19:10; Juan 3:16; Romanos 10:11–13; Hebreos 2:9; 2 Pedro 3:9; Apocalipsis 22:17). El propósito salvador eterno de Dios fue expresado por el propio Jesús: «Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lucas 19:10); es decir, que Él quiere salvar a todos los seres humanos. Al principio del evangelio de Juan, Jesús es presentado como «el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29). Más adelante encontramos el gran tema del Evangelio: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16).<br />
De igual manera, las epístolas paulinas insisten en el plan de Dios para una redención universal: «Dios nuestro Salvador… quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad» (1Timoteo 2:3–4). «Dios… es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen» (1 Timoteo 4:10). «Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres» (Tito 2:11). Esta gracia es la llamada preventiva, la gracia que nos proporciona Dios antes de la salvación, atrayendo a todos los seres humanos a la salvación y capacitándolos para aceptar o rechazar su ofrecimiento. Después de hacer numerosas expresiones de este tipo acerca del ofrecimiento universal de la salvación por parte de Dios, la Biblia termina de una manera muy adecuada con una invitación final dirigida a toda la humanidad: «Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente» (Apocalipsis 22:17).</p>
<p>Lamentablemente, algunas tradiciones cristianas han llegado a un concepto tal de la soberanía de Dios, que afirma que solo un número limitado de seres humanos pueden responder al ofrecimiento hecho por Dios en cuanto a la salvación. Estas tradiciones sostienen además que el sacrificio expiatorio de Cristo no está destinado a todos. Dan por sentado que la soberanía de Dios decretó desde la eternidad pasada la elección exclusiva de un número limitado de personas para la salvación. Esta creencia tiene sus raíces en varios pasajes bíblicos que ciertamente ponen de relieve la soberanía de Dios en su actividad salvadora. Por ejemplo, las palabras de Jesús en el evangelio de Juan señalan con claridad que el Padre debe actuar para atraer a los humanos a sus propósitos en cuanto a la elección (6:37, 44, 65). Otro texto que se menciona con frecuencia es Romanos 9:11–18, que habla de la visión previa de Dios en las vidas de Jacob y Esaú, y destaca su soberana elección de Jacob, y no de Esaú. La metáfora bíblica del control soberano del alfarero sobre el barro sigue a este pasaje, y suele ser citada para apoyar el concepto de la absoluta soberanía de Dios en la realización de la salvación humana (9:20–21).</p>
<p>No obstante, aunque estos pasajes enseñan ciertamente que Dios es soberano en todo lo que hace, no constituyen una negación de la libertad humana para responder al Evangelio. La elección de Jacob sobre Esaú indicaba que Dios sabía de antemano lo que haría cada uno de ellos. La historia sagrada del Génesis relata vivamente la historia de las decisiones personales del propio Jacob mientras luchaba con Dios y le respondía con una fe vacilante. La imagen del alfarero es una elocuente y poderosa descripción de la soberanía de Dios, pero los singulares esfuerzos del alfarero para crear una vasija de calidad no llevan en absoluto la intención de enseñar que Dios pase por alto de forma deliberada a ciertas personas, con lo cual las estaría dejando perdidas para toda la eternidad. Pasajes como estos no contradicen el «todo aquel que en él cree» de Juan 3:16, ni la provisión de Dios para todos, tal como se expresa con tanta frecuencia a lo largo de toda la Biblia.</p>
<p>El apóstol Pablo puso en una perspectiva divina los propósitos salvadores de Dios al escribir: «Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos» (Romanos 8:29). En este pasaje crucial, no se muestra que Dios le esté negando a la humanidad la libertad y la capacidad para escoger. Lo que Pablo muestra es que Dios ha hecho provisión desde la eternidad para aquellos que Él ha visto de antemano que responderían al Evangelio y creerían en Cristo. El verbo griego traducido como «conocer antes» (<em>proguinōskō</em>) manifiesta el hecho de que Dios conoce a los seres humanos desde la eternidad. También es importante notar que el verbo «conocer» (griego, <em>guinōskō</em>; hebreo <em>yadá</em>), cuando se refiere a Dios con respecto a los seres humanos, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, expresa una riqueza de amor y de misericordia que se refleja en las relaciones maritales sanas de sus criaturas humanas. Un pasaje citado con frecuencia para ilustrar esto es el siguiente: «A vosotros solamente he conocido [hebreo, <em>yadá</em>; griego de la Septuaginta, <em>guinōskō</em>] de todas las familias de la tierra» (Amós 3:2), en el cual se expresa el amoroso conocimiento previo de Israel por Dios y su elección. Pedro, inspirado por el Espíritu, usó el nombre correspondiente a este verbo <em>proguinōskō, </em>amorosamente selectivo, cuando se dirigió a los creyentes dispersos por el vasto Imperio Romano como «elegidos según la <em>presciencia</em> [<em>prognosis</em>, cursiva añadida] de Dios Padre» (1 Pedro 1:1–2).</p>
<p>La presciencia de Dios es un ejercicio de su omnisciencia (el conocimiento de todo), más que de su omnipotencia (poderlo todo). El conocimiento por parte de Dios de todo lo que va a suceder no equivale a hacerlo suceder sin tener en cuenta el libre albedrío de una persona. El hecho de suponer que si Dios tiene el derecho de hacer algo, esto exige que Él ejercite ese derecho (pasar por alto a ciertas personas, y de esa manera condenarlas, como enseñan algunos), en lugar de resaltar su soberanía, la disminuye. Esta creencia errónea limita la santidad y la justicia de Dios. No refleja su bondadoso amor y su misericordia hacia todas sus criaturas humanas.</p>
<p>Por consiguiente, es importante que comprendamos la diferencia entre la predestinación, que es un concepto bíblico, y el predeterminismo, que no lo es. La predestinación le da la seguridad en cuanto a su destino eterno al pueblo de Dios (el cuerpo corporativo de Cristo), del cual Él sabía de antemano desde la eternidad que respondería a la convicción de su Espíritu y aceptaría su provisión redentora en Cristo (Juan 14:2). En cambio, el predeterminismo afirma que Dios ha decidido previamente las acciones y el destino individuales de todos los seres humanos, sin tener en cuenta su decisión de creer. Esta distinción entre ambos términos queda ilustrada en Ester 4:13–14, cuando Mardoqueo le advierte a Ester: «No pienses que escaparás en la casa del rey más que cualquier otro judío. Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?» Dios había predestinado la supervivencia (corporativa) de Israel, pero no había predeterminado el destino (personal) de Ester: ese estaba en manos de ella misma. Proveería un plan de salvación o escape para el pueblo corporativo de Dios, pero la participación individual era cuestión de decisión personal.</p>
<p>En su bondadosa y misericordiosa soberanía, Dios determinó desde la eternidad pasada las condiciones para mostrar su misericordia, y nos proveyó un plan de salvación por medio del cual todos podemos ser salvos (Hebreos 2:9).  En este plan son tomadas en consideración las decisiones libres de los seres humanos, capacitados por el Espíritu Santo, de manera que los creyentes son escogidos en Cristo teniendo como base su conocimiento previo (Romanos 8:29; Efesios 1:4). La salvación se halla al alcance de todo aquel que decida responder en fe al Evangelio, y a la provisión universal de la gracia preventiva por Dios.</p>
<h3>II. La salvación es recibida y asegurada por la fe</h3>
<p>Ciertamente, ser cristiano no es cuestión de buenas obras. La salvación se logra solamente por gracia por medio de la fe (Efesios 2:8–9). La fe acepta el hecho de que Cristo murió en lugar de la humanidad pecadora para que estuviera disponible el perdón de sus pecados. Por fe, los humanos solo pueden confiar en la misericordia de Dios y aceptar a Cristo como Salvador. La fe capta la maravillosa realidad de que ahora los humanos que crean y se arrepientan son los que reciben la justicia de Cristo, acreditada a ellos sin mérito alguno de su parte (Filipenses 3:9) y dada «por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él» (Romanos 3:22). Aunque «todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, [son] justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús» (Romanos 3:23–24; vea también el 5:1). Además, nosotros comprendemos esta posición con respecto a Dios, recibida por su gracia, porque nos capacita para ello el Espíritu Santo, quien «da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios» (Romanos 8:16).</p>
<p>Aunque justificados y con la justicia de Cristo acreditada a su favor, los creyentes también son «creados en Cristo Jesús para buenas obras» (Efesios 2:10). Más aún; se les encomienda en su vida diaria que sean «llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo» (Filipenses 1:11). De manera que la ejercitación real de la justicia de Cristo en el creyente es un proceso continuo. Comprende una formación espiritual deliberada y progresiva, como se ilustra acertadamente en 2 Pedro 1:5–8:</p>
<p>Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. (Vea también Romanos 6:12–13; 8:13; Colosenses 3:1–5.)</p>
<p>Nuestro crecimiento espiritual individual varía en calidad y madurez a medida que aprendemos a obedecer la Palabra de Dios y confiar en la dirección y la capacitación del Espíritu Santo que habita en nosotros. No obstante, aunque nos hallemos aún en el proceso de formación, y por imperfectos que seamos, seguimos estando justificados por medio de la fe en Cristo, y nunca por nuestras buenas obras. «Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús» (Romanos 8:1).</p>
<p>El crecimiento espiritual también tiene previsto que el creyente se comprometerá a seguir a Cristo en una obediencia de toda la vida a sus enseñanzas. El Nuevo Testamento le da gran importancia a un fiel atravesar las pruebas de la vida y perseverar en la fe hasta su final. En la Parábola del Sembrador, Jesús dijo: «la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia [<em>en hypomoné</em>]» (Lucas 8:15). Santiago recoge ambos conceptos de la fidelidad en medio de las pruebas y de la perseverancia cuando escribe: «La prueba [<em>to dokimion</em>] de vuestra fe produce paciencia [<em>hypomonēn</em>] (1:3). Pedro añade: «Para que sometida a prueba [<em>to dokimion</em>] vuestra fe … sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo» (1 Pedro 1:7). El escritor de la epístola a los Hebreos coincide: «Porque os es necesaria la paciencia [<em>hypomonés</em>], para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa» (Hebreos 10:36).</p>
<p>Entonces, vemos que la seguridad de los creyentes les viene por medio de la fe, tanto cuando reciben la salvación, como cuando continúan en comunión con Cristo por medio de su Espíritu. Junto con Pablo, el creyente ora para «ser hallado en él [en Cristo], no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe» (Filipenses 3:9).</p>
<h3>III. La salvación es un conflicto constante con la tentación y el pecado</h3>
<p>La tentación y el pecado son realidades de la vida en un mundo caído. Aunque los creyentes confían fielmente en Cristo y lo siguen, no obstante, siguen sujetos a la fragilidad humana. Aunque se les han otorgado la justificación y la justicia ante Dios sobre la base de la justicia de Cristo, no alcanzan en este mundo una perfección carente de pecado. «Porque todos ofendemos muchas veces» (Santiago 3:2). «Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros (1 Juan 1:8).</p>
<p>Sin embargo, las Escrituras insisten en que se debe vivir la vida cristiana sobre una trayectoria positiva de transformación espiritual. Tal como destacamos previamente, los creyentes han «nacido de nuevo» por el Espíritu de Dios (Juan 3:3–8); son “nuevas criaturas” para las cuales las cosas viejas han desaparecido y han llegado las nuevas (2 Corintios 5:17). Por esa razón, Juan asegura repetidamente en su epístola anterior: «Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado» (1 Juan 3:9). El mismo Espíritu Santo que les da convicción de pecado a los no creyentes (Juan 16:8) sigue convenciendo de pecado a los creyentes y guiándolos a la verdad (Juan 16:13). «Todo aquel que permanece en él [en Cristo], no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido» (1 Juan 3:6).</p>
<p>Juan añade a esto otra nota aleccionadora: «El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio» (1 Juan 3:8). Los creyentes no pueden seguir pecando de la forma en que lo hacen los no creyentes. «¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?», pregunta Pablo (Romanos 6:1). La respuesta es una enfática negación. La continuación en las prácticas de pecado afecta de manera adversa a la fe del creyente y, si no se arrepienten de ellas, terminarán destruyendo su fe.</p>
<p>Cuando los creyentes confiesan que han pecado y acuden a Cristo arrepentidos, lo hacen con la seguridad de que, como hijos de Dios, «abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo» (1 Juan 2:1). Además, «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad» (1 Juan 1:9). De esta manera los creyentes tienen seguridad de que Dios ha provisto lo necesario para fortalecerlos y perdonarlos mientras ellos luchan con las tentaciones y los pecados, sin tener necesidad alguna de dudar con respecto a su salvación, que se basa en la justicia de Cristo que ellos han aceptado por fe.</p>
<p>También se debe declarar enfáticamente que los creyentes no se hallan en una especie de puerta giratoria, entrando en la gracia y saliendo de ella una y otra vez. Están seguros en las manos de Dios. «Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 8:38–39). Su posición como creyente en Cristo justificados siempre se debe a la fe. Sin fe en Cristo, ya no existe una relación salvadora con Él. Esta es la razón por la cual las Escrituras amonestan a los creyentes diciendo: «Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo» (Hebreos 3:12).</p>
<h3>IV. Es posible perder o abandonar la salvación al rechazar a Cristo</h3>
<p>Dios, nuestro amoroso Padre celestial, no quiere que ningún ser humano se aparte de la salvación que Él en su bondad nos ha proporcionado en Cristo. «[El Señor] es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9).</p>
<p>No obstante, la Biblia también enseña que los creyentes que han aceptado a Cristo como Salvador se pueden perder si ignoran repetidas veces las enseñanzas de las Escrituras, se resisten continuamente a la convicción que les da el Espíritu Santo, y alcanzan finalmente un punto en el cual se alejan de su Salvador. Jesús habla de esta situación en la Parábola del Sembrador, en la cual, hablando de algunos que se han hecho creyentes, dice: «Creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan (Lucas 8:13). El escritor de Hebreos se refiere gravemente a los creyentes «que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron» (Hebreos 6:4–6).</p>
<p>El apóstol Pedro advierte: «Si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado» (2 Pedro 2:20–21).</p>
<p>Ciertamente, la Biblia advierte contra la posibilidad de perder, o abandonar la salvación, pero nunca cesa de ofrecerles esperanzas a todos los que estén dispuestos a responder al llamado del Espíritu. La invitación de Jesús no hace distinción alguna. «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar» (Mateo 11:28). El apóstol Pablo proclama con toda firmeza: «Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» (Romanos 10:13). Por esta razón, los cristianos nunca debemos apresurarnos a llegar a la conclusión de que un hermano o hermana que batalla en su vida espiritual es irredimible. Si el Padre no se dio por vencido con el hijo que estaba perdido (Lucas 15:11–31), tampoco lo debe hacer la Iglesia de Jesucristo.</p>
<h3>Conclusión</h3>
<p>La fe cristiana es una fe llena de una vida gozosa y victoriosa en Cristo, en la cual los creyentes, espiritualmente transformados, son moldeados por la Palabra de Dios y reciben su energía del Espíritu Santo. Ciertamente, la fe cristiana exige obediencia a los mandatos de Cristo y una participación responsable en la vida de su Iglesia y de la comunidad en general. A veces los guía mientras atraviesan sufrimientos de diversas clases. Sin embargo, la perseverancia de los creyentes en la fe es segura mientras permanezcan en una relación con su Señor. Las palabras de Pablo, llenas de una gran seguridad, nos recuerdan el incansable compromiso del Señor según el cual «el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo» (Filipenses 1:6).</p>
<h3>Notas</h3>
<ol>
<li>Todas las citas bíblicas están tomadas de la Versión Reina-Valera 1960 (RV-60) a menos que se indique de otra manera.</li>
<li>ESV refers to the English Standard Version of the Bible.</li>
</ol>
<div id="divVerBio">
				<span class="spnAutor">Presbiterio General</span>
				<p></p>
				<br/>
			</div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://conozca.org/?feed=rss2&#038;p=5356</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Una respuesta de las Asambleas de Dios a la teología reformada</title>
		<link>http://conozca.org/?p=5345</link>
		<comments>http://conozca.org/?p=5345#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 07 Dec 2022 19:17:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Presbiterio General</dc:creator>
				<category><![CDATA[2022.3]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://conozca.org/?p=5345</guid>
		<description><![CDATA[(Adoptada por el Presbiterio General en sesión el 1-3 de agosto de 2015) &#160; La creciente popularidad de la teología reformada entre los ministros más jóvenes y los estudiantes que se preparan para el ministerio ha llamado la atención del movimiento contemporáneo evangélico en América y otras partes. Por un lado, el amor por la</p><p class="more-link"><a href="http://conozca.org/?p=5345">Mas…</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p data-em="to|the|las|de|of|in|\d+"><strong>(Adoptada por el Presbiterio General en sesión el 1-3 de agosto de 2015)</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<p>La creciente popularidad de la teología reformada entre los ministros más jóvenes y los estudiantes que se preparan para el ministerio ha llamado la atención del movimiento contemporáneo evangélico en América y otras partes. Por un lado, el amor por la Escritura y la teología, junto con el fervor por Cristo y su obra, son una fuente de gran aliento. Por otro lado, hay cierta preocupación que, al adoptar la teología reformada apresuradamente, algunos individuos provenientes de trasfondos más wesleyianos y arminianos tal vez no hayan considerado con detenimiento las diferencias esenciales entre las respectivas tradiciones.</p>
<p>De hecho, hay un continuo debate filosófico en torno al equilibrio entre la soberanía divina y la responsabilidad humana, que deriva de esta discusión. En un extremo, se afirma que Dios, el destino, o alguna otra fuerza es el único agente activo en el universo que ejerce su influencia sobre seres humanos impotentes. En el otro extremo, se argumenta que la humanidad puede hacer lo que quiere y no necesita justificarse ante ningún poder superior, pues ciertamente es posible que ni siquiera exista. El cristianismo rechaza con toda razón ambos extremos como contrarios a la Biblia. Al mismo tiempo, hay cristianos sinceros que reivindican diferentes perspectivas en cuanto al equilibro entre el control divino de Dios y la responsabilidad humana. En la actualidad, las dos posiciones fundamentales en el cristianismo protestante son generalmente etiquetadas como teología reformada y teología arminiana.</p>
<p>Debe notarse también la diversidad entre los grupos reformados y arminianos. Ambos grupos abarcan tanto carismáticos como secesionistas, y muchas otras expresiones teológicas diferentes. Para muchos, la expresión más notable e influyente de la teología reformada se da a través de aquellos que se denominan «neo-reformados».</p>
<p>Este documento tiene como fin identificar en un espíritu de respeto y conciliación las áreas de acuerdos y desacuerdos, ofreciendo una base para fomentar la conversación, la comprensión, y también los motivos de discrepancia. Muchos de nosotros hemos aprendido mucho al estudiar y dialogar con maestros y amigos de la tradición reformada que estimamos, apreciamos y admiramos, aunque hemos llegado a conclusiones diferentes sobre ciertos aspectos de la salvación personal.</p>
<h3><strong>¿Cómo comenzó todo?</strong></h3>
<p>A la teología reformada se la suele llamar calvinismo, en honor a Juan Calvino (1509–1564). Esta designación no es del todo precisa. Muchas ideas asociadas con el pensamiento reformado encuentran su expresión, más de mil años antes, en los escritos de Agustín. Calvino fue sucedido por Teodoro de Beza (1519–1605), quien reconstruyó considerablemente las ideas de Calvino. Luego de la muerte de Beza, el sínodo de Dort (1618–1619) dio a la teología reformada su forma fundamental y actual. Por tanto, una gran parte de lo que se denomina calvinismo, o teología reformada, se desarrolla en realidad luego de la muerte de Calvino. Es más, el concepto central de Calvino era la gracia de Dios. Para él, la soberanía de Dios se expresaba ante todo a partir de la gracia y no a través de la elección para la salvación y/o condenación. Muchos historiadores y teólogos, incluso un número que se autodenomina reformado, coinciden en que Calvino no sería necesariamente «calvinista», ya que no estaría del todo de acuerdo con la corriente principal de la teología reformada.</p>
<p>La posición que mantiene típicamente las Asambleas de Dios se denomina arminianismo, por Jacobo Arminio (1560–1609). El arminianismo fue luego desarrollado por Juan Wesley; algunos tal vez estén más familiarizados con el rótulo de wesleyianos en vez de arminianos, y receptivos a él. Arminio fue un elogiado estudiante de Beza. En el proceso de defender conceptos reformados, terminó discrepando con Calvino y Beza en los temas de la gracia irresistible, la predestinación, y el libre albedrío. Luego de su muerte, los seguidores de Arminio desarrollaron su pensamiento en más profundidad en <em>Los cinco artículos de la oposición</em> (también llamados <em>Los cinco artículos de reproche</em>) en 1610.</p>
<p>Unos nueve años después, en el sínodo de Dort, los teólogos reformados respondieron en detalle con un documento denominado <em>Los cánones de Dort</em>. Esta respuesta contenía muchos «artículos» o «rechazos de errores» para cada uno de <em>Los cinco artículos de la oposición</em>. Un resumen más sucinto empezó a usarse a principios de 1900, el cual a menudo lleva la sigla de TULIP (por su sigla en inglés), y el cual también fue catalogado como <em>Los cinco puntos del calvinismo</em>. No todos los eruditos reformados concuerdan con la postura de que estos cinco puntos comunican con precisión los cánones, aunque sí creen que son un marco útil para expresar las diferencias fundamentales entre el arminianismo clásico y las posiciones reformadas.</p>
<p>A los primeros bautistas de Inglaterra en el siglo diecisiete se los calificó como «generales» por su enseñanza de la expiación «general» o ilimitada. Además, en términos generales, eran arminianos. Los «bautistas particulares», que se adherían más al pensamiento reformado, aparecieron un tiempo después. Juan y Carlos Wesley llegaron a ser partidarios destacados de la teología arminiana, introduciéndola como una posición dominante en la teología norteamericana. Por contraste, George Whitefield y Jonathan Edwards adoptaron el pensamiento reformado. Con todo, y a pesar de sus diferencias teológicas, Wesley y Whitefield eran amigos y compañeros de trabajo.</p>
<p>En el panorama denominacional norteamericano, casi todas las iglesias presbiterianas son exclusivamente reformadas, como también las denominaciones que llevan la palabra «reformada» en su nombre. La Iglesia Unida de Cristo es otra denominación norteamericana destacada que tiene una herencia reformada. Los metodistas, la mayoría de los bautistas (aparte de los bautistas «particulares» o «reformados»), y las denominaciones carismáticas y pentecostales tienden a ser arminianas. Muchas denominaciones, incluso los anglicanos o miembros de la iglesia Episcopal, incluyen una variedad de perspectivas. La mayoría de los bautistas del sur son arminianos, con algunos que se adhieren a la perseverancia de los santos («la seguridad eterna»). Otros son más reformados, una posición que se acepta cada vez más entre muchos pastores bautistas del sur más jóvenes.</p>
<p>Los pensadores reformados han producido más escritos, mayormente en torno a la teología. Esto es el resultado de lo que podría llamarse el «constructo» reformado. La teología arminiana o wesleyiana no exige un argumento filosófico complejo, ya que parece ajustarse de forma más natural a una lectura directa de la Biblia y de la vida real. Es decir, la experiencia humana y nuestra comprensión de Dios y de la Escritura coinciden con la postura arminiana en que no se requiere la creación de un sistema teológico complejo para justificar el llamado a la evangelización de todas las personas. El pensamiento reformado, por contraste, parte de una perspectiva teológica en torno a la naturaleza de Dios (en particular, a su soberanía, en contraposición con la inhabilidad humana) y luego construye un sistema en torno a esa idea.</p>
<h3>Los distintivos teológicos «estándar»</h3>
<h4>Arminianismo (derivado de <em>Los cinco artículos de reproche</em>, 1610).</h4>
<ol>
<li>La salvación o condenación final de una persona está «condicionada» por —o es el resultado de— la fe que Dios da o la incredulidad de esa persona;</li>
<li>La expiación que Dios provee es suficiente para todas las personas pero sólo se aplica a aquellas que confían en Él. Por tanto, la expiación está limitada a los creyentes, aunque no por Dios, sino por la persona que confía o decide no hacerlo;</li>
<li>Ninguna persona puede salvarse a sí misma. Sin la ayuda del Espíritu Santo, nadie puede responder a la voluntad de Dios de que todos sean salvos;</li>
<li>La gracia de Dios, aplicada por el Espíritu Santo, es la única fuente de bien y de salvación humana, sin embargo, el hombre puede resistir esta gracia; y</li>
<li>La gracia de Dios en la vida del creyente permite que éste resista el pecado, y Cristo lo guarda de caer. «Debe determinarse con más cuidado» si la persona que ha experimentado esta gracia puede finalmente abandonar a Dios.</li>
</ol>
<h4>Reformed Theology (with commentary):</h4>
<p>La modalidad más conocida de la corriente principal de la teología reformada se expresa mediante el acrónimo TULIP (por su sigla en inglés), como se indica a continuación:</p>
<p>La «<strong>T</strong>» (<strong>Total Depravity</strong>) corresponde a la <strong>depravación total</strong>:<strong> </strong>toda persona es esclava del pecado, y nadie puede elegir a Dios. Esto no significa que cada persona llega a ser tan malvada como podría ser, o que hay una ausencia total de cualquier cosa que podríamos llamar «buena», sino que cada aspecto de la vida humana fue degradado por el pecado.</p>
<p>Tanto los pensadores arminianos como los reformados están de acuerdo en que el hombre es incapaz de salvarse a sí mismo. Ningún sistema principal de teología arminiana o wesleyiana cree que las personas pueden gozar de una buena relación con Dios por su propia decisión o esfuerzo.</p>
<p>La «<strong>U</strong>» (<strong>Unconditional Election</strong>) corresponde a la <strong>elección incondicional</strong>: Dios escogió desde la eternidad a aquellos que salvará. Esta elección está únicamente basada en su misericordia y no en el mérito o la fe previstos en los escogidos. Al no elegir a otros, Dios decide retener la misericordia de algunos, condenándolos así por esa elección.</p>
<p>Los teólogos reformados argumentan que todos los seres humanos son merecedores de la ira de Dios (véase «Depravación total»), y que la salvación de cualquier persona es, simple y llanamente, la demostración de la gracia de Dios. Los teólogos arminianos creen que la gracia de Dios es dada a todas las personas para que respondan con fe. En última instancia, todos los seres humanos serán responsables no sólo de su condición previa a esta respuesta, sino también por su aceptación o rechazo de esta gracia habilitante.</p>
<p><strong>La «L» (Limited Atonement)</strong> corresponde a la <strong>expiación limitada</strong>: la muerte de Cristo pagó el precio sólo por los pecados de los elegidos. Esta limitación no implica que la expiación de Cristo no es suficiente para salvar a todos, sino que se ha destinado únicamente a los elegidos.</p>
<p>Ésta es una de las áreas de mayor divergencia entre los pensadores reformados modernos. Algunos afirman que la expiación benefició a todos pero que no provee la salvación eterna para todos. Otros, a veces rotulados «Calvinistas de cuatro puntos», no se suscriben en lo más mínimo a esta limitación de la expiación. En el sínodo de Dort, el consenso parece haber sido que la muerte de Cristo fue suficiente para todos pero sólo efectiva para algunos. Los arminianos argumentaron que la expiación es potencialmente efectiva para todos, y que su verdadera eficacia se basa en la decisión del individuo, que a su vez es habilitada por el Espíritu («la gracia preventiva») y por el conocimiento previo de Dios de esa decisión. Las personas que delinearon el sínodo de Dort argumentaron que la expiación es efectiva siempre y cuando esté basada en la elección de Dios.</p>
<p>Es importante notar que tanto los arminianos como los pensadores reformados de la corriente principal concuerdan que el evangelio debe ser predicado y ofrecido a todos. En la teología arminiana, esto se debe a que la presentación del evangelio es un elemento crucial para que la gracia de Dios sea habilitada. La mayoría de los pensadores reformados (con la excepción de aquellos que se designan «híper-calvinistas») creen que el evangelio debe ofrecerse a todos, dado que sólo Dios sabe quiénes son los elegidos.</p>
<p><strong>La «I» (Irresistible Grace) </strong>corresponde a la <strong>gracia irresistible</strong>: las personas a quienes Dios determinó salvar se acercarán inevitablemente a la fe salvadora. En este sentido, y en última instancia, la obra del Espíritu Santo no puede ser resistida, aunque los elegidos sí pueden resistirla antes de su decisión final.</p>
<p>Esto coincide con la creencia de la elección incondicional, que en esencia niega la participación humana a la hora de responder al llamado de Dios a la salvación. Claramente, aquí la perspectiva arminiana es otra: la gracia sí puede ser resistida.</p>
<p><strong>La «P» (Perseverance of the Saints) </strong>corresponde a la <strong>perseverancia de los santos</strong>: todos aquellos que fueron elegidos por Dios (los «elegidos») permanecerán en la fe. Si alguno «se aleja», o bien nunca fue parte de los elegidos, o nunca se arrepentirá y volverá a la vida de la fe.</p>
<p>Mientras que los opositores (arminianos) eligieron no afirmar o descartar la posibilidad de abandonar a Dios a la larga, la mayoría de pensadores wesleyianos o arminianos actuales están de acuerdo en que, así como Dios no obliga a las personas a tener una relación con Él, tampoco obliga a aquellos que cambian de parecer a permanecer en esa relación.</p>
<p>Los pensadores arminianos no creen que la fe del individuo como tal lo salve. Es mas bien, la fe habilitada por el Espíritu la que acepta la salvación de Dios. Ésta no es una salvación basada en las obras, para el acceso a la vida cristiana (la «elección»), o para mantenerla (la «perseverancia»).</p>
<p>Las Asambleas de Dios no acepta la doctrina de «la seguridad eterna» y, en particular, la noción que deriva de esa enseñanza: «una vez salvo, siempre salvo». Al mismo tiempo, «la inseguridad eterna» (la idea de que uno debe ser salvo una y otra vez, o que siempre el individuo se arriesga a perder la salvación) no concuerda con la Escritura o con la creencia de las Asambleas de Dios. La salvación del creyente está segura en Cristo pero puede ser abandonada mediante una elección deliberada. (Véase la declaración oficial de la Asambleas de Dios respecto a este tema.)</p>
<h3>Puntos de acuerdo</h3>
<p>Siendo que la discrepancia principal y general entre creyentes reformados y arminianos concierne al participación de Dios y de los seres humanos en la salvación, ese es el enfoque de esta discusión sobre los puntos de acuerdo y desacuerdo en torno a este tema. Además, hay otros asuntos que trascienden a la soteriología y serán explorados bajo el título de «Desarrollos más recientes».</p>
<p>Es importante reconocer que ambos grupos, reformados y arminianos, en especial en sus expresiones moderadas, son plenamente cristianos. Ambos tienen la Escritura en alta estima, afirman que la humanidad necesita la salvación, que sólo Dios puede proveerla, y que Cristo es la provisión de Dios para nuestra necesidad. De hecho, los integrantes de ambos grupos suelen unirse en esfuerzos evangelísticos y de discipulado, aun cuando difieren en ciertos puntos teológicos.</p>
<h3>Puntos de desacuerdo</h3>
<p>La diferencia fundamental reside en lo que fácilmente podría interpretarse como la remoción de la responsabilidad humana (en particular, respecto a la gracia irresistible y la elección), la inferencia lógica es que el trabajo misionero no es necesario o deseable, que hay desesperanza en la condenación, y que la perseverancia es un acto de arrogancia.</p>
<p>El pensamiento reformado, en su expresión extrema, ha conducido a algunos a concluir que el evangelismo no es necesario, ya que es netamente una obra de Dios en la cual no participa el ser humano. Si la elección es de hecho incondicional y la gracia irresistible, los esfuerzos misioneros son irrelevantes. Esta creencia falla porque no refleja la vida y la actividad de la iglesia primitiva, y asimismo los mandamientos de Cristo de ir hasta lo último de la tierra para predicar el evangelio y hacer discípulos. Además, si la salvación y la reprobación son sólo actividades de Dios sin la decisión humana, entonces Dios es deshonrado y queda como injusto, y hasta cruel. ¿Por qué ofrecer un regalo que no puede aceptarse? Es difícil concebir como «bueno» a un supuesto Dios amoroso que elige a unos y pasa por alto a otros, o que incluso condena deliberadamente. Semejante perspectiva daña la imagen que la Biblia comunica acerca de Dios como alguien amoroso, amable y justo.</p>
<p>Si todo está predestinado, y la elección de Dios es el único agente activo en la salvación, podría argumentarse que el pecador no puede ser culpado por la decisión que Dios tomó de condenarlo. En semejante caso, la responsabilidad final parece recaer sobre Dios y no sobre la persona, ya que ella es incapaz de elegir y, por consiguiente, no debería sufrir por lo que se le impuso. La ausencia de capacidad para decidir conlleva la ausencia de responsabilidad.</p>
<p>Otro asunto se relaciona con la perseverancia llevada a un extremo, que a veces se identifica como «una vez salvo, siempre salvo». La postura oficial de las Asambleas de Dios respecto a la seguridad eterna amplía el tema sobre las problemáticas y los peligros de este extremo.</p>
<p>Debe notarse que hay peligros en las expresiones extremas de ambos grupos. Una forma extrema de arminianismo puede rotularse como pelagianismo, postura en la cual los creyentes básicamente se salvan a sí mismos por la calidad de su vida y de su fe. Una forma extrema de la teología reformada se ha denominado a veces híper- calvinismo, en la cual el individuo, como se señaló antes, no tiene participación alguna en la salvación o condenación. Ninguno de estos extremos tiene base bíblica, o una explicación satisfactoria para las realidades de la vida.</p>
<p>También debe notarse que no hay una expresión única del arminianismo o de la teología reformada que sea definitiva para quienes se identifican con un grupo o el otro. Por tanto, se aconseja cautela y que se evite estereotipar y denigrar a cualquiera de los dos grupos. Como se señaló antes, hay muchas cosas en común entre los creyentes que se identifican como reformados o arminianos, y hay una cooperación amplia, en particular en el mundo cristiano de habla inglesa. Esto era ya muy evidente en el siglo dieciocho con la cooperación entre los hermanos Wesley (arminianos) y Whitefield (reformado), y continúa hoy a través de las organizaciones paraeclesiales, como la Asociación Nacional de Evangélicos. También gozamos de un amplio consenso en torno a la doctrina de la Escritura, la trinidad, la encarnación, la naturaleza de la expiación, y otros puntos. Hay más puntos de acuerdo que de desacuerdo.</p>
<h3>Desarrollos más recientes (o ramas del árbol)</h3>
<p>Si bien la diferencia fundamental entre los pensadores reformados y arminianos (incluso las Asambleas de Dios, entre los últimos) concierne a la soteriología, hay otros puntos de divergencia que a menudo siguen la teología reformada y, en particular, el movimiento neo-reformado. Muchos de los pensadores denominados «jóvenes, preocupados y reformados», no se aferran con demasía a los cinco aspectos de TULIP, siendo la expiación limitada el principio que se cuestiona con más frecuencia. De este modo, algunos se identifican como calvinistas de 4 ó 3,5 puntos. Otros entre los neo-reformados son más estrictos en su soteriología que muchos calvinistas moderados, una vez más, teniendo en cuenta el peligro de considerar como un grupo homogéneo a todos los que se identifican como reformados.</p>
<p>Aunque los movimientos reformados en general han sido secesionistas en cuanto a la pneumatología, rechazando las manifestaciones actuales del Espíritu Santo, hay algunos entre los neo-reformados que están abiertos a los dones o que hablan en lenguas.</p>
<p>Una problemática bastante frecuente que promueven los neo-reformados es el complementarianismo, en algunos casos con el rechazo de cualquier participación ministerial para las mujeres y, en otros casos, con la limitación del ministerio de las mujeres a un ámbito muy limitado. Éste es un asunto con el que las Asambleas de Dios está en desacuerdo, como se expresa en nuestra declaración oficial sobre las mujeres en el ministerio.</p>
<h3>Conclusión</h3>
<p>Mientras que en asuntos teológicos hay claras diferencias entre los que se autodenominan arminianos y reformados, ciertamente es más lo que nos une que lo que nos separa. Los extremos de ambas posiciones deberían rechazarse. Si bien la enseñanza y la predicación de algunos pastores en particular de ambos grupos pudieran ser ocasionalmente controversiales, concordamos en el imperativo de presentar el evangelio a los perdidos. Cuando el pensamiento reformado se profundiza y se lleva al extremo de eliminar toda responsabilidad humana, debemos rechazarlo y permanecer fieles al llamado y ejemplo de Cristo y sus discípulos, de guiar a todos al Señor y ofrecerles salvación.</p>
<div id="divVerBio">
				<span class="spnAutor">Presbiterio General</span>
				<p></p>
				<br/>
			</div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://conozca.org/?feed=rss2&#038;p=5345</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El rol de la mujer en el ministerio, tal como se describe en las Santas Escrituras</title>
		<link>http://conozca.org/?p=4281</link>
		<comments>http://conozca.org/?p=4281#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 31 Dec 2019 17:41:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Presbiterio General</dc:creator>
				<category><![CDATA[2019.1]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://conozca.org/?p=4281</guid>
		<description><![CDATA[Adoptada por el Presbiterio General de las Asambleas de Dios en sesión el 9 al 11 de agosto del 2010) &#160; Las manifestaciones sobrenaturales y los dones del Espíritu Santo han desempeñado un papel significativo en el origen, desarrollo, y crecimiento de las Asambleas de Dios. Desde el inicio de nuestra denominación, los dones espirituales</p><p class="more-link"><a href="http://conozca.org/?p=4281">Mas…</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h4>Adoptada por el Presbiterio General de las Asambleas de Dios en sesión el 9 al 11 de agosto del 2010)</h4>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las manifestaciones sobrenaturales y los dones del Espíritu Santo han desempeñado un papel significativo en el origen, desarrollo, y crecimiento de las Asambleas de Dios. Desde el inicio de nuestra denominación, los dones espirituales han sido evidentes en el ministerio de muchas mujeres sobresalientes que fundaron y dirigieron un amplio espectro de ministerios. No era inusual que una mujer casada ministrara a la par de su marido. De vez en cuando, los maridos trabajaban en profesiones seculares para apoyar el ministerio activo de su esposa. Muchas mujeres hasta eligieron privarse del matrimonio para cumplir mejor el ministerio al que el Señor las había llamado. Mujeres valientes sirvieron en las misiones, tanto locales como extranjeras, como misioneras, evangelistas, fundadoras de iglesias, pastoras, educadoras, o cumpliendo otros roles.</p>
<p>Los pentecostales creen que el derramamiento del Espíritu Santo que comenzó a principios del siglo XX es el cumplimiento de la profecía: “Y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas. . . Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días” (Joel 2:28,29; cf. Hechos 2:16-18)1. El hecho de que tanto mujeres como varones profeticen indica su inclusión en los ministerios en el tiempo del nuevo pacto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La Biblia como autoridad final</strong></p>
<p>Si bien la historia y la práctica de las Asambleas de Dios parecen demostrar que Dios bendijo el ministerio público de las mujeres, continúa el debate acerca de cuál es el rol de la mujer en el liderazgo espiritual. Puesto que la Biblia es nuestra autoridad final en torno a todos los asuntos de fe y de praxis, es importante examinar de nuevo sus enseñanzas para asegurarnos de que nuestra aproximación no sea simplemente subjetiva y pragmática.</p>
<p>Es nuestra intención estudiar el texto bíblico de la manera más cuidadosa y objetiva posible, usando reglas establecidas de exégesis e interpretación. Señalaremos elementos de juicio tanto históricos como teológicos.  A la vez, evaluaremos con cuidado textos que se han utilizado tradicionalmente para limitar o anular los ministerios de las mujeres.</p>
<p>Nuestra intención es siempre ser fieles a las enseñanzas de la Biblia, la Palabra inspirada e infalible de Dios para la humanidad. Al mismo tiempo, queremos ser compasivos hacia las personas de otras tradiciones que pueden con sinceridad estar en desacuerdo con nuestros hallazgos. Reconocemos que, de vez en cuando, es necesario llegar a un acuerdo en relación con aspectos no esenciales de la práctica ministerial, a fin de establecer iglesias con la mayor eficacia posible en contextos tradicionalmente patriarcales.</p>
<p><strong><br />
</strong></p>
<p><strong>Precedentes históricos y globales</strong></p>
<p>Los historiadores han observado que en el inicio de la mayoría de los avivamientos, cuando hay mucho fervor espiritual y se espera el regreso del Señor en cualquier momento, a menudo la gente está dispuesta a aceptar a mujeres ministras, dinámicas y pioneras. Con el tiempo, sin embargo, cuando las iglesias jóvenes avanzan hacia una forma más estructurada de ministerio y las preocupaciones institucionales pasan a primer plano, las personas no están tan dispuestas a aceptar el liderazgo espiritual de las mujeres, y los que se encuentran en el liderazgo eclesial tienden a ser, en su mayoría, hombres.</p>
<p>La experiencia de las Asambleas de Dios no ha sido la excepción. Entre los primeros pentecostales encontramos a ministras distinguidas tales como María B. Woodworth-Etter, Aimee Semple McPherson, Alice Reynolds Flower, Anna Ziese, y Marie Burgess Brown. Sin embargo, aunque las mujeres tuvieron gran libertad para ministrar en los primeros días de la denominación, la proporción de mujeres en el ministerio disminuyó radicalmente a partir de la década de 1920. En los últimos tiempos, sin embargo, la tendencia señala que la cantidad de mujeres con credenciales ministeriales va en aumento.</p>
<p>A lo largo de su historia, los pentecostales de alrededor del mundo han luchado por aplicar la verdad bíblica a sus amplios y diversos contextos culturales. En algunos entornos, el liderazgo espiritual femenino es bien recibido; en otros, donde las mujeres están limitadas en su rol ministerial, son privadas de cargos ministeriales. A veces, por ejemplo, hay cierta inconsistencia entre el liderazgo que ejerce una misionera en su hogar y el que ejerce en el campo. A la vez, puede haber una diferencia entre sus oportunidades ministeriales en el campo y las de las mujeres de la cultura en la que sirve. Sin duda, ciertas culturas han influido, y continúan influyendo en la naturaleza y el alcance del liderazgo femenino. Si bien la iglesia siempre ha de ser sensible a las dinámicas culturales, no obstante, casi invariablemente debe observar los principios y las directivas de la Escritura, que están por encima de las prácticas de un contexto en particular.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Ejemplos bíblicos de la mujer en el ministerio</strong></p>
<p>La historia del Antiguo Testamento incluye relatos de sólidos liderazgo femenino en muchos roles, tal como los siguientes ejemplos dignos de destacar: Miriam fue profetisa en Israel durante el éxodo, junto a sus hermanos Moisés y Aarón (Éxodo 15:20). Débora, que era no sólo<br />
profetisa sino jueza, dirigió a Barac para que guiara al ejército de Israel hacia un combate exitoso contra los opresores (Jueces 4 y 5). Hulda, también profetisa, autenticó el rollo de la Ley encontrado en el templo y ayudó a iniciar la reforma religiosa en los días de Josías (2 Reyes 22:14-20; 2 Crónicas 34:22-28).</p>
<p>El Nuevo Testamento también muestra que las mujeres desempeñaban roles ministeriales importantes en la Iglesia Primitiva. Tabita (Dorcas) puso en marcha un efectivo ministerio de benevolencia (Hechos 9:36). Las cuatro hijas solteras de Felipe eran profetisas reconocidas (Hechos 21:8,9). Pablo señaló a dos mujeres, Evodia y Síntique, como mujeres que “combatieron juntamente conmigo en el evangelio” (Filipenses 4:2,3). Priscila fue otra de las mujeres que Pablo consideró ejemplar entre sus “compañeros de trabajo en Cristo Jesús” (Romanos 16:3,4). En Romanos 16, Pablo saluda a muchos colegas ministeriales, entre los cuales muchas eran mujeres. En estos saludos, la palabra que Pablo usa para hablar del “trabajo” <em>(kopiaō)</em>, o la “labor” de María, Trifena, Trifosa, y Pérsida (Romanos 16:6,12) es una que utiliza con frecuencia para su propia labor ministerial (1 Corintios 16:16; 1 Tesalonicenses 5:12; 1 Timoteo 5:17).</p>
<p>Febe, una líder de la iglesia en Cencrea, fue muy elogiada por Pablo ante la iglesia de Roma (Romanos 16:1,2). Lamentablemente, las parcialidades de las traducciones han oscurecido la posición de Febe en el liderazgo; por ejemplo, algunas versiones en inglés traducen el término como “sierva”, pero Febe era <em>diakonos</em> de la iglesia en Cencrea. Por lo general, Pablo utilizaba este término para identificar a un ministro o líder de una congregación, y lo aplica específicamente a Jesucristo, Tíquico, Epafras, Timoteo, y su propio ministerio. Según el contexto, <em>diakonos</em> por lo general se traduce como “diácono” o “ministro”. Aunque algunas traducciones han escogido la palabra “diaconisa” (por ejemplo, la NVI, pues Febe es mujer), el griego <em>diakonos</em> es un sustantivo masculino. Por tanto, es probable que <em>diakonos</em> fuera una designación para una posición de liderazgo oficial en la Iglesia Primitiva. Por tanto, la traducción correcta para el rol de Febe sería “diácono” o “ministro” (como lo reflejan algunas versiones en inglés, por ejemplo, la New Living Translation, NLT).</p>
<p>Además, muchas traducciones reflejan inclinaciones similares al referirse a Febe como alguien que “ha ayudado” (NVI), “ha sido de ayuda” (NTV) para muchos, incluido el mismo Pablo (Romanos 16:2). El término griego aquí es <em>prostatis</em>, que NRSV [versión en inglés] se traduce como “benefactor’, con sus matices de igualdad y liderazgo.</p>
<p>Pablo identificó a Junia como apóstol (Romanos 16:7). A comienzos del siglo trece, algunos eruditos y traductores masculinizaron su nombre como Junias, al parecer estaban renuentes a reconocer que había una apóstol mujer. Sin embargo, el nombre Junia se encuentra más de 250 veces solamente en Roma, mientras que la forma masculina Junias es conocida en cualquier fuente greco-romana. Pablo claramente fue en defensor de la mujer en el ministerio.</p>
<p>Estas instancias de mujeres cumpliendo funciones de liderazgo en la Biblia, deben considerarse como un patrón aprobado por Dios, no como excepciones a sus normas divinas. Incluso un número limitado de mujeres que cumplían funciones de liderazgo con el respaldo de las Escrituras afirman que Dios en verdad llama a mujeres al liderazgo espiritual.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Un estudio del rol de la mujer en el ministerio</strong></p>
<p>El significado bíblico del término “ministerio” es fundamental para definir el rol escritural de las mujeres en el ministerio. De Cristo, nuestro gran modelo, se dijo lo siguiente: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido [<em>diakoneō</em>], sino para servir [<em>diakoneō</em>], y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45; cf. Mateo 20:28). El liderazgo del Nuevo Testamento que ejemplificó Jesús, encarna al líder espiritual como servidor, sea hombre o mujer. El asunto de la autoridad humana no tiene una significancia primordial, aunque surja naturalmente con el desarrollo organizativo y estructural.</p>
<p><strong>Génesis 2:18-25</strong><br />
Algunos expositores han enseñado que todas las mujeres deben subordinarse a los hombres adultos porque Eva fue creada después de Adán para ser su “ayuda adecuada” (NVI; ayuda idónea”, RV60). Sin embargo, la palabra <em>ēzer</em> (“ayuda”) nunca se usa en la Biblia hebrea con un sentido de subordinación; diecisiete de veinte veces se utiliza con referencia a Dios como ayudador. Eva fue creada para ser una ayuda “adecuada” o “correspondiente a” (<em>kenegdo</em>) Adán, no subordinada.</p>
<p>Algunos argumentan que Dios creó a los hombres y a las mujeres con diferentes características y deseos, y que estas diferencias explican por qué las mujeres no deben acceder a los roles de liderazgo. Otros atribuyen estas diferencias percibidas a expectativas culturales y sociales impuestas sobre los hijos desde la niñez hasta la adultez. Las diferencias físicas y las típicas funciones biológicas son obvias; pero sólo por deducción se afirma que las diferencias de género sugieren limitaciones en el liderazgo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El énfasis de Pablo sobre el ministerio carismático</strong></p>
<p>En el Nuevo Testamento, el ministerio es carismático por naturaleza. Mientras el Espíritu Santo distribuye soberanamente los dones espirituales (<em>charismata</em>) a cada miembro del cuerpo de Cristo, el ministerio se lleva a cabo y adquiere vigor (Romanos 12:6-8; 1 Corintios 12:7-11,27,28; Efesios 4:7-12; 1 Pedro 4:10,11). Aunque algunos dones son una labor espontánea del Espíritu y otros son dones ministeriales reconocidos por el cuerpo, todos son dados para el servicio, más allá de las diferencias de género. Por ejemplo, el don de profecía es explícitamente tanto para mujeres como para varones: “Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán” (Hechos 2:17). El Nuevo Testamento confirma que las mujeres reciben y ejercen este don del Espíritu (Hechos 21:9; 1 Corintios 11:5).</p>
<p>Si a Pedro ciertas declaraciones de Pablo le resultaban difíciles de entender (2 Pedro 3:16), no es de sorprender que nosotros, separados por cerca de dos mil años más de historia, tengamos la misma dificultad al interpretar algunos pasajes paulinos. Los destinatarios originales estaban familiarizados con los problemas que Pablo abordaba, pero a nosotros nos toca reconstruirlos y aplicar sus prescripciones lo mejor posible a la luz del contexto de sus cartas y de la revelación bíblica. Y, así como Pedro (2 Pedro 3:15), nosotros debemos respetar y amar a nuestros hermanos y hermanas que adoptan interpretaciones alternativas sobre asuntos que no son críticos para nuestra salvación o nuestra posición ante Dios. Sólo solicitamos que esas interpretaciones se expresen y practiquen en amor, teniendo consideración por todos los hijos de Dios, tanto hombres como mujeres.</p>
<p><strong>Primera a los Corintios 11:3-12</strong><br />
La declaración “el varón es la cabeza de la mujer” por siglos se ha usado para justificar la práctica de superioridad masculina y para excluir a las mujeres del liderazgo espiritual. Hay dos traducciones alternativas para <em>kephalē</em> (“cabeza”), ampliamente debatidas entre los eruditos evangélicos contemporáneos, las cuales son: (1) “autoridad sobre” y (2) “fuente” u “origen”. Ambos significados se encuentran en la literatura del tiempo de Pablo.</p>
<p>Si se toma el pasaje como un todo, el segundo significado se ajusta bien o mejor que el primero, y conduce a la declaración sumaria en el versículo 12: “así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios.” Aun la relación entre el Hijo eterno y el Padre —“Dios (es) la cabeza de Cristo” (1 Corintios 11:3)— encaja mejor con la noción de “fuente” que con la “autoridad sobre” (cf. Juan 8:42). Sin intentar resolver este debate definitivamente, no encontramos suficiente evidencia en <em>kephalē</em> para negar los roles de liderazgo a las mujeres (a la luz de los ejemplos bíblicos de mujeres en posiciones de autoridad espiritual, y a la luz de todo el consejo de la Escritura).</p>
<p><strong>Primera a los Corintios 14:34-36</strong><br />
Hay sólo dos pasajes en todo el Nuevo Testamento que parecerían contener alguna prohibición contra el ministerio de la mujer (1 Corintios 14:34 y 1 Timoteo 2:12). Puesto que éstos deben situarse junto a las otras declaraciones y prácticas de Pablo, apenas pueden considerarse absolutas, es decir, como prohibiciones indiscutibles respecto del ministerio de la mujer. Más bien, parecen lidiar con problemas locales específicos que necesitaban corregirse. Por tanto, el reconocimiento constante de Pablo de mujeres que ministraban entre las iglesias debe verse como su perspectiva auténtica, en vez de las aparentes prohibiciones de estos dos pasajes, que están sujetos a interpretaciones contradictorias.</p>
<p>Hay varias interpretaciones respecto a lo que Pablo estaba restringiendo cuando dijo: “vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar” (1 Corintios 14:34). Pablo usa la palabra griega (<em>sigatō</em>) para limitar el discurso de las mujeres, antes la había usado para limitar el discurso de aquellos que hablan en lenguas cuando no hay interpretación<br />
(1 Corintios 14:28), y que se aplicó a los profetas cuando una profecía era dada a otra persona<br />
(v 30). Sólo en esas circunstancias específicas se debe silenciar en la iglesia a las personas que hablan en lenguas, los profetas, y las mujeres. ¿Bajo qué circunstancias, entonces, ha de limitarse el discurso de las mujeres?</p>
<p>Las opciones incluyen: (1) el parloteo durante los servicios públicos, (2) las interrupciones a raíz de experiencia extáticas, (3) ciertos ministerios autorizados (como el de juzgar profecías), y (4) las preguntas durante la reunión. Es evidente que Pablo permitía que las mujeres oraran y profetizaran durante el servicio público en Corinto (1 Corintios 11:5). Es más, Pablo aconsejó que aquellos que profetizan (entre los cuales claramente había mujeres) estén entre los que juzgan las profecías (1 Corintios 14:29). Por ende, así como en el caso de las restricciones de Pablo sobre los varones y las mujeres que hablaban en lenguas y era profetas, es posible que las restricciones adicionales que Pablo da a las mujeres tengan que ver con otra tipo de discurso perturbador.</p>
<p>Si bien la naturaleza exacta de la prohibición de Pablo en este texto es un asunto de estudio continuo, nosotros concluimos que aquí no se prohíbe el liderazgo femenino, sino que, así como en el resto del capítulo, se amonesta a que se haga “decentemente y con orden “(1 Corintios 14:40).</p>
<p><strong>Primera a Timoteo 2:11-15</strong><br />
El significado y la aplicación de la declaración de Pablo: “Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio” (1 Timoteo 2:12), ha desconcertado a   los intérpretes y ha tenido como resultado una diversidad de posiciones respecto al rol de la mujer en el ministerio de liderazgo espiritual.</p>
<p>En base a los pasajes estudiados antes sobre mujeres ejemplares en el ministerio, es evidente que Pablo reconoce el ministerio de ellas. Claro, había problemas obvios en Éfeso, algunos de los cuales estaban vinculados con las mujeres. Algunas mujeres se vestían sin pudor y con extravagancia (1 Timoteo 2:9). Las jóvenes viudas aprendían a “ser ociosas, andando de casa en casa; y no solamente ociosas, sino también chismosas y entremetidas, hablando lo que no debieran” (1 Timoteo 5:13). En la segunda carta a Timoteo, Pablo advierte contra las personas depravadas (lo cual es posible que incluya a mujeres) que manipulaban a mujeres “débiles”, “que se (dejaban) llevar” (2 Timoteo 3:6).</p>
<p>Una lectura de todo el pasaje de 1 Timoteo 2:9-15 sugiere decididamente que Pablo estaba aconsejando a Timoteo acerca de enseñanzas y prácticas heréticas que involucraban a mujeres de la iglesia en Éfeso en particular. Tan seria habrá sido la herejía que Pablo tuvo que decir de las mujeres de Éfeso: “No permito que la mujer enseñe al hombre y ejerza autoridad sobre él”. Otros pasajes muestran que tal exclusión no era normativa dentro del ministerio de Pablo.</p>
<p><strong>Primera a Timoteo 3:1-13</strong><br />
Algunos han utilizado este pasaje entero para afirmar que todos los líderes y las autoridades en la iglesia primitiva supuestamente eran varones. El pasaje primero aborda el liderazgo masculino, sin duda porque era la práctica mayoritaria, y lo esperado. Pero también hay respaldo significativo para el liderazgo femenino.</p>
<p>Como es típico de las versiones modernas, la Nueva Versión Internacional traduce el versículo 11 de la siguiente manera:<strong>“a</strong>sí mismo, las esposas de los diáconos deben ser honorables”. Los traductores de la NVI decidieron arbitrariamente que el verso hace referencia a las esposas de los diáconos (a pesar de que no haya una referencia a las esposas en los requisitos previos de los ancianos).</p>
<p>Sin embargo, la palabra traducida como “esposas” corresponde al plural del término griego <em>gynē</em>, que puede traducirse como “mujer” o “esposa”, según el contexto. Al reconocer esto, los traductores de la NVI introdujeron la palabra “diaconisas” como lectura alternativa en las notas al pie de página. Pero otras traducciones (por ejemplo, la RV60 y LBA) traducen la forma plural de <em>gynē</em> como “mujeres”. Entonces, el versículo habla literalmente de los requisitos de las mujeres en el liderazgo espiritual, las cuales en este contexto podrían llamarse “diáconos”.</p>
<p>Aunque el entorno cultural del primer siglo produjo un liderazgo eclesiástico compuesto en su mayoría por varones, este pasaje demuestra —junto con otra evidencia bíblica del liderazgo espiritual femenino (por ejemplo, Hechos 21:9; Romanos 16:1-15; Filipenses 4:2,3)— que el liderazgo femenino no estaba prohibido, ni en los días de Pablo ni en la actualidad. Los pasajes que sugieren que los varones constituían la mayoría del liderazgo no deben tomarse como señal de que todo liderazgo era masculino, pues los registros bíblicos hablan favorablemente de numerosas líderes mujeres.</p>
<p><strong>Gálatas 3:28</strong><br />
Aquellos que se oponen a que las mujeres desempeñen roles de liderazgo espiritual en la iglesia establecen limitaciones contextuales sobre Gálatas 3:28: “Ya no hay judío ni griego; esclavo ni libre; hombre ni mujer; sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús”.</p>
<p>Algunos intérpretes restringen el significado de esta tríada a la salvación por la fe o a la unidad en Cristo. Esa verdad sin duda se articula a través de la Escritura. Sin embargo, el versículo resuena con un timbre de aplicación universal para todas nuestras relaciones; no sólo se aplica al concepto de que todos pueden venir a Cristo. “No hay judío ni griego, esclavo ni libre; hombre ni mujer” . . . éstos son principios relacionales básicos a los cuales los fieles seguidores de Cristo deben dar mayor prioridad.</p>
<p>Con el Dios de la Biblia “no hay favoritismos” (Romanos 2:11; cf. también 2 Samuel 14:14;<br />
2 Crónicas 19:7; Hechos 10:34; Efesios 6:9). Él llama a quién quiere, y da dones y ministerios como Él decide; los seres humanos no deben poner limitaciones sobre prerrogativas divinas. La relación tensa entre Adán y Eva, incluyendo la declaración que “él te dominará” (Génesis 3:16), surge como resultado de la maldición, lo cual manifiesta que no era parte del plan original y duradero de Dios para la humanidad. En Cristo somos verdaderamente libres del pecado y de su maldición, que nos separa de Dios y de otros, y hace que enaltezcamos o rebajemos a cada persona en base a su raza, posición social, o el género.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Por tanto, concluimos…</strong></p>
<p>Luego de examinar las diversas traducciones e interpretaciones de los pasajes bíblicos relacionados con el rol de la mujer en la iglesia del primer siglo, y con el deseo de aplicar los principios bíblicos a la práctica eclesial contemporánea, concluimos que no encontramos pruebas convincentes de que el ministerio de la mujer esté restringido por un principio sagrado o inmutable.</p>
<p>Somos conscientes de que el ministerio y el liderazgo de la mujer no es aceptado por algunos individuos, tanto dentro como fuera de la comunidad cristiana. Condenamos todo prejuicio y autopromoción por parte de hombres y de mujeres. La existencia de la intolerancia contra las mujeres en nuestro mundo, y con demasiada frecuencia en la iglesia, no puede negarse. Pero no hay lugar para semejante actitud en el cuerpo de Cristo. Reconocemos que las actitudes de la sociedad secular, basadas en prácticas y tradiciones de largo tiempo, han influido en la aplicación de principios bíblicos a circunstancias locales. Deseamos respetar con sabiduría, pero a la vez ayudar a redimir, a las culturas que están en desacuerdo con los principios del Reino. Afirmamos con Pablo que la Gran Comisión tiene prioridad sobre toda otra consideración. Debemos alcanzar a hombres y mujeres para Cristo, más allá de sus costumbres culturales o étnicas. El mensaje de redención ha sido llevado a las partes más remotas del mundo mediante el ministerio de mujeres y hombres dedicados y llenos del Espíritu. Los dones de los creyentes y la unción hoy deben seguir abriendo el camino para su ministerio. El ministerio pentecostal no es una profesión a la cual simplemente aspiran tanto hombres como mujeres; siempre debe ser un llamamiento divino, confirmado por el Espíritu con un don especial.</p>
<p>Las Asambleas de Dios han sido bendecidas, y deben continuar siendo bendecidas, por el ministerio de las hijas de Dios, que tienen dones y recibieron una comisión por parte de Él. La Biblia afirma, una y otra vez, que Dios derrama su Espíritu sobre hombres y mujeres y, de este modo, concede dones a ambos sexos para el ministerio en su Iglesia. Por tanto, debemos seguir honrando los dones de las mujeres en el ministerio y en el liderazgo espiritual.</p>
<p>Por supuesto, el monumental desafío de la Gran Comisión de ir y hacer “discípulos de todas las naciones” (Mateo 28:19) requiere la participación de todos los ministros con dones del Espíritu Santo, tanto de hombres como de mujeres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>_________________________</strong><br />
1 Todas las citas de la Escritura, a menos que se indique lo contrario, son de la versión de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera 1960 (RV60).</p>
<p>Abreviaturas de traducciones y versiones de la Biblia<br />
LBA    Biblia de las Américas<br />
NVI     Nueva Versión Internacional</p>
<p>RV60  Reina-Valera 1960</p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="divVerBio">
				<span class="spnAutor">Presbiterio General</span>
				<p></p>
				<br/>
			</div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://conozca.org/?feed=rss2&#038;p=4281</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El divorcio y segundo matrimonio</title>
		<link>http://conozca.org/?p=3339</link>
		<comments>http://conozca.org/?p=3339#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 19 Apr 2017 18:19:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Presbiterio General</dc:creator>
				<category><![CDATA[2017.1]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://conozca.org/?p=3339</guid>
		<description><![CDATA[Declaración Oficial por el Presbiterio General de las Asambleas de Dios en E.U.A. &#160; &#160; Las Normas Doctrinales son documentos oficiales de la Iglesia que han sido aprobados por el Presbiterio General. ___________________________________________________________________________ Esta declaración oficial sobre el divorcio y segundo matrimonio fue aprobada en agosto de 1973 por el Presbiterio General de las Asambleas</p><p class="more-link"><a href="http://conozca.org/?p=3339">Mas…</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="center">Declaración Oficial por el Presbiterio General de las Asambleas de Dios en E.U.A.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las Normas Doctrinales son documentos oficiales de la Iglesia que han sido aprobados por el Presbiterio General.</p>
<p>___________________________________________________________________________</p>
<p><em>Esta declaración oficial sobre el divorcio y segundo matrimonio fue aprobada en agosto de 1973 por el Presbiterio General de las Asambleas de Dios. Fue revisada por el Presbiterio General en agosto de 2008.</em> ___________________________________________________________________________</p>
<p>El matrimonio es vital para nuestra naturaleza como seres humanos en sociedad. Dios mismo instituyó el matrimonio al crear y unir al primer hombre y la primera mujer en los albores de la Creación.</p>
<p>Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó&#8230; Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él&#8230; Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada (Génesis 1:27; 2:18,22,23).1</p>
<p>Lamentablemente, en los Estados Unidos, la institución matrimonial está en crisis. Recientes estudios indican que alrededor de un tercio de los norteamericanos que están casados o lo han estado también se han divorciado por lo menos una vez. Entre los creyentes evangélicos, se informa que veintiséis por ciento son personas divorciadas.2 En la cultura en general, un gran segmento de la población vive en una familia de un solo padre, que nunca se ha casado o que es divorciado. Muchas otras personas viven juntas en cortas relaciones de conveniencia, desobedeciendo el diseño divino, y también la prevalente investigación de ciencias sociales para el matrimonio, la sexualidad, y la crianza de los hijos.</p>
<p>Es imperativo en tiempos como estos que la iglesia cristiana clarifique, enseñe, y fielmente cumpla lo que la Biblia dice acerca del matrimonio. La Iglesia también debe expresar la posición bíblica respecto del divorcio y un segundo matrimonio, lo cual ocurre con demasiada frecuencia cuando uno de los cónyuges, o ambos, abandonan sus compromiso y sus responsabilidades ético-cristianas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Declaración de los principios bíblicos</strong></p>
<p>Un cuidadoso estudio de las Escrituras del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento destacan los siguientes principios respecto al divorcio y segundo matrimonio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La naturaleza del matrimonio</p>
<p style="padding-left: 30px;">1. Se requieren dos especies, hombre y mujer, para completar la imagen divina del género humano. “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27). El hombre la mujer no pueden procrear solos la raza humana y cumplir los propósitos divinos.</p>
<p style="padding-left: 30px;">2. La primera mujer se describe como “ayuda idónea” (i.e., su complemento perfecto) para el hombre (Génesis 2:18,20), tomada de su costado, hueso de su hueso y carne de su carne (2:23). Es obvio que Dios quería que compartieran tanto privilegio como responsabilidad. Bajo Dios, aunque sus roles a veces difieren, ambos géneros son iguales. Como más tarde escribiera el apóstol Pablo: “Ya no hay&#8230; varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:28).</p>
<p style="padding-left: 30px;">3. La manera en que Dios creó a los seres humanos para que vivieran en la tierra y la forma en que los unió indican que su intención fue que el hombre y la mujer vivieran el uno para el otro (Génesis 2:22-24). Su relación debía ser social y física. “Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2:18).</p>
<p style="padding-left: 30px;">4. El matrimonio debe ser consumado sexualmente. Por orden del Creador, el primer hombre y la primera mujer debían ser “una sola carne” con el fin de procreación, unión, y mutuo contentamiento en una segura y amorosa relación (Génesis 2:24). Jesús mismo reiteró este propósito divino (Mateo 19:4,5) y Pablo instruyó a los esposos cristianos a que fielmente y con regularidad cumplieran mutuamente con sus obligaciones sexuales (1 Corintios 7:3-5).</p>
<p style="padding-left: 30px;">5. El matrimonio debe ser heterosexual. La institución del matrimonio está firmemente fundada en la creación de los seres humanos como varón y hembra. El mandato divino es: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24). A través de las Escrituras, las uniones homosexuales y lesbianas se consideran pecaminosas (Levítico 18:22; 20:13; Romanos 1:26,27; 1 Corintios 6:9; 1 Timoteo 1:9-11). No hay precedente bíblico para cualquier unión homosexual que pudiera denominarse “matrimonio”.</p>
<p style="padding-left: 30px;">6. El propósito de Dios es que el matrimonio sea una unión permanente. El hombre debe dejar el hogar de sus padres y unirse a su mujer, para ser “una sola carne” con ella (Génesis 2:24). Tanto Jesús (Matero 19:5) como Pablo (Efesios 5:31) citaron este pasaje de Génesis como premisa fundamental para el matrimonio. Al traducir la cita de Jesús, Mateo usó una palabra griega para “unirá (kollaō)” que significa “ser pegado a,enlazarse de cerca” (Mateo 19:5). Jesús añadió: “Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (19:6).</p>
<p style="padding-left: 30px;">7. El propósito de Dios es que el matrimonio sea monógamo. En el establecimiento del matrimonio las obras del Creador se centran en un hombre y una mujer. El orden mismo del matrimonio (Génesis 2:24) se dirige a una pareja monógama; nótese la forma singular de “hombre” y “mujer”. Por supuesto, se daba la poligamia en la era del Antiguo Testamento. El primer caso fue en el linaje de Caín (Génesis 4:19), seguido de muchos ejemplos en el Antiguo Testamento, incluidos algunos de los patriarcas. Pero no se exalta la poligamia como algo ideal. En forma indirecta los escritores del Antiguo Testamento critican la poligamia, en que muestran los conflictos que resultan (por ejemplo, Génesis 21:9,10; 37:2-36; 2 Samuel 13-18). Los pasajes que idealizan el matrimonio normalmente se refieren a un marido y una mujer (véase Salmo el 128:3; Proverbios 5:18; 31:10-29; Eclesiastés 9:9). Al hablar de “hombre” y “mujer” en singular, y de que “los dos” serán una sola carne (Mateo 19:5,6), Jesús también reconoció que el ideal de Dios desde el principio era la monogamia. No hay referencia a la poligamia como práctica de la iglesia primitiva; y en cualquier caso, sería proscrito por Pablo a los1íderes en su referencia a “marido de una sola mujer” (1 Timoteo 3:2,12; Tito 1:6).</p>
<p style="padding-left: 30px;">8. El matrimonio es un pacto, un solemne acuerdo de vinculación hecho primero ante Dios y después ante los hombres. La naturaleza del matrimonio como pacto se da a entender claramente en la institución del matrimonio en Génesis 2:24 y se hace más explícita en Malaquías 2:14: “Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto” (énfasis añadido). Ezequiel aplicó el concepto del matrimonio a la relación entre Dios e Israel: “Te di juramento y entré en pacto contigo, dice Jehová el Señor, y fuiste mía” (Ezequiel 16:8, énfasis añadido). De lo que dice, vemos que el esposo “dio juramento” (prometió fidelidad) a la esposa y entró en un pacto que no se proponía romper. Es significativo que la ceremonia bíblica nupcial era un gozoso acontecimiento público en que la pareja solemnizaba su pacto con Dios y la comunidad.</p>
<p style="padding-left: 30px;">9. El matrimonio es una relación de mutuo amor y entrega. Quizá mejor se describe en las palabras del apóstol Pablo en su epístola a los Efesios, de que “las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor” (5:22), y de que la mujer “respete” a su marido (5:33). Luego, para que sus instrucciones no sean malinterpretadas, Pablo escribe a los maridos: “Amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (5:25), y “también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos” (5:28). Por encima de esta descripción de los hombres y las mujeres llenos del Espíritu, Pablo declara: “Someteos unos a otros en el temor de Dios” (5:21).</p>
<p style="padding-left: 30px;">10. El matrimonio es el cimiento de la familia, en términos de procreación y de crianza. Lo ideal es que los niños nazcan en una familia intacta con ambos padres presentes. Estos dos padres deben ser los primeros en proveer la crianza. Este orden de vida familiar se observa a través de la Biblia, con énfasis particular en la crianza de los hijos, sobre la base de pasajes como Deuteronomio 6:1-9; Malaquías 2:15; y Efesios 6:1-4. El propósito de Dios, sin embargo, no garantiza que el pecado no dividirá y distorsionará a muchas familias que, en tales casos, no deben ser despreciadas, tomadas en poco, o descuidadas, sino que deben recibir apoyo con sabio consejo y amorosa comunión.</p>
<p>La naturaleza del divorcio</p>
<ol>
<li>Dios aborrece el divorcio. En ningún otro pasaje se declara con tanta claridad la actitud de Dios hacia el divorcio como en Malaquías 2:14-16:</li>
</ol>
<p style="padding-left: 60px;"><em>Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto. ¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales.</em></p>
<p style="padding-left: 30px;">Este pasaje muestra que el divorcio es traición (infidelidad engañosa) contra el cónyuge. También es algo violento que viene de un espíritu equivocado. Y aun peor, estorba la crianza de los niños nacidos en la unión matrimonial y hacia quienes los padres tienen la obligación de criar como creyentes en un hogar cristiano. Las familias divididas por lo general son perjudiciales para los hijos.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Como se ha indicado más arriba, Jesús hizo explícito lo que previamente era implícito: “Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Mateo 19:6; compárese v. 8). El divorcio no era la intención original de Dios para la humanidad. Los propósitos de Dios para el matrimonio son entorpecidos cuando deliberadamente se rompe el pacto matrimonial. Solamente se puede llevar a cabo el propósito divino cuando la pareja está sometida a Cristo y el uno al otro, como se describe en Efesios 5:21-31.</p>
<p style="padding-left: 30px;">No obstante, el que Dios aborrezca el divorcio no debe interpretarse como condenación de los que no tienen culpa, pero que son víctima del divorcio por los actos impíos del cónyuge. Las leyes y enseñanzas del Antiguo Testamento acerca del divorcio tienen como fin dar una medida de protección a los inocentes, y no añadir culpa sobre quienes han sido víctima de circunstancias de las que tuvieron poco o ningún control.</p>
<p style="padding-left: 30px;">2. La Ley restringía el divorcio. La Ley reconocía el hecho de que el divorcio era una práctica en Israel, así también otras prácticas comunes del mundo antiguo. En esos tiempos, la mujer estaba bajo la autoridad de su esposo, y como no tenía recurso legal propio, por capricho o antojo podía ser abandonada a morir de hambre o a dedicarse a la prostitución. Al dar la Ley a Israel, Dios aceptó a las personas tal como eran en una región pagana, puso restricciones en sus prácticas erradas, protegió a los débiles e inocentes, y trató de dirigirlos de manera justa y amorosa. La ley del divorcio del Antiguo Testamento era un necesario cerco de protección contra la naturaleza pecaminosa del hombre. La provisión de la Ley era que, aun que el marido era el único que podía iniciar el divorcio, podía hacerlo únicamente bajo circunstancias cuidadosamente prescritas (Deuteronomio 24:1-4; cf. 22:13-19, 28,29; Génesis 21:8-21).</p>
<p style="padding-left: 30px;">La naturaleza regulativa de la Ley se ve en el enfrentamiento de Jesús con los fariseos que erraron al decir que Moisés mandaba que un hombre diera una carta de divorcio a su mujer, otorgándole así la libertad de repudiarla (Mateo 19:1-9). Jesús señaló que Moisés solamente permitía (epitrepõ) que lo hiciera, y aun así no por “cualquier causa”, como era la práctica común en aquellos tiempos (Mateo 19:3,7,8). Con precisión Jesús leyó las provisiones del divorcio de Deuteronomio 24:1-4, donde el hebreo es una simple secuencia que no ordena el divorcio, sino sencillamente reconoce que ocurre bajo ciertas circunstancias.</p>
<p style="padding-left: 30px;">3. Jesús prohibió el divorcio como contrario a la voluntad y a la palabra de Dios. Expresó esto claramente en Mateo 19:5,6 y Marcos 10:6-9. “Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.” El cónyuge (o los cónyuges) que rompe el pacto matrimonial comete adulterio (véase Marcos 10:11).</p>
<p style="padding-left: 30px;">4. Pablo prohibió que una pareja cristiana se divorciara. “Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor [Pablo tenía una sentencia de Jesús para apoyar lo que decía]: Que la mujer no se separe del marido; y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer” (1 Corintios 7:10,11). Pablo reconocía que algunos cristianos se estaban divorciando, pero aparentemente no por razones válidas. Por tanto, él mandó que en esos casos estuvieran dispuestos a la reconciliarse.</p>
<p style="padding-left: 30px;">5. Pablo prohibió que los cristianos tomaran la iniciativa de divorciarse simplemente porque su pareja no era creyente.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Al parecer algunos nuevos conversos estaban muy dispuestos a hacerlo. “Y a los demás yo digo, no el Señor [Pablo no tenía una sentencia de Jesús para apoyar lo que decía, pero hablaba bajo la inspiración del Espíritu]: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él [como esposa fiel], no la abandone. Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone&#8230; Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso (1 Corintios 7:12- 15, énfasis añadido).</p>
<p style="padding-left: 30px;">Aunque se debe hacer todo esfuerzo para preservar el matrimonio, cuando el cónyuge inconverso está indispuesto a seguir en la relación, el creyente no debe, a toda costa, tratar de detenerlo. En estos casos, el abandono, por implicación, se puede interpretar como motivo para divorcio y segundo matrimonio</p>
<p style="padding-left: 30px;">6. Jesús permitió que el cristiano iniciara el divorcio cuando involucraba la fornicación.</p>
<p style="padding-left: 60px;"><em>Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio (Mateo 5:32; véase también Mateo 19:9).</em></p>
<p style="padding-left: 30px;">La palabra griega para “fornicación” en este pasaje es porneia, que en este contexto por cierto incluye adulterio (una porne era una prostituta). No obstante, porneia es un término amplio para varias formas de inmoralidad sexual, generalmente habitual, tanto antes como después del matrimonio (Marcos 7:21; Hechos 15:20; 1 Corintios 5:1; 6:18; Gálatas 5:19; Efesios 5:3; 1 Tesalonicenses 4:3). Al expresar las excepciones, Mateo no usó moicheia, el sustantivo griego por adulterio. (En otros lugares Jesús diferenció entre porneia y moicheia [Mateo 15:19; Marcos 7:21] y en Mateo 5:32; 19:9 se usa el verbo moicheuō para describir las acciones del cónyuge pecaminoso que impone el divorcio sin causa justa.)</p>
<p style="padding-left: 30px;">Mateo usa porneia en 5:32 y 19:9 para traducir la palabra hebrea ‘erwâ (“alguna cosa indecente”) que se halla en Deuteronomio 24:1. Este pasaje del Antiguo Testamento era el fundamento de la enseñanza de Jesús y su discusión con los fariseos. El significado original de ‘erwâ tiene que ver con “descubrir” y “exponer”, entre otras cosas, la desnudez (Génesis 9:22,23). De modo que la “cosa indecente” de Deuteronomio 24:1 aparentemente era una forma de inmoralidad sexual, o indecencia, pero no adulterio (por lo cual el adúltero hubiera sido apedreado; cf. Deuteronomio 22:22). El amplio alance semántico de ‘erwâ es característico también de porneia; ambas palabras son generales y parecen incluir deliberadamente una variedad de prácticas inmorales. Por ejemplo, el Código de Santidad de Levítico 18 condena los actos sexuales como incesto, adulterio, homosexualidad, y bestialidad.</p>
<p style="padding-left: 30px;">En Mateo 5:31,32 y 19:8,9, Jesús habló de la iniciativa del hombre al divorciar a su pareja por motivo de fornicación. En la sociedad judía, normalmente, sólo el hombre tenía derecho legal a hacerlo, aunque ciertas mujeres de alto rango social, como Herodías, parecen haberlo hecho (Mateo 14:3; nótese que en Marcos 10:11,12 Jesús advierte a ambos sexos contra el divorcio sin motivo justo). Es claro que el principio espiritual se aplica a hombres y a mujeres. Además, debe tenerse en cuenta que Jesús concedió permiso para el divorcio sólo bajo circunstancias específicas en que había de por medio inmoralidad sexual. No obstante, Él no declaró un mandato para el divorcio, ya que esto impediría la posibilidad de reconciliación.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Hay algunos eruditos que, sobre la base de antiguas tradiciones de la iglesia, creen que el divorcio está prohibido en todos los casos, aun cuando el cónyuge del creyente inocente una y otra vez comete adulterio. Estos eruditos restringen aun más la excepción que hace Jesús, como se presenta en Mateo, al extremo de considerarla una unión ilegal fuera de lo normal. En este punto de vista, no hay casos en que, después de disueltas esta uniones ilegales, se permita el segundo matrimonio. A estos cónyuges inocentes no se les permite volverse a casar a menos que el ofensor haya muerto.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Desde otro punto de vista, muchos eruditos de la crítica alta insisten en que Mateo, en este caso, puso en labios de Jesús una excepción que Él nunca expresó. No obstante, las cláusulas de excepción en Mateo tienen fuerte apoyo de los más tempranos textos del Evangelio y estas dos incidencias (Mateo 5:32; 19:9) deben considerarse como confiables palabras del Señor.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Son pocas las veces, si es que alguna, en que un solo pasaje presenta todos los aspectos de verdad sobre un asunto. Para llegar a un entendimiento de cualquier verdad, tenemos que tomar todo lo que enseña la Biblia, y esa es la intención de este documento.</p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>El derecho a un segundo matrimonio</strong></p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p>1. La Ley aceptaba el hecho de que el divorcio permitía un segundo matrimonio. En el ya citado pasaje de Deuteronomio 24:1-4, se supone que la mujer divorciada (y su anterior esposo) se volvería a casar. No obstante, este pasaje también muestra que la Ley ponía ciertos límites sobre el segundo matrimonio, en que la mujer repudiada no podía ser reclamada después de que se hubiera casado con otro hombre.</p>
<p>2. Jesús enseñó que el divorcio y el segundo matrimonio, sin bases bíblicas, es adulterio. Constituye pecado contra el pacto del primer matrimonio (Mateo 5:32; 19:9; Marcos 10:11,12; Lucas 16:18). Es aparente que Jesús en estos pasajes habla a quienes deliberadamente inician el divorcio sin tener bases bíblicas para ello. No obstante, Jesús reconoció que el problema básico era el divorcio mismo, porque los divorciados probablemente volverían a casarse.</p>
<p>3. Jesús incluyó una cláusula de excepción a favor del cónyuge inocente. “Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación (porneia), hace que ella adultere” (Mateo 5:32; véase también Mateo 19:9). Esto indica que una persona casada que se divorcia de su cónyuge que comete inmoralidad sexual no hace que éste adultere, porque el ofensor ya es culpable de adulterio, y el cónyuge contra quien ha pecado no comete adulterio al volver a casarse. Debe notarse, por supuesto, que la “fornicación (porneia)” muchas veces implica repetida inmoralidad, de modo que esta excepción no debe considerarse como mandato de poner fin a un matrimonio afectado por una trágica indiscreción, cuando éste pudiera restaurarse.</p>
<p>4. Pablo también incluyó una excepción a favor del cónyuge inocente. En caso de que el cónyuge incrédulo no estuviera dispuesto a vivir con su pareja convertida al evangelio, Pablo aconseja: “Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre [no ‘esclavizado’, douloõ] en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios” (1 Corintios 7:15). “No sujeto a servidumbre” es una expresión fuerte que aparentemente significa que se otorga libertad al creyente. Por tanto, el significado parece ser que el creyente está en libertad de volver a casarse.</p>
<p>Pablo, sin embargo, disuade el segundo matrimonio por el bien del ministerio al Señor. “¿Estás libre de mujer? No procures casarte. Mas también si te casas, no pecas” (1 Corintios 7:27,28). Toda persona divorciada que considera en segundo matrimonio debe recordar las instrucciones de Pablo a las hijas vírgenes de Corinto: “con tal que sea en el Señor” (1 Corintios 7:39).</p>
<p>5. Objeciones a un segundo matrimonio. A pesar de las excepciones dadas arriba, hay ciertos argumentos en contra de un segundo matrimonio para el creyente inocente.</p>
<p style="padding-left: 30px;">a. A veces se reconoce que las cláusulas de excepción de Jesús permiten el divorcio debido a “fornicación”. Pero se argumenta que tal divorcio no anula el lazo matrimonial, ni otorga el derecho a disolverlo. Por tanto, conforme a este punto de vista, constituye adulterio que la parte inocente contraiga un segundo matrimonio. Sin embargo, Jesús no hizo tal declaración; y en Mateo 19:9 Jesús supone que el hombre volverá a casarse. El versículo trata el divorcio y segundo matrimonio, y conforme a las reglas de gramática la cláusula de excepción se aplica a ambos. La palabra griega para “divorcio” (apoluo) se usa en el pasaje de Deuteronomio al que Jesús se refiere en Mateo 5:31 y Marcos 10:2-12. En ese pasaje, el “divorcio” claramente disolvió la unión matrimonial. Jesús no cambió la naturaleza del divorcio como la acción de disolver el matrimonio. Él simplemente rechazó los pretextos, razones, o causas con la sola excepción de la “fornicación” (porneia).</p>
<p style="padding-left: 30px;">Además, es difícil mantener este punto de vista a la luz de otros pasajes que enfatizan los derechos y las obligaciones conyugales del marido y de la mujer (como en 1 Corintios 7:2-5). La mayoría de los protestantes interpretan que las cláusulas de excepción de Jesús permiten un segundo matrimonio y excluyen a la parte inocente de cualquier culpa de adulterio. Pero en ningún caso Él manda que se efectúe el divorcio o el segundo matrimonio. Simplemente están permitidos bajo esta única condición.</p>
<p style="padding-left: 30px;"> b. A veces se objeta que dos pasajes, Romanos 7:1-3 y 1 Corintios 7:39, específicamente declaran que la mujer está ligada a su marido hasta la muerte; por tanto, los creyentes no pueden divorciarse ni volver a casarse a menos que haya muerto el cónyuge.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><strong>Romanos 7:1-3</strong> – Un cuidadoso estudio del contexto muestra que Pablo quería ilustrar que el creyente estaba libre de la Ley. En el antiguo judaísmo, sólo el marido podía iniciar el divorcio. Por tanto, la mujer estaba ligada a él de por vida, a menos que él escogiera divorciarse de ella. Pablo quería ilustrar que el creyente ha muerto a la Ley y que ahora vive para servir en el nuevo régimen del Espíritu. El pasaje no tiene la intención de tratar los problemas del divorcio y el segundo matrimonio.</p>
<p style="padding-left: 30px;"> <strong>1 Corintios 7:39</strong> – Aparentemente este versículo se refiere a los versículos 8,9 que tratan acerca de las viudas y los que nunca se han casado. Pablo habla a las viudas cuyos esposos han muerto. El pasaje no trata los problemas del divorcio y el segundo matrimonio. Además, en el versículo 15 Pablo ya ha tratado el problema de abandono y ha mostrado que “no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre [es decir, libre para volver a casarse] en semejante caso”.</p>
<p>6. El segundo matrimonio establece un nuevo pacto o contrato. Aunque la Escritura señala claramente que el cónyuge errante que peca y rompe el pacto matrimonial comete adulterio, no pone la culpa sobre la parte inocente. Los que aducen que el creyente inocente continuamente comete adulterio al vivir en un nuevo matrimonio no tienen ninguna evidencia bíblica para su argumento. Jesús claramente expresó la postura de que los que han sido divorciados por un cónyuge en pecado, o los que se divorciaron de su cónyuge pecaminoso por “fornicación” o por abandono, tienen la libertad de volverse a casar sin que se considere adulterio. No obstante, el creyente debe casarse “en el Señor” (1 Corintios 7:39) y el pacto del nuevo matrimonio debe ser permanente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Lugar en la iglesia de los divorciados y de los que se vuelven a casar</strong></p>
<p><strong> </strong>1. La afiliación en la iglesia está abierta a todos los creyentes nacidos de nuevo. Esto ciertamente incluye a los que se divorciaron o que volvieron a casarse antes de ser salvos. Pablo indica que las personas de distintos rangos sociales y legales, como circuncidados y esclavos, deben ser aceptadas en la condición que se encontraban cuando fueron salvas (1 Corintios 7:17-24). “Cada uno, hermanos, en el estado en que fue llamado, así permanezca para con Dios” (1 Corintios 7:24).</p>
<p>Gran cantidad de judíos y gentiles se convirtieron y formaron parte de la iglesia primitiva. Dada la frecuencia de divorcios y segundo matrimonio en esa época, tanto entre judíos como gentiles, es de suponer que en las primeras iglesias había muchas personas divorciadas y casadas una segunda vez. Por ejemplo, Pablo insistió que los creyentes corintios siguieran viviendo con su cónyuge inconverso que estuviera dispuesto a seguir en el matrimonio (1 Corintios 7:12). Es probable que muchos de los creyentes corintios tuvieran cónyuges anteriores todavía vivos o que estuvieran casados con incrédulos que también tuvieran esas circunstancias.</p>
<p>2. El oficio de anciano está abierto a personas casadas por segunda vez, que se divorciaron o volvieron a casar antes de su conversión, o que lo hicieron debido a infidelidad de su cónyuge, o porque como creyentes fueron abandonos por un cónyuge incrédulo. (Como es prerrogativa de las congregaciones locales establecer sus propias normas para el diaconado, esa norma no se trata en este documento [véase Constitución y Reglamentos, Artículo IX, Sección 5, Divorcio y Nuevo Matrimonio]).</p>
<p>Uno de los primeros requisitos para el oficio de anciano (correspondiente al pastor) es que éste debe ser “marido de una sola mujer (mias gunaikos andra)” (1 Timoteo 3:2,12). “[M]arido de una sola mujer” literalmente significa “hombre que tenga una sola mujer”. Es difícil establecer el significado exacto de esta frase y a través de los años ha sido interpretada de diversas maneras. Damos aquí seis de ellas. Literalmente, el término significa que los ancianos y los diáconos (1) no pueden ser solteros, (2) no pueden volverse a casar después de enviudar, (3) tienen que ser varones, y (4) no pueden ser bígamos o polígamos. Ni uno de los primeros tres se puede indicar como práctica en la iglesia primitiva. La bigamia y la poligamia son claramente prohibidos en este término; no obstante, los historiadores informan que la bigamia y la poligamia no eran comunes entre las prácticas judías o greco-romanas en esa época y probablemente no era eso lo que Pablo tenía en mente.</p>
<p>Permanecen dos posibles interpretaciones: (5) los ancianos y los diáconos no pueden ser personas divorciadas o que se hayan vuelto a casar, una tradicional y muy antigua práctica de la Iglesia, y (6) los ancianos y los diáconos tienen que mantener un matrimonio fiel, monógamo, y heterosexual.</p>
<p>La fornicación (Hechos 15:20; Romanos 1:24; 1 Corintios 6:9,18; 2 Corintios 12:21; Gálatas 5:19; Efesios 5:3; 1 Tesalonicenses 4:3; Apocalipsis 2:21, et al.), el divorcio fácil (1 Corintios 7:12-16), y un segundo matrimonio, muchas veces una resolución legal, presentaba grandes problemas para la naciente Iglesia y sus miles de conversos. No obstante, estos nuevos creyentes eran afirmados como nueva creación en Cristo (2 Corintios 5:17), perdonados de sus pecados (1 Corintios 6:11; 2 Corintios 5:19), e integrados en la Iglesia.</p>
<p>En vista de toda la evidencia bíblica disponible referente a los problemas de divorcio y segundo matrimonio en la iglesia primitiva, el Concilio General de las Asambleas de Dios ha adoptado la interpretación seis de arriba. Se comprende que la descripción de “marido de una sola mujer” se refiere a personas que tienen un matrimonio fiel, monógamo, y heterosexual, en el que ninguno de los cónyuges haya sido divorciado (con esta excepción: si el divorcio fue antes de la conversión, como resultado de la infidelidad sexual del anterior cónyuge, o porque el creyente fue abandonado por su pareja incrédula).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Aplicación de los principios bíblicos a nuestros Reglamentos como fueron revisados y adoptados por el Concilio General en sesión</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">Artículo IX, Sección 5, Divorcio y Nuevo Matrimonio</p>
<p>a. Afiliación</p>
<p><em>(1) Enredos matrimoniales antes de la conversión</em>. Hay ahora entre el pueblo cristiano aquellos que se enredaron en sus relaciones matrimoniales en su anterior vida de pecado y que no ven cómo estos asuntos se puedan ajustar. Recomendamos que estas personas sean recibidas en la afiliación de las asambleas locales y que sus complicaciones matrimoniales se dejen en las manos del Señor (1 Corintios 7:17,20,24).</p>
<p><em>(2) Matrimonios de hecho o concubinato.</em> Recomendamos que en ningún caso sean aceptadas como miembros las personas que se sabe que viven en un estado de matrimonio de hecho o concubinato.</p>
<p>b. Segundo matrimonio</p>
<p>Las bajas normas para el matrimonio y el divorcio son muy dañinas para el individuo, la familia y la causa de Cristo. Por lo tanto, a pesar de considerarse una práctica legal y aceptada por la sociedad, desalentamos el divorcio y toda enseñanza que lo justifique. Rotundamente desaprobamos que los cristianos se divorcien por ninguna causa excepto por fornicación y adulterio (Mateo 19:9). Donde existan estas circunstancias excepcionales, o cuando el cónyuge de un cristiano se haya divorciado de él o ella, recomendamos que el asunto de segundo matrimonio sea resuelto por el creyente a la luz de la Palabra de Dios (1 Corintios 7:15,27,28).</p>
<p>c. Líderes en la iglesia local</p>
<p><em>(1) Norma para los puestos de obispo o anciano, y diáconos.</em> Considerando que el Nuevo Testamento prohíbe que los creyentes divorciados y que se han vuelto a casar ocupen cargos en la iglesia como obispos o ancianos, y diáconos, recomendamos que esta norma sea sostenida por todas nuestras asambleas (1 Timoteo 3:12; Tito 1:5-9), con la excepción del divorcio consumado antes de la conversión de la persona (2 Corintios 5:17) o por las causas bíblicas de la infidelidad matrimonial del anterior cónyuge (Mateo 19:9), o el abandono del creyente por un incrédulo (1 Corintios 7:10-15). [Nota: Se comprende que las mencionadas causas de infidelidad o abandono se aplican también después de la conversión.]</p>
<p><em>(2) Prerrogativa de las asambleas locales</em>. Se entiende que las recomendaciones no obligan, sino que las asambleas locales han de mantener la prerrogativa de fijar sus propias normas (de acuerdo con las provisiones del Artículo XI de la Constitución).</p>
<p>d. Presidir ceremonias nupciales</p>
<p><em>(1) Pautas ministeriales.</em> No aprobamos que un ministro de las Asambleas de Dios presida una ceremonia de matrimonio para alguien que ha sido divorciado y cuyo anterior cónyuge viva aún, a menos que el caso esté incluido en las circunstancias excepcionales descritas en los Reglamentos, Artículo IX, B, Sección 5, párrafo b.</p>
<p><em> (2) No se exige la violación de conciencia.</em> Reconocemos que el volver a casar a las personas incluidas en las circunstancias de excepción del Artículo IX, B, Sección 5, párrafo b, podría violar la conciencia de un ministro; y si este fuera el caso, el ministro no está obligado a presidir dicha ceremonia.</p>
<p><em>(3) Ceremonias para personas del mismo sexo.</em> Ningún ministro presidirá ningún tipo de ceremonia de matrimonio, cohabitación, o pacto para personas del mismo sexo. Una ceremonia así respaldaría la homosexualidad que es pecado y está estrictamente prohibida en la Palabra de Dios (Levítico 18:22; 20:13; Romanos 1:26,27; 1 Corintios 6:9; 1 Timoteo 1:9-11). Cualquier ministro de nuestra confraternidad que presida una ceremonia para estos tipos de relaciones no aprobadas, a menos que haya sido engañado a hacerlo así, será despedido de la confraternidad.</p>
<p><em>(4) Asesoramiento.</em> Se insta al ministro de las Asambleas de Dios que aconseje a los que solicitan ceremonias de matrimonio con el uso de guías bíblicas para el matrimonio cristiano antes de efectuar la ceremonia. Un ministro no puede presidir ceremonias para personas que, en la opinión del ministro, se acercan al matrimonio sin la debida deliberación, sabiduría, y sobriedad.</p>
<p>e. Credenciales ministeriales</p>
<p>No aprobamos que ningún ministro casado de las Asambleas de Dios tenga credenciales si él o su cónyuge tiene un anterior cónyuge que todavía vive, con la excepción del divorcio que se consumó antes de la conversión de la persona o por las causas bíblicas de la infidelidad matrimonial del anterior cónyuge (Mateo 19:9), o el abandono del creyente por el inconverso (1 Corintios 7:10-15). (Véase también los Reglamentos, Artículo VII, Sección 2, párrafos j y k).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">Artículo VII, Sección 2</p>
<p>j. Estado matrimonial</p>
<p>Desaprobamos que cualquier persona casada tenga credenciales ministeriales con las Asambleas de Dios si cualquiera de los dos cónyuges tiene un anterior cónyuge todavía vivo, a menos que el divorcio haya ocurrido antes de la conversión, o por las razones bíblicas de la infidelidad matrimonial del anterior cónyuge (Mateo 19:9), o el abandono del creyente por el inconverso (1 Corintios 7:10-15), excepto según las provisiones a continuación.</p>
<p>k. Anulaciones eclesiásticas y disoluciones de matrimonios</p>
<p>El Presbiterio Ejecutivo tendrá la autoridad de determinar si un candidato califica para una anulación eclesiástica. En tales casos, debe haber una evidencia clara de engaño, fraude, u otras condiciones que causan un profundo obstáculo para la constitución de una unión matrimonial válida, y que el candidato desconocía en el momento del matrimonio. El Presbiterio Ejecutivo tendrá la autoridad de determinar si un candidato califica a pesar de haber estado casado anteriormente cuando la disolución de ese matrimonio es consecuente con la posición bíblica de la confraternidad respecto al conceder o portar credenciales ministeriales; o si un anterior matrimonio terminó antes de la conversión. Los casos que incluyen un divorcio antes de la conversión deben ser decididos uno a uno como los que tienen relación con nulidades eclesiásticas. Las apelaciones de las decisiones del Presbiterio Ejecutivo pueden someterse al Presbiterio General.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Aplicación pastoral</strong></p>
<p>Este breve estudio de lo que enseña la Biblia acerca del matrimonio, el divorcio, y el segundo matrimonio tiene como fin ofrecer al pueblo de Dios información sobre cuidado y guía pastoral. Provee clara dirección para muchos problemas a los que se enfrentan los creyentes de hoy. Al mismo tiempo, debido a la complejidad de la vida moderna, es posible que no se encuentre en la Escritura dirección específica para cada caso que pueda presentarse en la iglesia o en la comunidad. Es esos casos, el consejo sabio y dirigido por el Espíritu tiene que venir de parte de líderes espirituales de peso. Ofrecemos para consideración los siguientes principios y recomendaciones:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">1. Es esencial que se dé a los adolescentes, a los jóvenes adultos solteros, a las parejas comprometidas a casarse, y a las personas casadas constante y sistemática enseñanza acerca de la naturaleza del matrimonio.</p>
<p style="padding-left: 30px;">2. La iglesia tiene que expresarse claramente no solo en favor de la naturaleza permanente y ordenada por Dios del matrimonio, como un pacto exclusivo entre dos personas heterosexuales, sino también en contra del pecado y el sufrimiento que produce el divorcio.</p>
<p style="padding-left: 30px;">3. Las primeras víctimas del divorcio &#8211;el cónyuge y los hijos&#8211; contra quienes se ha pecado y que han sido profundamente heridos, necesitan y merecen cuidado especial dentro de la congregación cristiana y por parte de capacitados consejeros.</p>
<p style="padding-left: 30px;">4. Al tratar la naturaleza ideal del matrimonio, la iglesia también tiene que reconocer que entre sus miembros más necesitados, y potencialmente más fructíferos, hay muchos que han sido divorciados, posiblemente se han vuelto a casar, y que luchan con la culpabilidad de un anterior fracaso matrimonial. Es sumamente importante que la iglesia les muestre el amor y la gracia de Cristo.</p>
<p style="padding-left: 30px;">5. Se debe expresar una intransigente declaración de la santidad del matrimonio, de tal manera que afirme y consuele a los divorciados y que los equipe a ser fieles en un nuevo compromiso matrimonial, que ya hayan tomado o que tomarán en fidelidad a Cristo.</p>
<p style="padding-left: 30px;">6. Estos creyentes divorciados y en segundas nupcias tienen gran potencial para servir en la iglesia y no se los debe considerar como hermanos en Cristo de segunda categoría. En cambio, se los debe instruir en la obra del Espíritu de prepararlos y dotarlos para el servicio mediante su vida y su matrimonio.</p>
<p style="padding-left: 30px;">7. La iglesia debe tratar firmemente con los creyentes que intencionalmente violan sus votos matrimoniales y que se comportan de maneras que destruye su pacto matrimonial, a la vez que justifican su comportamiento.</p>
<p style="padding-left: 30px;">8. Se necesita mucho tino al tratar con quienes tienen problemas matrimoniales que no están específicamente mencionados en las Escrituras, como el prevaleciente abuso físico o emocional, la adicción a drogas, donde peligra la vida, por no decir la salud espiritual o física. Hay que guiar cuidadosamente a los creyentes envueltos en estas circunstancias, con la aplicación de principios bíblicos y oración para que tomen decisiones basadas en la Palabra de Dios y en su propia conciencia.</p>
<p style="padding-left: 30px;">9. En nuestras congregaciones, de vez en cuando se convierten, o vuelen al redil, parejas que conviven sin haberse casado. Se necesita dar firme pero comprensiva guía pastoral para ayudarlos a evaluar en oración su relación y optar por separarse y vivir en castidad o llevar a cabo una ceremonia legal de casamiento antes de que se afilien a la iglesia o asuman alguna función de liderazgo.</p>
<p>En toda humildad, la iglesia de hoy, como hiciera la iglesia primitiva, trata de comprender y fielmente aplicar las enseñanzas de la Escritura al evangelizar y discipular a las personas en un ambiente secular, materialista, y sensual. Concientes de que hay mucho que no sabemos acerca de la forma en que Jesús y los apóstoles hubieran tratado cada problema que se presenta debido al divorcio y un segundo matrimonio, como Asambleas de Dios ofrecemos este documento con el sincero deseo de afirmar y practicar la verdad de la Escritura, siempre “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:3).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>1 El texto bíblico ha sido tomado de la versión Reina-Valera ♥1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; ♥ renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.</p>
<p>2 Barna Group, “New Marriage and Divorce Statistics Released,” [31 de marzo, 2008] http://www.barna.org/FlexPage.aspx?Page=BarnaUpdate&amp;BarnaUpdateID=295 (acceso el 17 de abril, 2008).</p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="divVerBio">
				<span class="spnAutor">Presbiterio General</span>
				<p></p>
				<br/>
			</div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://conozca.org/?feed=rss2&#038;p=3339</wfw:commentRss>
		<slash:comments>5</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La homosexualidad, el matrimonio y la identidad sexual</title>
		<link>http://conozca.org/?p=3322</link>
		<comments>http://conozca.org/?p=3322#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 14 Apr 2017 16:39:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Presbiterio General</dc:creator>
				<category><![CDATA[2017.1]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://conozca.org/?p=3322</guid>
		<description><![CDATA[DECLARACIÓN OFICIAL (ADOPTADA POR EL PRESBITERIO GENERAL DURANTE LA SESIÓN DEL 4 Y 5 DE AGOSTO DE 2014) &#160; El creciente apoyo político y religioso a las prácticas homosexuales1, al matrimonio entre personas del mismo sexo, y a las identidades sexuales alternativas, nos ha impulsado a clarificar nuestra posición con respecto a estos asuntos críticos.</p><p class="more-link"><a href="http://conozca.org/?p=3322">Mas…</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>DECLARACIÓN OFICIAL (ADOPTADA POR EL PRESBITERIO GENERAL DURANTE LA SESIÓN DEL 4 Y 5 DE AGOSTO DE 2014)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El creciente apoyo político y religioso a las prácticas homosexuales1, al matrimonio entre personas del mismo sexo, y a las identidades sexuales alternativas, nos ha impulsado a clarificar nuestra posición con respecto a estos asuntos críticos. Creemos que todos los asuntos de fe y conducta deben ser evaluados según las Sagradas Escrituras, que es nuestra guía infalible (2 Timoteo 3:16–17). Puesto que la Biblia habla de la naturaleza de los seres humanos y de su sexualidad, es imperativo que la iglesia comprenda y articule correctamente lo que la Biblia enseña en realidad sobre estos temas que ahora son tan controversiales y divisivos.</p>
<p>Puesto que los escritores que simpatizan con las comunidades lesbianas, gays, bisexuales y transgénicas (LGBT, por sus siglas en inglés)2, han fomentado interpretaciones revisionistas de textos bíblicos relevantes basándose en una exégesis parcial y una traducción errónea, se ha hecho tanto más urgente la tarea de reafirmar las enseñanzas bíblicas. De</p>
<p>hecho, estos escritores buscan dejar de lado casi dos mil años de interpretación bíblica cristiana y enseñanzas éticas. Creemos que estos esfuerzos reflejan las condiciones que se describen en 2 Timoteo 4:3: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias”3 (véase también el v. 4).</p>
<p>Conviene señalar ante todo que en ningún pasaje de las Escrituras existe siquiera, ni puede encontrarse, una afirmación positiva de la actividad homosexual, el matrimonio entre personas del mismo sexo, o los cambios de identidad sexual. Los géneros masculinos y femeninos son definidos con precisión y sin confusión alguna. En la Biblia, el ideal constante de la experiencia sexual para los solteros —los que no están en una relación matrimonial monógama y heterosexual— es la castidad4 y, para los que están en una relación matrimonial, es la fidelidad.5 Hay además abundante evidencia que demuestra que la conducta homosexual, junto con la conducta heterosexual ilícita, es inmoral y queda bajo el juicio de Dios.</p>
<p>A la luz de la revelación bíblica, creemos que la creciente aceptación cultural de la identidad y conducta homosexual (varón y mujer), el matrimonio entre personas del mismo sexo, y los esfuerzos por cambiar la identidad biológica sexual, son sintomáticos de un desorden espiritual mayor que atenta contra la familia, el gobierno y la iglesia.</p>
<p>Esta declaración es una exposición de importantes enseñanzas bíblicas acerca de la homosexualidad, y la aplicación de esas enseñanzas al matrimonio y la identidad sexual.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>I. La conducta homosexual es pecado</strong></p>
<p>Históricamente, la homosexualidad con frecuencia se ha definido como un problema emocional (psicológico) o biológico (fisiológico). En años recientes, algunos ejercieron presión sobre las organizaciones de salud mental para que la homosexualidad sea quitada de las clasificaciones de diagnósticos de patologías, y muchos han llegado a verla como una mera preferencia moralmente neutral y personal, o como un aspecto natural propio de la diversidad biológica humana. Al establecer juicios morales, debemos recordar la advertencia de la Biblia de no depender de nuestro propio razonamiento o experiencia personal para discernir la verdad (Proverbios 3:5-6).</p>
<p><em> </em></p>
<p><em>A. La conducta homosexual es pecado porque desobedece la enseñanza de las Escrituras.</em></p>
<p>Cuando Dios llamó a Israel para que fuera su pueblo particular, Él lo libero milagrosamente de la esclavitud de Egipto. Pero Dios hizo todavía más. Estableció una relación de pacto con ellos y les dio la ley, basada en el amor a Dios y el prójimo, mediante la cual podían organizar su vida como pueblo santo. La ley incluía prohibiciones específicas con respecto a la homosexualidad, como la de Levítico 18:22: “No te echarás con varón como con mujer; es abominación”. En caso de que el mandamiento anterior se malinterprete, Levítico 20:13 lo vuelve a declarar: “Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron”. El término “abominable”, que se usa en ambos versos, es una palabra fuerte que indica el desagrado divino con el pecado6.</p>
<p>La iglesia cristiana ha entendido históricamente que, si bien las disposiciones ceremoniales de la ley del Antiguo Testamento no tienen vigencia luego del sacrificio de Cristo, la interpretación y reformulación que hace el Nuevo Testamento de sus leyes morales continúan vigentes. En torno al tema de la homosexualidad, tanto el Antiguo como el Nuevo</p>
<p>Testamento hablan con una sola voz. Las prohibiciones morales contra la conducta homosexual en el Antiguo Testamento son repetidas explícitamente en el Nuevo Testamento.</p>
<p>Pablo describió a las personas que a diario presenciaban el libertinaje sexual de la Roma imperial, las consecuencias que experimentaron aquellos que rechazaron a Dios, “honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador… Por tanto, Dios los entregó a pasiones vergonzosas. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural7 por el que es contra naturaleza, de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer,8 se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres,9 y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío” (Romanos 1:25-27). Pablo se refiere tanto a los homosexuals varones como a las lesbianas.</p>
<p>Por el tiempo de Pablo, la ciudad de Corinto tenía mala fama, en especial por su inmoralidad sexual. Corinto no sólo era una urbe comercial estratégica, sino que también era sede de toda clase de vicios. Puesto que la iglesia se estaba estableciendo en esta ciudad, era importante que los nuevos cristianos comprendieran el orden moral de Dios. La carta de Pablo es explicita. Él escribió: “No erréis; ni los fornicarios10, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones… heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:9-10). En este caso, se entiende que Pablo identifica a varones homosexuales en sus papeles tanto activos como pasivos11.</p>
<p>Pablo escribió: “La ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, para los fornicarios, para los sodomitas”12 (1 Timoteo 1:9–10).</p>
<p>Un estudio objetivo de estos pasajes deja en claro que las Escrituras identifican consistentemente la conducta homosexual como pecado. Las Escrituras no sólo condenan ejemplos más flagrantes de violencia y promiscuidad homosexual, sino que también están en contra de la idea popular moderna de que las relaciones amorosas y comprometidas a largo plazo de las parejas homosexuales —incluso si están legalmente casadas—, son aceptables en el sentido moral. Cualquier tipo de actividad homosexual es contraria a los mandamientos morales que Dios nos ha dado.</p>
<p><em> </em></p>
<p><em>B. La conducta homosexual es pecado porque es contraria al orden creado por Dios para la familia y las relaciones humanas.</em></p>
<p>El primer capítulo de la Biblia dice: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27). Después de que Dios creó al hombre, dijo que no era bueno que viviera solo (Génesis 2:18). Por tanto, Dios le dio una compañera</p>
<p>(Génesis 2:18). Debe notarse que la soledad del hombre no se iba a remediar con la creación de otro varón sino con la creación de una mujer. Dios creó dos sexos, no sólo uno, y el uno para el otro.</p>
<p>Cuando Dios trajo a la mujer a Adán, Adán dijo: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada”. Luego, la Escritura declara: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:23-24).</p>
<p>Al crear a la humanidad, Dios estableció el orden de la sexualidad mediante el cual la raza se multiplicaría. En el plano psicológico, la relación es sana. En el plano físico, la relación es natural. En el plano sociológico, establece el fundamento para la familia. El orden bíblico para la expresión sexual humana consiste en una relación física íntima, que se comparte con exclusividad dentro del pacto matrimonial durante toda la vida; una relación heterosexual y monógama.</p>
<p>Cuando las personas deciden participar en la conducta homosexual, se alejan de la naturaleza sexual dada por Dios. Su comportamiento antinatural es un pecado contra Dios, quien estableció el orden de la sexualidad (Romanos 1:27). Además, la unidad social que buscan establecer es contraria a la instrucción divina dada al hombre: que deje a su padre y a su madre y se una “a su mujer” (Génesis 2:24).</p>
<p>En la discusión de Jesús con los fariseos, Él reiteró el orden de la sexualidad que Dios estableció en el principio: “Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?” (Mateo 19:4-5). Él señaló que la única alternativa al matrimonio heterosexual es el celibato por causa del reino de los cielos (Mateo 19:10-12).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>C. La conducta homosexual es pecado y está bajo el juicio divino.</em></p>
<p>El nombre de la antigua ciudad de Sodoma13 llegó a ser un sinónimo de la conducta homosexual. Aunque existían otros males en esta comunidad, se destacaba la sodomía. De hecho, los homosexuales de Sodoma eran tan depravados que amenazaron con violar a los huéspedes de Lot. Dijeron a Lot: “Y llamaron a Lot, y le dijeron: ¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche? Sácalos, para que los conozcamos”14 (Génesis 19:5). El relato bíblico narra que la multitud se violentó y trató de echar abajo la puerta de la casa de Lot. Sólo gracias a la intervención divina, Lot y sus huéspedes fueron librados de las intenciones malignas de ellos. Posteriormente, Dios destruyó a Sodoma y a la ciudad vecina de Gomorra (Génesis 19:4–11, 24–25).</p>
<p>El castigo de Dios sobre estas ciudades fue tan severo que Pedro y Judas lo usan como una ilustración del juicio divino (2 Pedro 2:6; Judas 7). El comentario de Judas es particularmente clarificador: “Como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno”.</p>
<p>El libro de Jueces (19:1-30) documenta un incidente en la antigua ciudad de Gabaa de Benjamín que tiene muchas similitudes con el pecado de Sodoma. Algunos “hombres perversos” de la ciudad (19:22) trataron de forzar a un levita a tener relaciones homosexuals con ellos15. Cuando el levita se rehusó a su insistente pedido, los atacantes aceptaron violar individual y grupalmente16 a la concubina del levita, un hecho que resultó en su muerte (19:25-30). El crimen fue tan repugnante para las otras tribus de Israel que, cuando la tribu de Benjamín se rehusó a entregar a los delincuentes, terminaron yendo a la guerra y destruyendo a los benjamitas (20:1-48).</p>
<p>Éstos son ejemplos bien conocidos de la expresión homosexual, que sin duda hoy repudiaría la mayoría de personas homosexuales. Es necesario entender que aunque los escritores bíblicos expresan aversión ante semejante perversión rapaz, no implican con eso que los heterosexuales sean incapaces de atrocidades sexuales similares, ni que la mayoría de homosexuales sean depravados como los residentes de aquellas ciudades antiguas. Los cristianos modernos tampoco deberían sacar esas conclusiones. Sin embargo, es importante notar que, siempre cuando ocurre un incidente homosexual en la narración bíblica, es una ocasión para el escándalo y el castigo. La homosexualidad nunca se considera de manera positiva.</p>
<p>Los escritores bíblicos dejan en claro que los homosexuales practicantes, junto con los heterosexuales inmorales y todos los pecadores no arrepentidos, no heredarán el reino de Dios (1 Corintios 6:9-10). Pablo también describió la conducta homosexual como una prueba del juicio de Dios contra una humanidad que se rebeló corporativamente contra Él (Romanos 1:26-27). Jesús mismo dijo de manera explícita que al final del siglo “Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 13:41-42).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>II. La conducta homosexual es un pecado para el cual es posible la reconciliación</strong></p>
<p>Aunque la Escritura deja en claro que la conducta homosexual es pecado y está bajo el juicio de Dios, también indica que aquellos que son culpables de la conducta homosexual o de cualquier otro pecado pueden reconciliarse con Dios (2 Corintios 5:17–21).</p>
<p>En la iglesia de Corinto había ex-homosexuales que fueron liberados del poder del pecado por la gracia de Dios. En 1 Corintios 6:9, Pablo menciona a los homosexuales junto con los heterosexuales inmorales, y dice que estas personas no heredarán el reino de Dios. Su gramática implica una actividad sexual inmoral continua hasta su conversión.</p>
<p>El verso 11 continúa con un contraste poderoso: “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”. Fueron homosexuales en orientación y conducta, pero ahora el poder del Espíritu de Dios había transformado radicalmente sus vidas, como también las vidas de los pecadores heterosexuales.</p>
<p>Las Escrituras dejan en claro que la eficacia de la muerte y resurrección de Cristo es ilimitada para aquellos que la aceptan. No hay pecado, ya sea sexual o de otro tipo, que no pueda ser limpiado. Juan el Bautista anunció: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).</p>
<p>El apóstol Pablo escribió: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21).</p>
<p>El apóstol Juan señaló: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).</p>
<p>A través del poder regenerativo del Espíritu Santo, las personas pueden —a pesar de la naturaleza de su pecado— llegar a ser una nueva creación en Cristo Jesús (2 Corintios 5:17). El plan de salvación de Dios es el mismo para todos. El homosexual practicante que quiera ser liberado del castigo y el poder del pecado debe acercarse a Dios de la misma manera que todos los pecadores heterosexuales, y de la misma manera que se acercaron para ser libres de sus pecados todos lo que ahora son hijos de Dios.</p>
<p>La acción de volverse a Dios para la salvación incluye tanto el arrepentimiento como la fe. Jesús es Salvador y Señor. Él es quien perdona nuestro pecado cuando creemos en Él y nos arrepentimos. El arrepentimiento representa un cambio de mentalidad, en la que uno se aparta del pecado en actitud y conducta. Jesús es también Aquel cuyo señorío afirmamos a través de una vida santa. “Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios” (1 Tesalonicenses 4:3-5).</p>
<p>Como el carcelero de Filipo que preguntó qué necesitaba hacer para ser salvo, aquellos que desean la salvación deben creer en el Señor Jesucristo (Hechos 16:30-31); es decir, creer que Él puede salvarlos del poder y el castigo del pecado. La fe obediente, así como el arrepentimiento, es una condición para la salvación.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>III. Declaraciones resultants</strong></p>
<p><strong></strong>A la luz de las claras enseñanzas bíblicas sobre la homosexualidad y la aplicación de estas enseñanzas a las prácticas sexuales contemporáneas, la fraternidad de las Asambleas de Dios hace las siguientes aserciones:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>A. Con respecto al matrimonio entre personas del mismo sexo</em></p>
<p>Las Asambleas de Dios define el matrimonio como una unión permanente, exclusiva y comprensiva; como una unión conyugal de “una carne” entre un varón y una mujer; intrínsecamente ordenada para la procreación y formación de la familia biológica, y para el fomento del bien moral, espiritual y público del vínculo entre padre, madre e hijo. (Génesis 1:27–28; 2:18–24; Mateo 19:4–9; Marcos 10:5–9; Efesios 5:31–33).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>B. Con respecto a la inmoralidad sexual</em></p>
<p>Las Asambleas de Dios cree que las relaciones sexuales fuera del matrimonio están prohibidas por ser pecaminosas. Las relaciones sexuales fuera del matrimonio incluyen (aunque no se limitan a) el adulterio, la fornicación, el incesto, el bestialismo, la pornografía, la prostitución, el voyeurismo, la pedofilia, el exhibicionismo, la sodomía, la poligamia, las parejas múltiples, o los actos sexuales entre personas del mismo sexo. (Éxodo 20:14; Levítico 18:7–23; 20:10–21; Deuteronomio 5:18; Mateo 5:27–28; 15:19; Romanos 1:26–27; 1 Corintios 6:9–13; Gálatas 5:19; Efesios 4:17–19; Colosenses 3:5; 1 Tesalonicenses 4:3; Hebreos 13:4).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>C. Con respecto a la identidad sexual</em></p>
<p><em></em>Las Asambleas de Dios cree que Dios creó a la humanidad a su imagen: varón (hombre) y hembra (mujer), sexualmente distintos pero con la misma dignidad personal. La fraternidad apoya la dignidad individual de las personas al afirmar su sexo biológico y al disuadir cualquier intento de cambiar, alterar o estar en desacuerdo con su sexo biológico predominante. Esto incluye (aunque no se limita a) la elección de una reasignación sexual, actos o conductas de travestismo o transexualidad, o conductas no-binarias de intergénero. (Génesis 1:26–28; Romanos 1:26–32; 1 Corintios 6:9–11).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>D. Con respecto a la orientación sexual</em></p>
<p><em></em>Las Asambleas de Dios afirma la complementariedad entre el varón y la mujer, y enseña que toda atracción sexual hacia personas del mismo sexo debe ser resistida. Por consiguiente, los creyentes deben refrenarse de cualquier relación o conducta sexual con personas del mismo sexo. (Génesis 1:27; 2:24; Mateo 19:4–6; Marcos 10:5–9; Romanos 1:26–27; 1 Corintios 6:9–11).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>IV. Una palabra dirigida a la Iglesia</strong></p>
<p><strong></strong>Las Asambleas de Dios cree que todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, y que deben buscar redención mediante la confesión, el arrepentimiento, el bautismo, y la fe en Jesucristo. Nuestra fraternidad da la bienvenida y trata con respeto, compasión y sensibilidad a todas las personas que experimentan atracción por el mismo sexo o confiesan hechos sexuales inmorales, y se comprometen a resistir la tentación sexual, refrenándose de la inmoralidad sexual, y transformando su conducta según las enseñanzas bíblicas. (Mateo 11:28–30; Romanos 3:23; 1 Corintios 10:13; Efesios 2:1–10; Hebreos 2:17–18; 4:14–16)</p>
<p>Los creyentes que luchan con tentaciones homosexuales y están confundidos respect de su identidad sexual, deben ser alentados y fortalecidos por sus compañeros cristianos (Gálatas 6:1-2). Asimismo, se les debe enseñar que, aunque la tentación a pecar es universal, la tentación en sí no es pecado. La tentación puede resistirse y vencerse (1 Corintios 10:13; Hebreos 12:1-6).</p>
<p>Los imperativos morales de la Escritura incumben a todas las personas. Sin embargo, los creyentes no deben asombrarse de que los no creyentes no honren a Dios ni reconozcan la Biblia como una demanda legítima sobre sus vidas y su conducta (1 Corintios 1:18). En su primera carta, Pedro escribe claramente acerca del conflicto y el contraste entre el creyente y el no creyente:</p>
<p style="padding-left: 30px;"><em>Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado, para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios. Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías. A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan; pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos (1 Pedro 4:1-5).</em></p>
<p><em></em>Como cristianos, debemos exhortar a los creyentes a vivir en pureza moral y expresar en palabra y hecho el amor de Cristo por los perdidos. Conscientes de las demandas de Dios sobre cada aspecto de nuestra vida, debemos enfatizar que somos llamados a la santidad. Debemos alcanzar a los no creyentes con compasión y humildad. No debemos ser incompasivos para con los homosexuales y los que luchan con su identidad sexual, o tener temor de ellos, ya que tales actitudes no son de Cristo. Al mismo tiempo, no debemos aprobar la conducta sexual que Dios ha definido como pecaminosa, ya sea homosexual o heterosexual.</p>
<p>Los cristianos también deben hacer todo lo que puedan para ayudar a la persona que ha luchado con conductas y deseos homosexuales, para que los pueda cambiar y pueda encontrar liberación. El cambio no siempre es fácil, pero es posible. Puede que requiera de la ayuda de otras personas en el cuerpo de Cristo, como consejeros y pastores, además del apoyo de la fraternidad de la iglesia. Existen también organizaciones cristianas que ayudan a aquellos que buscan cambiar su estilo de vida.</p>
<p>Deseamos que todos sean reconciliados con Dios y que experimenten la paz y el gozo que surge del perdón del pecado a través de una relación personal con Jesucristo. Dios no quiere que ninguno se pierda en sus pecados e invita a todos a que acepten Su ofrecimiento de vida eterna (Juan 3:16). Como parte de Su iglesia, extendemos a todos la invitación a vivir en Cristo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Notas</p>
<p>1 El término “homosexualidad” se usa con frecuencia para describir la orientación y la conducta.</p>
<p>2 Tal vez algunos grupos con una preferencia sexual determinada prefieran otra designación; sin embargo, ante la ausencia de un término universal convenido, la sigla LGBT —que por lo general se conoce en los círculos contemporáneos— se usa aquí para incluir a todas “las</p>
<p>comunidades no heterosexuales”.</p>
<p>3 Todas las citas de la Biblia son extraídas de la versión Reina Valera 1960.</p>
<p>4 Aquí significa refrenarse de la actividad sexual ilícita.</p>
<p>5 Aquí significa fidelidad sexual y exclusividad en el matrimonio.</p>
<p>6 La palabra hebrea es to’ebah, que en este capítulo de Levítico también se utiliza para identificar varias prácticas sexuales abominables de los vecinos paganos de Israel (18:26–27,29–30). En otras partes del Antiguo Testamento, denota prácticas repugnantes tales como la idolatría, el sacrificio humano y la hechicería. Véase R. Laird Harris, Gleason L. Archer, y Bruce K. Waltke, eds., Theological Wordbook of the Old Testament (Vocabulario teológico del Antiguo Testament), Chicago: Moody Press, 1980, 2:976–77. No es raro que los revisionistas</p>
<p>traten de encubrir el sentido obvio del texto al dar por sentado que los actos homosexuals eran juzgados como malos sólo por estar asociados con prácticas religiosas paganas, de hecho prohibidas a Israel. Sin embargo, nada en el pasaje citado apoya esa interpretación. Además,</p>
<p>el hecho de que la práctica homosexual implícita o explícita se condene siempre que aparece en el texto bíblico niega esta interpretación.</p>
<p>7 La versión en inglés de la Biblia, New Revised Standard Version (NRSV), lo traduce por “coito natural”. En estos contextos, el término griego jrēsis tiene que ver con la relación sexual. Véase A Greek-English Lexicon of the New Testament and other Early Christian Literature (Un léxico griego-inglés del Nuevo Testamento y otra literatura cristiana temprana), 3ra edition, revisada y editada por Frederick William Danker, Chicago: University of Chicago Press, 2000, 1089.</p>
<p>8 Ibíd.</p>
<p>9 El griego asjēmosunē se traduce por “acto vergonzoso”. Véase A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature (Un léxico griego-inglés del Nuevo Testamento y otra literatura cristiana temprana), 147.</p>
<p>10 Es importante señalar que la Escritura condena los pecados heterosexuales de la misma manera que los homosexuales. Junto a la homosexualidad, el apóstol Pablo cataloga los pecados heterosexuales: el adulterio, la fornicación, y la prostitución (véase también los pasajes como Gálatas 5:19–21 y 1 Timoteo 1:10). Las Asambleas de Dios está en contra de toda inmoralidad sexual, sea heterosexual u homosexual, y llama a todos los que participan en ellas al arrepentimiento.</p>
<p>11 La traducción del plural griego malakos es “varones prostitutos”, y la traducción de la forma plural de arsenokoitēs es “reincidentes homosexuales”. Según el léxico griego-inglés de Johannes P. Louw y Eugene A. Nida, eds., los términos se definen respectivamente como “el</p>
<p>varón cuya función sexual en la pareja es pasiva” y “el varón en la relación sexual” (Greek- English Lexicon of the New Testament Based on Semantic Domains, 2da edición [Lexico griego-inglés del Nuevo Testamento basado en los campos semánticos], New York: United</p>
<p>Bible Societies; 1988, 1989, 1:772). Véase también la referencia respectiva en A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature (Un léxico griego-inglés del Nuevo Testamento y otra literatura cristiana temprana).</p>
<p>12 Plural de arsenokoitēs.</p>
<p>13 Algunos intérpretes contemporáneos sostienen que, en la Escritura, Sodoma fue condenada sólo por su maldad general y no por su reputación de prácticas homosexuales dominantes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>También concluyen de Hebreos 13:2 (“porque por ella [la hospitalidad] algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”) y de Mateo 10:14-15 (“sacudid el polvo de vuestros pies”) que el pecado de Sodoma no era más que la falta de hospitalidad. Se alega, además, que las referencias a</p>
<p>Sodoma que describen una conducta homosexual son, de hecho, una alusión a la violación masculina y no una denuncia de las relaciones homosexuales de mutuo consentimiento. Aunque el relato de Génesis no responde a todos los interrogantes, la misma narración y las muchas referencias en ambos testamentos dejan en claro que aquí se entrevé la homosexualidad promiscua y violenta.</p>
<p>14 “Tener sexo” es una traducción precisa del término hebreo yada’ que significa “conocer”, pero que se usa a menudo como un eufemismo para hablar del coito (Génesis 4:1). La palabra también denota sodomía (Génesis 19:5; Jueces 19:22) y violación (Jueces 19:25). Véase Theological Wordbook of the Old Testament (Vocabulario teológico del Antiguo Testamento),</p>
<p>1:366.</p>
<p>15 Hebreo yada’. Véase la nota anterior.</p>
<p>16 Hebreo yada’. Véanse las notas anteriores.</p>
<p>El texto bíblico ha sido tomado de la versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizada con permiso.</p>
<p>© 2001, 2014 por El Concilio General de las Asambleas de Dios</p>
<p>Springfield, Missouri 65802</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="divVerBio">
				<span class="spnAutor">Presbiterio General</span>
				<p></p>
				<br/>
			</div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://conozca.org/?feed=rss2&#038;p=3322</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La sanidad divina</title>
		<link>http://conozca.org/?p=2888</link>
		<comments>http://conozca.org/?p=2888#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 04 Dec 2015 16:12:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Presbiterio General</dc:creator>
				<category><![CDATA[2015.1]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://conozca.org/?p=2888</guid>
		<description><![CDATA[ADOPTADA POR EL PRESBITERIO GENERAL EN SESIÓN EL 9 AL 11 DE AGOSTO DE 2010)   Desde su inicio, el Concilio General de las Asambleas de Dios ha reconocido la sanidad divina para la persona integral como parte importante del evangelio, las buenas nuevas, que Jesús comisionó a sus discípulos que proclamaran. La Constitución de</p><p class="more-link"><a href="http://conozca.org/?p=2888">Mas…</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="center"><strong>ADOPTADA POR EL PRESBITERIO GENERAL EN SESIÓN EL 9 AL 11 DE AGOSTO DE 2010)</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Desde su inicio, el Concilio General de las Asambleas de Dios ha reconocido la sanidad divina para la persona integral como parte importante del evangelio, las buenas nuevas, que Jesús comisionó a sus discípulos que proclamaran. La Constitución de las Asambleas de Dios, en su Declaración de Verdades Fundamentales, artículo 12, establece: “La sanidad divina es una parte integral del evangelio. La liberación de la enfermedad ha sido provista en la expiación y es el privilegio de todos los creyentes (Isaías 53:4,5; Mateo 8:16,17; Santiago 5:14-16).” Aunque es imposible cubrir en un breve documento todas las implicaciones de esta declaración o contestar todas las preguntas que se plantean sobre este tema, intentaremos mostrar que la declaración es bíblicamente sana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>I. La sanidad divina es una parte integral del evangelio</strong></p>
<p>Tanto el ministerio de Jesús como de los apóstoles muestran que la sanidad divina es parte integral de la proclamación del mensaje del evangelio. Fue un importante testimonio de Jesús como la revelación del Padre, el Mesías prometido, y el Salvador del pecado (véase Juan 10:37,38). La Biblia muestra una estrecha relación entre el ministerio de sanidad de Jesús y su ministerio salvador y perdonador. Su poder sanador era en realidad un testimonio de su autoridad para perdonar pecados (Marcos 2:5-12).</p>
<p>Con frecuencia, los escritores de los Evangelios atestiguan que sus milagros de sanidad ocurrían paralelamente con su predicación del evangelio, siendo ambos el propósito de su ministerio (Mateo 4:23; 9:35,36). La gente venía de todas partes, tanto para oírle como para ser sanados (Lucas 5:15; 6:17,18). Él nunca rechazó a nadie, sino que sanó todas las diversas enfermedades, dolencias, deformaciones, defectos, y lesiones (Mateo 15:30,31; 21:14). También echó fuera demonios y libró a la gente de los problemas que éstos causaban (Mateo 4:24). Jesús reconoció que la enfermedad es el resultado de la caída de los seres humanos en pecado, y que en algunos casos puede deberse a un pecado específico (Juan 5:14) o a la obra de Satanás (Lucas 13:16). Sin embargo, reconoció también que la enfermedad no siempre es el resultado directo de cierto pecado (Juan 9:2,3). En algunos casos era más bien una oportunidad de que Dios fuera glorificado (Marcos 2:12).</p>
<p>Los milagros de sanidad eran una parte importante de las obras que Dios envió a Jesús a hacer (Juan 9:3,4). Esto armoniza con la revelación del Antiguo Testamento de Dios como el Gran Médico, Jehová el Sanador (Éxodo 15:26; Salmo 103:3; los participios hebreos que se usan en ambos casos indican que es la naturaleza de Dios sanar). El ministerio de Jesús puso de manifiesto que la sanidad divina es parte vital de la naturaleza y el plan de Dios.</p>
<p>Las sanidades también sirvieron para identificar a Jesús como el Mesías prometido y el Salvador. Jesús cumplió la profecía de Isaías 53:4: “Ciertamente llevó [tomó y quitó] él nuestras enfermedades, y sufrió [como una carga pesada] nuestros dolores.” (“Enfermedades”, <em>choli</em>, es la misma palabra que se usa para hablar de enfermedad física en Deuteronomio 28:59,61; 2 Crónicas 16:12; 21:15,18,19; Isaías 38:9. (“Dolores”, <em>makob</em>, es la misma palabra que se usa para referirse a dolor físico en Job 33:19).</p>
<p>Mateo, en su relato de la sanidad de la suegra de Pedro por mano de Jesús, ve el cumplimiento de este pasaje de Isaías en el ministerio sanador de Jesús: “Para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias” (Mateo 8:17). Isaías también vincula los sufrimientos del Siervo con la provisión de salvación, un ministerio que Jesús cumplió (Isaías 53:5,6).</p>
<p>Sus sufrimientos fueron por nuestros pecados y condujeron a la paz con Dios: “Y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5). El contexto de Isaías y la referencia al mismo en 1 Pedro 2:24,25 enfatizan especialmente la sanidad o la restauración del efecto del pecado. Sin embargo, en vista del énfasis en la enfermedad física en Isaías 53:4, está claro que estos pasajes enseñan que el evangelio que había de ser presentado por el Siervo de Dios, Jesús, incluye la sanidad de los efectos espirituales y físicos de la caída de la raza humana en pecado, como se registra en Génesis 3.</p>
<p>Cuando Juan el Bautista fue encarcelado, se preguntó si Jesús era realmente el Mesías prometido, o simplemente un precursor como él mismo. Jesús le respondió señalando sus obras mesiánicas que vinculaban los milagros y la predicación del evangelio con los pobres (Mateo 11:4,5). Una vez más, la sanidad fue un testimonio importante, una parte integral del evangelio (Isaías 61:1,2; Lucas 4:18; 7:19-23).</p>
<p>La sanidad divina siguió siendo parte integral del evangelio a través del ministerio de los apóstoles y de la iglesia primitiva. Jesús envió a los Doce y los Setenta y dos [NVI] a predicar y a sanar a los enfermos (Lucas 9:2; 10:9). Después del Pentecostés “muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles” (Hechos 2:43). Lucas escribió el libro de los Hechos como continuación de la historia de lo que Jesús hizo y enseñó, no sólo a través de los apóstoles, sino también a través de una iglesia llena del Espíritu Santo (Hechos 1:1,8; 2:4).</p>
<p>La obra de milagros, incluso la sanidad divina, no se limitaba a los apóstoles. La promesa de Jesús fue para todos los creyentes (Juan 14:12-14) que la pidieran en su nombre (es decir, los que reconocen su autoridad y se conforman a su naturaleza y sus propósitos). Dios usó a diáconos, como Felipe, para predicar y sanar (Hechos 8:5-7), y a Ananías, un discípulo hasta entonces desconocido, para sanar a Saulo (Pablo) (Hechos 9:12-18).</p>
<p>El mensaje del evangelio incluye la provisión de los dones espirituales por medio del Espíritu Santo a la Iglesia, entre los que están los dones de sanidades (1 Corintios 12:7). Todos estos dones, entre ellos el de sanidad, siguen edificando a la Iglesia y ofrecen esperanza a todos los creyentes. Además, Santiago afirma que la sanidad es parte normal en las reuniones de la Iglesia. Cada vez que se reúnen los hermanos, cualquiera que esté enfermo puede pedir oración por sanidad (5:14). Se nos asegura de que la sanidad divina es una manifestación permanente del evangelio en el día de hoy, y que continuará así hasta el regreso de Cristo.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>II. La Expiación provee sanidad divina</strong></p>
<p>El ministerio de los sacerdotes bajo la Ley era una figura del ministerio del Sumo Sacerdote, Jesucristo, que se “compadecerse de nuestras debilidades (<em>astheneia</em>, debilidad, enfermedad, timidez)” (Hebreos 4:14,15). Los sacerdotes del Antiguo Testamento, mediante la sangre de los sacrificios, hacían expiación por los pecados del pueblo.</p>
<p>Un estudio del concepto de la expiación en la Biblia muestra que en la mayoría de los casos se refiere a un rescate que se paga por redención y restauración, que señala a la redención hecha por Jesucristo mediante el derramamiento de su sangre en nuestro favor. El apóstol Pablo lo describe de esta manera: “A quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre” (Romanos 3:25).</p>
<p>La palabra “propiciación”, traduce el griego <em>hilasterion</em>, que también puede ser traducida como expiación o propiciatorio. En Levítico 16 se registra lo que Dios esperaba de Israel para el Día de la Expiación y el ministerio del sumo sacerdote de rociar la sangre del sacrificio por el pecado sobre el propiciatorio (la cubierta de oro del arca del pacto). El arca contenía las tablas de piedra de la Ley, que el pueblo no había cumplido. La Ley quebrantada exigía el juicio y la muerte. Pero cuando era rociada la sangre de un cordero sin mancha, que proféticamente anunciaba la vida sin pecado de Cristo, Dios veía esa vida sin pecado en vez de la ley quebrantada y mostraba su misericordia y bendición.</p>
<p>El propósito principal de la expiación era la purificación del pecado (Levítico 16:30). Sin embargo, también está claro que la expiación traía liberación del castigo y las consecuencias del pecado, con el fin de hacer posible la restauración de la bendición y el favor de Dios. Cuando el pueblo de Israel se quejó después del juicio que vino tras la rebelión de Coré, Datán y Abiram, Dios envió una plaga sobre los hijos de Israel. Moisés envió a Aarón a que fuera en medio de la congregación e hiciera expiación por ellos, y así cesó la mortandad (Números 16:47,48). La Ley de Moisés requería que cuando se contara a los hombres de Israel, cada uno diera una ofrenda de expiación de medio siclo para su redención y para evitar que viniera sobre ellos mortandad (Éxodo 30:11-16). De tal modo la expiación proveía purificación del pecado y sus consecuencias, incluyendo las enfermedades.</p>
<p>Se ve claramente en la Biblia que los seres humanos no podemos pagar el precio de nuestra redención, por lo cual Dios, en su amor y para la gloria de su nombre, proveyó la máxima expiación (Romanos 3:25; véanse también Salmos 65:3; 78:38; 79:9; Romanos 3:21-28). Todo esto lo hizo Cristo en el Calvario (Juan 3:14-16). Allí Él hizo expiación plena por toda la persona. El Nuevo Testamento se refiere a esto como “redención”, lo cual esencialmente tiene el mismo significado que “expiación”. Por medio de Cristo hemos recibido la redención y el perdón de los pecados (Romanos 3:24; Efesios 1:7; Colosenses 1:14; Hebreos 9:15).</p>
<p>La redención, obrada mediante la expiación de Cristo, provee reconciliación por el pecado y sus consecuencias. Aun cuando la enfermedad no es resultado directo de un pecado específico, está en el mundo a causa del pecado. Por lo tanto, está entre las obras del diablo que Jesús vino a destruir (1 Juan 3:8), y está incluida en la Expiación.</p>
<p>Del paralelo entre redención y expiación, vemos que la provisión de sanidad para nuestro cuerpo es parte de la redención que se menciona en Romanos 8:23. Recibimos el perdón de los pecados ahora mediante la redención de nuestra alma. Recibiremos la redención de nuestro cuerpo cuando seamos arrebatados para encontrarnos con el Señor, y seamos transformados a su semejanza (1 Corintios 15:51-54; 2 Corintios 5:1-4; 1 Juan 3:2). La sanidad divina es un anticipo de esto, y así como todas las bendiciones del evangelio, emana de la Expiación.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>III. La sanidad divina es un don de la gracia de Dios para todos</strong></p>
<p>Así como la salvación es por gracia mediante la fe (Efesios 2:8), recibimos todas las bendiciones y los dones de Dios por su gracia, o su favor inmerecido. No se pueden ganar ni merecer. Cabe señalar que, en vez de exigir sanidad, el Nuevo Testamento registra que la gente venía a Jesús suplicando su ministerio de compasión. No veían la sanidad como un derecho, sino como un privilegio misericordioso que les era ofrecido.</p>
<p>El hecho de que no podemos ganar las bendiciones de Dios, ni tampoco la sanidad divina, debe hacernos entender la importancia de cultivar nuestra vida en el Espíritu, porque el Espíritu “vivificará [nuestros] cuerpos mortales”, y esa es nuestra gran esperanza (Romanos 8:11). En realidad, aunque nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior se renueva de día en día (2 Corintios 4:16).</p>
<p>Esta renovación interior es la que nos capaz de tener fe para recibir el don de sanidad divina. A la mujer sanada, que había padecido de flujo de sangre por doce años, Jesús dijo: “Hija, tu fe te ha hecho salva” (Marcos 5:34). Pablo, en Listra, cuando vio que su predicación había producido fe para sanidad en el corazón de un hombre imposibilitado de los pies, le mandó que se pusiera de pie (Hechos 14:9,10). La fe se manifestó también en el centurión romano que reconoció la autoridad de la palabra de Cristo para que su siervo sanara (Mateo 8:5-13) y en la mujer cananea que creyó en Jesús para la sanidad de su hija (Marcos 7:24-30; Mateo 15:28).</p>
<p>El hecho de que la sanidad divina viene por la fe se ve confirmado cuando la incredulidad impidió que fuera recibida en Nazaret (Marcos 6:5,6) y al pie del Monte de la Transfiguración (Mateo 17:14-20). En Santiago 5:15 hay una promesa de que la oración de fe, hecha por los ancianos de la iglesia a favor de los enfermos, salvará al enfermo y el Señor lo levantará. La fe, entonces, recibe la sanidad sencillamente por palabra del Señor. Pero Jesús no dejó desatendidos a los que tenían poca fe, o que no expresaban fe en absoluto. Para los que están enfermos a menudo no es fácil expresar la fe, y Jesús hizo varias cosas para ayudarlos. Tocó a algunos (Marcos 1:41; 8:22), los tomó de la mano (Marcos 1:31; Lucas 14:4), o puso las manos sobre ellos (Marcos 6:5; 8:25; Lucas 4:40; 13:13). Ayudó a otros de diversas maneras, lo cual requirió de fe y obediencia por parte de ellos (Marcos 7:33; 8:23).</p>
<p>La fe, no obstante, tenía que ser en el Señor, no en los medios que Él empleó para ayudarlos a expresar su fe. Ésta parece ser la razón de la gran variedad de medios que usó: que las personas no pusieran la vista en el medio sino más bien en Dios. La fe significa confiar en el Dios omnisciente, todo amor, y todopoderoso que responde al clamor de su creación en su propia manera.</p>
<p>La promesa de que cualquiera “que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también” está estrechamente relacionada con la oración, que pide en nombre de Cristo (Juan 14:12-14; 16:23,24). El uso del nombre de Jesús no es una fórmula de la que se valen los seres humanos para forzar la respuesta de Dios. Su nombre es la revelación de su carácter y naturaleza, que tenemos en nosotros sólo si permanecemos en Cristo y sus palabras permanecen en nosotros (Juan 15:7). Como resultado, su voluntad domina en nuestra vida, y conforma nuestra voluntad a la suya. Por lo tanto, nuestras peticiones en su nombre cada vez más armonizan más con su voluntad, y abren camino para que Él responda a nuestras oraciones.</p>
<p>La revelación de Dios como “Jehová tu sanador” (Éxodo 15:26) no se limita a Israel. La sanidad del siervo del centurión y de la hija de la mujer cananea muestra que la sanidad es privilegio también de los gentiles. En realidad, hay sanidad para todos los que la deseen y respondan a Jesús. Hay evidencia de que el don de sanidad de Dios, aun puede ser experimentado por una persona antes de que haya recibido perdón de sus pecados, como en el caso del paralítico en el estanque de Betesda (Juan 5:2-9,14).</p>
<p>La fe en la sanidad divina no se opone ni compite con la ciencia médica. El conocimiento y las habilidades de esta profesión ofrecen ayuda a muchos. Es cierto que la Biblia condena al rey Asa, porque “en su enfermedad no buscó a Jehová, sino a los médicos” (2 Crónicas 16:12). Pero Asa buscó ayuda de Siria, en un acto de incredulidad y desobediencia, porque no quiso confiar en el Señor (2 Crónicas 16:7). El motivo de que se pronunciara juicio contra Asa no fue que buscó la ayuda de los médicos, mas bien porque no buscó al Señor.</p>
<p>Cuando la mujer que había padecido de flujo de sangre por doce años fue sanada, Marcos registra que “había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor” (Marcos 5:26). Si no hubiera sido aceptable que ella acudiera a los médicos, éste hubiera sido el perfecto lugar en que Jesús lo hubiera dicho, pero no lo hizo. Antes bien, Él aceptó la fe que ella expresó y la felicitó por ello.</p>
<p>También, Jesús envió a los diez leprosos a quienes había sanado a que fueran a mostrarse a los sacerdotes (Lucas 17:14). Bajo la Ley, los sacerdotes eran los encargados del diagnóstico, las cuarentenas, y la salud (Levítico 13:2 ss.; 14:2 ss.; Mateo 8:4). Así, Jesús reconoció que hay lugar para los diagnosticadores humanos.</p>
<p>A través de la habilidad y la formación de los médicos se producen recuperaciones y restauraciones, una verdad que no niega ni menosprecia la fe en la sanidad divina. Nos alegramos cuando Dios, que es la fuente de toda sanidad, obra a través de los médicos; damos gracias por su dedicación, y ofrecemos continua alabanza a Dios. Aun con todo su conocimiento, su formación, y sus habilidades, los médicos no son la última palabra en el diagnóstico de enfermedades humanas. Ponemos firmemente nuestra confianza en Dios, que es más que capaz de dar sanidad en una situación que se considera sin esperanza.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>IV. La sanidad divina se cumplirá plenamente cuando vuelva Jesús</strong></p>
<p>Vivimos en el presente entre la primera y la segunda venida de Cristo. En su primera venida, a través de su vida, muerte, y resurrección proveyó la expiación por el pecado y sus consecuencias. En esta era, se ve la sanidad divina, un don de la gracia de Dios, como una expresión proléptica de la completa redención del cuerpo humano. En su segunda venida, lo que se inició se consumará: se cumplirá la salvación del pecado y de todos sus efectos. En este período del “ya pero no todavía” algunos son sanados instantáneamente, otros poco a poco, y otros no son sanados.</p>
<p>La Biblia indica que hasta que Jesús venga gemimos, porque aún no hemos recibido la redención total de nuestro cuerpo (Romanos 8:23). Sólo cuando los muertos en Cristo resuciten y seamos transformados recibiremos un cuerpo nuevo que es como su cuerpo glorioso (1 Corintios 15:42-44,51-54). Aun los seguidores de Cristo gimen, con dolores de parto, como el resto de la creación, y esperamos con paciencia el cumplimiento de nuestra esperanza (Romanos 8:21-25). Pablo describe al cuerpo humano como “templo del Espíritu Santo” (1 Corintios 6:19); debemos cuidar de él y evitar cosas que lo perjudiquen. Pero no importa lo que hagamos por este cuerpo, no importa cuántas veces seamos sanados, a menos que intervenga el rapto de la Iglesia, un día moriremos.</p>
<p>La promesa y la realidad de la sanidad divina no excluyen el sufrimiento por la causa de Cristo y del evangelio. Se espera que estemos preparados para seguir su ejemplo (Hebreos 5:8; 1 Pedro 2:19,21; 4:12-14,19). Tampoco debemos buscar la sanidad divina como sustituto de la obediencia a las normas de salud física y mental. Jesús reconoció la necesidad que tenían los discípulos de alejarse de las multitudes para descansar un poco (Marcos 6:31). Jetro, el suegro de Moisés, le aconsejó que delegara algunas de sus responsabilidades para que pudiera soportar la tensión de guiar al pueblo de Israel (Éxodo 18:17,18).</p>
<p>La sanidad divina tampoco es un medio de evitar los efectos de la vejez. Hasta el día de su muerte, Moisés mantuvo la lucidez de sus ojos y el vigor de su cuerpo (Deuteronomio 34:7); pero ese privilegio no se le concedió al rey David (1 Reyes 1:1-4). La debilitación gradual de la edad avanzada, que en Eclesiastés 12:1-7 se explica de manera muy acertada, es la experiencia común tanto de creyentes como de inconversos. La sanidad está disponible para los ancianos; pero la parte del cuerpo que se cura normalmente sigue envejeciendo como el resto del cuerpo. No tenemos aún la redención del cuerpo.</p>
<p>Algo que podría dificultar la sanidad es si no estamos dispuestos a modificar nuestro estilo de vida para seguir los principios bíblicos (Juan 5:14). Si bien la cantidad de fe no es siempre lo determinante, como se señaló anteriormente, si uno no cree que puede haber sanidad divina, posiblemente ésta no ocurra. También debemos estar abiertos a la voluntad de Dios y a sus obras, siempre diseñados por su amor y para nuestro bien, con la comprensión de que están más allá de nuestra inmediata capacidad de comprensión. Sea que nos sane ahora o sea que no nos sane, Él siempre obra por su gran compasión, con el deseo de atraernos cada vez más a Él.</p>
<p>Reconocemos que ha habido abusos respecto a la sanidad divina. Algunos hacen afirmaciones exageradas y juicios infundados. Pero no debemos dejar que eso nos impida proclamar positivamente la verdad de la Escritura. Pedro y Juan tuvieron la fe para decir al hombre cojo que sería sanado: “Lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda” (Hechos 3:6). Nosotros, también, debemos seguir fieles a la realidad del poder de Dios para obrar sanidad divina.</p>
<p>Con humildad confesamos que no entendemos todo lo referente a la sanidad divina. No entendemos completamente por qué algunos son sanados y otros no, ni tampoco entendemos por qué Dios permitió que martirizaran a Jacobo y que Pedro fuera librado (Hechos 12:1-19). No obstante, la Escritura indica claramente que a nosotros nos corresponde predicar la Palabra, y esperar que la sigan señales, incluso la sanidad divina. Por último, en la venida del Señor, “cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad” (1 Corintios 15:54), habrá llegado la plena realización de la sanidad divina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Texto Bíblico ha sido tomado de la versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.</p>
<div id="divVerBio">
				<span class="spnAutor">Presbiterio General</span>
				<p></p>
				<br/>
			</div>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://conozca.org/?feed=rss2&#038;p=2888</wfw:commentRss>
		<slash:comments>4</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>
