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El maestro ideal

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1982.2

Por Fidel A. Molina

 

Jesús, el maestro ideal, ocupó más tiempo enseñando que predicando. En los relatos de los evangelios vemos que enseñó 217 veces y predicó 146 sermones, demostrando mayor importancia en la enseñanza. Su manera de preparar a sus discípulos para el ministerio era enseñarles.

La tarea no se ha terminado. Debemos continuar preparando hombres que vayan en pos de la evangelización del mundo.

Esa tarea ha sido encomendada a los Institutos Bíblicos y sus profesores. De ellos depende lo efectivo de esa labor. Por eso las personas encargadas y autorizadas para escoger maestros buscan hombres espirituales y dignos de enseñar.

Además de los requisitos espirituales el maestro ideal debe tener primero: buena presentación. Se ha dicho: “Por las plumas se conoce el ave,” “por el traje se conoce el monje.” Así el maestro en su presentación debe distinguirse. De esa manera está enseñando con su sola presencia. La presencia del maestro tiene también un papel importante fuera del aula de clase. El alumno con orgullo dirá ante otras personas: “Ese es mi maestro.”

Segundo: el maestro ideal ha de ser un constante investigador. Siempre llevará nuevos datos a la clase. Estará al día con las noticias mundiales, pendiente de cada libro nuevo que aparece; pues en cada uno se encuentra novedosos datos que sirven al maestro para ilustrar mejor su lección.

Acompañaba en cierta ocasión a un oficial de la obra y a un misionero en una gira que ellos acostumbraban hacer por el país. Daban cursos breves, celebraban reuniones de pastores, diáconos y obreros locales. En un lugar nos detuvieron los diáconos de cierta iglesia para presentar al oficial de la obra una petición: “Queremos cambiar de pastor” Cuando se les preguntó a los hermanos por qué razón pedían el cambio, uno de ellos contestó: “porque siempre que predica, cuenta lo mismo. El tema es diferente, pero siempre usa el mismo material.”

Me da la idea que este amado hermano no investigaba para tener nuevos datos que alimenten la congregación. El maestro de Instituto Bíblico debe ser un constante y permanente investigador. Sus alumnos son como esponja seca, prestos a recibir lo que se les da. Y si no se lleva nada que dar, ¡pobres alumnos! Por regla general, el maestro debe saber más que el alumno. De no ser así, que se siente el maestro y que de la clase el alumno.

Tercero: un maestro ideal realiza una preparación adecuada para la clase. ¿Qué del plan de curso? ¿Qué del plan de clase? Cuando el maestro domina la materia, no le es costoso preparar bien la clase. Con facilidad elabora su plan y cada día sabe lo que va a enseñar. Es un pecado no llegar preparado para cada clase.

Es este sentido hay muchos maestros pecadores. En el bus cuando van rumbo a la clase, hacen notas para presentar algo dentro de pocos minutos. Me di cuenta de uno que en el boleto que recibió al pagar su pasaje en el bus, preparaba lo que iba a enseñar. Para colmo, decía a los alumnos que no había tenido tiempo de estudiar la lección pero que en el camino había hecho un bosquejo. Esto lo hacía a menudo por no tener un plan de curso.

Un maestro preparado es un maestro ideal. Su clase será interesante. Todo alumno estará esperando su ingreso a clase porque sabe que trae algo bueno que enseñar ese maestro, que no va a leer el folleto o parte del libro de texto. Se ha preparado a conciencia, sabiendo que sus alumnos se preparan para el ministerio y que de lo que él les enseñe dependerá en parte qué clase de ministros serán.

Cuarto: un maestro ideal abre el apetito de los alumnos para estudiar a tal grado que harán más que lo exigido. En el aula solo se abre la puerta para que el alumno siga auto preparándose. Será alumno todos los días de su vida porque el maestro inyectó el deseo de seguir estudiando y descubrir continuamente verdades.

Los métodos y técnicas modernas de enseñanza conducen al alumno a aprender por sí solo. El maestro sirve de guía, de orientador. El maestro ideal logra que sus alumnos lean, recaben datos, pasen horas tras horas en la biblioteca.

Así el estudiante se prepara solo. Si el maestro logra inyectar en sus alumnos el deseo de seguir estudiando al salir del Instituto Bíblico, el esfuerzo que hacen el maestro y la institución será bien recompensado porque se lograran pastores “preparados para toda buena obra”.

Quinto: el maestro ideal está especializado en la materia que dicta. En la facultad de medicina los profesores se especializan en alguna área como enfermedades de niños, neurología, cirugía, cardiología, y así tienen la posibilidad de dar la mejor enseñanza en el área de la materia que dictan. Como han tratado a muchos pacientes en su área, reúnen una mina de información que ha de servir a los estudiantes.

¡Qué maravilloso sería tener maestros especializados en determinadas materias en el Instituto Bíblico! El que enseña, por ejemplo, teología, que se haya profundizado en ella. Luego que sea esa materia la que siempre dicte. Lo mismo debe suceder con la Homilética, historia de la iglesia, profecía y las demás materias. Así la enseñanza se mejoraría. Con esto no quiero decir que ese maestro no va a tener conocimiento de las demás materias. Debe tener conocimiento de todo; al contrario será semi-maestro.

Sexto: el maestro ideal practicará una vida devocional ejemplar. Una madre que da pecho a su tierno, si se alimenta tiene para su niño. De igual manera el maestro tiene que alimentarse diariamente. Tendrá que dar mucha importancia a sus devociones privadas.

Tendrá que apartar tiempo para orar. El Señor se apartaba para orar y si él dio tanto valor a la oración, cuanto más el maestro de un Instituto Bíblico. La misión es la misma-reparar obreros.

El maestro ha de ser un asiduo lector de la Biblia. Debe seguir todos los métodos para leerla. En los Institutos Bíblicos de las Asambleas de Dios, se enseña lo que la Biblia dice y no lo que alguien dice de ella. Por ende el maestro debe comerse ese libro, llenar su vientre y entrañas y enseñarlo a sus alumnos. Ezequiel 3:1-4.

Para mejorar mi enseñanza voy a hacerme un auto examen. Si yo fuera el alumno, ¿cómo desearía que fuera mi maestro? Querría tener un maestro bien presentado, que en cada clase siempre llevara nuevos datos, que de antemano me entregara un plan de curso para saber qué es lo que voy a hacer. Querría que me abriera el apetito para seguir estudiando hasta que llegue a ser ancianito. Desearía tener un maestro que dominara la materia, que en su vida devocional estuviera sin tacha. Con un maestro así, sería el alumno más feliz de la clase.

Fidel A. Molina


 

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