Facebook Twitter Gplus RSS
magnify
Home 2001.1 Los copistas amaban las Escrituras
formats

Los copistas amaban las Escrituras

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2001.1

Por Jaime Mazurek

 

¿Has pensado alguna vez en escribir con puño y letra una copia de toda la Biblia?  ¿O quizás en copiar ún solo libro bíblico?   Nunca lo he intentado. Si deseo adquirir una Biblia nueva, basta un viaje a la librería…  y listo.  Muchos pastores hoy tenemos más de un ejemplar de Biblia, y quizás una variedad de versiones y ediciones.  Es fácil dar por hecho la existencia abundante de la Biblia hoy.

No siempre fue así.   Desde la antiguedad hasta el tiempo de Gutenberg en el siglo XV toda copia de las Escrituras se hacía a mano.  Con gran sacrificio y amor por la Palabra de Dios hubo quienes hicieron trabajos durísimos que de alguna manera hicieron posible nuestro abundante acceso a las Escrituras.

 

LOS COPISTAS JUDIOS

Desde tiempos tempranos la cultura religiosa judía reconoció la necesidad de confeccionar copias de los libros sagrados. ¿Por qué, pues, tenemos hoy en día pocas copias bien antiguas del Antiguo Testamento? Algunos motivos por la escasez son:

  • Su antiguedad
  • Israel y Judá tuvieron muchas guerras
  • Lo perecible de los materiales primitivos como el papiro

para la fe judía, sin embargo, una copia perfectamente fiel al original, era tan bueno, o aun mejor que el original, ya que se consideraba una falta de respeto tener la Palabra de Dios escrita en papiros y pergaminos viejos y rotos.

Los escribas, llamados sopherim, tenían la labor de guardar, enseñar y copiar la Ley de Dios.  Se ceñían a una disciplina singular que incluía reglas como las siguientes:

  1. El contenido de un rollo debía ser escrito en pieles de animales ceremonialmente limpios.
  2. El rollo debía cumplir requisitos estrictos en cuanto a sus dimensiones de largo y ancho.
  3. El rollo y debía ser lineado cuidadosamente.
  4. La tinta tenía que ser negra, preparada de una receta especial.
  5. El copista trabajaba solo después de lavar todo su cuerpo y ponerse vestimentas especiales.
  6. Entre cada letra se exigía un espacio solo del grosor de un pelo.
  7. La copia tenía que ser una reproducción exacta, letra por letra, del original.  Se cotejaba mediante la cuenta del número total de letras en el original y en la copia.
  8. Al escribir el nombre de Dios no se podía introducir la pluma en la tinta una vez  iniciada la escritura del nombre. Tampoco se podía prestar atención siquiera a un rey que le llegase a hablar al copista en ese momento.

El trabajo de los Sopherim fue continuado durante la Edad Media por otro grupo de escribas judíos, los masoretas, los cuales trabajaban solo con las escrituras del Antiguo Testamento. Agregando a la escritura del hebreo signos de pronunciación y de vocales, estos gramáticos reflejaban su amor por las Escrituras. Dominaban el tema de las Escrituras hebreas hasta el punto de saber cuántas palabras y cuántas letras había en cada libro.

 

LOS COPISTAS CRISTIANOS

Durante los primeros tres siglos de la era cristiana, hacer ejemplares de las Escrituras sagradas era obra de creyentes que deseaban ejemplares para su iglesia o para sí mismos.  Con el crecimiento rápido de las iglesias cristianas, la demanda de copias se agigantó. A veces el deseo de producir llegó a superar el control de calidad. Resultaron algunas copias de inferior calidad, cosa que la crítica textual moderna pretende reconocer y depurar.

La iglesia perseguida también se esforzó en la traducción de las Escrituras.  Tal fue el interés de los cristianos en tener ejemplares de las Escrituras en su propia lengua que llevó a Agustín a reclamar, “Cualquiera que llegó a poseer un manuscrito griego y que se imaginaba que tenía facilidades con el latín y el griego, por muy leves que estas hayan sido, se atrevía a hacer una traducción.”[1]

Con la conversión de Constantino y el reconocimiento del cristianismo como fe legal y oficial, el trabajo de hacer copias de libros bíblicos quedó en manos de escribanos profesionales.  En una sala de trabajo llamada Scriptorium, varios escribas simultáneamente hacían copias de un texto que se les leía.  A menudo las condiciones de trabajo eran dificilísimas.  Sentado en el suelo o un banquillo, el copista colocaba el rollo de pergamino sobre las rodillas. No había buena luz ni aire refrescante. Eran largas las horas de la jornada.  Se escribía sobre rollos de cuero fino llamado pergamino. Las plumas eran donadas por aves o se tallaban de caña. Eran espesas las tintas. Se delineaba cada letra primero en el cuero con un punzón, y luego se aplicaba con la tinta.

La tarea de copiar los manuscritos bíblicos pasó a los monjes durante la Edad Media, pero casi no cambiaron las condiciones de trabajo. Todavía no habían comenzado a sentarse en un silla para escribir sobre una mesa. Se escribía de pie, en el suelo, o sentado en un banquillo. ¡Qué arduo el trabajo de hacer ejemplares! El cuerpo pasaba horas en posiciones incómodas.

Con todo se hacía el trabajo con una precisión asombrosa.   En el estudium de un monasterio de Constantinopla del siglo IX d.C., se sentenciaban los siguientes castigos por falta de cumplimiento:

  • Dieta de pan y agua: por estar más interesado en leer el contenido que en hacer la copia.
  • Ciento treinta penitencias: por ensuciar los pergaminos.
  • Treinta penitencias: por quebrar la pluma con rabia.
  • Cincuenta penitencias: por ocupar el pergamino de otro.

Los copistas, con todo, reconocían la importancia absoluta de su quehacer.   Casiodoro, fundador del monasterio de Vivario, en Italia, dijo lo siguiente acerca de ellos:

 Por la lectura de las Sagradas Escrituras, el escriba instruye enteramente a sus propia mente, y copiando los preceptos del Señor, los extiende por todas partes.  Qué industria mas feliz y digna de alabanza, predicar a los hombres por medio de la pluma, soltar la lengua por medio de los dedos, llevar la salvación a los mortales y luchar contra las artimañas del diablo por medio de pluma y tinta.

Porque cada palabra del Señor escrita es una herida mas hecha a Satanás (…)  ¡Que visión mas gloriosa para quien la contempla cuidadosamente!  La pluma de caña escribe las palabras santas y así toma venganza del maligno quien hizo que una caña fuese usada para golpear la cabeza del Señor.[2]

 

LOS COLOFONES

El estudio de los manuscritos preparados por estos sufridos hermanos revela que a veces apuntaban sus apreciaciones personales en el márgen o al final de la copia que producían.  A estas anotaciones personales hoy se les llama colofones.   Los colofones citados a continuación, todos auténticos, nos revelan algo de la humanidad, el esfuerzo y la fe de estos copistas bíblicos.

En cuanto a los dolores físicos que se sufría en el scriptorium, un colofón típico dice así:  “El que no sabe escribir piensa que no es trabajo, péro aunque solo tres dedos se mueven, todo el cuerpo sufre.”

Otro colofón similar reza así: “El escribir te dobla la espalda, empuja tus costillas hacia tu estómago, y produce un endebilitamiento general de todo el cuerpo.”

Una copia armeniana de los evangelios contiene este colofón:  “Está nevando afuera, hoy se me congeló la tinta, se me congelaron los dedos y la pluma se me cayó al suelo.”

Hay colofones que expresan la alegría del copista al finalizar su trabajo:  “Como un viajero se regocija al ver su pais natal, asi es el final de un libro para los que trabajan en la escritura.”  Otro lo expresa de esta manera: “El fin del libro,  ¡Gloria a Dios!”

Las largas horas de trabajo también se reflejan en los colofones:  “Hoy me siento muy aburrido, no sé que me pasa.”

Hay manuscritos con colofones de diálogo entre dos copistas:

- Hace frio hoy.

- Eso es natural, si es invierno.

- La lampara da poca luz. 

- Es hora de que nos pongamos a trabajar.

Pero los colofones más interesantes son aquellos en que los copistas bíblicos nos dejan un vistazo de su fe personal.  Un copista del siglo IX, al final de una copia de los Salmos, escribió:

 “Misericordia para el que escribió, oh Señor; sabiduría para los que leen, gracia para los que oyen, salvación para los que posean este libro.  Amén.”

Para finalizar esta muestra de colofones, transcribimos lo que hace muchos años apuntó un copista egipcio al final de una copia de los evangelios traducido al cóptico:

 “No hay escriba que no morirá, pero lo que sus manos han escrito permanecerá para siempre.  No escribas entonces nada con tu mano sino lo que querrás ver en la resurrección…   Que el Señor Dios Jesucristo cause que esta santa copia ayude en la salvación del alma del hombre inicuo que lo escribió.”

Los copistas bíblicos nos dan un gran ejemplo de escritores esforzados y dedicados a compartir la Palabra de Dios con su mundo y las generaciones futuras.  A pesar de los grandes desafíos que enfrentaron, nos damos cuenta perfectamente que su trabajo no fue en vano.   Dediquémonos también nosotros todos, a no escribir nada que no querramos ver en la resurrección, nada que no podamos poner a los pies de nuestro Señor.

 

 

Bibliografía

 

Metzger, Bruce.  The Text of the New Testament (El texto del Nuevo Testamento).  Oxford:

Oxford University Press, 1968.

 

Ramaker, Oswin Ed. El origen de la Biblia.  Amsterdam: Evangelische Omroep, 1979.

 



[1] Bruce Metzger. The Text of the New Testament.  (Oxford: Oxford University Press, 1968), p. 14.

[2] Idem, p. 18.

Jaime Mazurek B.

Jaime y su esposa Ester han sido misioneros en Chile desde 1985. Además de ser Editor de CONOZCA, Jaime sirve como Director Internaciona Adjunto de Instituto de Superación Ministerial. Tiene licenciaturas de Central Bible College y el ISUM, y la Maestría en Teología Práctica de la Facultad de Teología de las Asambleas de Dios. Es autor de El Restauracionismo Apostólico (Ed. Vida 2008) además de cuantiosos artículos en CONOZCA y otras revistas cristianas. Dios ha bendecido su hogar con tres hijos y cinco nietos.


 
 Share on Facebook Share on Twitter Share on Reddit Share on LinkedIn

Comentarios: 3

  1. Gracia a Dios primeramente por mantenerme con vida y de pies, luego a ustedes distinguidos maestros de la educación por su empeño y aporte a la juventud Dominica.
    Me gusta el taller en absoluto porque he aprendido a mejorar muchos errores que cometias al escrubir y tambien al hablar.

  2. Me gusta esta página porque aquí,aprendo,y me corrigen al hablar y escribir.

  3. Álex Abello

    Interesante escrito, se agradece al autor por la información.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*


+ cuatro = 11

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>