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Desenmascarando prejuicios

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1998.2

Por Coleen Henry de Gutiérrez

             ESTUDIÁBAMOS EL ORIGEN de la vida en ciencias naturales.  Uno de mis compañeros preguntó a la profesora cómo cuadraba lo que ella nos explicaba con lo que se relata en Génesis.  Su respuesta era terminante:  “No hablamos de religión sino de ciencia”.

Con ese argumento no sólo calló nuestras interrogativas al respecto, sino que también nos dio a entender que lo que ella enseñaba como ciencia, era un hecho verídico y confiable.  Decía que lo que se lee en la Biblia es “religión” y por lo tanto no es fidedigno, mucho menos verídico.  Esta mentalidad se atiene a la creencia que la ciencia busca la verdad.  Por lo tanto lo que digan los científicos es verdad.  En el mundo moderno predomina esta manera de pensar.  Hasta el papa parece haber aceptado esta idea ya que ahora permite que los católicos apostólicos romanos crean en la evolución y en la Biblia.

¿Se puede creer, o por lo menos tolerar, por un lado la evolución y por otro la Biblia?  ¿En qué y en quién se puede confiar?  Estas preguntas y otras parecidas se tratan en el libro La mentira por Ken Ham, un científico australiano.  Hasta que leí este libro, entendí el grado del engaño en que había caído.  Por la gracia de Dios había aceptado a Jesucristo como mi Salvador y Señor.  Pero desde aquel día en la clase de biología cuando la profesora sembró duda en mi mente, empecé a seguir por el mismo camino de Eva en el huerto de Edén.

Pasaron catorce años antes que tomé la decisión de creer en Dios y aceptar la Biblia como la Palabra verdadera de Dios.  Pero no sabía cómo hablar con otros que creían que la Biblia es meramente un cuento.  Como no soy científica, no me sentía capaz de dialogar con uno que cree que la evolución es un hecho y la Biblia un mito.  Pero alabado sea Dios, encontré este libro del Dr. Ham y otros que tratan el mismo problema.

Como profesor de ciencias naturales en las escuelas públicas y a través de su experiencia como conferencista, Ken Ham demuestra el peligro para la sociedad moderna  de adherirse a la idea de que la religión es inaceptable para la ciencia.  A continuación las ideas que se exponen en su mayoría se tratan en el libro La mentira.

 

¿Qué es la ciencia?

            La ciencia es la investigación por medio de la observación.  Utiliza uno o más de nuestros cinco sentidos, a saber, el sabor, la vista, el olfato, el oído y el tacto,  para conseguir información acerca del mundo.  La ciencia trata de averiguar la verdad por medio de la observación, experimentos y el sistema inductivo.  Esta información se debe aceptar como verdad sólo cuando se pueden repetir las observaciones, o en la naturaleza o en el laboratorio, vez tras vez.

 

¿Son confiables y verídicas las explicaciones que dan los científicos?

            Las explicaciones que ofrece la ciencia son confiables y verídicas hasta el punto en que tienen y utilizan toda la evidencia para llegar a sus conclusiones.  Se puede confiar en las explicaciones científicas en la misma medida que uno puede decir que la conclusión de una audiencia en un proceso jurídico es correcta y justa.  Se sabe a ciencia cierta la verdad del caso cuando se tiene toda la evidencia.  Si falta evidencia, el defensor y el fiscal pueden usar la misma evidencia para dar explicaciones opuestas, dependiendo de su punto de vista.

El problema con la ciencia es que nadie, ningún ser humano, ningún científico por sincero y ético que sea, tiene toda la evidencia.  Las teorías científicas, por lo tanto, cambian continuamente.  A medida que los científicos aprenden cosas nuevas, tienen que cambiar sus conclusiones.  No se puede confiar en sus conclusiones como la última palabra, como la verdad absoluta.

En los años antes de la Segunda Guerra Mundial, los científicos alemanes “comprobaron”, y enseñaron como verdad científica, la inferioridad de la “raza” judía.  Antes de los años setenta en los Estados Unidos muchos científicos “comprobaron”, y pregonaron como verdad científica, la inferioridad de la “raza” negra.  Hoy día hay científicos que dicen que la palabra “raza” no es ni siquiera un término científico.  A medida que se aprenden cosas nuevas, se cambian las conclusiones.  Así es que las declaraciones científicas no son completamente confiables.  Los “hechos” científicos no son la verdad absoluta.  Sólo son lo que los de la ciencia entienden y creen en el momento.

 

¿Qué tiene que ver la religión con la ciencia?

            La definición de la religión que ofrece Ham en  La mentira es “…causa, principio o conjunto de creencias sostenidas con ardor y fe”.  Si se habla de la ley de la gravedad, se puede decir que está científicamente comprobada porque se puede observar y hacer repetidos experimentos que demuestran cómo funciona.  Si se habla de la evolución, en cambio, hay que hablar de religión.  Esto se debe al hecho de que a pesar que muchas personas creen en la evolución, no se puede observar ni se puede repetirla en los experimentos.  Creen por fe, no por observación ni por comprobación.

Ham explica el meollo del asunto de la religión versus la ciencia:

La evolución es básicamente una filosofía religiosa (…)  tanto la creación como la evolución son perspectivas de la vida según las cuales la gente construye su modelo particular de filosofía, ciencia o historia.  Por consiguiente, la polémica no está entre la ciencia y la religión, sino entre una religión y otra, (la ciencia de una religión versus la ciencia de otra religión).

            El problema de la ciencia es la predisposición del científico.  Ningún ser humano es completamente neutral.  Ningún científico es buscador neutral de la verdad.  Toda persona tiene creencias, y por lo tanto, presupuestos que afectan su orientación, sus investigaciones y sus interpretaciones de las observaciones.  Al público se le engaña cuando se le hace creer que la evolución es netamente ciencia y la creencia en Dios es netamente religión.

Si el científico es ateo, no va a ser buscador neutral de la verdad.  No puede considerar la posibilidad de que Dios haya creado el mundo y todo lo que hay en él.  Un ateo no concibe la idea de la existencia de Dios.  Tal profesor no le ofrece a uno la opción de que la naturaleza pueda tener algo que ver con la Biblia.  Es ateo.

Si el científico es agnóstico, tampoco va a ser buscador neutral de la verdad porque no puede considerar la idea de que Dios existe y ha creado el mundo.  Cree que es imposible saber.  En una conferencia el Profesor Ham cuenta que lo entrevistó una señorita en una estación radial de una universidad.  La animadora le dijo:

–No soy fanática ni tengo predisposiciones. Los creyentes en la Biblia sí las tienen..  Mire, demuéstreme que Dios existe.  Estoy dispuesta a escuchar.

–¿Qué evidencia está dispuesta a aceptar como prueba de la existencia de Dios, entonces?–  preguntó Don Ken.

–No lo sé—  dijo.  –Eso es responsabilidad suya.

–Mire—observó Ham –si usted no sabe qué evidencia está preparada para aceptar como prueba, ¿cómo, pues, sabe que lo que le daré será evidencia de que Dios existe?

--No sé— fue su respuesta. 

El Profesor Ham observa que en el momento de tener ella el conocimiento dejará de ser agnóstico.  Y eso es lo que no estaba dispuesta a permitir.

Un científico cristiano que acepta la Biblia como la verdad tampoco va a ser buscador neutral de la verdad.  No puede menos que considerar que Dios sí existe y sí creó  el mundo.  De modo que tenemos que llegar a la conclusión de que ningún ser humano, y por lo tanto ningún científico, puede ser un buscador neutral, un investigador sin predisposiciones, de la verdad.  Dice Ham:

En realidad no es cuestión de tener o no prejuicios.  Cuando el sistema educativo dice que procura ser objetivo y neutral, se trata de un disparate.  La cuestión no es tener o no predisposiciones, sino elegir cuál es el mejor punto de vista con el que uno forma sus presupuestos los cuales determinarán cómo reaccionará ante una evidencia presentada.

A veces la gente me dice que no puedo ser dogmático.  ¡Y vaya que son dogmáticos al decirlo!  Es que el dogmatismo es como las predisposiciones, como las ideas preconcebidas.  La cuestión no es ser o no ser dogmático, sino más bien cuál es el dogma con que uno elige dogmatizarse. 

Hay quien dice que somos intolerantes, pero no podemos imponer nuestro punto de vista sobre los demás.  Pero la evolución de la manera en que se enseña en las escuelas, en los medios de comunicación, en la televisión, no es una teoría científica y nunca podrá ser.  Es una filosofía religiosa disfrazada de ciencia. Está basada en las palabras de hombres que no presenciaron dicho tiempo y no lo saben todo, pero tratan de decir cómo llegó el presente.  La evolución expresa que no hay Dios, que uno llega por casualidad.

¿Qué es la Biblia?

La Biblia es la Palabra del Dios infalible, omnisciente, omnipotente, creador.  La Biblia nos da toda la información que necesitamos para orientarnos y juzgar las filosofías.  Es nuestra autoridad objetiva.  Es la verdad absoluta, la última palabra.  Si no lo fuera, no podríamos estar seguros de nada.

Si la Biblia no es la Palabra de nuestro Padre celestial y omnipotente, o si la Biblia solamente contiene su Palabra, entonces ¿cómo sabemos?  ¿Cómo escogemos lo que es de él?  ¿En base de qué juzgamos?   ¿Cuál es nuestro punto de referencia?  ¿En qué podemos confiar?

Para ser confiable el punto de referencia tiene que ser veraz siempre, sin lugar a errores ni equivocaciones.  No hay ningún ser humano infalible.  Pero Dios sí lo es y su Palabra es fidedigna:  “La suma de tu Palabra es verdad”, Salmo 119:160.

Los científicos que sí creen en la Palabra de Dios, los científicos creacionistas, trabajan con esmero para explicar los supuestos misterios del pasado, como el origen de la vida, como los dinosaurios.  Estudian la evidencia física existente –la misma evidencia que tiene cualquier científico—desde la perspectiva de Génesis.  Observan la evidencia de los fósiles, las rocas, las culturas y mucho más.  Encuentran que cuadra mejor con la Palabra de Dios que con la teoría de la evolución.  Observa Ken Ham:  “Notará usted que en argumentos  humanistas (…) es muy raro que tengan evidencia para apoyar a la evolución.  La razón es clara:  no la hay.”

¿Por qué no aceptan esta realidad los científicos que no son cristianos bíblicos?  Desde Adán, Dios nos ha dado la oportunidad de creer lo que él dice o escuchar la voz de otra persona que enseña otra filosofía.  Cada uno cree lo que quiere creer.  Por su propia admisión, los científicos seculares no quieren admitir ni la posibilidad de un Dios Creador.  Lo explica Ken Ham así:

Seamos realistas.  Los evolucionistas seculares están obligados a  oponerse a la creación, porque si Dios es Creador, entonces toda la  filosofía de ellos se destruye.  La base para su filosofía decreta que no hay Dios.  Si la evolución no es verdad, la única alternativa es la creación.  Por eso ellos se aferran a la filosofía de la evolución aunque la evidencia les contradice totalmente.  En el fondo es asunto espiritual.

Y es asunto espiritual con ramificaciones serias.  Como se le ha engañado al público cuando se le hace creer que la evolución es un hecho científico y que la creencia en Dios sólo tiene que ver con la religión, la evolución lleva a mucha gente al tropiezo.  Ni siquiera escuchan los partidarios de la evolución cuando los creyentes bíblicos comparten con ellos la verdad del Dios de la creación.  Cuando uno comparte su fe con otro y parece que el oyente no habla el mismo idioma, bien puede ser que el oyente cree en la evolución.  No puede entender la necesidad de un Salvador.

Según Génesis, Dios creó al hombre a su imagen.  Le dijo que señoreara en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra y en todo animal.  El hombre está por encima de los animales por decisión de Dios el creador.  Según la evolución todos somos el resultado de procesos fortuitos.  No somos más que miembros del reino animal.

Según el evangelio todos los humanos, empezando por nuestros ancestros Adán y Eva, estamos separados de Dios porque nos hemos rebelado contra los mandatos de Dios.  Hemos preferido buscar nuestro propio camino antes que obedecer al Creador.  Somos pecadores.

Según la evolución, la regla se basa en la lucha contra la muerte.  La sobrevivencia pertenece al más apto.  La fuerza e inteligencia dan derecho a la vida.  No hay pecado.  Llevamos a cabo la vida a nuestro antojo;  no podemos hacer otra cosa.

Según el evangelio, Jesucristo regresará.  Tarde o temprano todos tendremos que rendir cuentas al Juez supremo.

Según la evolución, no hay Dios, ni Creador ni Juez supremo.  Esta filosofía destruye la fe en las Escrituras.  Permite al hombre engañarse a sí mismo, creer lo que le guste y redactar sus propias reglas. En la conferencia anteriormente aludida, el Dr. Ham cuenta de un diálogo que sostuvo en Australia con un estudiante que le preguntó:

 -¿Por qué no puedo escribir mis propias leyes acerca de la vida?

–Muy bien, joven–  le dije –puedes redactar tus propias leyes sobre la vida, pero te diré una cosa.  Te voy a matar a tiros. 

–Usted no puede hacer eso— fue la respuesta.

–¿Por qué no?

–Es que no está bien, ¿verdad?

–¿Por qué?–  le pregunté.

–Porque está mal hecho.

– ¿por qué es malo eso?

–Bueno porque no está bien–  dijo.

–Me parece que tienes un problema— le señalé.  –¿Quieres escribir tus propias leyes sobre la vida?

–Sí.

 –Bueno, te diré una cosa.  Yo también quiero declarar mis propias leyes acerca de la vida.  Y si decido que te puedo matar…

 –Usted no puede hacer eso.

 –¿Por qué no?

 –Porque no está bien. 

            Cuando suficientes individuos quieren escribir sus propias leyes, el peligro eterno para una persona deja de ser el único peligro.  La descomposición social, el abandono del hogar, la creciente aceptación de engaños y mentiras como algo normal e inevitables, el aumento progresivo de la violencia, todos tienen una razón fundamental:  el rechazo al Dios creador y su Palabra.  Ham dice:

A medida que la gente ha abandonado la creencia en Dios, se ha destruido la base de la sociedad.  Por ejemplo, si no hay Dios, luego por qué se tiene que obedecer a Los Diez Mandamientos?  ¿Cómo se puede decir que la homosexualidad es mala?  ¿Por qué no pueden las mujeres abortar un feto cuando se les venga en gana?  En cuanto la gente ha eliminado a Dios de su conciencia, se han cambiado las leyes basadas en valores bíblicos cristianos que enseñan que Dios es el Creador (y por lo tanto Dueño) de todo.

            ¿Pueden coexistir estas dos maneras de entender el mundo?  ¿Se debe tolerar todos los puntos de vista?  La sustitución de perspectivas mundanas como guía para tomar decisiones y hacer las leyes se hace en base al argumento que decreta que todos los puntos de vista se tienen que tolerar.  Sigue Ham explicando:

Esta “tolerancia” en realidad significa una intolerancia de los  valores bíblicos cristianos.  Esta crítica de la falta de tolerancia de parte de los cristianos ha socavado sutilmente al cristianismo, y la mayoría de los creyentes no se han dado cuenta de lo que ha pasado en realidad.  Muchos creyentes han sido engañados, y creen que no tienen ningún derecho de imponer su punto de vista bíblico en la sociedad (…) No importa lo que se haga.  No se puede evitar que un punto de vista se esté imponiendo sobre otro.  No hay tal cosa como la neutralidad, aunque muchos cristianos bíblicos se han caído en la trampa de creer que sí la hay.

            Son mutuamente exclusivas las dos maneras de entender el mundo:  el cristianismo bíblico y el humanismo (o cualquier otro conjunto de creencias).  El cristianismo se basa en el evangelio de la Biblia.  Enseña que Dios como Creador, como Dueño de todo, tiene autoridad para decirnos lo que es bueno y malo, lo que debemos y no debemos hacer.  Los que no aceptan a Dios Creador piensan que pueden redactar sus propias reglas y que lo bueno y lo malo son relativos a las circunstancias del momento.  La evolución es para el humanista lo que el libro de Génesis es para el creyente evangélico.  La coexistencia es imposible ya que tarde o temprano una de las dos se impondrá.

La Biblia dice claramente que nuestra responsabilidad es de ser testigos de Cristo, instruir a nuestros hijos y jóvenes y edificar unos a otros.  Con las explicaciones de los científicos creacionistas y con una buena preparación en la lógica, podemos prepararnos para compartir nuestra fe bíblica cristiana con otros.  Podemos también ayudar a los jóvenes de ahora  a prepararse para afrontar el ataque directo contra Génesis en sus clases de ciencias en las escuelas y las universidades.  Al desenmascarar los prejuicios y presuposiciones, podemos restaurar nuestra propia fe en la Palabra de Dios.

Tal preparación es imprescindible.  El mundo de hoy está empapado del pensamiento evolucionista.  La gente hoy piensa que creer en Dios se trata de una religión mientras que creer en la evolución se trata de la ciencia.  Da por sentado que lo que es “ciencia” es verdad y lo demás es cuento.  Es nuestro deber proclamar la verdad.

 

 

CONOZCA se complace en informar a sus distinguidos lectores que el libro La mentira por Ken Ham ha de ser editado por Master Books, Inc., P. O. Box 727, Green Forest, AR 72638.  Se espera que salga a fines de 1998.

Recibió Ken Ham su título en Ciencias y Biología Ambiental en el Queensland Institute of Technology, Australia.  Ha dado numerosos conferencias en su país como también en los Estados Unidos.  Ha escrito varios libros.  Es casado y tiene cuatro hijos.

Coleen Henry de Gutierrez

Coleen Henry de Gutiérrez reside en Colombia. Es casada con Álvaro Gutiérrez Céspedes. La pareja tiene tres hijos adultos. Doña Coleen dice que quiere ser más como María y menos como Marta, Lucas 10:38-42. Es la traductora al español del libro de Ken Ham titulado The Lie (La mentira).


 

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