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Editorial 1996.1: Plantas de invernadero

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1996.1

Por Edgardo Muñoz

 

CAMINO AL NORESTE de la Argentina una localidad se caracteriza por una abundante producción de plantas.  Arboles frutales, flores, plantas decorativas y otras especies constituyen la principal fuente de ingresos de los habitantes.

 

Una enorme cantidad de “casas transparentes” bordean la ruta.  Sus pareces de polietileno abrigan huéspedes del reino vegetal. Cuando un visitante llega al interior de estos invernaderos, percibe el calor que los rayos solares transmiten más la humedad del constante riego. Los tabiques impermeables impiden toda fuga de temperatura como así también la intrusión de los vientos y heladas.  ¡Esas sí que son las condiciones ideales para que una planta crezca! ¡TODO UN EDEN!

 

Curiosamente lo que allá crece se vende, desarraiga y transporta. La sorpresa de algunos compradores se manifiesta cuando el arbusto, que tan sano se veía, se marchita en su nuevo ambiente. ¿Poco riego? ¿Luz insuficiente? ¿Demasiado viento? ¡Nada de eso! Es que aquella planta se le prometió un clima extremadamente bueno, casi utópico. El trasplante en la realidad resultó fatal.

 

Cada congregación si se descuida puede transformarse en un invernadero. La comunión, las promesas bíblicas, los milagros y otras experiencias generan un ambiente por demás agradable. Esto crea un terreno propicio para aislarse tanto de la realidad que los creyentes llegan a tener una imagen distorcionada de su vida sobre esta tierra.

 

La confesión positiva y la teología de la prosperidad son una manera de envolver a la iglesia en polietileno hasta que la “súper-fe” se estrelle ante la verdad. Por supuesto que para ese entonces muchos consumidores de estas doctrinas se habrán marchitado junto a sus ilusiones.

 

La Biblia nos enseña, afortunadamente, que Dios hace llover sobre buenos y malos. Manda salir el sol sobre justos e injustos. Tenemos referencias de que la abundancia de algunos podía paliar en cierta medida a la escasez de otros ya que la pobreza formaba parte de la realidad.

Pablo aprendió a adaptarse frente a las diferentes situaciones económicas en vez de rogar por condiciones propicias. La riqueza o pobreza no son virtudes ni defectos de la vida cristiana sino circunstancias que ocupan un lugar secundario en la atención del fiel creyente.  Un sinnúmero de textos apoyan la evidencia que algunos pretenden ignorar.

 

Los pregoneros de paraísos prematuros insisten en ridiculizar a los que permanecen firmes ante los vientos de doctrinas.  ¿Cuáles son las características de esta tendencia?

 

  1. 1.                   La administración de la iglesia del Señor, como institución, recibe un trato cada vez más empresarial.

 

El éxito no se mide con instrumentos divinos sino que los parámetros se basan en la cantidad de personas, posesiones, buena fama e influencia sobre la sociedad.  En tales casos el mercadotecnia

reemplaza a la palabra de Dios.  De esta manera el mensaje evangélico se torna complaciente y popular.

 

No se pone en duda la sinceridad de quienes así se comportan, pero intuitivamente el ser humano se busca el placer de rodearse de gente contenta y positiva.  La teología de la prosperidad cae como anillo al dedo. Todos amamos el bienestar y la seguridad. También esperamos que Dios nos otorgue estos deseos.  Cuando alguien que habla en nombre de Dios promete lo que deseamos, nos vemos tentados a seguirlo. Pero las Escrituras contienen enseñanzas dulces como también amargas.  Todas ellas son de resonancia eternal y

espiritual.

 

  1. 2.                   La teología de la prosperidad proyecta como normativo el concepto de riqueza.

 

Cada persona desarrolla su escala de valores.  Los elementos que ascienden a los primeros lugares de dicha escala son denominados “riquezas”.  Un estudio mesurado del uso de la palabra riqueza o prosperidad en la Biblia nos revelará que cada uno determinará a qué bienes les puede considerar su tesoro.  Por ello algunos ricos no se consideran a sí mismo como tales porque su escala apunta a otros valores inalcanzados.

 

La corriente en cuestión, sin embargo, pone en supremacía absoluta la capitalización material de los creyentes.  En consecuencia, la prosperidad se transforma en un fin aunque se quiera disfrazar de otra manera.

 

  1. 3.                   Se distorsionan promesas bíblicas o bien se sacan de su contexto y propósito.

 

Cada promesa dada a Israel, incluyendo los Salmos, apuntaba al establecimiento, extensión y dominio de la descendencia de Jacob sobre la tierra.  Recordemos que el reinado milenario de

Jesucristo incluirá la gloria de Israel como nación.

 

En cambio la Iglesia de Jesucristo no cuenta con territorio. Tampoco se le promete una permanencia duradera en el mundo.  Los componentes del Cuerpo de Cristo moramos en tabernáculos que se van desgastando y descapitalizando para dar lugar a un peso de gloria más excelente.

 

El antiguo canto evangélico proclamaba “No puede el mundo ser mi hogar.”  Pero poco quieren cantarlo aquellos que buscan un mundo tan confortable al punto que dé pena dejarlo.  LA PROMESA

DE TODO BIENESTAR TERRENO ENVUELVE EL RIESGO DE UN ARRAIGO DESPROPORCIONADO A ESTA VIDA.

 

4.         La teología de la prosperidad engaña.

Cada intento por apresurar las bendiciones del siglo venidero entusiasma a las gentes, pero las desencanta al obtener resultados escasos.  Alguien aseguró que vivimos en un mundo de cinco personas y sólo tres caramelos.  Siempre algún ambicioso se comerá a un caramelo entero y guardará otro.  O tal vez encontremos a un egoísta que echará la golosina en la boca sin considerar a otros.  De la misma manera veremos un generoso que compartirá su dulce con el prójimo.  ¡Pero nunca faltará el que se quede sin

nada!  ¿A cuál de los casos pertenece el creyente prosperado? ¿Cuál es el límite de la prosperidad? ¿Cómo puede funcionar la generosidad si no hay necesidad?

 

De todos modos no se puede negar que Dios bendice a sus hijos. Pero la bendición material del Señor nunca excederá el contexto o medio en el que el creyente se encuentre. La calidad de vida de un creyente prosperado en Bangladesh siempre será distinta a la de un residente en Bélgica. Además los límites de la prosperidad no solamente están dados por el contexto del ambiente. Dios se vale de situaciones para obrar en la vida y carácter de sus hijos. Los propósitos de Dios, los tiempos de Dios, los tratos de Dios condicionan a la mal llamada abundancia.     Si estos elementos hacen tan relativo al enriquecimiento, el

tal no es ley absoluta de Dios y no merece llamarse teología. Más bien se trata de un engaño.

 

5.         Esta corriente mata a la fe verdadera.

 

Los púlpitos se usan como mesas de subastas cuando se prometen bendiciones a granel.  Los creyentes se estremecen “visualizando” un futuro acomodado.  Las multitudes se agolpan para escuchar testimonios de prosperidad.  Pero pocas veces se presta el micrófono a los más débiles que ven frustrados sus intentos de alcanzar lo prometido. Muchísimas personas han solicitado préstamos, se han despojado de sus pertenencias vitales, han sufrido privaciones para hacer pactos de dinero con Dios. Pero Jehová no acepta cohecho. Tarde o temprano surgirá la pregunta: ¿por qué no prospero como esos que visitaron mi iglesia?  El arbusto que se

veía tan saludable al escuchar bellas promesas comienza a secarse cuando saca sus raíces de la banca.  El problema no está fuera sino dentro porque se crió una planta de invernadero.

Edgardo Muñoz


 

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