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Conozca a una autora argentina: Entrevista a Cristina Kunsch de Sokoluk

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1991.1

La siguiente entrevista fue celebrada en Buenos Aires, el 18 de abril de 1990 por el Editor Auxiliar de CONOZCA David Gómez R.

 

 

DG: ¿Cuál es su trasfondo familiar, hermana Cristina?

 

CS: En Buenos Aires, gran parte de la población procede de los inmigrantes de hace dos generaciones, en mi caso primera generación. Mi padre es alemán. Mi madre ya había nacido en Argentina. Y en el momento de iniciar mi educación, mis padres eligen una escuela británica de esta zona. Entonces, también corresponde a mi trasfondo esa nacionalidad en un sentido. Pero me siento tan argentina como mis compatriotas que también descienden de distintas nacionalidades. Mi esposo por su parte es descendiente de alemanes y ucranianos. Todos tenemos algo de mezcla.

 

DG: ¿Cómo nació su amor por las letras?

 

CS: En realidad yo hubiera querido dedicar mis primeros escritos a mi padre y a mi madre. Mi papá escribe mucho y lo hace bien en los dos idiomas. Mi madre me regaló los primeros libros, me dejaba tiempo libre para leer, me estimulaba mucho. Así que, por ambos lados soy deudora. En la escuela donde asistí también tenía bastante respaldo. No era la persona que más me destacaba, pero algunos profesores me infundían cierto optimismo para seguir adelante.

 

DG: ¿Considera usted, entonces, que la influencia del profesor es decisiva en el futuro de la vida de un alumno?

 

CS: Sí. Muchas cosas que se cristalizaron hace muy poco en mi vida, las empecé a soñar a los doce o catorce años cuando conocí a mis profesores o profesoras de la escuela secundaria y percibía en ellos ese amor a las letras y ese respeto por la palabra escrita.

 

DG: Díganos algún recuerdo de algo que hizo más mella, que pudiera considerarse un factor determinante para dirigirse en esa dirección.

 

CS: Después que conocí al Señor, había un grupo juvenil que editaba una revista en Buenos Aires, y me invitaron a traducir algunos artículos que ellos tomaban de revistas de los Estados Unidos. A la larga estaba redactando de pronto algunas cosas. Y una vez hice un viaje a la provincia de Córdoba a más de 800 kilómetros de aquí, y llegué a un lugar montañoso bastante solitario. Allí una persona me dijo: “¡Ah! En esa revista está trabajando usted. Lo que más me gusta leer es tal artículo.” Yo tenía como diecisiete años y me sentí tan satisfecha por ese trabajo que comencé a consultar al Señor si tenía algo para mi en el sentido de un servicio.

 

DG: Sabemos que ha escrito algunos libros que ya se han publicado. ¿Cuánto hace que salió el primero?

 

CS: Hace diez años salió el primer libro, Comprensión y expresión, y hace dos años salió Cartas de Ester. Ahora está en imprenta el libro que se va a llamar La verdad tras el telón.

 

DG: Háblenos de ese libro.

 

CS: Es una colección de obras para ser representadas. Ya fueron experimentadas todas en el círculo pequeño que puedo alcanzar. En la iglesia tenemos un grupo de teatro cristiano, y ellos mismos llevaron estas obras a otras iglesias, otros pueblos. Por supuesto, yo conservaba los manuscritos y los pulía. También anotaba el tiempo de duración o la música adecuada para fondo de escena, y cuando quise acordarme, era un pequeño libro. Consta de ocho obras.

 

DG: ¿Quién lo va a publicar?

 

CS: La Casa Bautista de Publicaciones, bajo el logo de Editorial Mundo Hispano.

 

DG: ¿Qué opina acerca de la agonía del escritor?

 

CS: Bueno, no hay que decírselo a los jóvenes, ¿No es cierto? Uno nunca se va a imaginar que es tan trágico. Uno toma la pluma con mucha ilusión, con mucho encanto con lo que está haciendo, y no está pensando en sufrir. Cuando empieza a sufrir uno cree que algo falla, que algo está mal, que es un fracaso. Recibí una carta de nuestro hermano Woodworth donde me hablaba de la soledad del escritor, y ahí caí en la cuenta de que éramos muchos los que padecíamos lo mismo. Si no hubiera sido por esa carta, me sentiría muy anormal. También leí algo escrito por un autor español, donde hacía una comparación con la soledad de lanzar un hijo al mundo y no poder ampararlo. Entonces, hay mucho amor invertido y mucha desesperación en un momento.

 

DG: ¿Cómo surge una idea en usted para hacer un libro? ¿cuál es el proceso desde que comienza a gestarlo hasta que lo considera un manuscrito completo que puede ir a una editorial?

 

CS: Cuando pienso que algo puede llegar a ser tal vez un escrito extenso, reviso en mi interior si tengo los elementos necesarios y comienzo a anotar ideas. Tal vez se convierta sólo en un ensayo, o sea de poco alcance. En el caso de “Jonás, un profeta con vigencia”, que es un trabajo que no está editado todavía, estaba simplemente leyendo las Escrituras, y sentí que todas las veces que lo había leído anteriormente y todas las predicaciones que yo había escuchado, no eran nada en comparación con lo que el Señor me estaba mostrando en ese preciso momento. Entonces dije: Esto tengo que compartirlo. De allí a que terminé de escribirlo, pasaron tal vez dos años. En esos dos años estudié mucha historia, de Asiria, de Israel. Consulté unos cuarenta autores que habían escrito algo acerca de Jonás y después todavía faltaría hablar del trabajo de revisión que lleva unos cuantos meses.

 

DG: En el plano de la enseñanza se dice que el que enseña aprende dos veces. El que escribe aprende más de lo que escribe. ¿Qué le queda al autor después que ha escrito su libro? ¿Se ha enriquecido en el aspecto cultural, o queda igual?

 

CS: Uno lee lo que uno mismo escribió y generalmente no está satisfecho. Hasta llegar a una idea que sea la definitiva, bueno, no puede mejorar ya esto, no hay retoques dentro de mis posibilidades. Uno creció muchísimo en ese interior, y siente que se elevó en cierta manera. Pero no por sus propios medios, sino por lo que estuvo leyendo, la bibliografía que consultó, las personas a las que mostró su manuscrito, las opiniones que recibió. La meditación es un río que fluye constantemente. En todo momento uno se está enriqueciendo.

 

DG: Esto nos lleva a una pregunta que tiene que ver con las letras principalmente evangélicas. ¿Cómo conceptúa la literatura evangélica? ¿Ha hecho historia, tiene raíces, tiene futuro?

 

CS: La literatura evangélica tiene raíces viejas si nos remontamos a autores de hace varios siglos que ya tenían un amor y un compromiso con Jesucristo. Pero no tiene suficientes cultivadores como para decir que hay una literatura evangélica. Muchas veces aplicamos la palabra “literatura” a folletos. Pero si hablamos de la gran literatura, nos falta hallar a los grandes autores: fertilizar la tierra. Trabajarla, prepararla, y después implantar semillas, y quien sabe si algún día saldrá un gran árbol. Dios quiera. Pero mientras tengamos la vista encerrada en un compromiso con una denominación, o con una editorial, o con un periódico, no va a salir la gran literatura evangélica. Cuando nosotros, llenos del Espíritu Santo, nos dejemos desatar completamente y nos lancemos a escribir para el Señor y en comunión con el Espíritu Santo, va a salir el gran escritor. No se si estamos preparados para esto.

 

DG: ¿Cuáles serían los mejores tres escritores seculares que han hecho huella en usted?

 

CS: Como mujer, me sentí fascinada, atraída por sor Juana Inés de la Cruz. Fue muy criticada, pero una mujer valiente con su pluma. Cosas de mucha envergadura que ella escribió no son de lectura fácil, y entonces no se conocen. Esa mujer vivió en la época donde el solo hecho de firmar con nombre de mujer era mal visto, y me despertó mucha admiración desde temprana edad.

 

Un escritor muy criticado, muy mal juzgado por sus compatriotas fue Jorge Luis Borges. En la época en que él era atacado de los cuatro costados, yo lo defendía detrás del pupitre del profesor, que es lo único que podía hacer, exponiéndome a que me tildaran dentro de tal o cual tendencia política. Pero no puedo ver la literatura enclaustrada dentro de la política. Está bien que haya cierta influencia de uno sobre otro, pero tenemos que poder evaluar un escritor solamente a la luz de su obra. Borges es un escritor que admiro, es un escritor que va a ser descubierto dentro de diez o veinte años en nuestro país, cuando lo develemos, porque él mismo trató de esconderse muchísimo. Nosotros los argentinos creímos en ese velo. Él se disfrazaba de ogro, por ejemplo. Cuando lleguemos al verdadero Jorge Luis Borges, creo que lo vamos a apreciar.

 

Me gusta Juan Ramón Jiménez. Cuando escribe prosa parece poesía. Cuando escribe poesía es tan sencillo como leer una prosa. Yo lo admiro mucho.

 

DG: ¿Cómo ha podido hermanar la literatura universal con el evangelio? ¿Ha encontrado alguna crisis?

 

CS: Cuando era estudiante, no era muy bien visto en los medios evangélicos que un joven dedicara tanto tiempo a lo secular. Si el joven decidía entrar en el ministerio y prepararse en una institución especial, iba a ser felicitado. Cuando un joven decidía prepararse para un trabajo secular, se le miraba con mucha sospecha, con mucho recelo. Yo le pedí siempre al Señor que me guardara de los peligros que mis hermanos veían y con un sentido justo tal vez de la experiencia que tenían. Me serví de la palabra que dice “Examinadlo todo, retened lo bueno.” Y pienso que el Señor me ayudó a examinar muchas cosas y retener lo bueno. Por supuesto que es peligroso manejar conceptos que a veces se nos presentan muy persuasivos y no tener a nuestro lado padres espirituales que nos ayuden en ese momento. A esa edad en las aulas universitarias se sufren muchos embates, pero estoy convencida de que el Señor tenía eso para mí en particular, y me sirve, me enriquece.

 

DG: Entre los escritores evangélicos, ¿hay alguno que haya impactado su vida?

 

CS: Puedo mencionar al doctor Arnoldo Canclini, un escritor muy prolífico, y lo que hace lo hace bien. Es un hombre de una cultura muy vasta.

 

DG: ¿Qué debe hacer un escritor para estar actualizado ?

 

CS: Me parece bastante difícil, porque el escritor el poco tiempo libre que tenga, trata de dedicarlo a su archivo. Pero es imprescindible que continúe leyendo. Hay que estar alerta, las listas de “Best Sellers” son muy engañosas, porque muchas veces nos hacen perder el tiempo con un libro de quinientas páginas o más que no va a trascender más de cinco años, no va a sobrevivir. Tal vez leyendo los juicios de críticos autorizados podemos mantenernos.

 

DG: ¿Qué ventajas o desventajas tiene una escritora que vive en una provincia lejos de las grandes bibliotecas de la capital?

 

CS: Es un martirio en muchos sentidos.

 

DG: Pero ¿esa situación podría tener alguna ventaja?

 

CS: Tiene ventajas, porque muchos residentes de ciudades de diez millones como Buenos Aires soñarían con ir a una ciudad más pequeña. Eso les permitiría más sosiego, cosa necesaria para inspirarse y para escribir cosas coherentes.

 

DG: ¿Cómo ve la hermana Cristina el mundo de las editoriales?

 

CS: Los que escribimos tenemos que ubicarnos en que el editor tiene sus puntos de vista y no pueden ser nunca los mismos que los del creador. El editor está en un mundo de comercio, en el mundo del mercado, para sobrevivir. Si no fuera así, este libro no daría pie al siguiente libro. Creemos que lo que hacemos merece salir a la luz, y tenemos ideas muy poéticas, muy idealistas. Pero tenemos que hacerlas sucumbir precisamente viendo los puntos de vista de ellos.

 

DG: Hablemos de la escritora, madre y esposa de pastor. ¿Cómo conjuga usted sus tres grandes actividades?

 

CS: En un comienzo me sentía fracasada en esas tres esferas de la vida. Pero madurando un poquito, trato de establecer cada día que empieza un orden de prioridades. Hoy mis hijas me necesitan. Hoy mi esposo me necesita. Mi escrito hoy ocupa el tercer lugar. Pero el día siguiente tengo una urgencia grande, tengo que entregar un manuscrito que están esperando, entonces explico a mi familia. Y hay momentos en que la iglesia es para toda la familia la principal prioridad. Entonces apuntamos los cuatro hacia esa meta, nos entendemos los cuatro y nos llevamos bien. No es fácil encontrar el mecanismo de esto.

 

DG: ¿Tiene alguna palabra para los que sueñan con ser escritores?

 

CS: En realidad tengo un poquito del espíritu del caracol y no salgo mucho a decir las cosas. Entonces es la oportunidad de decirles a los que sienten inspiración que tengan siempre a mano algo muy sencillo: un cuaderno y una lapicera, no un pedazo de papel que se va a perder, porque no se recupera ese pensamiento. Al anotar y ver el progreso, uno se va animando y muy pronto, en el momento en que uno menos piensa, esa idea se convierte en algo importante.

 

DG: Muchas gracias. Deseamos que sus letras se sigan leyendo en todo el continente, y auguramos mucho éxito. Que esos primeros libros que ha escrito sean el preámbulo a grandes obras que beneficien a todos los lectores.

 

David Gómez R.


 

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