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Pensamientos míos vs. pensamientos divinos

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1996.1

Por Miguel Benavides A.

 

 

ABUNDANTISIMA E INCREIBLEMENTE populares son la literatura, los casetes y videos que se utilizan para ofrecer las enseñanzas del pensamiento positivo.  Prolíficos y extravagantes autores llenan estantes de librerías del mundo. Se venden sus obras como pan caliente, lo que resulta en jugosos dividendos para autores, editores y distribuidores.

Un milagro para la vida es lo que escritores de obras sobre el pensamiento positivo prometen a los lectores.  Se les ofrecen fórmulas de fe que les harán salir de cualquier situación por difícil que sea. Se les hace creer que hallarán una panacea a sus males. ¿Qué hay de cierto en todo esto?

Una fuente del pensamiento positivo se halla en el movimiento de la Nueva Era que tiene su origen en la astrología. Los adherentes proclaman que la vida de cada individuo está determinada por el curso de las estrellas y planetas. Los fundamentos espirituales constituyen el panteísmo (todo es Dios y Dios es todo) y esoterismo (doctrina poseída por pocos). Creen que debido al hecho de que el hombre es espiritual y “divino”, con sus pensamientos puede crear una realidad. Entonces se habla de pensamiento positivo y visualización.

Los practicantes de la metafísica enseñan a visualizar la salud y la riqueza. Dicen que hay que confesar positivamente los conceptos con sus labios de tal manera que las imágenes intangibles puedan ser transformadas en realidades tangibles. Insisten en que la persona decrete y describa lo que desea. Luego debe “ordenar a Dios” que se realice ese cuadro mental y Dios tendrá que obedecer a sus palabras.

Los que creen que el hombre al ser creado a imagen y semejanza de Dios es un ser divino y por ende, tiene poderes divinos. Con su pensamiento o fantasía puede hacer que ocurra cualquier cosa, hasta cualquier capricho que se le ocurra en un momento dado. Es por ello que en las últimas décadas de este siglo se ha hecho tan popular la frase pensar positivamente.  Los propulsores de este tema acuñan palabras para enfatizar sus utópicas enseñanzas, tales como: “repítelo y tómalo”; “lo que afirmo eso poseo”; “menciónalo y reclámalo”; “lo que piensas

ocurre”; “lo que dices recibes”; “Dios hace lo que nosotros le pedimos”; “el pensamiento apropiado produce riquezas”; “hay un milagro en tu boca”.  A través del pensamiento positivo, según estos “iluminados”, el hombre puede experimentar salud, buen éxito y vida abundante.

La humanidad en sus diferentes estamentos ha sido inundada de esta doctrina. Pero eso es normal para una persona en la vanidad de su mente entenebrecida por el dios de este siglo. Por desgracia esta farsa también ha penetrado la iglesia. Se menciona entre congregaciones grandes y pequeñas, institutos bíblicos, seminarios y universidades. A la gente le gusta el vacío del pensamiento positivo.

Líderes que otrora predicaban con alegría la sana doctrina, la no-adulterada, se han convertido en abanderados del pensamiento positivo. Muchos están engañados por falta de conocimiento sólido de las Sagradas Escrituras. Otros pasan por alto lo dicho por el Señor Jesucristo: “Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”.  Lucas 12:15.  Se olvidan que entre la lista de héroes de la fe en Hebreos 11, figuran al final aquellos que no alcanzaron el triunfo en esta vida.

No es la confesión que nosotros hagamos lo que va a producir milagros en lo económico, físico o espiritual. La fe debemos depositarla en Dios y no en nuestras confesiones positivas.  La fe se refiere a la seguridad en que las promesas de Dios nunca fallan aunque algunas veces no podamos experimentar su culminación en nuestra vida terrenal. No podemos imaginarnos a nosotros mismos como pequeños creadores frente al Dios Todopoderoso y Creador del universo. La idea de que las palabras tienen poder procede de fuentes paganas.  Jamás permita Dios que claudiquemos entre dos pensamientos, sino que nos apoyemos en el Señor Dios Jehová de los ejércitos y en sus eternas promesas que nunca pasarán.

Jesucristo se proclamó hace dos mil años como el camino, la verdad y la vida. Nadie podrá llegar al Padre Celestial sino sólo y únicamente a través de El. No hay fórmula alguna, no hay pensamiento por positivo que sea, que así no más nos pueda llevar al Padre.

La proclamación divina está clara:

Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma.  Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos  así será la palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.  Isaías 55:3, 8, 9, 11.

No nos dejemos, pues, engañar con las sutilezas del enemigo, ni seamos tan ilusos de “llamar cosas que no son como si fuesen”. Esa potestad sólo la tiene Dios. No es la “confesión positiva” la que nos dará la victoria, es en Dios que haremos proezas, Salmo 60:12. La victoria en todos los aspectos de nuestra vida solamente la hallaremos EN JESUCRISTO.

 

 

Miguel Benavides A.

Miguel Esteban vino a vivir con sus padres Miguel Benavides y Dayna Lindao. Su padre es Director de Estudios por Extensión y profesor del Instituto Bíblico del Caribe en Barranquilla, Colombia.


 

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