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La ignorancia

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1991.2

Por Edgardo Muñoz

 

 

Pablo, llegando a la populosa ciudad de Efeso, encontró a algunos discípulos que leían la Biblia, cantaban, oraban y tal vez pasaban la ofrenda, pero… algo ocurría. Todavía no puedo imaginar cómo sería una iglesia que ignora la persona, la obra y la deidad del Espíritu Santo. Pero Pablo vio una congregación así con sus propios ojos. Ciertas características le obligaron a la inevitable pregunta: ¿Habéis recibido ? La respuesta fue más sorprendente todavía: “Ni siquiera hemos oído acerca de él.”

Los efesios ignoraban porque nadie les habla enseñado acerca de la tercera Persona de la Trinidad. Todos somos ignorantes por naturaleza. Cuando nacemos, no sabemos nada y lo poco que sabemos hacer es instintivo e inconsciente. Así ocurre en las iglesias. Cuando llegamos a los pies de Cristo somos ignorantes y necesitamos ser instruidos. Por algo el apóstol Pablo resalta en sus cartas frases como: “No queremos que ignoréis”, “No erréis.” Si perpetuamos la inercia de la ignorancia cometeremos un error tras otro y perderemos una bendición tras otra.

Los latinoamericanos somos muy prolíferos. Las familias numerosas y las tasas de nacimientos elevados nos caracterizan. Pero también son altas las tasas de mortandad infantil. Nos alegramos con los nacimientos, llevamos flores y hacemos fiestas, pero olvidamos que el mayor merito es el de hacer de esa criatura un hombre o mujer capaz de integrarse y hacer aportes a la sociedad.

No abogo por un “control de la natalidad espiritual”, pero sí insisto por una “paternidad espiritual responsable”. Si no preparamos tal vez veamos en el futuro una muerte prematura, una minusvalía permanente, o una epidemia de herejías.

Por regla general, aceptamos que el evangelismo hace un aporte cuantitativo mientras que la educación cristiana, cualitativa. Por esas absurdas ideas de la mente creemos que la cantidad está en conflicto con la calidad y en consecuencia optamos por lo que más impresiona a nuestros cinco sentidos: la cantidad conquistada por el evangelismo. Sin limitar a los nuevos nacimientos podemos asumir la responsabilidad de enseñar. Cuando preparamos, capacitamos y cuando capacitamos, ayudamos a crecer numéricamente.

¿Qué haremos frente al adversario de la ignorancia? ¿Nos encogeremos de hombros pensando que aprenderán de alguna manera? Dios no quiere esto. Nuestro Señor busca que digamos como Pablo: Me quedaré a vencer la ignorancia en Efeso hasta cuando sea necesario porque Dios abrió una puerta efectiva. 1 Corintios 16:8-9.

Representante del ISUM en la Argentina, el pastor Edgardo Rolando Muñoz reside en Buenos Aires con su esposa, Silvia Burger, y sus dos hijos, Fernando y Leandro. Como educador ocupa los puestos de Decano del Instituto Bíblico Río de la Plata, Director del Instituto Bíblico Nocturno, y Secretario Nacional del Departamento de Educación Cristiana de las Asambleas de Dios.

Edgardo Muñoz


 

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