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Administración: Los problemas inevitables de la enseñanza y cómo resolverlos

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1980.4

Por Floyd Woodworth

 

¿Qué pareja vive sin problemas? ¿Qué escuela funciona sin dificultades? ¿Qué clase de teología se ha llevado a cabo sin complicación alguna? La respuesta es obvia y es la misma en cada caso ‑NINGUNA. La persona que trate de llevar a cabo un proyecto con otro ser humano se verá en medio de impedimentos y contrariedades. Hablé hace tres días con un padre de familia que enfrenta un problema grave con la hija menor, problema que no se presentó con sus demás hijos. Él pensaba que con la experiencia ganada con los otros hijos no iba a tener dificultades con la última. La sorpresa le ha sido grande. La vida sigue presentando una serie de problemas inevitables.

¿Cómo resuelven los problemas los dirigentes de grandes empresas? ¿Valdría la pena considerar los consejos que ofrecen los expertos asesores de administradores? Así preguntaban los isumistas (estudiantes del Instituto de Superación Ministerial) que participaban en el seminario de Costa Rica en el mes de mayo de 1980. Decidimos poner a prueba el consejo de un autor de un libro de texto sobre la administración de empresas. Tomaríamos un problema de alguna iglesia local y seguiríamos los pasos sugeridos para la solución de problemas en una empresa. A continuación enumero dichos pasos:

(1) Establecer un criterio de lo que es aceptable para así poder identificar lo que estuviera fuera de tal norma y así se constituyera en un problema.

(2) Identificar las causas del problema.

(3) Enumerar todas las opciones posibles para solucionar el problema.

(4) Llevar a cabo la mejor opción.

Una comisión de la clase trajo para la consideración de todos un análisis de las estadísticas de la escuela dominical de una iglesia local. Encontraron que un alto porcentaje de los maestros faltaban con frecuencia en esa iglesia. ¿Sería eso un problema o no?

El primer paso en la solución de un problema, según el autor mencionado, indica que hay que tener establecido un criterio para saber si existe un problema o no. Así que la clase preguntó: – ¿Cuán necesaria sería la asistencia fiel de un maestro? Todos concordaron enfáticamente en que no es ni bueno ni aceptable que un maestro falte con frecuencia. No quedaba duda. Esa iglesia tenía un problema.

El segundo paso indica que hay que identificar las causas del problema. Como los isumistas no conocían la iglesia que tenía el problema, no podían averiguar las verdaderas causas. Pero para llevar a cabo el ejercicio los estudiantes empezaron a sugerir diferentes procedimientos que podrían conducir al descubrimiento de la raíz del problema. Estas sugerencias se escribieron en la pizarra. A continuación doy la lista que se hizo:

(1) Identificar las necesidades de esos maestros que tanto faltaban. Habría que visitarlos en su hogar.

(2) Analizar las comunicaciones. Podría ser que hubiera una falta de comunicaciones entre los hermanos.

(3) Estudiar las condiciones de trabajo junto con los maestros.

(4) Averiguar si los maestros tenían muchos otros puestos en la iglesia que podrían sobrecargar a algunos hermanos capacitados.

(5) Revisar el horario. Pudiera darse el caso de que a la misma hora en que se celebra la escuela dominical es la mejor para ir al mercado. Si por ello o por cualquiera otro motivo relacionado con la hora los maestros tienen la tendencia de faltar, se podría adelantar la hora para la escuela dominical o atrasarla. Hasta se podría cambiar el día para la celebración de clases bíblicas para todas las edades en la iglesia.

(6) Estudiar la ubicación de cada maestro. Si un maestro no sabe identificarse con los de la edad de su clase, puede perder el ánimo. Tal vez una persona que tiene una clase de varones se sentiría más cómoda enseñando a niñas. Un maestro que tenga problemas con los párvulos a lo mejor se sentiría más entusiasmado con una clase de adultos.

Hay que examinar, pues, el lugar en el cuerpo de Cristo que debe tener cada persona y ver si los maestros que tienen la costumbre de faltar mucho ocupan el lugar que les corresponde.

Al terminar esta lista los isumistas manifestaron sorpresa que hubiera varias maneras de investigar las causas del problema. Dijeron que si los dirigentes de una iglesia local se tomaran la molestia de realizar todas estas investigaciones, estarían bien preparados para hallar la mejor solución y la iglesia prosperaría en la misma medida de los esfuerzos hechos.

Llegó el momento para comenzar a tomar el tercer paso ‑buscar todas las opciones para la solución. Los isumistas ofrecieron las siguientes posibilidades:

(l) Celebrar un tiempo de oración con los maestros.

(2) Llevar a cabo un cursillo para mejor adiestrar a los maestros.

(3) Reclutar y preparar asistentes para ayudar a los maestros.

(4) Llevar a cabo una campaña de motivación. Se podría entre otras cosas hacer mención pública de la importancia de los que enseñan.

(5) Despedir a los que faltan habitualmente.

Como hay que buscar la mejor de estas opciones, la clase tuvo que evaluar cada una. Estimaron que la última, sacar a los que faltan mucho, sería la más fácil. Pero una buena empresa tiene que conservar y utilizar al máximo sus recursos.

La obra de Dios no sufre de un exceso de recursos. Tenemos que, por lo tanto, considerar la manera de restituir y ayudar a los problemáticos. Todo lo que se pueda hacer para ayudarles a ellos a vencer el ausentismo redundará en ayuda y bendición para todo el cuerpo.

Una observación valiosa era que tal vez la mejor solución sería una combinación de dos o más de las opciones de la lista. En eso tocó el timbre. Se acabó la hora pero se comenzó una mayor apreciación de la importancia de poner suma atención a la mejor solución de los problemas.

¿Qué provecho sacamos de esta hora de clase? Quedó ilustrado una vez más el valor de la participación de todos en una clase. Nadie se durmió. Más ideas se aportaron entre todos que lo que se habría logrado con una sola persona.

El segundo valor ganado fue la evidencia a favor de la utilidad de la aplicación de algunos principios de administración a la obra de Dios. No quedaba duda alguna de que una buena administración servirá para que una iglesia prospere más.

El tercer valor que se hizo evidente fue la importancia de enfrentarse con los problemas con una actitud de innovador. Fuimos hechos a la imagen de Dios Creador, pero dejamos inactiva a veces nuestra capacidad creadora. En vez de seguir la misma rutina de siempre en la búsqueda de soluciones, debemos ser audaces al punto de estar dispuestos a pensar en nuevas formas de acción.

Fue una sola hora de clase. Pero se demostró el valor de una buena metodología pedagógica, de buenos principios administrativos y de una disposición de ampliar las consideraciones para solucionar los problemas inevitables.

–fww

Floyd Woodworth W.


 

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