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Enseñando espiritualmente la gramática

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1980.4

Por Shirley de Felt

 

Dicto clases de literatura y gramática. ¿Cuál será mi deber principal como profesora de lenguaje en un Instituto Bíblico? ¿Saber más que los demás? ¿Ver que los estudiantes aprendan? ¿Preparar conferencias brillantes y elocuentes?

No cabe duda de que uno de mis papeles más importantes es el de ayudar al alumno a aprender. Y para que aprendan las conferencias que dicte deben interesar a la clase. De mis maestros los que yo más recuerdo y que más me ayudaron no fueron meros pronunciadores de palabras no los recuerdo por su habilidad de conferencistas, más bien los recuerdos por la influencia que ejercieron en la formación de mi vida por la calidad espiritual de su enseñanza. Esto me ha llevado a la conclusión de que ES MÁS IMPORTANTE EDUCAR LAS FACULTADES ESPIRITUALES DE NUESTROS ALUMNOS QUE LOS INTELECTUALES.

¿Cómo puedo impartir educación de carácter espiritual en una clase de gramática? Claro que puedo pedir a la clase que analice frases y oraciones escogidas de la epístola a los Romanos.

Puedo señalar ejemplos de metáforas de Isaías, pero aun todo eso no será suficiente. El iniciar todos los días mi clase con una oración no resolverá el problema de enseñar espiritualmente, aunque claro podría ser de ayuda. El problema grande ocurre al cesar la oración. ¿Me pondré a criticar en forma destructiva la escuela, a algún obrero? Si revelo un espíritu de queja, de inconformidad habitual  muy pronto la “espiritualidad” se esfuma.

Entonces, ¿cómo puedo enseñar espiritualmente? Puedo tratar a mis alumnos como hijos del Rey de Reyes, como templos del Espíritu Santo. Puedo amarlos inspirada por el amor de Cristo. Puedo demostrarles la bondad y el respeto que desearía que me demostraran a mí.

Puedo ver en ellos sus mejores cualidades aun si están encubiertas con un exterior áspero y rudo. Puedo ser sensible a sus necesidades y luchas. Puedo orar personalmente con ellos. Puedo animarlos. Puedo pedirle a Dios sabiduría a fin de enseñarles en forma agradable lo que necesitan comprender. Puedo ser sincera y veraz en mi trato con ellos –confesarles que yo también fracaso a veces. Puedo estar expuesta a los ataques y críticas al darse cuenta ellos de mis luchas y flaquezas. Puedo pedirles que me ayuden. Puedo entregarme a Cristo como él se dio a sus seguidores.

He llegado a la conclusión de que quizá mi mayor responsabilidad será rehusar adoptar una actitud negativa de criticona y quejosa. Tal actitud de negativismo puede llegar a ser una costumbre sin nosotros darnos cuenta de que se haya radicado en nuestra forma de ser. El espíritu de criticón es inspirado por el enemigo para destruirnos a nosotros y a los alumnos que enseñamos. ¡Qué fácil es hallar faltas en los demás! ¡Qué pronto hablamos de lo que no tenemos! Cuántos maestros se oyen diciendo por ahí “Si los alumnos fueran más aplicados…” “Si tuviéramos mejor equipo en el aula…” “Si me pagaran mejor sueldo…”

Claro que una actitud de quejas infunde pensamientos de descontento en otros. Sin darnos cuenta, estamos enseñando con más fuerza la manera de ser criticón que de resolver problemas de sintaxis. Nuestros alumnos llevan el negativismo aprendido a sus iglesias y allí sigue creciendo el número de malhumorados y quejosos. Luego nos quejamos porque otros se quejan.

Cada maestro enseña no solamente con sus palabras sino con sus actitudes. Las personas con quienes nos tratamos captan nuestros sentimientos, nuestros estados de ánimo aunque no nos expresemos en alta voz. Nuestros alumnos inconscientemente comienzan a seguir el ejemplo que les damos. Les trasmitimos nuestro propio espíritu.

Si el profesorado cultiva una actitud positiva, la mayoría de los alumnos compartirán ese espíritu. Los resultados serán incalculables. Démonos cuenta de que nuestro Instituto pertenece a Dios y que somos nosotros una parte de esa obra de El Eterno.

Neguémonos a pies juntillas a pensar en lo que no tenemos. Meditemos en lo que sí tenemos. Hoy la situación es mucho mejor de lo que fue en el pasado. Cuando nos sintamos tentados a decir algo negativo, resistamos a Satanás. Repitamos en ALTA VOZ tres cosas positivas cada vez que surja la tentación de quejarnos. Eso lo escarmentará.

Nuestra responsabilidad es doble-proporcionarle al alumno una preparación intelectual adecuada, e inculcarle al mismo tiempo una preparación espiritual superior. EN SU MAYOR PARTE LA PREPARACIÓN ESPIRITUAL SE LOGRARÁ POR MEDIO DE NUESTRO EJEMPLO.

Pablo con toda claridad nos recuerda lo importante de una actitud positiva. Nos exhorta a quitar de nuestro espíritu lo negativo de la amargura, enojo, maledicencia y toda malicia. Efesios 4:31. Y en su lugar seamos “benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándonos unos a otros como Dios también nos perdonó…” Efesios 4:32. Eso es tan importante en mis clases de gramática como lograr que vean los estudiantes la diferencia entre un adverbio y un adjetivo.

Señor, ¿qué podré YO aprender hoy en la clase de gramática?

Señor, ¿cómo te puedo representar a ti hoy en la clase de gramática?

–Por la Dra. Shirley de Felt, Profesora de Southern California College, Costa Mesa. California

Shirley de Felt


 

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