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La paciencia de los santos del Apocalipsis

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2004.1

Por Jaime Mazurek B.

 

Ningún libro de la Biblia tiene más que decir sobre la persecución y el martirio que el Apocalipsis. Es verdad que en Hechos se narran los eventos concernientes al martirio de Esteban, Jacobo, y otros cristianos, pero el Apocalipsis tiene la singularidad de haber sido escrito puntualmente en un momento histórico de fuerte persecución de los cristianos, con el fin de animar a un grupo de creyentes, muchos de los cuales ya habían perdido seres queridos en la persecución, o quienes pronto sufrirían al martirio.

Aunque es cierto que el Apocalipsis revela verdades concernientes a la Segunda Venida de Cristo y al tiempo de su venida, no hay que perder de vista la cualidad epistolar del libro, en sentido de que fue escrito con un mensaje absolutamente pertinente para esos sufridos cristianos de los años finales del primer siglo, como también para todo cristiano perseguido de todo tiempo, incluyendo el nuestro.  Las verdades consoladoras del Apocalipsis son para toda la Iglesia, en todo tiempo y lugar.

¿Cuál es el consejo de Apocalipsis para el creyente perseguido? ¿Es el tomar las armas?  ¿Es acaso buscar venganza?  No, el consejo de Apocalipsis es que el cristiano no pierda la fe en el Señor Jesucristo, que sepa que Cristo ha vencido y vencerá, y que permanezca firme y pacientemente en esta confianza. Como dijo el Señor a la iglesia de Esmirna, “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida” (2:10). Esta cualidad de fe perseverante que pide el Señor se expresa varias veces en el Apocalipsis como “paciencia” o “la paciencia de los santos”.  Veamos qué dicen los pasajes.

El vocablo que nos interesa en este estudio es “paciencia”. Es una de las palabras claves de este libro. Aparece siete veces en Apocalipsis: 1:9; 2:2,3,19; 3:10; 13:10; y 14:10. El vocablo griego es “hupomone” que es un compuesto de “hupo” (debajo de) y “mone” (morar), o sea se traduce literalmente “morar debajo de”. La “paciencia” de que habla el Apocalipsis es entonces, la voluntad de “morar debajo de” situaciones muy adversas, esperando en el Señor. Otro vocablo español que interpreta bien la idea de “hupomone” es “perseverancia”.

El primer uso de “hupomone” en Apocalipsis se encuentra en el 1:9: “Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo…”   En esta breve introducción Juan descubre los grandes temas del libro: la tribulación que sufre la iglesia, el reino de Cristo que viene, y la paciencia, como la virtud que sostendrá al cristiano durante la tribulación y que lo conducirá hacia el reino. La paciencia que necesita el cristiano es “la paciencia de Jesucristo”, o sea paciencia como la que El mostró. La Nueva Versión Internacional traduce la expresión de manera muy bella, “en la perseverancia que tenemos en unión con Jesús.”

El segundo pasaje que incluye “hupomone” es el mensaje a la iglesia de Efeso en Apoc. 2:2,3.  El vocablo aparece dos veces: “Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia… …y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado.” En ambos versículos la virtud de la paciencia de los efesios se menciona en relación con su “arduo trabajo.” Los hermanos efesios habían “morado debajo” un medioambiente social totalmente contrario al evangelio de Cristo, y en esas condiciones habían trabajado arduamente por la causa del Señor. La lección es que la paciencia de los santos no es un abandono de los deberes cristianos, sino su fiel mantenimiento e intensificación.

La cuarta mención del vocablo “hupomone” se encuentra en el mensaje a la iglesia de Tiatira en el 2:19. “Yo conozco tus obras, y amor, y fe, y servicio, y tu paciencia, y que tus obras postreras son más que las primeras.”  Aunque luego viene una palabra de condenación contra los de Tiatira que toleraban a “Jezabel” y sus enseñanzas, había un grupo en aquella iglesia “que no tienen esa doctrina” (2:24), y a esos el Señor dice “lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga”. (v. 25).  En este pasaje la paciencia de los santos está ligada a sus obras, amor, fe y servicio. De nuevo, la paciencia de los santos no es un encierro monástico, esperando que Cristo venga a sacarnos del mundo, sino un ir hacia los necesitados con amor servicial, visible y práctico.

La siguiente ocasión en que Juan usa la palabra “hupomone” es en el mensaje a la iglesia de Filadelfia (3:10): “Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra.”  Cristo celebra la fidelidad de la iglesia de Filadelfia, “aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre” (3:8). La expresión del vs. 10 “la palabra de mi paciencia” debe entenderse en el sentido de que Cristo ofrece su propio ejemplo de paciencia como el modelo que imitar (hupomenes mou). La versión Biblia de las Américas prefiere esta misma traducción “has guardado la palabra de mi perseverancia”, y se aprecia que es una expresión paralela a la que vimos en Apoc. 1:9. Pero también existe el sentido de que esta expresión describe un mandamiento que la iglesia ha obedecido. “Has cumplido mi mandamiento de ser constante” es la traducción de la Versión Popular. La Nueva Versión Internacional dice “Ya que has guardado mi mandamiento de ser constante.”  Si juntamos las apreciaciones que saltan de los varios énfasis que dan los traductores, vemos que la paciencia de los santos es entonces la necesaria respuesta a un mandamiento del Señor a que enfrentemos a las persecuciones de la misma manera que lo hizo él, con valentía, humildad, y amor.

Las dos ocasiones restantes en que se usa la palabra “hupomone” se encuentran inmersos en la sección visionaria, futurista del libro, en 13:10 y 14:12, y en ambas aparece la expresión “la paciencia de los santos.”

El capítulo 13 concierne la visión de las dos bestias, una que subía del mar y que tenía siete cabezas y diez cuernos, y otra que subía de la tierra y que tenía dos cuernos como de cordero pero que hablaba como dragón. Por el estudio mayor del libro entendemos que se tratan del Anticristo y su falso profeta. El versículo 10 sucede al final de la descripción de la primera bestia y antes de la descripción de la segunda. El pasaje extendido en cuestión es: “Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo. Si alguno tiene oído oiga. Si alguno lleva en cautividad, va en cautividad; y si alguno mata a espada, a espada debe ser muerto. Aquí está la paciencia y la fe de los santos.” (Apoc. 13:8-10).

La traducción Reina Valera, como todas las versiones basadas en el Textus Receptus y el texto del Códice Sinaítico de este pasaje, hace una construcción similar a la que hay en Mateo 26:52, “Todos los que tomen espada, a espada perecerán”. O sea que Apocalipsis aquí enseña que los que persiguen a los creyentes, sufrirán penalidades similares a las que causaron, “si alguno lleva en cautividad, va en cautividad.” En tal caso, la paciencia de los santos será recompensada por la certeza de que Dios juzgará y castigará con justicia a los opresores. Esta expresión sería a la vez, un consuelo para los creyentes como una advertencia para los enemigos de la fe.

Sin embargo hay otra lectura posible del pasaje en griego que da una traducción como la que aparece en la Nueva Versión Internacional. “El que tenga oídos que oiga. El que debe ser llevado cautivo, a la cautividad irá. El que deba morir a espada, a filo de espada morirá. ¡En esto consisten la perseverancia y la fidelidad de los santos!” (Apoc.13:9,10 NVI). La Versión Popular lo traduce de modo similar. Esta traducción enfatiza la inevitabilidad de la persecución de los creyentes, que tales cosas están dentro del proyecto de Dios y no deben ser consideradas como cosa extraña, pero el consuelo para los creyentes está en saber que Dios ya saben quienes son los que han de sufrir, y les dará el coraje y la fe para enfrentarlo. Esta apreciación harmoniza enteramente con el mensaje del Apocalipsis – la persecución viene, pero el Señor está con su pueblo.

La séptima y última mención de “hupomone” en Apocalipsis se encuentra en el 14:12.  El capítulo comienza con la visión del Cordero y los 144.000 (v. 1-5) y luego narra la visión de los tres ángeles que anuncian la llegada del juicio divino, la caída de Babilonia y el castigo eterno de los seguidores de la bestia. El texto dice, “… y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia ya su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre. Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen.”  (Apoc. 14: 11b -13).

Un desafío exegético en este pasaje es entender si la expresión “Aquí está la paciencia de los santos…” se da en respuesta al anuncio previo sobre el tormento de la bestia venidero, o como introducción al anuncio de la voz desde el cielo sobre el descanso de los mártires del Señor. Parece que está ligada a ambas situaciones, pues vemos que se produce un fuerte contraste entre el destino eterno de los seguidores de la bestia, y el destino eterno de los que mueren en el Señor.  Los seguidores de la bestia no tendrán reposo ni día ni noche, los seguidores del Cordero en cambio descansarán. El punto es que el castigo por la apostasía es infinitamente peor que cualquier sufrimiento que nos cueste la fidelidad. ¡La paciencia vale la pena!

En conclusión podemos ver que “la paciencia de los santos” en el Apocalipsis nos enseña que debemos entender que las pruebas, las persecuciones, y hasta el martirio, son una parte real de ser seguidor de Jesucristo. Antes estos desafíos debemos procurar ser imitadores de Cristo, quien nos ha dado el ejemplo supremo de perseverancia bajo ataque. Nuestra paciencia no implica el abandono de nuestros deberes de evangelismo y de servicio amoroso hacia los necesitados. Debemos enfrentar las persecuciones con paciencia, pues el Señor nos manda hacerlo, y Dios nos consuela en que sabe todo lo que nos está pasando. Por último, la paciencia del cristiano tendrá su recompensa y dará su fruto cuando el Señor juzgue todas las cosas, y por fin nos encontremos cara a cara ante El en su presencia.

Jaime Mazurek B.


 

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