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“¿Son todos maestros?”: una propuesta de la Facultad de Teología

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2014.1

Por Jorge López E.

Cuando la teología está orientada al vasto campo del quehacer ministerial, generalmente tiende a desembocar, de modo directo o indirecto, en una acción pedagógica. El discurso teológico encuentra expresión a través de hombres y mujeres comprometidos con la enseñanza, quienes se encargan de hacerlo entendible o comprensible para una oportuna aplicación en la vida y ministerio de quienes, generalmente, se forman para un eficaz desempeño ministerial. Dentro de la diversidad de ocupaciones de servicio cristiano, encontramos entre otros: administradores, escritores, evangelistas, misioneros, plantadores de iglesias, pastores y maestros. Dentro de esta lista incompleta, también existen personas enfocadas en desempeñarse como formadoras de nuevas generaciones de obreros o ministros calificados. Dicho en otras palabras, aparte del ministerio pastoral, del cual se espera aptitudes especiales para enseñar, en las Asambleas de Dios contamos con ministros involucrados en la enseñanza dentro de institutos bíblicos y seminarios, cuyo llamado entendemos, es específico para enseñar a hombres y mujeres fieles, que a la vez sean idóneos para enseñar a otros. ( 2 Tm. 2:2).

En mi opinión, el sólo hecho de tener vocación al ministerio de pastor no resulta ser suficiente para un ministerio de enseñanza superior. Enseñar en una congregación a la que ya se está acostumbrado a hacerlo por años, y en donde el proceso educativo no sigue toda una sistematización pedagógica, no es lo mismo que enseñar en  instituciones teológicas como los institutos bíblicos y seminarios (IBSEBAD). En estos últimos se busca cumplir con un rigor académico, tanto del alumno como del maestro, frente a una educación teológica y ministerial de la más alta calidad posible. Es  por esto mismo que la Facultad de Teología de las Asambleas de Dios de América Latina, ha implementado un nuevo programa de maestría en educación teológica superior (METS). Su finalidad principal sigue siendo la misma de su currículo general: “capacitar siervos líderes pentecostales, íntegros y comprometidos con la misión de Dios por medio de una formación bíblica-teológica pertinente a nivel de posgrado.”

La inquietud por la creación de otra maestría con especialidad en educación teológica, surge de la necesidad existente de elevar la calidad educativa de aquellos ministros con aspiración a involucrarse en el ministerio de formación de obreros, o que ya están desarrollando este ministerio. De hecho, se ha observado que un buen número de egresados de institutos bíblicos, del ISUM y de la Facultad, dedican gran parte de su ministerio a la enseñanza. Es mi parecer que así como hay personas a quienes Dios llama para profundizarse en los estudios de las diversas áreas de la teología y del ministerio,  así también el mismo Señor dirige a otros a que, sin perder de vista lo esencial de su formación teológica, procuren apropiarse de sólidos conocimientos pedagógicos a efecto de que el mensaje de la Escritura, pueda llegar con la debida claridad a aquellos que se forman para servir al Señor. No se trata, por supuesto, de sustituir los principales “contenidos-ejes”, por así decirlo, de la educación teológica, que a mi juicio siguen siendo: Dios, Escritura e Iglesia, a cambio de una temática pedagógica, sino más bien la propuesta se orienta a que el contenido de la educación o formación teológica, se realice con la más alta calidad educativa posible y dentro del contexto particular de los participantes.

 

Ante la realidad de hombres y mujeres comprometidos con la formación teológica y ministerial de cientos de obreros por toda la región latinoamericana, el programa de maestría en educación teológica (METS) de la Facultad, resulta ser una propuesta ministerial encaminada a preparar y elevar el nivel de la calidad ministerial de “el que enseña” (Rm. 12:7). Puede decirse también que dicho programa de estudios, es un esfuerzo ministerial educativo que responde a una necesidad muy sentida, desde el nivel de los institutos bíblicos hasta el posgrado de formación ministerial, de capacitar con herramientas pedagógicas a un mayor número de “obreros maestros.” Con esto no se quiere insinuar que el desempeño docente en dichas instituciones carezca de la calidad académica propia de su nivel, sino más bien, se trata de ofrecer un programa que tienda a mejorar lo existente. El programa en educación teológica propuesto por la Facultad, toma en cuenta el aspecto crítico de los contenidos como cualquier institución de educación superior, y procura además, la actualización docente al propiciar la construcción de conocimientos sobre los principales enfoques pedagógicos propios de la región latinoamericana, y por último, se valora debidamente la importancia de la investigación sobre la problemática de la educación o formación teológica en el contexto de las Asambleas de Dios.

Respecto al contenido de la educación teológica de la Facultad, ésta no desestima ni pierde de vista que su principal contenido a enseñar sigue siendo una teología pentecostal, contextualizada para la iglesia y para el mundo hispano, y sobre todo, derivada de la misma Escritura. No obstante, se considera que la formación pedagógica ha de ser parte de la formación integral de profesores de institutos bíblicos y de seminarios, que aspiren a comprender y a orientarse mejor en todo el proceso educativo, en el contexto de la educación teológica. De modo especial, se espera que los maestros interesados atiendan con más claridad la dinámica de los principales elementos del hecho educativo sistematizado como son: el estudiante en su contexto particular, el manejo crítico de contenidos de aprendizaje o asignaturas, y el protagonismo del docente como mediador entre los contenidos y el estudiante; y todo esto en la perspectiva de una actualización en la ciencias pedagógicas. Entonces, por la misma naturaleza del estudiante de los institutos bíblicos y seminarios, resulta que para el educador teológico de este nivel, ya no le bastan los conocimientos de una pedagogía propiamente del niño y del adolescente. Pesa sobre el maestro de hoy la necesidad de apropiarse de sólidos conocimientos educativos que sean propios de una pedagogía del adulto (andragogía);  ya que el tipo de estudiantes que tiene en el aula, son adultos, y muchas veces adultos muy experimentados en el ministerio y educados en otras diversas disciplinas académicas, aparte de las teológicas.

Por otro lado, con una maestría en educación teológica superior, como la propuesta por la Facultad, se reduce aún más el abismo existente entre el discurso técnico o científico de la teología y el discurso pedagógico. Es mi convicción que la formación pedagógica propuesta, permite atender con mayor eficiencia la siguiente recomendación de algunos de nuestros líderes educativos del ISUM y de la Facultad: hacer más amigable para el estudiante algunas asignaturas (si no todas), que por su misma naturaleza técnica, a veces resulta un tanto difícil asimilarlas como nuevos aprendizajes. Esto no significa que el discurso pedagógico no sea técnico o científico, sino más bien hemos de admitir que el educador teológico ha de tener la habilidad de brindar en un lenguaje comprensible, cualquier “misterio académico” de la teología, encerrado en los libros de texto o en la “jerga profesional o académica” del maestro. Querer presumir o impresionar ante los estudiantes con un lenguaje sofisticado pero desconocido para los mismos, ya no resulta propio de alguien que ha tomado muy en serio, de que uno de los aspectos más importantes en el ministerio de la enseñanza, ha de ser el logro de aprendizajes significativos, útiles para el ministerio, y que a la vez sirvan de fundamento para otros nuevos conocimientos en el futuro. Por otro lado, es cuestión de tiempo y de esfuerzo por parte del estudiante, el formar continuamente un “bagaje teológico” de terminología técnica y necesaria, que viene a ser un producto de sus estudios y de sus nuevos conocimientos en una determinada asignatura.

Otra razón por la cual me permito recomendar la nueva propuesta educativa de la Facultad, aparte de la implementación pedagógica en áreas como la didáctica, evaluación, administración educativa, entre otras, es que brinda respuestas al problema de la “fobia” por la formación ministerial a nivel superior; un problema que aún persiste en algunos países latinoamericanos. Aún se alimenta en algunos ministros una especie de “miedo santo” (por no decir egoísmo) de que muchos obreros busquen una  educación teológica que vaya más allá de lo básico de un instituto bíblico, y que algunas veces ni siquiera llega a un programa completo de instituto. Existen argumentos diversos al respecto, pero los más comunes sostienen que el mucho estudio “apaga el fervor espiritual.” Sin embargo, la educación teológica sanamente orientada no entra en pugna con la devoción del estudiante, más bien ambas han de complementarse para hacer verdadero eco de nuestro apreciado slogan del ISUM: “Conocimiento y fervor,” que tanto ha llamado la atención de muchos. El maestro y el estudiante que descuidan su relación devocional con su Señor, quien los ha llamado a un determinado ministerio, ellos mismos son los responsables de su negligencia espiritual, y no el entrenamiento academico que han recibido de los institutos o seminarios bíblicos.

Algunos temores también se fundamentan equivocadamente en que el “mucho estudio teológico” produce desvíos doctrinales y hace perder la visión por el servicio abnegado en el ministerio. Pudiera ser que esta afirmación fuera válida si los estudios teológicos se realizan, principalmente, en instituciones educativas sin ninguna orientación al ministerio y dentro de un marco muy pobre de confesión de fe evangélica. La Facultad, por el contrario, orienta su vocación de formación ministerial sobre la base de una filosofía educativa claramente definida, y expresada en buena parte en su declaración de misión:  la Facultad, “existe para capacitar siervos líderes pentecostales, íntegros y comprometidos con la misión de Dios por medio de una formación bíblica-teológica pertinente a nivel de posgrado“. Así, sus egresados bien pueden perfilarse como hombres y mujeres, “enteramente preparados para toda buena obra.” Precisamente de esto se ocupa un programa de maestría en educación teológica; es decir, responder con una filosofía educativa netamente cristiana, que oriente el ministerio educativo de institutos y seminarios bíblicos hacia una sana práctica ministerial y hacia una correcta reflexión teológica, que a la vez, enriquezca dicha práctica ministerial.

Actualmente estamos en espera de que en los siguientes módulos de la Facultad, cada vez sean más los estudiantes interesados en enrolarse  en una formación pedagógica, a la par de su formación teológica, con la mira de elevar su calidad educativa en su ministerio de enseñanza. Por otro lado, el programa de maestría en teología práctica continúa ofreciéndose como una opción más en la capacitación ministerial para pastores, administradores, misioneros, etc., que ya están activos como estudiantes en dicho programa hasta finalizarlo, y continuar luego con el nuevo programa de educación, si así lo desean. Otros estudiantes tienen la libertad de preferir una maestría, que no necesariamente incluya una carga académica pedagógica, debido a que aspiran a una formación ministerial que no está directamente relacionada con la educación teológica. Me parece que esta justificación es muy válida para dejar de lado una maestría en educación teológica, pues también se ha de abundar en otros dones “para la edificación de la Iglesia” (1 Co. 14:12), pues al fin de cuentas, y de acuerdo al texto que sustenta el título del presente artículo, no todos son maestros. (1 Co. 12:29).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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Jorge Lopez

Jorge López E., es pastor en la ciudad de Guatemala. Está casado con Lorena Castañeda y es padre de tres hijas y un hijo (17, 15, 12, y 9, respectivamente). Es profesor universitario y profesor de griego del ISUM; miembro directivo y profesor en la Facultad de Teología. Realiza estudios doctorales (Ph. D), con especialidad en eclesiología.


 
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1 Comentario  comments 

Una respuesta

  1. CARLOS HUMBERTO MARTINEZ CRUZ

    El documento, no todos son maestros, menciona la necesidad que hay en nuestro medio eclesiastico de la educación, primeramente de personas con liderazgo o que tengan aptitudes de enseñanza, en lo personal lo veo con mucha necesidad puesto que hay errores precisamente por no tener una enseñanza superior.
    Por otro lado, eso de los temores existentes en diferentes estudiantes a perder la continuidad fervoroza, la misma enseñanza ira quitando ese temor a sabiendas que hay toda una gama de conocimiento teológico para complementar deficiencias en las apersonas a enseñar y en el estudiante mismo recupera esa confianza con el Espíritu practico religioso.
    Las opciones de superación estan en nuestro deseo y dado a la facilidad con que podamos accesar, es necesario no abandonar las fuentes de formación para una mayor exelencia de predicación y enseñanza para la iglesia de hoy. gracias por los señalamientos sobre estudiantes y preparaciones para una pastoral eficiente.

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