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Editorial: Emocionante pero no sencillo

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1998.1

Por Alicia Rodriguez de Morales

 

NO IMPORTA SU nombre, color ni tamaño.  Es un curioso personaje del cual se comenta en todos los hogares de la congregación, a veces con admiración, a veces con reproche.  Todos se creen con derecho a opinar sobre su conducta. La esposa del pastor es una silenciosa heroína de grandes batallas.  Gracias a Dios por las esposas de pastor que sirven al Señor con gracia y poder.

Cuando una obrera une su vida a un siervo de Dios, declina su propio brillo para  aumentar el brillo de quien es su cabeza.  Pasa a un difícil segundo lugar, voluntariamente.  Se sumerge en la sombra de su esposo y llega a ser una ilustre desconocida.  Sus virtudes no destacan como las cualidades del pastor.  Absorbe los comentarios ácidos de insatisfechos que nunca faltan.  Neutraliza con amor los efectos negativos de la crítica acerba que llega a su esposo.  Como buena hija de Dios, conoce el poder de la oración y sostiene sobre sus rodillas el ministerio, hogar y familia.

Ser esposa de pastor resulta emocionante pero no sencillo.  Observado, admirado, codiciado o criticado, él es “el chico de la película”.  Ella se ve muchas veces como la “chica mala”, o la pobre mártir aguanta-todo.  Pero no es un objeto.  Es un ser humano inteligente que siente, piensa, razona y tiene opinión propia.  Si se le da oportunidad, puede ser muy útil, una tremenda ayuda.  Dichoso el pastor que aprovecha a su idónea.

Así como el ser “cabeza” se aprende y perfecciona con tiempo, amor y paciencia, la idoneidad es una cualidad progresiva.  Se adquiere con tesón y práctica.  Hay que trabajar paciente y amorosamente en el material humano que es nuestra pareja.  Al casarse, él y ella inician juntos el largo camino de la identificación hasta llegar a ser una sola carne en todo.

La esposa disfruta el privilegio de tener al pastor en casa.  Ella observa en primera línea los prodigios de Dios.  Es reconfortante ser ministrada por su pastor, su esposo, cuando está enferma o tiene problemas.

Dios necesita mujeres de temple, esas que aceptan desafíos de esfuerzo y servicio.  La esposa de pastor no sale corriendo ante la oposición ni se echa a llorar por la escasez económica.  Ha de ser mujer de corazón sensible,  dispuesta a ser madre de una gran familia.  Con Pablo ella dice:  ¿quién enferma y no enfermo?  2ª Corintios 11:29.  Ella sufre la angustia del atribulado en la congregación.  Sobrelleva con paciencia la carga de los débiles, ríe con la alegría del vencedor y disfruta los detalles de las respuestas de Dios.  Rara mujer es.  Se niega a sí misma por servir a otros.  Renuncia a sus propios derechos cuando es necesario para auxiliar a los necesitados.  Espera con santa paciencia, a veces con niños dormidos, a que el pastor termine su trabajo de consejería, para volver a la casa.  Siempre está dispuesta a ir una milla más.

El deleite de su amado es esta hermosa mujer.  Es la compañera inseparable, la amiga leal.  Confiadamente da consejos.  Hay momentos cuando es un poco exagerada ya que se hace difícil mantenerse dentro del límite sutil de la relación esposa-consierva, pero el glorioso Espíritu Santo hace notoria la frontera y mantiene a cada uno en su lugar.

El pastor enfrenta situaciones difíciles.  A veces debe tomar decisiones trascendentales para la obra.  Qué importante resulta oír un consejo sabio, una palabra dirigida por el Espíritu Santo.  Cómo anima y fortalece el sentir junto al suyo el hombro de su esposa.

Es pequeña gigante imperfecta, pero la esposa del pastor depende de un poderoso y perfectísimo Dios.  Saca fuerzas de flaqueza y enfrenta la lucha diaria con fe y esperanza.  Sabe que las nubes pasan y el sol vuelve a brillar.  Busca la sabiduría de Dios para edificar su casa.  Pone freno a su lengua por la paz “ambiental” de su matrimonio.  Mantiene a su familia en los altares del Señor.  Filipenses 4:6.  Pregonera del poder de Dios, la esposa del pastor enseña con su vida el servicio y la fidelidad.  Dirige todo proyecto con ánimo y confianza en los demás.

En el Año Internacional de la Mujer nos dé el Señor miles de esposas de pastores poderosas en fe y palabra.  Feliz la congregación que aprecia a la esposa de su pastor.  Dichoso el pastor que conoce y reconoce el valor de su ayuda idónea.

Alice de Morales

La poetisa Alice de Morales es predicadora, profesora, y madre de seis hijos. Es esposa de David Morales y pastorean en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.


 

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