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Funcionamiento y uso del proyector de multimedia en la educación cristiana

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2015.2

Por Edgardo Muñoz

 

Allá por los años setenta, cuando recién había aceptado a Cristo, en la plena turbulencia de mi vida adolescente, pude observar, de manera casual, una clase de escuela dominical. La maestra, casi de mi edad, tenía fascinados a aquellos niños con una técnica audiovisual que nunca antes había visto: El franelógrafo, ese paño aterciopelado que se tendía sobre una pizarra con trípode, en el que se pegaban las diferentes figuras de los personajes que la historia bíblica de turno citaba.

Los pequeños permanecían casi estáticos ante esos coloridos dibujos. Tal vez  dejaban el cuerpo inerte para que su imaginación volase con libertad. Aquellas figuras servían de gatillo para que la fantasía se encargase del resto, rellenando el fondo de paño oscuro con el escenario apropiado. Para mí, en cambio, la intriga consistía en el por qué de la adherencia del papel sobre la tela.

En menos de una década las iglesias emprendieron un salto revolucionario en materia de audiovisuales. El retroproyector saturó el mercado con ventajas inimaginables. Ya no hacía falta un tablero ni una pizarra. Cualquier superficie clara y lisa servía para proyectar las imágenes que el maestro, sin moverse de su silla dibujaba. Pero la optimización de la técnica no tardaría en llegar, cuando las impresoras podían dejar su impronta en el celuloide con la ayuda de un computador.  Cualquier imagen fija y a color mejoraba la información que se vertía, al precio de limitar la capacidad imaginativa. Sin embargo no estaba todo dicho en materia de recursos visuales. El proyector de video digital, sin dudas, relevó a cualquier otro auxiliar, por ofrecer un universo de facilidades.

Se lo conoce por sus diferentes nombres, que hacen alusión a su función. “Cañón” es una de sus denominaciones, por dirigir su haz de tres de luces a una superficie capaz de reflejar la luminosidad. “DLP” es otro de los nombres con el que se lo conoce, debido al significado de esta sigla (Digital Light Processor = Procesador Digital de Luz). Ya que hablamos de anglicismos, en nuestra América Latina, paradójicamente, se le llama con frecuencia “Data Show”, que bien podría traducirse como Presentador de Datos. “Proyector Digital” o “Proyector de Multimedia” son los nombres preferibles, por su compatibilidad con la función y la lengua de Cervantes (aunque Don Miguel jamás se hubiera imaginado dar nombre a semejante obra de hechicería). Con el uso casi exclusivo de esta máquina, por sobre otras, todo el mundo lo llama con aire familiar, simplemente “proyector”.

 

FUNCIONAMIENTO

El funcionamiento del artefacto consiste en varias fases. El decodificador sirve como dispositivo que transforma los datos provenientes del computador en impulsos eléctricos reconocibles por el Procesador Digital de Luz. Este último ordena los impulsos eléctricos y los dirige a una especie de prisma que divide la luz que emite una potente lámpara en los tres colores básicos de todo emisor de imágenes de origen electrónico. Este prisma gira permanentemente para la adecuada combinación de los colores rojo, verde y azul (RGB por sus siglas en inglés).

A su vez, el ya mencionado Procesador Digital  Luz emite señales eléctricas a unas partículas brillantes denominadas “microespejos”, para que se ordenen y reproduzcan la imagen que el Decodificador recibió del computador. De esta manera, la imagen está lista para proyectarse, pero necesita ampliarse debidamente, por lo que la lente se encarga de hacerlo y así plasmar sobre una superficie clara lo que los microcristales (más de un millón) reflejan.

 

LOS PUERTOS DE CONEXIÓN

Los poco familiarizados con la tecnología suelen abrumarse con la cantidad de puertos o terminales que el gabinete del proyector presenta en su parte de atrás. Un puerto circular, de aproximadamente un centímetro de diámetro y cuatro pequeños orificios de conexión llamados “pin” (alfiler en inglés), recibe el nombre de “s-video”. Las imágenes que por este puerto ingresan son de la mejor calidad. La mayoría conecta su computador a través del “VGA”, terminal de 15 “pines” de forma trapezoidal redondeada, que recibe del computador únicamente imágenes de mediana definición. Muy parecido al VGA es el RS232-COM, pero únicamente se utiliza para las conexiones en serie, de poca utilidad para los educadores.

Suelen hallarse también en los proyectores dos puertos semejantes a cilindros, que sobresalen medio centímetro de su pared, cuentan con un orificio ancho en el centro y la superficie entre el orificio y el borde suele ser de color amarillo en un terminal, y rojo en el otro. A estos se les llama RCA y reciben la señal de video, uno de ellos y audio el otro. Los proyectores más recientes, como así los computadores de última generación, incorporaron un puerto llamado HDMI que emite imagen y sonido.  De esta manera se reduce el cablerío cuando se trata de ver una película.

Cuando experimentamos el alivio de terminar con estos datos tediosos, las cosas se nos complican, porque cada uno de los puertos mencionados sirve de entrada de las señales del computador, pero en algunos proyectores hay puertos de salida de cada tipo para re-transmitir las señales recibidas. Como sea, los educadores, podemos contentarnos modestamente, al saber que para el proyector bastan dos cables: El de energía, que se conecta a la fuente de electricidad más cercana, y el de señal, que proviene del computador.

 

LA LUMINOSIDAD

A la hora de adquirir un proyector, pocos factores en juego se deben combinar para lograr una óptima relación de costo – beneficio. El factor básico, si hablamos de calidad en una presentación, debe cumplir con la posibilidad de una imagen visible en la mayor cantidad de ambientes. En este caso hablamos de la luminosidad. Una baja luminosidad impedirá que se aprecie lo proyectado en ambientes de muchas ventanas y resplandor o bien, clases en las que no podemos apagar las luces porque los estudiantes necesitan tomar apuntes. El mismo efecto se observa, cuando las superficies de proyección son opacas, oscuras o rugosas. La luminosidad se mide en “lumens”. En el mercado hallamos proyectores de hasta 2500 lumens para uso didáctico. Los lumens dependen siempre de la capacidad de la lámpara y el brillo de los microcristales.

Relacionada a los lumens y a la calidad de la lente, la “distancia de alcance”,  es otro vital para lograr imágenes amplias de buena calidad. Asimismo, la evaluación de los ambientes que se emplearán para la proyección, nos permitirá escoger la distancia de alcance adecuada. Recordemos que un haz de luz se concentra más en menor superficie que si lo ampliáramos por medio de lentes.

 

LA RESOLUCIÓN

Finalmente la definición o resolución puede tornarse vital si proyectamos fotografías, películas o imágenes que requieren gran nitidez. La definición se mide en “pixeles” palabra anglosajona que combina imagen y elemento (picture element). Los píxeles son pequeños cuadrados que componen una imagen. Si ampliáramos una figura digital, veríamos que las divisiones entre colores y las líneas no se muestran lisas, sino con aspecto aserrado. Este efecto se debe a los miles de cuadraditos que rellenan las superficies gráficas. Si buscamos la mínima aparición del “efecto sierra” necesitaremos píxeles más pequeños y por consiguiente en mayor cantidad. Esta es la razón por la que todo equipamiento de imágenes digitales se mide en megapíxeles. Como se debe suponer, a más megapíxeles, mayor precio por requerir tecnología más sofisticada.

Finalmente se necesita evaluar la capacidad de la lámpara cuya medida se da por la cantidad de horas útiles. Los proyectores más caros están equipados con mejores lámparas. Tal vez estás se agoten cuando ya salieron mejores proyectores y más baratos. Un ejemplo son los proyectores con tecnología LED, que eliminan las lámparas calientes y emplean en su lugar pequeñas luces llamadas LEDs (otra vez el inglés: Ligth Emitting Diode). Estas lucecillas duran decenas de miles de horas, y difícilmente se dañen por otras razones, además de carecer del indeseable calentamiento del artefacto.

 

RECOMENDACIONES

A la hora de poner en funcionamiento el proyector, no vendrán mal algunas consideraciones.

Evitemos desconectar el artefacto mientras se halla en proyección. La lámpara,  que emite gran luminosidad al precio de elevar la temperatura a cientos de grados, necesita un ventilador disipador de calor. Si se desconectara la máquina en plena proyección o enfriamiento posterior, el ventilador deja de funcionar, el calor se concentra en la cámara de la lámpara, y los materiales se dilatan y deforman por efecto de la elevada temperatura. Estas deformaciones permanentes cambian el ángulo del haz de luz y deterioran la imagen progresivamente.

Tampoco se debe mover el proyector mientras opera. La lámpara posee un filamento que se halla al límite de su punto de fusión cuando está encendida. En este estado crítico, basta un mínimo sacudón para que el filamento se corte y malogre el artefacto. Además, la manipulación de todo equipo eléctrico, mientras se halla encendido expone a un choque de electricidad a quien lo porta. En el mejor de los casos, el que manipula un proyector encendido se expone a una buena quemadura que proveerá un aprendizaje extra e innecesario.

Que no se tapen las ranuras de ventilación. Como elemento novedoso, el proyector recientemente adquirido atrae al punto de llevarlo a nuestra cama para verlo con detenimiento y, por qué no, disfrutar una buena película. Al apoyarlo en una superficie blanda y esponjosa, como una manta, almohada, alfombra o similar, el aparato se hundirá y se bloquearán de esta manera las entradas y salidas de aire para refrigerar. Lo mejor que podría ocurrir en este caso sería el daño definitivo del proyector. No pensemos en lo peor, que incluye la visita de bomberos a la casa.

Aleje los líquidos. Por alguna razón, la concentración de la atención a una superficie luminosa nos invita a una buena taza de café. Pero así como nunca deberíamos dejar cerca de un niño a Herodes, jamás aproximemos un recipiente de líquidos a proyectores, computadores y demás equipos. La celebración de un funeral prematuro de aparatología cara no es lujo que los educadores nos podemos dar.

Los fabricantes suelen recomendar que no se incline al proyector más de lo que el registro de sus patas lo permite. Como dijimos, el calor del equipo se alojará en un ángulo indeseado ocasionando la temida deformación de la que hablamos. Además, apoyarlo en libros o suplementos, vulnera su centro de gravedad y la mínima torpeza representará una abrupta caída a centímetros de la base y su fatal consecuencia.

Tampoco “silenciemos” la imagen con papeles u otros elementos en la lente. El calor nuevamente se concentra más de la cuenta. Usemos para eso el recurso digital de algunos programas de presentación que incluyen “pantalla en blanco” y “pantalla en negro”. Otro consejo para niños (y adultos traviesos) consiste en no mirar directamente a la lente, lo que perjudica a la visión como si se intentara ver al sol mismo. Pero tampoco introduzcamos los dedos en la lente, que con el calor “fríe” la grasitud de nuestras huellas digitales y deja marcas indelebles.

Cuidemos de no apagar el proyector y volverlo a prender en menos de 5 minutos. Este trabajo exigido de la máquina reduce su vida útil, al igual que si nos olvidamos de limpiar los filtros de aire con frecuencia. Y como siempre, la recomendación de los fabricantes de tecnología es invariable: No dejar al artefacto a la intemperie, el sol, la lluvia o la humedad y guardarlo siempre en su estuche.

 

VENTAJAS Y LIMITACIONES DEL PROYECTOR

La omnipotencia se convierte en la primera sensación que se apodera del educador que siente el deseo de adquirir un proyector. Pero lejos de ello, si bien facilita la práctica de la educación, nunca reemplaza la relación personal educador – educando, y mucho menos el ejercicio de los dones que Dios nos concedió a los que enseñamos las verdades divinas.

Entre las ventajas de los proyectores hallamos que la atención de la audiencia se concentra en una superficie luminosa, logrando así las mínimas distracciones.

No pocas materias bíblicas requieren mapas e imágenes del terreno donde se desarrollaron sus historias. Ya no se necesitan desenrollar esos mapas de hule ajados y totalmente confundibles con los rollos de Qumram. Tampoco hace falta repartir fotografías o láminas que mutan su colorido por las impresiones dactilares múltiples de todas las aulas de todos los siglos. A los profesores de nuestros institutos, a menudo  se les confundía con un “Ekeko” por la cantidad de auxiliares que portaban para ilustrar y amenizar una clase.

El proyector de multimedia terminó con ese esfuerzo. El computador reserva en mínimo espacio centenares de mapas y fotografías que se hacen públicos mediante el proyector. Además, los diagramas y gráficos ni deben sujetarse a los apuntes y pulso del docente. De todo se carga este noble aparato. En pocos segundos se obtiene lo que llevaba largos minutos para dibujarse en la pizarra. Ya no rasgaremos nuestras vestiduras cuando el cruel timbre de final de hora mutilaba nuestra obra de arte en el pizarrón, que debía borrarse para usarlo en la próxima materia.

La consecuencia de las imágenes pre diseñadas se evidencia, con prolijidad y claridad, elementos nada despreciables a la hora de enseñar. Como si eso fuera poco, el hábil profesor puede prescindir de sus apuntes, ya que los conceptos que aparecen en pantalla sirven de bosquejo y ayuda memoria.

Las fotografías y películas acercan al espectador a un realismo único por la calidad de su imagen. Si combinamos todo ello con la facilidad de su uso, hemos hallado un excelente amigo. Pero no todo lo que reluce es oro, dijeran los amantes de proverbios.

La adquisición de un proyector de multimedia sigue costando sacrificio económico. En Latinoamérica especialmente, la tecnología llega con retraso, por lo que la obtención de los mejores equipos suele volverse complicada.

Para los que gustan de las clases al aire libre por el mero placer o por la presión de las circunstancias, deberán abstenerse del uso del proyector. No está diseñado para aquellos espacios. Su luz es insuficiente, el viento juega malas pasadas en el plano de proyección y el polvillo y la humedad lo envejecen de manera vertiginosa. Por otra parte, de nada sirve una máquina de óptima calidad, si la superficie sobre la que se proyecta es oscura, opaca o rugosa. No es lo mismo una sábana que una pantalla que tiene rigidez para no arrugarse, un blanco óptico neutro y unos cristales en polvo adheridos que refractan muy bien la luz.

Así como un espacio a la intemperie es poco recomendable, los salones pequeños reducen el uso de la maquinaria. No se puede colocar a distancia, la imagen es pequeña, las personas tropiezan o pisan los cables y el calor pone su detalle. Hablando de cables, algunos de nuestros países y zonas carecen de electricidad o, al menos los cortes de energía lo que puede arruinar horas de trabajo y preparación. Tampoco olvidemos que el proyector por sí solo no sirve de mucho. Un buen computador es su socio inseparable.

Si no tenemos la suficiente pericia, la instalación del equipo robará valiosos minutos de la clase y dispersará irreversiblemente la atención de los estudiantes. Entre los minutos muertos se halla la incompatibilidad entre el computador y el proyector, que tarda en sincronizarse y proyectar finalmente lo deseado.  De la misma manera, una buena parte de los artefactos demoran la obtención del brillo suficiente hasta que termina de calentarse la lámpara.

Como dijimos, el proyector no nos vuelve omnipotentes. Cuidémonos de usar la maquinaria en todas las santas clases. Nos volveremos aburridos y mediocres en el sentido didáctico y aún espiritual, si abusamos del aparato o logramos que nos reemplace. En otras ocasiones puede distraer en lugar de captar la atención, si no se usa apropiadamente.

 

CÓMO UTILIZAR ÓPTIMAMENTE EL PROYECTOR

Luego de considerar las limitaciones podríamos caer en el exceso de anatemizar la tecnología. Pero lejos de ello, veamos cuándo emplearla.

Cada oportunidad que necesitemos mostrar una imagen que no se obtiene con otros auxiliares, sabemos que el proyector estará dispuesto. De igual manera, si debemos mostrar una secuencia de imágenes, nada mejor que nuestro equipo de proyección.

Si queremos enfatizar los puntos principales de un tema, a manera de bosquejo o cuando debemos analizar un texto, estamos frente a la maravillosa oportunidad de emplear el “cañón”.  También con los mapas hallamos la facilidad de mostrar un mapa tras otro con sólo presionar una tecla. Los diagramas pre diseñados cuentan con el equipo de proyección como buen aliado.

En ocasiones debemos hacer leer abundante contenido, o bien, presentar pasajes paralelos de los Evangelios, o quizás establecer relaciones entre conceptos. Con un proyector lograremos buenos resultados.

 

CÓMO EVITAR EL ABUSO

Probablemente los respetuosos seminaristas no digan nada de su aburrimiento, pero no esperemos a que caigan en trance hipnótico antes de percatarnos que hemos caído en el abuso.

El abuso se da cuando:

  • La máquina reemplaza al maestro (el sueño de los administradores de institutos bíblicos que necesitan abaratar costos)
  • Cuando cada clase depende del proyector (Dios puede romper el ritual enviado un milagroso corte de luz)
  • Cuando el expositor lee textualmente lo que está en la pantalla, en lugar de explicar, aclarar o añadir. (Es un insulto a la inteligencia de los estudiantes el leer por ellos)
  • Proyectar un texto extenso en lugar de una frase breve, enfática y sugerente que ayude a la memoria.
  • Cada vez que se añaden imágenes, dibujos o animaciones que no ayudan a fijar el aprendizaje. (Nos encanta demostrar que sabemos utilizar los dibujitos, pero a veces llenamos la pantalla de “ruidos visuales” que restan fidelidad a lo esencial)
  • Muchos programas de presentación ofrecen animaciones complejas. Recordemos que no todo lo que hay a disposición tiene que usarse necesariamente. (nunca te sientes como copiloto de un avión y aprietes todos los botones que hallas). Las animaciones especiales sirven para publicidad, pero su inutilidad en la didáctica se ha demostrado.
  • Si el tamaño de las letras es pequeño y hay demasiado contenido estamos perdiendo el tiempo.
  • Evitemos presentar todos los conceptos de una vez, sino que aprovechemos la animación para que las líneas o puntos del bosquejo aparezcan en la medida que los tratamos.

Queda pendiente la manera en la que se elabora una presentación y los programas existentes para la misma. Pero será un capítulo aparte, y seguramente más breve. Que el uso de este maravilloso recurso didáctico siga surtiendo el efecto de las figuras del franelógrafo en los niños. Que la máquina jamás reemplace los dones que Dios proveyó a su iglesia para edificarla.

Edgardo Muñoz


 
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1 Comentario  comments 

Una respuesta

  1. Rodrigo Piñones

    Me parecio muy educativo y practico su publicacion quedo pendiente la segunda parte

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