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Un punto de vista evangélico del servicio social

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1983.1

Por Pedro Wagner

 

Los teólogos radicales en la América Latina critican repetidamente a los evangélicos conservadores por una falta de visión social. Con toda sinceridad, debe admitirse que existen buenas razones para fundamentar esta crítica…

Todos los evangélicos reconocen el poder de Satanás en el mundo de la actualidad y el conflicto esencial entre la iglesia y el mundo. No hay necesidad de negar que esto describe un dualismo. Naturalmente no es un dualismo eterno, metafísico en sentido griego, puesto que Dios es soberano y siempre lo ha sido. Pero en el plan misterioso de Dios para este mundo, obviamente permite un dualismo temporal, y desea que sus hijos se vean envueltos en alguna forma “en este presente siglo malo”.

¿Qué envolvimiento desea Dios? Los cristianos no han de extrañarse de “si el mundo los aborrece” (1 Juan 3: 13). No deben amar “al mundo, ni las cosas que están en el mundo” (1 Juan 2: 15). Deben de participar en el conflicto y vencer al mundo (1 Juan 5:4). Esta es la dimensión negativa.

La dimensión positiva de la participación cristiana en el mundo se encuentra en la oración sumosacerdotal de nuestro Señor en Juan 17. Emplea el vocablo “mundo” diecinueve veces. Mientras que es cierto que los cristianos han sido sacados “del mundo” (v.6), Cristo a su vez les envía “al mundo” (v. 18). Y mientras están en el mundo, no deben ser “del mundo” (v. 14) puesto que “el mundo los aborreció” (v.14). El objetivo principal en virtud del cual se envían creyentes al mundo es “para que el mundo crea” (v. 21).

Esta salida del mundo, y el retorno posterior al mundo describe el ciclo evangelístico de la iglesia. Puede ilustrarse de la siguiente manera:

Una vez que la iglesia ha entrado en el mundo, su responsabilidad principal allí consiste en predicar el evangelio. Dios desea que las multitudes se reconcilien con Él. Dios no quiere “que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). Para lograr esto, Dios ha escogido como su agente a un cuerpo de cristianos que predican el evangelio a que se hace referencia en la terminología teológica de la actualidad por su traducción griega kerygma. La fe puede recibirla el individuo solamente por “el oír”, y el oír “por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). A fin de creer, la gente del mundo debe oír, a fin de oír debe haber un predicador, a fin de predicar deben ser enviados (Romanos 10:14, 15). La iglesia entonces está en el mundo para el propósito primario (pero no exclusivo) de anunciar el kerygma.

Pero aun el anuncio del kerygma es solo el medio para otro fin. El objetivo según la gran comisión es el de “hacer discípulos” y “bautizarlos”, lo que indica que deben hacerse miembros de la iglesia (Mateo 28:19, 20). Cuando salen del mundo en obediencia al mensaje persuasivo de aquellos que ya son discípulos de Cristo, e ingresan en la iglesia, disfrutan de la comunión cristiana llamada koinonía. En esta íntima comunión de “la casa de Dios” se congregan (1 Corintios 11: 17) a fin de ser perfeccionados y edificados (Efesios 4: 12). Pero koinonía no debe ser nunca un fin en sí misma tampoco, y esto ha sido una zona deficiente en algunas de las iglesias evangélicas en América Latina. Si la iglesia la hace un fin, Juan Isáis la llamaría entonces “iglesia centrípeta”. La koinonía sirve para preparar a los creyentes a fin de que ocupen sus lugares en el movimiento centrífugo de kerygma.

Es algo perturbador para los evangélicos cuando tales teólogos como Davies denomina esta enseñanza claramente bíblica como “eclesiolatría”.  Esto no es adorar a la iglesia; es amar al mundo así como Dios de tal manera amó al mundo (Juan 3: 16). ¿Qué mundo que anunciando el kerygma y persuadiéndolo a reconciliarse con Dios? (2 Corintios 5:20).

La reconciliación de multitud de hombres y mujeres con Dios por medio de Cristo constituye la relación primaria de la iglesia con el mundo. Existe también una relación secundaria que hemos ya definido como servicio social, llamada diakonía. El servicio social cristiano abarca todas las buenas obras que la iglesia es capaz de hacer en el mundo. Es el resultado necesario del nuevo nacimiento. “La fe sin obras es muerta.” El Señor Jesucristo enseñó que los cristianos son “la sal de la tierra” y “la luz del mundo”; que involucra servicio público de manera que los hombres “vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5: 16).

Cuando el Señor Jesús le dijo al abogado que debía “amar a su prójimo como a sí mismo”, el abogado solicitó una definición más detallada del vocablo “prójimo”. El Señor Jesús narró entonces la parábola del Buen Samaritano (Lucas 10:25-37). El ayudar a los necesitados sin pensar recibir beneficio personal es una responsabilidad cristiana de vincularse desinteresadamente a las necesidades sociales. No es opcional.

Parece, que según el punto de vista bíblico, el amar al prójimo no puede considerarse como un medio para alcanzar un fin. El amor no lleva consigo una etiqueta con su precio. El verdadero amor no dice “te amaré si…” El éxito del Señor Jesucristo en sanar a los diez leprosos no fue medido por el número de personas que retornaron, aunque el que lo hizo dio motivos a un gran regocijo. Este acto de misericordia tuvo éxito porque los diez leprosos fueron curados. Sin embargo, puesto que la fe puede ser el resultado de la diakonía, representamos esto más abajo mediante una línea de puntos. El Buen Samaritano no dijo: “Te pagaré la cuenta del hotel si…” José Fajardo diría que este es el método del “plátano y el bozal”, y considera que no debiera ser el fundamento del programa de servicio social cristiano. Cuando los misioneros a la China distribuyeron alimentos solamente a aquellos que venían a la iglesia, sin darse cuenta acunaron una frase nueva: “Cristianos por arroz”.

Si la diakonía es prácticamente un fin en sí misma, el diagrama de la relación de la iglesia con el mundo debiera modificarse de la manera siguiente:

Parece que este cuadro coincide con más exactitud con las enseñanzas que se encuentran en el Nuevo Testamento relativas a los aspectos primarios y secundarios de lo que debe estar haciendo la iglesia en el mundo…

A pesar del hecho de que un servicio social cristiano puede considerarse un fin en sí mismo, no deben perderse nunca las oportunidades que puedan presentarse para dar un positivo testimonio cristiano y evangelístico. Aquellos que reciben ayuda social cristiana deben recibirla en “el nombre del Señor” (Marcos 9:41), “La luz del mundo”, que brilla en el cristiano, no debe ocultarse nunca bajo el almud, La diakonía se distingue de la filantropía, sin ser necesariamente debido a factores técnicos o materiales, sino más bien por el conocimiento público de que se realiza “en el nombre del Señor”.

Muchas de las críticas de la izquierda radical contra el sector evangélico de la iglesia en América Latina respecto de su relación secundaria con el mundo a través de la diakonía están bien justificadas. Los evangélicos, sin embargo, han comenzado a comprender su responsabilidad, y se espera que el proceso continuará acelerándose. y mientras lo secundario no comience a tomar el lugar de lo primario, esto será agradable a Dios.

 

 

‑Del libro Teología latino-americana Pedro Wagner. Editorial Vida, 1969,

Usado con permiso de la casa editora.

 

Pedro Wagner es profesor de misiología en el Seminario “Fuller” Es autor y conferencista de renombre internacional. Sirvió como misionero en Bolivia por varios años.

 

Pedro Wagner


 

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