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Editorial: Hoja nueva- Vida enmendada

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1982.1

Por Floyd Woodworth W.

 

Cada día primero de enero se oye la frase “Hoja nueva, vida nueva”. Pero tan conocidas palabras no reflejan la realidad. Hablo así porque el año que acabamos de pasar no se nos desmembró como se amputaría un brazo. Seguiremos añadiendo este año a lo hecho en años anteriores.

Es cierto que comenzamos una hoja nueva, pero esa hoja no está en blanco. En ella se halla la acumulación de nuestras decisiones y hechos realizados hasta el momento. En este mes de enero de 1982 no comenzamos una nueva existencia ‑continuamos la existencia comenzada hace años. En este año edificaremos sobre el año pasado, sobre el antepasado, y todos los demás que van atrás. Lo que hicimos en los años setenta influirá en nuestras acciones en el 1982.

Conviene, por lo tanto, repasar lo vivido para rectificar cualquier equivocación. Vale la pena reforzar algún punto débil. Y debemos hacer lo mismo en las instituciones donde enseñamos. Debemos preguntarnos si nuestra Escuela Dominical funcionará este año Como el año pasado.¿Se repetirán las mismas inconsecuencias? ¿Y qué del Instituto Bíblico? ¿Tendrán los estudiantes una oportunidad para prepararse mejor debido a un estudio serio que hará el cuerpo docente para ver cómo se pueden superar el programa, la enseñanza y el ambiente?

La idea de practicar una autoevaluación se halla en la Biblia. Pablo exhorta a los corintios a hacerlo antes de tomar la Santa Cena. “pruébese cada uno a sí mismo…sí pues nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados” 1 Corintintios 11:28,31.

Podemos celebrar una autoevaluación de nuestro ministerio de enseñar, de nuestras relaciones con la familia, con la iglesia, con la comunidad. Podemos hacerlo en forma superficial y sin estructura, o podemos auto examinarnos siguiendo una estructura y examinando hasta lo más profundo de nuestros motivos.

Más vale, pues, no arrancar la hoja del año 1981 y tirarla a la basura sin pensar. Hagamos un estudio concienzudo de ella para rectificar nuestras faltas, para superarnos.

La autoevaluación da resultados cuando uno la hace solo, para su propio beneficio. Es de valor también cuando lo realiza una congregación entera, una sociedad de jóvenes, un Instituto Bíblico.

Claro que no es una actividad que da “bendición”. No nos inspira a cantar “Estoy alegre, muy alegre”. Al contrario nos duele ver dónde tenemos que tomar medidas para enderezarnos. Hacerlo es arrastrarnos por la Vía Dolorosa. Pero cuando podemos rectificar algo, sí se convierte la autoevaluación en bendición.

¿Quiénes tendrán el valor de examinar cuidadosamente la hoja vieja antes de tirarla? Ojalá que de todos se oiga:

“Hoja nueva–vida enmendada: auto examen practicado-enseñanza mejorada.”

Floyd Woodworth W.


 

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