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Revitalización de la escuela bíblica.

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2016.1

Por Juan Abel Encarnación

Asesor, Nivel Iglesia Local – Servicio de Educación Cristiana

 


Escuela bíblica o escuela dominical, así se nombra la organización que tiene como tarea esencial enseñar las sagradas escrituras de forma sistemática, para alcanzar a las personas de todas las edades, ya sean estas creyentes o no.

Su historia es larga y exitosa, nacida en el ocaso del siglo XVIII (1780).  Robert Raikes, un creyente y editor periodístico inglés, preocupado porque la niñez pobre no tuviera enseñanza básica inició lo que vino a ser un gran movimiento enfocado en la alfabetización, la enseñanza de matemáticas y clases sobre la Biblia, que en poco años llamó la atención de los obispos y de la reina, pues en los primeros siete años había alcanzado a más de 20,000 alumnos.

Un gran movimiento que por su impacto fue asimilado por la iglesia, convirtiéndose en una respuesta fundamental para la misma, como dice Elmer L. Towns en su libro Escuela Dominical Dinámica (1981) “La escuela Dominical satisface una de las más sentidas necesidades de la iglesia del siglo XX: la educación”.

El mismo Towns, califica la escuela dominical como “imperativa” para la iglesia, porque esta “lleva a cabo la gran comisión”; “enseña de manera sistemática la Palabra de Dios”; es útil “para crecer con miras a la madurez” y para “proteger el futuro de la iglesia”, aludiendo al discipulado que puede llevarse a cabo a través de la escuela dominical.

Hizo bien la iglesia en asimilar la escuela dominical, pues aunque no nació en su seno como organización, la iglesia ha sido compromisaria del mandato bíblico a la enseñanza, en tal sentido es preciso resaltar el encomio de Moisés a los jefes israelitas y a los sacerdotes:

“Harás congregar al pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que estuvieren en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman a Jehová vuestro Dios, y cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley; y los hijos de ellos que no supieron, oigan, y aprendan a temer a Jehová vuestro Dios todos los días que viviereis sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para tomar posesión de ella”. Deuteronomio 31:12,13.

El más esencial encargo de Cristo a sus discípulos está contenido en Mateo 28:18-20:

Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días,  hasta el fin del mundo. Amén”.

A pesar de su gran y favorable historia y de la pertinencia de la escuela dominical a partir del encargo bíblico, ésta ha perdido impacto, pues con el surgimiento de nuevos modelos eclesiásticos, nuevos movimientos para fundar iglesias, la aparente innovación de los procesos de enseñanza aprendizaje, la flexibilidad curricular a la que muchos grupos aspiran; como forma de marcar distancia con las organizaciones denominacionales, o bien la indisposición para invertir en la preparación de maestros y equipos y útiles para la enseñanza, entre otras razones, han provocado que  muchos abandonen la escuela dominical, que se enfoquen solo en procesos para adultos en su dinámica de crecimiento y que otros pongan en marcha procesos más simples en organización y de resultados a más corto plazo.

Sin embargo, si hoy sigue siendo una tarea esencial para la iglesia la gran comisión, si todavía la niñez de nuestros países necesita ser atendida de manera integral, si continúan creciendo los riesgos de formar en la niñez; desde la educación formal una mentalidad totalmente humanista y sin apego a los valores de la familia y de la fe, si aun es  responsabilidad de la iglesia; como lo es, el discipulado y el equipamiento del creyente para la vida cristiana fructífera y para el servicio cristiano en y desde la iglesia, entonces necesitamos la escuela dominical.

La iglesia de hoy necesita encausar acciones que hagan consistente, y renueven la fuerza de la escuela dominical, que vuelva a tener el impacto y esplendor que tuvo por más de un siglo. En tal sentido será significativo, entre otras cosas, lo siguiente.

 

  1. Volver al énfasis evangelístico de la Escuela Bíblica Dominical. Su principal enfoque debe ser ganar almas, muchas iglesias nacieron de clases bíblicas iniciadas como clases de extensión de la escuela dominical. Para lograrlo será preciso regresar a la búsqueda de los niños en donde estén, hay que ser invitacionales y valorar la participación de los no creyentes en la clases.
  2. Que cada creyente valore la principalía de la escuela dominical como medio para el crecimiento del creyente. Para esto será necesario que los pastores le den el lugar protagónico que debe tener le Escuela Dominical, que se promueva y motive la asistencia a clases.
  3. Evitar el activismo a fin de que los creyentes cuenten con el tiempo de participar en clases. Mantener el creyente activo sin proveerle la oportunidad de conocer a Dios en su Palabra le coloca en alto riesgo, pues podría no madurar en su vida cristiana y ser afectado por falsas enseñanzas.
  4. Capacitar el personal de servicio e invertir en los recursos didácticos y auxiliares necesarios. Es preciso que la enseñanza se imparta con calidad, que no sea un fin en sí misma, sino que valoremos que es un medio para el desarrollo del creyente y para la expansión del reino de Cristo.
  5. Vincular el crecimiento numérico de la iglesia a la enseñanza. No olvidemos que el evangelismo y el discipulado son las dos tareas esenciales de la gran comisión.
  6. Que sea inclusiva.  No olvidemos que la escuela dominical debe alcanzar a los individuos de todas las edades, ya sean estos creyentes o no. Que cada iglesia sea una escuela y que cada creyente sea un alumno.
  7. Que el libro de texto sea Las Sagradas Escrituras. Es la palaba de Dios la que produce la transformación que el pecador necesita, ella es más cortante que espada de dos filos, el apóstol Pablo de manera magistral describe su utilidad al escribir a Timoteo: “Toda la Escritura es inspirada por Dios,  y útil para enseñar,  para redargüir,  para corregir,  para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto,  enteramente preparado para toda buena obra”. (2 Timoteo 3:16), es cierto que usamos manuales de enseñanza, pero estos siempre serán auxiliares, enseñemos la biblia.

Visto el rumbo de la sociedad de hoy podemos afirmar que es urgente un movimiento que reencause al hombre y le vuelva la mirada a Dios y a su voluntad, esto es posible, pues la iglesia cuenta con la Palabra de Dios y el Espíritu Santo que nos hace eficaces en la tarea. ¡Que viva la Escuela Dominical!

 

Bibliografía

Revista la Fuente, http://www.revistalafuente.com/2010/03/robert-raikes-el-fundador-de-la-escuela.html (ultimo acceso 10 de junio 2016).

Towns, Elmer L., La Escuela Dominical Dinámica. Miami FL. Editorial Vida, 1981.

Juan Abel Encarnación


 

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