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Introducción a las Cartas Pastorales

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2016.2

 

Por Jaime Mazurek

 

Las epístolas 1 y 2 de Timoteo y Tito fueron sin duda los últimos escritos del apóstol Pablo antes de su muerte en Roma, aproximadamente en el año 65 d.C. Además de arrojar luz sobre los grandes desafíos que enfrentaban las iglesias en aquel tiempo, son muestras de la gran e íntima relación que el apóstol mantenía con sus colaboradores cercanos, en particular con Timoteo, su amado hijo en la fe.

Existe una dificultad en relación con el estudio de estas tres epístolas y eso precisamente es el rótulo que se le han dado, “las Cartas Pastorales”. Dicho rótulo apareció por primera vez en el año 1726, en la obra de Paul Anton, Ensayos sobre las cartas pastorales.1  El problema es que no refleja completa ni correctamente la naturaleza de las tres cartas e induce a unos presupuestos erróneos sobre estas y sus recipientes. Hoy abundan los comentarios que afirman que estas son “cartas pastorales” porque “Timoteo era pastor de la iglesia en Efeso, y Tito pastoreaba varias iglesias en Creta”.  Por ende ven a estas cartas como una especie de “manual de instrucciones para un pastor de iglesia local”. Inclusive conozco un instituto bíblico donde se usan estas epístolas como el libro de texto para la materia “Teología pastoral”.

Ahora bien, sin duda hay mucho en estas (como también en las demás) epístolas que inspira y orienta a pastores de iglesias locales, pero esta clase de presuposiciones dificulta una apreciación de la auténtica situación que estas cartas reflejan. La verdad es que Timoteo y Tito no eran pastores de iglesias locales. Esa función la cumplían los ancianos (presbuteros) en cada ciudad. Timoteo y Tito eran delegados apostólicos, que representaban a Pablo en su condición de apóstol fundador. Como señala Walter Liefeld, “Su meta era establecer liderazgo estable entre las iglesias en lugar de servir ellos mismos como pastores entre el rebaño, por un tiempo largo.”2

En vez de ser listas de quehaceres pastorales de aplicación general, estas cartas reflejan situaciones específicas y todo lo que hay en cada carta responde a su particular ocasión de fondo. Veamos, entonces, a estas cartas con una perspectiva fresca.

 

LOS RECIPIENTES

Timoteo

Timoteo era un varon bastante mas joven que Pablo, oriundo de Listra, en Asia Menor.  Su padre era griego y probablemente pagano; su madre, Eunice, y su abuela, Loida, eran judías (2 Tim. 1:5).

En su primer viaje misionero, al pasar por Listra, Pablo fue perseguido y maltratado terriblemente (Hechos 14:19) y el joven Timoteo fue testigo presencial de sus sufrimientos (2 Tim. 3:10-11).  Fruto de ese primer encuentro fue la conversión de Eunice, Loida y Timoteo a la fe en Jesucristo.

Al pasar Pablo por Listra en su segundo viaje, el joven Timoteo se sumó al equipo misionero (Hechos 16:1-3).  En preparación para tal ministerio, para no ofender a los judíos radicados en las ciudades gentiles, Pabló le circuncidó. Además de eso, Pablo y el presbiterio local impusieron sus manos sobre el jóven para la obra del ministerio al cual Dios le llamaba (1 Tim. 1:14; 2 Tim. 1:6). Así comenzó una relación de amistad, mentoría y compañerismo que duraría más de quince años (aproximadamente 49 a 65 dC).  Pablo siempre afirmaba que Timoteo era como un hijo para él, su “hijo en la fe”.

Pablo encomendó tareas importantes a Timoteo. Durante el segundo viaje misionero, el joven fue su emisario a Tesalónica  (1Tes. 3:2) y su colaborador en Corinto (Hech. 18:5; Rom. 16:21). Durante el tercer viaje misionero Timoteo acompañó a Pablo en Efeso y cumplió misiones especiales en Corinto (1 Cor. 16:10) y en Macedonia (Hech 19:22). Timoteo también acompañó a Pablo durante su primer encarcelamiento en Roma. Se aprecia esto en los saludos iniciales de las epístolas carcelarias (Filip. 1:1; Colosenses 1:1; Filemón 1:1).

Tito

Sobre Tito tenemos menos información, pero la que hay nos muestra que era un varón de gran fuerza y capacidad. Era hijo de padres gentiles, miembro de la iglesia en Antioquía, a quien Pablo llevó consigo a Jerusalén, después del primer viaje misionero. Aunque los judaizantes allí querían circuncidar a Tito, Pablo no se los permitió, ya que (en diferencia a Timoteo) no era judio de ninguna manera (Hechos 15:2; Gal. 2:3-5).

El nombre de Tito no reaparece hasta el tiempo de la composición de la segunda epístola de Pablo a los  Corintios, en donde se le menciona ocho veces (2 Cor 2:13; 7:6, 13, 14; 8:6, 16, 23; 12:18).  Aparentemente, al enterarse Pablo en Efeso de los grandes problemas que aquejaban a la iglesia en Corinto (como se puede apreciar en 1 Corintios), envió a Tito como su delegado para tratar con los casos de inmoralidad sexual, y también para organizar todo en cuanto a las ofrendas especiales para los hermanos sufridos de Jerusalén. Después de su regreso a Pablo en Efeso, con noticias de Corinto, Tito fue enviado nuevamente a esa, portando una carta (2 Cor. 2:3).

Ansioso por saber más sobre la situación en Corinto, Pablo viajó hasta Macedonia donde se encontró con Tito, quien le fue motivo de mucha consolación y aliento (2 Cor. 7:6-7). Fruto de la información obtenida, Pablo escribió la epístola que conocemos como 2 Corintios, y la envió allá, nuevamente por mano de Tito.

No volvemos a encontrar el nombre de Tito en las Escrituras hasta llegar a las cartas pastorales, aunque sin duda, estuvo trabajando constantemente en lo que el apóstol Pablo le encargaba para hacer.

 

EL AUTOR

Pablo se identifica como el autor de cada una de esta epístolas (1 Tim. 1:1; 2 Tim. 1:1; Tito 1:1).  A pesar de algunos reclamos de la alta crítica moderna, hay fuertes evidencias de la autoría paulina. La patrística concuerda absolutamente en que estas obras son genuinamente paulinas. Policarpo (año 140dC) las cita. Ireneo (año 180dC) también las cita como auténticas (Contra los herejes 2.14.7; 3.3.3). El Canon muratoriano también las identifica como obras de Pablo.

Nadie se opuso a la idea que Pablo fue el autor de estas tres epístolas hasta que Friedrich Schleirmacher expresó dudas sobre la autenticidad de 1 Timoteo en 1807. Desde entonces, otros han expresado grandes dudas la autoría paulina de las tres cartas, afirmando que existen muchas diferencias de lenguaje y estilo entre las pastorales y las demás epístolas escritas por Pablo.

Sin embargo, la teoría que las cartas pastorales son obras seudopigráficas crea más problemas de las que soluciona. No explica (entre otras cosas) por qué, al tomar en cuenta todas sus características, las cartas sean tan paulinas como lo son; por qué el seudógrafo escribió tres cartas en vez de solamente una; y por qué las cartas encajan tan bien con lo que se sabe de la iglesia en Efeso cerca del año 70, y para nada con lo que sabemos sobre dicha iglesia en el segundo siglo.3

La opinión tradicional, que el apóstol Pablo fue el autor de las pastorales, sigue siendo la mejor idea. “Tiene la gran ventaja de poder tomar en cuenta todos los datos históricos, además de ofrecer una explicación satisfactoria de las tres cartas… la mejor solución para lo del lenguaje y estilo diferentes es que Pablo empleó un amanuensis diferente para estas cartas que en las anteriores (o habiendo empleado amanuensis anteriormente, ¿habrá él mismo escrito estas?”4

 

OCASIÓN DE LAS CARTAS

Definir el contexto histórico y la ocasión de las pastorales presenta un desafío ya que se trata indudablemente de situaciones posteriores a la composición de Hechos de los Apóstoles. No se puede saber con absoluta exactitud cómo y cuándo fueron las circunstancias que les dieron lugar, pero en base de los datos hallados en las mismas epístolas podemos hacer la siguiente reconstrucción tentativa, pero altamente probable, de su contexto histórico:

Pablo sufrió su primer encarcelamiento romano entre los años 60 y 63, después del cual fue liberado.  Parece muy poco probable que haya viajado a España, a pesar del anhelo que tuvo de hacerlo según Romanos 15:24, ya que en todas sus epístolas escritas durante aquel encarcelamiento solamente habla de su deseo de volver a Macedonia y a Asia Menor  (Filip. 1:26; 2:24; Filem. 1:22).

Luego de recuperar su libertad, viajó con Timoteo y Tito hasta Creta, donde evangelizaron e iniciaron varias iglesias. Pablo decidió dejar a Tito ahí para establecer bien a las iglesias, con lideres locales aptos para el ministerio (Tito 1:5).

Pablo y Timoteo continuaron de viaje hasta Efeso, donde Pablo se enteró de una situación malísima – varios de los ancianos de la iglesia enseñaban una serie de falsas doctrinas que bien podrían destruirla. Era el cumplimiento de lo que Pablo había vaticinado en su último encuentro con los ancianos de Efeso (Hechos 20:28-30). Pablo destituyó de sus funciones a dos líderes, Himeneo y Alejandro (1 Tim. 1:19-20).  Después de pasar algún tiempo en Efeso, Pablo continuó de viaje hacia Macedonia (1 Tim. 1:3), dejando a Timoteo ahí con la tarea de completar la labor de identificar y hacer callar los líderes participantes de la falsa doctrina, y enseñar a la iglesia las doctrinas correctas y los criterios correctos para la adoración del Señor como también para la selección de líderes dignos del oficio ministerial (1 Tim. 3:1-7).

Algún tiempo después, muy posiblemente mientras estaba en Troas (2 Tim. 4:13), Pablo fue arrestado nuevamente y llevado a Roma para enfrentar juicio y, luego de un periodo de encarcelamiento (2 Tim. 1:8), sufrir el martirio (2 Tim. 4:6).

 

FECHA Y LUGAR DE LAS CARTAS

Aunque no sabe el orden preciso de la composición de las cartas 1 de Timoteo y Tito, es probable que ambos fueron escritos por Pablo aproximadamente en el año 63, desde Macedonia, antes de su arresto en Troas. La segunda carta a Timoteo fue escrito desde la carcel en Roma, probablemente en el año 64 o 65.

 

PROPOSITOS DE LAS CARTAS

Como ya se señaló, sería un error pensar que estas tres epístolas son una suerte de “Manual de instrucciones para ser pastor de una iglesia local”.  Estas epístolas se escribieron con propósitos específicos que surgieron de las circunstancias de cada ocasión. Aun así, son la divinamente inspirada Palabra de Dios para nosotros con verdades y principios eternos que todos necesitamos conocer.

El propósito principal de 1ra de Timoteo se aprecia en el 1:3,4:

Como te rogué al partir para Macedonia que te quedaras en Efeso para que instruyeras a algunos que no enseñaran doctrinas extrañas, ni prestaran atención a mitos y genealogías interminables, lo que da lugar a discusiones inútiles en vez de hacer avanzar el plan de Dios que es por fe, así te encargo ahora. (LBLA)

Todo lo que hay en la carta guarda relación con este propósito principal.5  Contrario a lo ocurrido en Filipos (Filip. 3:1,2) y otros lugares, donde los falsos maestros venían desde afuera, en el caso de la iglesia en Efeso, los falsos maestros eran líderes locales, quienes habrían comenzado bien, pero que cayeron en el error. Es probable que los cristianos en Efeso se congregaban en diversas casas. Por ende, la herejía probablemente afectaba a algunos de estos grupos y sus líderes, y no a todos.

Los temas de la enseñanza, y quienes enseñan tienen mucha importancia en 1 de Timoteo, pues forman el tema central de la carta. El ministerio de la enseñanza era dominio de los ancianos (3:2; 5:17). Debía ser ejercido con mucho cuidado y responsabilidad (1:8; 4:13). Pero habían ancianos líderes en la iglesia que abusaban de ese privilegio. Se creían grandes doctores de la ley (1:7), pero en verdad habían naufragado en la fe (1:18). Trataban de impresionar con sus novedades, pero solo enseñaban fábulas y doctrinas diferentes (1:3; 4:7), en verdad doctrinas de demonios (4:1) calculados para destruir las familias cristianas (4:3) y sembrar discordia en la iglesia (6:3-5).  Ejercían mucha influencia sobre un número de mujeres (4:11-16).  Evidentemente, las herejías existentes en la iglesia en Efeso también involucraban el sincretismo con el viejo culto a Diana (Artemisa). Las mujeres devotas a la diosa iban a su templo vestidas, adornadas y peinadas como la misma Diana representada en las imágenes paganas; de ahí la prohibición contra prácticas semejantes (2:9).

La carta a Tito tiene muchas similitudes con 1 de Timoteo, pero la situación era diferente. En vez de tener que corregir errores provocados por líderes indignos en una iglesia ya establecida varios años, Tito tenía que establecer ancianos en iglesias bastante nuevas (1:5). Se aprecia la diferencia situacional entre la iglesia de Efeso y las de Creta al examinar las listas de requisitos para los ancianos que hay en 1 Timoteo y Tito. Como señalamos, en Efeso ya habían ancianos, pero varios de estos habían caído en el error y la iglesia necesitaba conocer bien los criterios a ejercer en su disciplina o reemplazo. De ahí, los requisitos mencionados en 1 Timoteo 3:1-7 todos tienen que ver con carácter e integridad. Aquella lista indica precisamente las cosas que los falsos maestros no eran. En cambio, la lista de requisitos que aparece en Tito se dio para definir criterio para el nombramiento inicial de ancianos. Aunque tiene mucho en común con la lista en 1 Timoteo, expande sobre el quehacer del anciano como uno “apto para enseñar”, con “retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen”. En Tito, Pablo primeramente define los requisitos de los ancianos y luego advierte sobre el potencial peligro de elementos judaizantes ya en las iglesias (1:9-11) que había que resistir.

Pablo escribió 2 de Timoteo en medio de una situación diferente a la que vivia cuando escribió 1 Timoteo. En la primera instancia, estaba libre y en movimiento constante, plantando iglesias. Pero al escribir 2 de Timoteo, Pablo está de nuevo en la cárcel y con la seguridad de una pronta ejecución. Su propósito al escribir es intensamente personal. Desea expresarle a Timoteo su amor, y respaldo absoluto. Escribe para  animar y motivarle en su misión, y para pedirle que vaya a verle en la carcel en Roma, ya que está abandonado y en necesidad de su ayuda. En 2 Timoteo 2:17 se aprecia que Himeneo, seguramente el mismo líder disciplinado por Pablo según 1 Tim. 1:20, aun seguía provocando estragos en la iglesia con sus falsas enseñanzas.

Las Cartas Pastorales son una fuente inagotable de ánimo, motivación, y principios de ética y compromiso para todo ministro del evangelio. Nos recuerdan que los desafíos nunca se acaban cuando uno sirve al Señor de todo corazón, pero que por la Palabra de Dios y la presencia de Jesucristo hemos de triunfar.

 

 

 

 



1       Donald Guthrie, (2009), The Pastoral Epistles, Inter-Varsity Press, p. 19.

2       Liefeld, Walter L. (2011-03-01). The NIV Application Commentary: 1 and 2 Timothy, Titus (Kindle Locations 280-281). Zondervan. Kindle Edition.

3     Gordon Fee (1988), New International Biblical Commentary: 1 and 2 Timothy, Titus, Hendrikson, p. 25.

4     Idem, p. 26.

5     Idem, p. 7.

Jaime Mazurek B.


 
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1 Comentario  comments 

Una respuesta

  1. Francisca Pulido de Gallardo

    Muy edificante seguiré con atención sus publicaciones. Dios les bendiga

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