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La crítica moderna de la Biblia

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1994.4

Por Pablo Hoff

 

 

El erudito conservador emplea la sana crítica de la Biblia para enriquecer su entendimiento de la Palabra, pero rechaza las especulaciones radicales de críticos racionalistas, las cuales pondrían en duda la inspiración de las Sagradas Escrituras.

 

LA PALABRA “CRÍTICA” cuando se aplica a la literatura no se refiere a censura. Se define el rol del crítico así: “investigar en cuanto a la paternidad literaria, fecha, lugar, fuentes, etc. de cualquier obra antigua.

Tampoco es la crítica algo nuevo. Por el ingenio de dos eruditos italianos en 1440, el documento “Donación de Constantino”, que por tanto tiempo había servido para basarse en ciertas pretensiones de los papas, demostró ser espurio. Se había dado a entender que este documento fue escrito por el primer emperador romano que era cristiano, otorgando al obispo de Roma soberanía sobre los otros obispos de la Iglesia y sobre ciertos territorios italianos. Nicolás de Cusa y Lorenzo Valla emplearon evidencias lingüísticas e históricas para demostrar que el documento se refería a varios acontecimientos que habían sucedido siglos después de la muerte de Constantino.

Durante los siglos 18 y 19 en las universidades alemanas se aplicaron a la Biblia métodos de investigación y análisis de la crítica que los historiadores habían desarrollado para reconstruir el pasado. Trataron de descubrir la fecha de cada libro, su autor, su propósito, las características del estilo, el lenguaje y las palabras originales. Se preguntaron, ¿Cuáles son las fuentes originarias de los documentos bíblicos? ¿Son dignas de confianza? ¿Cuál es el significado y el fondo histórico de cada uno de ellos? Para muchos de los investigadores, la Biblia no era un libro inspirado sino un libro más como cualquier otro.

La crítica bíblica puede arrojar mucha luz sobre las Escrituras si se aplica con reverencia y erudición. Los Padres de la Iglesia, los reformadores, y eruditos evangélicos conservadores han realizado tales estudios con gran beneficio. Los teólogos los consideran una ayuda indispensable para interpretar la Biblia. Sin embargo, los críticos liberales, bajo la influencia del racionalismo moderno, han llegado a conclusiones que son capaces de destruir toda confianza en la inspiración de la Biblia si pudieran demostrarse. Con esto, sería imposible creer en Cristo como Salvador.

Las seis disciplinas principales de la crítica bíblica moderna son textual, histórica, literaria, de fuentes, de formas, y de redacción. Todas estas ramas, salvo la histórica, se tratan primordialmente de las estructuras literarias y de las diversas formas en que un escritor se expresa. La crítica histórica averigua más del significado y veracidad de lo que dice el autor, pero incluye casi todas las otras disciplinas.

En este artículo vamos a considerar la crítica textual, la de fuentes, y la histórica.

 

A. CRÍTICA TEXTUAL

La crítica textual procura recuperar y restaurar el texto original de documentos, los cuales han sido copiados repetidamente a través de muchos siglos. Es obvia la posibilidad de que los copistas, por más cuidadosos que fueran, hubieran omitido, añadido o cambiado algunos detalles en el proceso de copiar. Puesto que es imposible consultar los autógrafos (manuscritos originales), porque ya no existen, es necesario que los eruditos comparen esmeradamente los manuscritos existentes para identificar los errores y, en lo posible, corregirlos.

El crítico del texto bíblico trabaja no sólo con los manuscritos del Antiguo y Nuevo Testamentos en los idiomas originales, sino también con versiones antiguas en otros idiomas, tales como el siríaco, el copto, y el latín, y con citas bíblicas de obras antiguas. Puesto que el texto del Antiguo Testamento que tenemos actualmente fue redactado por los masoretas, eruditos judíos, entre el séptimo y undécimo siglos d. C., muchos estudiosos de la Biblia pensaban que la Septuaginta o Versión de los Setenta, era más correcta. Esta versión fue traducida en el idioma griego en Alejandría durante el tercero y el segundo siglos a. C. Sin embargo, el descubrimiento de los rollos del Mar Muerto, los cuales incluyen manuscritos de algunos libros del Antiguo Testamento mil años más antiguos que el Texto Masorético, demuestra que este texto es muy preciso y digno de confianza.

Podemos confiar también que los copistas hebreos del período del Antiguo Testamento transmitieron con mucha exactitud el contenido de los documentos bíblicos. Gordon Wenham observa: “En su mayor parte los escribas que copiaron el Pentateuco fueron muy cuidadosos, y pareciera que en el texto hebreo hay muy pocos errores”.

Referente al texto del Nuevo Testamento, hay millares de manuscritos, algunos de los cuales se remontan al segundo siglo d.C. La crítica textual ha establecido un texto muy aproximado al original. Aunque se pueden poner en tela de juicio algunos detalles insignificantes, estos no afectan nada de importancia. Leon y Morris afirman:

Ahora podemos tener plena confianza de que tenemos el texto del Nuevo Testamento esencialmente en la forma en que fue escrito.

Es necesario que se establezca un texto fidedigno a fin de poder llevar a cabo otros estudios críticos y exegéticos. La crítica textual solía llamarse “baja crítica” por ser considerada la base del edificio del estudio bíblico. Y se denominó “alta crítica” la investigación de fechas, paternidad literaria, y la estructura de antiguos documentos. Ahora casi no se emplean estos nombres.

 

B. CRÍTICA DE FUENTES

La crítica de fuentes es un intento de descubrir y comprender la naturaleza de los materiales que los escritores bíblicos empleaban para desarrollar sus obras. Por ejemplo, el autor de las Crónicas a menudo hace referencia a los libros de Samuel, Reyes, y otros anales. Dice en 1 Crónicas 29:29, 30:

Y los hechos del rey David, primeros y postreros, están escritos en el libro de las crónicas de Samuel vidente, en las crónicas del profeta Natán y en las crónicas de Gad vidente, con todo lo relativo a su reino.

Aparentemente mucho de su obra se basaba en estas fuentes. Al comparar las Crónicas con los libros de Samuel y Reyes, el crítico puede llegar a conclusiones referentes a su método literario e histórico.

En unos pocos casos existe todavía una fuente empleada por el escritor inspirado. Por ejemplo, arqueólogos han descubierto el decreto de Ciro, el cual anunció que los pueblos cautivos podían volver a sus patrias. Es citado en parte por Esdras, 1:2-4. En casos en que las fuentes no han sobrevivido, es casi imposible distinguirlas en el mismo documento. Su reconstrucción tiene que ser muy especulativa. Críticos liberales a menudo suponen que hayan encontrado fuentes cuya identificación basan en pruebas poco objetivas, tales como cambios en estilo o vocabulario. Así ha ocurrido en el desarrollo de la teoría documentaria de Wellhausen-Graf.

Hace tiempo que la cuestión sinóptica ha intrigado a los críticos. Un fenómeno fácil de observar a la simple lectura de los Evangelios Sinópticos es la uniformidad con que relatan los tres evangelistas el mismo acontecimiento. Presentan entre sí tales semejanzas que pueden ponerse en columnas paralelas y leerlos simultáneamente. A menudo emplean el mismo orden y palabras idénticas o muy poco diferentes. Existen sí divergencias marcadas. Cada autor agrega ciertos episodios y omite otros; pero por regla general los tres Evangelios Sinópticos presentan el mismo material y siguen el mismo bosquejo general. Si fuera sólo un asunto de emplear las mismas palabras cuando relatan el mismo discurso, se explicaría señalando la exactitud con que se registró lo que dijo Jesús. Pero también abarca la semejanza en la narración.

Surgen algunas preguntas. Si los primeros tres Evangelios son independientes uno del otro en cuanto a su origen, ¿por qué existe tanta similitud entre ellos? ¿Copió uno del otro? ¿Tenían los tres una fuente común o se ayudaron el uno al otro?

Muchos de los críticos creen que Marcos debe haber sido el primer Evangelio en escribirse, y tanto Mateo como Lucas son basados en este. Se aducen dos razones. Primero: casi todo el material que se encuentra en Marcos se halla también en los otros dos Sinópticos.

La segunda razón se ve en el hecho de que tanto Mateo como Lucas en general siguen el orden de los sucesos que se encuentra en Marcos.

Sin embargo, ¿de dónde vienen los discursos de Jesús que ambos, Mateo y Lucas, cuentan en común pero son omitidos o reducidos en Marcos? Se supone que el primero y tercer Evangelios empleaban otra fuente, la cual se denomina Q (inicial del vocablo alemán Quelle o fuente).

Se observa, sin embargo, que tanto Lucas como Mateo contienen respectivamente materiales particulares que, no obstante el parecido en las secciones comunes de los dos Evangelios, estos varían grandemente. ¿Cómo se explican las divergencias entre ellos? Se supone que existían otros documentos que servían de fuentes o que había dos documentos además de “Q”. Así es posible que los escritores de Mateo y Lucas emplearan un documento en común y además cada uno tuviera una fuente propia.

Muchos evangélicos prefieren la teoría de la tradición oral a las especulaciones de la crítica moderna. Según los Padres de la Iglesia (los más distinguidos escritores eclesiásticos de los primeros siglos de la Era Cristiana), había un evangelio oral original. Papías, obispo de Hierápolis, escribió alrededor del año 140 d.C. En un escrito suyo sostiene que Mateo compiló los dichos (logia) de Jesús en “hebreo” (probablemente arameo) y que cada uno los tradujo como pudo. También afirmó que Marcos había sido el escribano de Pedro y que después de la muerte de éste escribió todo lo que había recordado, pero no en orden. Ireneo alrededor del 170 d.C. compartió la opinión de Papías, pero agregó que Lucas transmitió la predicación del apóstol Pablo y que el cuarto Evangelio fue escrito por Juan, el discípulo de Jesús.

La teoría de la tradición oral sostiene que cada evangelista conocía personalmente las obras y enseñanzas de Jesús o había escuchado repetidamente la predicación de algún personaje de autoridad apostólica. Es decir, coleccionaron los relatos acerca de Jesús, luego estos fueron memorizados y finalmente escritos por los evangelistas. No había dependencia literaria entre ellos. Se atribuye cualquier semejanza entre un Evangelio y otro a la extraordinaria memoria de los predicadores testigos y al hecho de que con el transcurso del tiempo las enseñanzas de Jesús llegaron a tomar una forma estereotipada.

El gran erudito evangélico, J. Merrill Tenney, acepta la teoría oral común, pero sugiere otra solución al problema de la gran semejanza entre los Evangelios Sinópticos. Cree que los tres evangelistas se conocieron y se ayudaron unos a otros además de tener una tradición oral en común.

Es muy probable que al principio se transmitieron oralmente las enseñanzas apostólicas, pero que estas fueron escritas por los maestros cristianos que las empleaban para adoctrinar a sus adeptos. Es casi cierto que los tres evangelistas tuvieron en común una tradición escrita y que cada uno empleó fuentes propias. Lucas insinúa la existencia de tales documentos cuando afirma que “muchos han tratado de escribir la historia de los hechos sucedidos entre nosotros”, Lucas 1:11 Versión Popular. Los rollos del Mar Muerto corroboran lo que dice Lucas, pues demuestran que los judíos doctos del período de la Iglesia primitiva solían escribir los hechos y enseñanzas de sus líderes religiosos.

Huelga decir que como quiera que fueran escritos los Evangelios Sinópticos, los evangelistas presentan un cuadro fidedigno de la vida y ministerio de Jesucristo. No cabe duda de que consiguieron y recogieron esmeradamente sus materiales, como bien lo demuestran la sencillez y objetividad de sus composiciones. Asimismo registraron el testimonio de los testigos oculares y ministros de la palabra, Lucas 1:2. Sobre todo, contaron con la ayuda del Espíritu Santo, el cual guió a los apóstoles a “toda la verdad” e hizo recordar todo lo que Jesús les había enseñado, Juan 16:13; 14:26.

La prueba contundente de la veracidad de los Evangelios, sin embargo, se encuentra en los relatos mismos. ¿Quién podría idear dichos y enseñanzas tan maravillosos como los que están registrados en los Evangelios? Tienen que haber procedido de la boca del Señor mismo y haber sido fielmente transmitidos a las páginas de los Evangelios. No queda otra explicación digna de ser considerada.

 

C. CRÍTICA HISTÓRICA

La crítica histórica intenta relacionar los documentos con su contexto histórico. Esto comprende tanto las evidencias internas como las externas (arqueología e historia). El crítico histórico pregunta: ¿Cuándo fue escrito el documento? ¿Cuánto tiempo transcurrió entre la fecha de los eventos descritos y la de escribir el relato? ¿Cómo se sabe cuándo fue escrito? ¿Cuál es la fecha de la copia actual?

Existen ciertas claves para determinar la respuesta de estas preguntas. En algunos documentos como los libros proféticos, el escritor se menciona. Otra clave para fijar la fecha se halla en los acontecimientos narrados en el documento. Gordon Wenham explica que la fecha de composición debe ser posterior al último suceso mencionado (en el caso de Éxodo, la erección del tabernáculo).

Muchas veces no hay afirmaciones explícitas en el documento que indican la fecha de composición. Entonces el crítico busca pruebas indirectas, tales como aseveraciones del escritor. Por ejemplo, el autor del libro de Jueces repite varias veces la observación: “En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía” (17:6, 18:1, 21:25). Esto sugiere que él vivía bajo la anarquía.

Nos parece que el crítico moderno no lee la Biblia a fin de escuchar lo que Dios dice a su pueblo a través de los profetas y apóstoles. Más bien, la analiza y estudia de manera académica y supuestamente objetiva. La considera como literatura antigua de poca relevancia moderna. Se acerca al estudio con presuposiciones racionalistas y llega a conclusiones las cuales, si fueran comprobadas, destruirían las bases mismas de la fe cristiana.

En contraste con el liberal, el erudito conservador reverencia el texto bíblico porque por medio de él se puede escuchar la voz de Dios. Emplea la sana crítica de la Biblia para enriquecer su entendimiento de la Palabra, pero rechaza las especulaciones radicales de críticos racionalistas, las cuales pondrían en duda la inspiración divina de las Sagradas Escrituras. En asuntos dudosos, prefiere emplear el método gramático-histórico tradicional para extraer el significado del texto que aceptar el escepticismo de los liberales. También depende del Espíritu Santo para iluminar la verdad. Sobre todo, se somete a la Palabra divina en vez de hacerse juez sobre ella.

A través de los siglos, los creyentes han leído la Palabra de Dios sin la luz de la crítica moderna y han sido edificados. Aunque la crítica debidamente usada puede ayudar grandemente al lector, no es algo indispensable para entender el mensaje divino, pues éste es patente, algo al alcance de todos, no obstante su ignorancia de la crítica moderna.

 

 

Pablo Hoff


 
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Comentarios: 4

  1. John Villarroel

    me parecio bueno el comentario

  2. John Villarroel

    me parece buenísimo el comentario

  3. Aldo

    Un libro o documento fidedigno no le teme a la alta crítica. El método científico no “reverencia” nada.

  4. Nilson Daniel Nuñez Acuña

    Lindo estudio.Que bueno!!

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