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La tecnología en la educación

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2015.2

Por Rodney Boyd

 

Pero tú, Daniel, mantén en secreto esta profecía; sella el libro hasta el tiempo del fin, cuando muchos correrán de aquí para allá y el conocimiento aumentará.”  Daniel 12:4 (NTV)

 

No olvidaré nunca ese día hace cuarenta y cinco años cuando mi papá llegó a casa de su trabajo.  Me dijo, “Hijo, tengo algo que enseñarte”.

Sacó una cajilla pequeña de su maletín, de como 20 x 10 x 0.5 cm de tamaño. Tenía una docena de botones y una pantallita de cinta donde salían puntitos de luz roja que formaban números. Me dijo, “Esta cajilla es un aparato que se llama calculadora.  Aquí puedes realizar cálculos matemáticos.  Vale $250, entonces ten sumo cuidado con ello”.   Yo estudiaba en la secundaria y me encantaban las matemáticas. En aquel momento me enamoré de la tecnología. Y de hecho, ¡no ha cambiado la cosa!

Aunque no pareciera así, la regla de cálculo que yo usaba en la secundaria y que llevaba orgullosamente en un estuche de cuero, colgada de una correa en mí cadera, también se clasificaba como tecnología. Es muy probable que los que tienen menos de 50 años ni saben que es una regla de cálculo. Era un instrumento muy útil y necesario para realizar cálculos de geometría y trigonometría. Todavía la tengo guardada en una caja de recuerdos en algún lugar.

Sin duda, el conocimiento y la tecnología seguirán aumentando. Dios nos ha entregado su creatividad a nosotros por cuanto el hombre fue creado a su imagen. Esa sencilla calculadora para sumar, restar, multiplicar y dividir, fue reemplazada por la calculadora científica que podía realizar cálculos mucho más complicados, y luego por la computadora personal. ¿Y qué será el próximo avance tecnológico?

La tecnología va cambiando a cada momento a un ritmo cada vez más acelerado. Es difícil predecir los avances del futuro o entender cómo los cambios van a afectar a la educación. Sin embargo, por lo que hemos visto y experimentado en las últimas décadas, podemos hacer algunas observaciones importantes:

La tecnología es un don, dado al hombre por el Señor.  Es el Señor que implanta su creatividad innata para que el hombre tenga el deseo de ser innovador. Él enciende el anhelo de buscar conocimiento y medios para solucionar los problemas con que confronta la humanidad.  Él ilumina a algunos con conocimiento especial, nos inspira para explorar e inventar. (Éxodo 31:1-5)

La tecnología es un medio, y no un fin.  Por buena que sea la tecnología, el Señor es mejor y Él tiene más profundas y satisfactorias cosas para nosotros.  Nuestra búsqueda primordial debe ser a Dios, no a la tecnología. La tecnología puede ayudarnos a cumplir con la voluntad de Dios para nuestra vida. La tecnología es una herramienta de conocimiento en la constante búsqueda a la sabiduría, entendido como el uso correcto y aplicación eficaz del conocimiento.

La tecnología puede aumentar la inteligencia y la competencia de la persona, pero no las reemplaza. La tecnología es un valor añadido. Aunque pueda utilizar mi computadora, tableta o teléfono inteligente para buscar un versículo instantáneamente, no es sustituto por guardar la escritura en mi corazón.  La tecnología no reemplaza las disciplinas de la vida cristiana que nos exige el Señor y que son válidas solamente en la práctica personal, la vivencia espiritual.

La tecnología es una poderosa herramienta que ayuda al proceso educativo.  La tecnología nos ayuda a involucrar la mayoría de los sentidos en el proceso de enseñar-aprender. La tecnología nos abre fuentes de información sin número y nos permite investigarla, buscarla, sortearla y procesarla a un ritmo inimaginable. La tecnología nos facilita organizarnos y todo nivel de comunicación.  Sin embargo…

La tecnología no garantiza la buena educación ni es sinónima de la educación. La tecnología nunca va a reemplazar al maestro, ni la esencial atmósfera transformadora que produce un buen maestro. Hoy en día existe una creciente tendencia hacia el auto aprendizaje. El nuevo lema es, “Ya no es necesario el maestro. Tu puedes enseñarte a ti mismo”.  Hoy mantenemos nuestro gran aprecio por el rol importante que tiene el maestro como facilitador del aprendizaje.  Sin embargo, el maestro es mucho más que un guía.  El rol más importante del maestro es discipular, inspirar y amar a sus alumnos, especialmente en la educación cristiana. Nunca he olvidado las palabras que decía una educadora de hace más de 50 años, “Primero aprendí a amar a mi maestro, después aprendí a amar al Dios de mi maestro”.

Amado maestro y maestra, agarremos con gusto todo lo que nos ofrezca la tecnología para mejorar nuestra enseñanza. Pero a la vez, reconozcamos que ella no puede reemplazar lo fundamental de la buena educación cristiana: Interacciones que moldean el carácter… Ejemplo de vida que inspira al cambio y superación… Sabiduría que dirige la aplicación de conocimiento… Motivación que edifica en amor, respeto, en admiración… Y el ánimo para reproducirse en otros.

Rodney Boyd


 

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