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Foro sobre la herencia pentecostal

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2016.3

Por Edgardo Muñoz

 

Pasado el mediodía del miércoles 24 de agosto de 2016, en el Auditorio Buganvilla Gardenia del Hotel Los Tajibos, tuvo lugar un foro de caractarísticas sobresalientes. La concurrencia en pleno de la Cumbre Educativa de Santa Cruz, Bolivia permanecía expectante ante la exposición de ministros pentecostales de relevancia. Ricardo Nicholson, Director de Misiones Mundiales de las Asambeas de Dios en EUA para América Latina y El Caribe durante el período pasado, Daniel Madrazo, Superintendente de las Asambleas de Dios en Uruguay, Ricardo Castillo, Superintendente de las Asambleas de Dios en Costa Rica, Juan Duarte, Superintendente del Concilio en la República del Paraguay y Carmen Hidalgo, Directora de Educación Cristiana y publicista de las Asambleas en la República de Chile interactuaron en este foro bajo la moderación de Edgardo Muñoz. El tema del Legado Pentecostal apasionó a la mesa, y las reflexiones de sus foristas tiñeron a la audiencia de un mayor sentido de responsabilidad hacia las siguientes generaciones antes que el Señor venga.

Luego que Edgardo Muñoz presentara a los integrantes con sus cargos respectivos, y les diese la bienvenida, se abrió el diálogo. Los resultados orientarían a la concurrencia para vislumbrar como será el futuro pentecostal.

Los asistentes de la cumbre, de acuerdo a las palabras introductorias de Muñoz, se sentían muy honrados por la presencia de siervos de Dios, educadores y ejecutivos que eran referentes. Se trataba de personas que están marcando de alguna manera, un presente que dará lugar a un excelente futuro.

Para indagar y hacernos reflexionar, la pregunta de inicio para el panel consistía en diferenciar lo que representa ser pentecostal y lo que no lo es.

 

Ricardo Castillo reconoció que se trataba de una pregunta difícil. No obstante emitió su opinión. Me parece –decía Castillo- que un pentecostal tiene una comprensión de la gran comisión y que la gran comisión es imposible realizarla sin la ayuda del Espíritu Santo. Por lo tanto un pentecostal se caracteriza, en primer término, porque ha tenido una experiencia con el Espíritu Santo. Consideramos que el bautismo del Espíritu Santo es la inauguración de un pentecostal. Sin la llenura y el bautismo del Espíritu Santo no podemos acceder a nuestras experiencias con Éste.

En base a lo anterior, si tuviéramos que decir que éste no es un pentecostal aunque lo parezca. ¿qué elementos claves podríamos advertir? No es pentecostal quien no demuestra compromiso. Aunque pudiera tener varias manifestaciones, si no está comprometido con la gran comisión, no merece la etiqueta. La Gran Comisión es la marca definitiva o definitoria. Podríamos tener todas las manifestaciones, pero sin un compromiso con la gran comisión todo estaría nulo, porque el creyente estaría centrado en sí y no en lo que verdaderamente significa la Gran Comisión.

 

Carmen Hidalgo coincidía en lo difícil que resultaba responder a la pregunta. Agregando un poco a lo dicho por el pastor, estaba tomando en cuenta de las afirmaciones o negaciones que suelen hacer los no pentecostales con quienes ha conversado a lo largo de su ministerio. En casiones mantuvo diálogo con con algunos presbiterianos. Ellos dicen que no necesitan lo que nosotros tenemos por que, en primer lugar, de todos modos ya tienen el Espíritu Santo. Segundo, que ellos trabajan igual que nosotros en el evangelismo. Finalmente, Ellos predican también la Palabra de Dios.

Entonces, en el sentido práctico de los presbiterianos, están a igual nivel de lo que podríamos estar nosotros. Sin embrago –enfatizó Carmen- el pentecostal posee vida, cuenta con la experiencia proporcionadas por el Espíritu Santo. Vemos que Jesús sopló el Espíritu Santo en los discípulos. Entonces ellos iban y hacían sanidades, mientras se les sujetaban los demonios. Pero como condición tuvieron que esperar la promesa del Padre para obtener dicho poder.

Como resultado, no ser un pentecostal sería lo inverso, en sus acciones, a serlo. Falta esa vida, esa esencia. Carece de convicción, y se advierte la ausencia de haber experimentado el bautismo del Espíritu Santo.

 

Para Juan Duarte, la diferencia queda a la vista en la iglesia primitiva. Perseveraban unánimes en la palabra, en la comunión unos con otros en la oración. También se advertía en la adoración y en las prácticas donde se evidenciaban las manifestaciones de los dones y fruto del Espíritu Santo con abundancia de sanidades, conversiones, evangelismo y discipulado. Estas manifestaciones se experimentaron en la mayoría de las naciones, aunque lamentablemente hoy en día pareciera más teórico que práctico en algunas partes.

El que no tiene la experiencia –expresó Duarte- por su puesto, no es un pentecostal porque al menos en mi país tenemos el ejemplo de los hermanos menonitas están experimentados más que los hermanos pentecostales tradicionales.

Algunos bautistas están con hambre de Dios y en la práctica se evidencia que son pentecostales. Sin embargo, la nueva generación pentecostal nominal conoce la teoría de lo que enseñamos pero en la práctica demuestra poco. En este caso no son pentecostales si ambas cosas, la experiencia y la teología no van de la mano.

 

Daniel Madrazo añadió que los pentecostales aportamos lo que ha traído nuestra experiencia. En el día de pentecostés el gran descenso del Espíritu Santo hizo que se revolucione y cambie la historia de la iglesia en sí, y eso conduce, en coincidencia con lo que Ricardo decía, al compromiso del pueblo de Dios que se inicia en niveles más profundos y lleva a ejecutar con empeño la Gran Comisión. Y ese principio es el  que debe cada uno de nosotros tener en estos tiempos. Sin duda, el desarrollo en la vida de los creyentes de aquel tiempo marcó la gran diferencia. Si fijamos la atención en el apóstol Pedro antes de pentecostés observaremos una gran diferencia con el Pedro posterior al derramamiento. Esto es producto de un evento experimentado y sostenido, en lugar de quedarse meramente con el rótulo. Se trata de mantener vivo al fuego del Espíritu Santo en cada una de nuestras vidas.

El no pentecostal demuestra la falta de un compromiso mayor. El movimiento pentecostal creció en el mundo más que otros y por eso marcó una diferencia. Nosotros oímos una experiencia reciente de una persona que ejerció el pastoreado por  veinticinco años en otra denominación. Sin embargo hace un tiempo atrás después de un viaje de aniversario de boda, nos contaba que no pudo dormir por una semana. No logró disfrutar el aniversario de boda porque el Espíritu Santo lo compelía a buscar su llenura. Esto lo llevó a renunciar a 25 años de pastorado en la otra denominación. Finalmente se trasladó al Concilio porque está buscando incesantemente la llenura del Espíritu Santo. Hay una gran diferencia y debemos mantenerla.

 

Por su parte, Ricardo Nicholson añadía que, uno se da cuenta lo complejo de esto cuando comienza a investigar ¿Cuántos pentecostales hay en el mundo? De 620 a 650 millones. ¿Qué es un pentecostal? A pesar que los que asisten a las iglesias pentecostales son pentecostales por definición, en la mente de muchos no está claro lo que es una manifestación del Espíritu. Si hay sanidades, profecías, si la gente cae  o no se  cae, y cosas semejantes pareciera ser el distintivo pentecostal de un buen número. Eso quiere decir que hablar en lenguas, lo que tradicionalmente consideramos la evidencia inicial del bautismo en el Espíritu Santo, para otros no es la señal. No estoy discutiendo el asunto –enfatizaba Nicholson –  aunque creo firmemente en eso. Pero definitivamente no esta claro en la mente de muchos que se consideran pentecostales, qué es lo que los distingue.   A mi parecer el pentecostal es una persona que abrazó la dimensión de lo sobrenatural. La puerta de la entrada es hablar en lenguas porque supera a la capacidad natural del humano y fomenta la dependencia de Dios. me inclina en que Dios está haciendo.

Uno puede predicar o evangelizar sin esa dimensión. Pero entrar en eso, las lenguas son un magnifico don. Es la puerta de entrada hacia algo que desconocemos. Es el ingresar y abrazar la dimensión de lo sobrenatural, toda una experiencia. Quien no lo hace es un buen creyente pero no es un pentecostal.

 

Edgardo Muñoz añadió que hay un comentario generalizado acerca de que no se ven los bautismos que se solían oír de antaño. Seguidamente elevó al grupo la pregunta: ¿Por qué razón cree cada uno que hay menos bautismos con el Espíritu Santo que hace 20 años atrás?

 

Ricardo Nicholson no se manifestaba seguro de esa cifra, sino que a su parecer hay más bautismos que antes, aunque podría equivocarse en su apreciación. Recordaba en muchos países el porcentaje es muy bajo 24%, 25% y hasta 30% de los que son parte de nuestras iglesias han recibido la promesa. Todo depende de los énfasis nacionales, estas Cumbres enfatizan la necesidad de énfasis pentecostal. Estoy notando – decía- que hay más interés, más inclinación hacia eso. Entonces recuerdo en Cancún a un hermano que predicó, un líder mexicano que predicó sobre el tema. Me entusiasmó mucho en varios de estos contextos la gran  necesidad de ser pentecostales y si el tema y lo enfatizamos eso es lo que vamos a ver.

Si enfatizamos la importancia de niños y escuela dominical eso es lo que vamos a ver. Si enfatizamos matrimonios eso es lo que vamos a ver. Si enfatizamos la experiencia con el Espíritu Santo la iglesia va a llegar, tarde o temprano a ser pentecostal. Así que siempre depende del enfoque de los líderes de la iglesia y de pastores que están en la Iglesia.

 

Daniel Madrazo acotaba que esto puede estar ocurriendo por diferentes países. Por allí conocemos sólo algunos. A veces se ha enfatizó el tema sólo cuando en las cercanías del día de pentecostés. Hoy se apuntan todas las baterías hacia el tema y se ora para que la gente lo reciba el Espíritu Santo. Pero en el resto del año no se hace el énfasis adecuado. Antiguamente se oraba por los niños para que recibiesen el don. Entonces eso hacía que la gente buscara más incesantemente lo que es la llenura del Espíritu Santo. Posiblemente se ha hecho más énfasis en otras temáticas pero no tanto en lo que es la llenura del Espíritu Santo.

Pareciera que el problema de la falta de énfasis nace de la carencia del tema en las enseñanzas o prédicas. Pero Juan Duarte profundizó la perspectiva al aseverar que, al menos en el contexto de la iglesia dejó de ser prioriad. Los pastores predican otro tipo de mensaje y ya no se invita a la congregación a recibir la bendición. Tampoco se exige desde las autoridades que se mantenga el énfasis, es tiempo de volver a la verdad. En el tiempo en el que me convertí –decía Duarte- unas décadas atrás, el requisito indispensable para ser diácono, era el hablar otras lenguas. Asimismo, para subir a cantar en la alabanza el dirigente debía ser lleno del Espíritu Santo. Y hoy en día al menos en Paraguay ya no se exige tanto. Tenemos tiempo para volver a eso, Dios mediante.

 

Para Carmen Hidalgo, el apóstol Pablo también manifestaba esa preocupación porque le dió un consejo a Timoteo y diciéndole: “Te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos”. Seguramente mantener el fuego del Espíritu Santo representaba un desafío allí donde él estaba liderando. Una de las cosas que Carmen advirtió, por lo menos en Chile, es que cuando hay evento de mujeres, de jóvenes o masivos como retiros o congresos pareciera que el Espíritu Santo se derrama ocntundentemente, pero cuando se llega a las iglesias, se vuelve a apagar. Decía Carmen que había leído un documento que afirmaba en forma general que un 33% de los creyetes está experimentando el hablar en lenguas. Sin embargo, para una iglesia, semejante porcentaje resulta insuficiente, lo cual significa una preocupación para los pastores. La responsabilidad no recae sólo sobre los ministros sino también sobre los individuos ya que la búsqueda depende de cada uno. De esta manera, lo que Pablo aconsejó a Timoteo se debe trasladar a cada uno de nosotros.

 

Según Ricardo Castillo, a través del tiempo hemos olvidado la doctrina práctica del Espíritu Santo. Y eso afectó a que no haya intencionalidad. Considero que tiene que haber intencionalidad si se pretende hacer una doctrina vertebral en la vida de la iglesia. Debo procurar esto como pastor: que de manera periódica  se busque la oportunidad de que los feligreses sean bautizados por el Espíritu Santo. Pero si tratamos este tema ocasionalmente, que es lo que ocurre, tal vez los números de bautizados  desciendan. Porque no estamos intentando el pentecostalismo y el pentecostalismo se inicia con una experiencia. Efectivamente hay que provocarlo y predisponernos para ello, pero todo se inicia en la iglesia local.

 

Edgardo Muñoz lanzó la pregunta al auditorio acerca de cuántos creían que se advierte una merma con respecto a los bautismos en el Espíritu Santo. Añadió que, de poder hacer una síntesis de lo que es ser pentecostal, diríamos que se trata de una experiencia como la que relata la Biblia, que luego se plasma en el compromiso con la Gran Comisión, bajo el respaldo sobrenatural de Dios.

Alguien del auditorio comentó que en las Asambleas de Dios predicamos un evangelio completo. A pesar que experimentamos este bautismo, quizás por culpa de cada uno de nosotros, se cae en la indiferencia y en los énfasis humanistas. Entonces se cae en las luchas de poder y las divisiones.  Oremos a nuestro Dios. Gracias a Dios por esta Cumbre. Todos quisiéramos volver a esa experiencia que el Espíritu Santo nos da, ese poder y esa autoridad  para seguir predicando la palabra de Dios.

 

La tercera pregunta que el moderador entregó estaba muy relacionada con la anterior, y se refería al lugar que en nuestra liturgia se daba al Espíritu Santo.

Ricardo Castillo creía poder hablar de forma generalizada. En cambio consideró que habría que hacer una distinción entre el culto público y el culto privado de la iglesia. Expresó no creer que en el culto privado de la iglesia se debiera tener  tiempo para que este evento o experiencia ocurra y el Espíritu Santo se manifieste. En los servicios públicos sólo el acto soberano puede tomar a las personas. Pero usualmente hoy intentamos ser más políticamente correctos, para que los cultos no se salgan del orden y allí quitamos espacio para el Espíritu Santo. Este punto es un llamado de atención para nosotros. Debemos darle un espacio al Espíritu Santo para que él se manifieste. Pareciera, entonces, que el “Señor reloj” cada vez se hace más importante en nuestros cultos –añadía Edgardo Muñoz.

 

Carmen Hidalgo prefirió recordar un poco lo que pasó en Asusa. En esa ocasión todos estaban en un momento de expectativas. Fue un verdadero hito en la historia. Sin embargo nosotros lo llevamos  como una historia, como parte del pasado y lo recordamos en la clase del Instituto Bíblico. Incluso a veces hacemos mención al evento en alguna prédica de avivamiento. Pero no se trata de historia enterrada, es una realidad descripta en la Biblia. Entonces la Palabra de Dios tiene relevancia. Liturgia suena como muy metódico en que se da espacios separados a cada actividad. La manifestación del poder de Dios no es parte de un programa litúrgico.

Cuando la palabra de Dios se predica, el Espíritu Santo será derramado en aquellos corazones que están dispuestos a recibir.  Hoy en día, lamentablemente, existe una mezcla de creencias  que tergiversa lo que la misma palabra de Dios dice y eso es lo más preocupante. Pero al Espíritu Santo, tal cual lo describe la palabra de Dios, no se le puede dar ni niveles, ni parámetros o espacio extra, sino que debemos dejarlo a él, que en su soberanía actúe de la manera que él quiera.

 

Juan Duarte expuso que hay una gran diferencia entre lo que fue el ayer y lo que es hoy. Ahora estamos más apurados ya no se le da tanto lugar en nuestra liturgia al libre mover de Dios. Al menos lo que observamos en Paraguay es así. En  las iglesias hay mucha gente que tiene breves horarios pre establecidos. Hay otros fenómenos por los que en la liturgia no se le da lugar al Espíritu Santo. A veces da mayor énfasis a las canciones. Se canta una hora y en la restante media hora se predica y ministra. Entonces tenemos problemas. En esta Cumbre, uno de los talleres que tuvimos me despertó –decía entusiasmado Duarte – que yo mismo tengo que cambiar mi liturgia.

 

Daniel Madrazo añadía que siempre insistimos que el Bautismo en el Espíritu Santo es algo sobrenatural que desciende de lo alto. Solemos buscar a pastores que son usados en el tema, para invitarlos a campamentos de jóvenes. Debemos hacer lo mismo en neustras iglesias.

Una debilidad podría ser que no le dedicamos todo el tiempo necesario a esa búsqueda de parte nuestra para que el Señor descienda.  También en los cultos de oración se ha ido perdiendo ese tiempo donde uno tenía toda la libertad de arrodillarse y buscar del Señor.  Mi experiencia –según Madrazo- fue que yo recibí el bautismo del Espíritu Santo a los doce años en un culto de oración. Me arrodillé a orar y  en ese momento el Espíritu Santo descendió y me bautizó. Tuvimos la experiencia en un ISUM de Uruguay un hermano, justamente de Chile, tuvo su tiempo devocional en una de las reuniones de oración donde fue bautizado en el Espíritu. Tuvo horas, y días, que no podía hablar castellano sino que constantemente hablaba en lenguas. Paradójicamente pertenecía a una organización pentecostal emblemática.  Era ministro y nunca había hablado en lenguas porque tenía sus objeciones teológicas. Tenemos que dedicarle más tiempo. No esas cosas tan armadas, sino que de una manera natural el Señor empiece a moverse con su Espíritu Santo. El tiempo de hoy parece tan tirano, pero nosotros no debemos depender tanto del tiempo.

 

Hace un mes, Ricardo Nicholson visitaba una iglesia donde, hace años, estaba de pastor junto a su padre. Ahora hay un ministro joven. Comparado con Ricardo es joven, muy contemporáneo. Justo esa mañana hubo una lengua con interpretación. Siempre que pasa alguna cosa así, Nicholson se detiene a observar para ver cuál será la reacción  del Pastor. ¡Él lo trató de una manera tan linda, fue tan hermoso! Después del culto, Nicholson lo felicitó y le dijo que jamás había visto una explicación  tan linda como esa. El pastor dijo esto a la congregación: “-lo que ustedes han oído, obviamente, es un mensaje personal para alguien en esta mañana. Te está diciendo tal, tal y tal  y eso demuestra el amor de Dios para contigo”. Ricardo Nicholson decía que eso es buenísimo porque muchos suelen tener vergüenza. Si uno “escarba”, descubre que provoca angustia el ver algo pentecostal. En una manifestación muchos prefieren terlo todo controlado, según lo que tenemos el bosquejito. Dios no va a acomodarse de esa manera. Dios no va a restringirse a nuestros planes, no lo va hacer. Por eso el don de hablar lenguas es la puerta de entrada porque de repente es algo que no se entiende y escapa del control. Se trata de lo que viene de adentro para fuera por parte del Espíritu Santo. Por parte de Ricardo, cree que hay una degeneración en la que algunos, no todos, tienen la  tendencia de querer el absoluto control públicamente. Dicen: “-Si Usted lo hace en casa está bien”. Pero eso de esposar al Espíritu Santo no es correcto. Nicholson teme las consecuencias de esta postura y espera que no haya ninguna generación por esa senda. Porque Dios está levantando una generación con mucho deseo y con mucho fervor de tener un visitación del Espíritu para sus contemporáneos también.

 

El moderador agradece por estas brillantes repuestas que nos dejan una reflexión muy interesante. Para sintetizar lo expuesto pdríamos decir, en primer lugar, que a veces no damos el tiempo para que el Espíritu Santo actué. En ocasiones se exagera el tiempo de adoración cantada. Demasiada música donde obligamos a las personas a decir una letra que la tiene memorizada en lugar de hablar en lenguas. A veces la angustia o el miedo de perder un esquema estético. Al fin y al cabo hablemos en algún taller lo que es el orden, esto no tiene que medirse por lo estético sino por la práctica. También dijimos que el reloj nos controla  muchísimo. Eso es lo que impediría dar lugar a los bautismos en el Espíritu Santo.

Cuando se dio oportunidad al auditorio para hacer preguntas, alguien tocó el tema del culto público y el privado. Dijo que creía que también es importante trabajar en lo referente a la música y la alabanza. Al hablar de mucha música o mucho tiempo de música, es importante que también los pastores principales ministren a los músicos para que ellos tengan una búsqueda del Señor y no sea simplemente un tiempo musical. Debería ser un tiempo donde las personas que ministran la alabanza puedan ministrar al pueblo de modo que se tome conciencia de la presencia gloriosa del Señor. De esta manera preparar el corazón de los hermanos para que cuando se predique la Palabra la tierra esté fértil y el Espíritu Santo pueda descender con poder y con gloria.

 

Luego de agradecer el aporte, Edgardo Muñoz elevó al panel la cuarta pregunta: “¿Qué condiciones son necesarias para fomentar el bautismo en el Espíritu Santo?”

 

Ricardo Nicholson comenzó con la batería de respuestas y afirmó que las condiciones son: Primero tener hambre y sed para las cosas de Dios. Segundo: Lógicamente obediencia.      Tercero destacó lo que dijo Ricardo Castillo al principio: Tener una meta, es decir recibir para tener una experiencia no cumple con el diseño de Dios si luego no hay una meta.     Dios quiere que hagamos algo, que seamos algo. Entonces se apunta a la meta, sea evangelismo al mundo o edificación de la iglesia. Cuando dependemos de algo que supera nuestras capacidades para emprender una tarea, entonces lógicamente vamos a buscar más de Dios.        Es importante tener intencionalidad porque si no, damos vueltas y más vueltas, absorbiendo todo en nosotros o una experiencia más. Dios lo está diciendo en la historia, el libro de los Hechos también. Los hermanos pasaron los primeros diez años de existencia de la iglesia pentecostal en Jerusalén llenándose con la doctrina. Estaban los discípulos y dice el Espíritu Santo “-¡id a toda criatura, empezando aquí, pero vamos para Samaria, a Judea y  hasta lo último de la tierra!”. La iglesia comenzó a irrumpir, cambiar el liderazgo, cambiar la base de Antioquía a Éfeso y un montón de otras cosas, entre ellas, nuevos líderes. Dios hoy en día quiere que hagamos algo y para eso necesitamos que el Espíritu Santo nos empuje para fuera, para hacer la tarea, llevar ideas, de emprender como dijeron por allí, el evangelismo más extenso de toda la historia y en eso estamos hermanos,  alcanzando las metas, el propósito de Dios.

 

Daniel Madrazo tomó la palabra y habló de tres aspectos importantes que son: Desearlo, pedirlo y recibirlo, porque en el deseo esta la atracción. El Señor dijo: “-al que le pide se le da” – Ese hambre espiritual es lo que debemos tener para solicitarle al Señor aquello. Porque al fin y al cabo es algo que el Señor prometió. Es necesario el ambiente espiritual. Como decíamos hoy, se requiere de nuestra parte el espacio para el Espíritu Santo sea derramado y el Señor nos concede lo que le pedimos. Él lo hace, lo recibimos y lo disfrutamos.

 

Juan Duarte, en cambio comentaba que primer lugar tiene que haber sed de Dios, anhelo en nosotros mismos, los pastores y luego también tiene que haber una guía del Espíritu Santo. Guiar al pueblo hacia la búsqueda. También manifestaba acuerdo con Castillo acerca de empujar hacia la meta, hacia donde queremos ir. Para eso necesitamos al Espíritu Santo

 

Carmen Hidalgo manifestó sentirse complicada a la hora de citar las condiciones necesarias que el ser humano puede aportar para combinarse con las condiciones espirituales. Una persona que tiene la convicción de Cristo posee acceso a la promesa que Jesús les menciona a sus discípulos. Pero a su parecer las sosas suelen ocurri de otra manera. Cuando aún no se había convertido, asistió a un congreso de jóvenes. Su compromiso con el catolicismo la llevó, incluso a tocar la guitarra en la misa. No puede decir exactamente qué sucedió en ese congreso. Pero estaba asombrada de cosas que estaban ocurriendo allí.             Estaba el hermano Juan Mazurek, padre de Jaime, en un pueblo pequeño llamado Mejillones y allí se congregaron todos los jóvenes. Le llamaba la atención cómo la pasión que la gente tenía con las cosas de Cristo. Pudo oír a su suegra hablar cosas raras, lo que le asustaba. Entonces llegó un momento que el hermano Juan terminó su prédica, e hizo pasar adelante muchos jóvenes de los doscientos que sistieron. En medio del estupor que el panorama le ocasionaba, sintió un empujón en su espalda.

Sin embargo no había nadie detrás suyo. Tratando de ignorar la experiencia, y segundos después, el empujón fue más grande al punto de hacerla caer de rodillas, a unos dos metros de donde originalmente se hallaba. No podía entender lo que ocurría. Pero se acercó el hermano Mazurek y los que lo ayudaban a orar por los demás y puso su mano en la cabeza. En ese instante empezó a hablar algo que fue para ella extraordinario. No cesó de hablar cosas que no entendía.  Hoy sabe exactamente qué era pero insiste que en ese momento no estaba convertida. Perdió noción del tiempo hasta que alguien le avisó que el servicio había concluído. Esa es la razón por la que se le hace complicado pensar en condiciones, porque no cree haber cumplido con ninguna de ellas.

Dios hizo algo con ella por pura misericordia. Desde entonces no se ha soltado de la mano de Él. Para ella, el hablar en lengua es algo tan especial y sobrenatural que sigue recibiendo.

 

El quinto panelista que quiso opinar sobre las condiciones para reavivar los bautismos en el Espíritu Santo fue Ricardo Castillo. Para él, lo más importantees crear la necesidad del bautismo en toda persona que se ha convertido a Cristo. Es imposible llegar a ser un buen cristiano sin el Espíritu Santo.  Así que no tener gente con la experiencia del Bautismo del Espíritu Santo, significa asegurar la carencia de buenos creyentes.  El Espíritu Santo es el único  que capacita al creyente para ser un testigo visible de Jesucristo. Lo segundo consiste en crear los espacios. Debemos de ser intencionales. Su iglesia o las iglesias deberían tener periodos en el año para ministrar bautismos en el Espíritu Santo. En tercer lugar considera que se debe enseñar lo que es la vida del Espíritu. Los pentecostales no debemos ser conocidos solamente por las lenguas sino porque hay desarrollo de la vida del espíritu de cada creyente donde se manifiesten los dones del Espíritu Santo y donde se manifiesten los frutos del Espíritu.

 

La Hna. Carmen aclaró que con el relato de su experiencia no quería fomentar las faltas de conversión.

 

Edgardo asintió y añadió que se hicieron evidentes, la gracia y la voluntad de Dios con lo que ocurrió, también el deseo de tener más del Señor. Pero no se le puede desear, ni pedir, ni buscar, sino se fomenta, ni se incentiva, ni se dan espacios para que esto ocurra. Ahora en algunos casos hablaba el hermano Ricardo de esa búsqueda de corazón sediento del Señor. Esto a veces está relacionado con el quebrantamiento de las personas. Muchos no han recibido bautismo del Espíritu hasta que no llegaron a un momento en que no tenían más nada que perder, como los discípulos en pentecostés. Y creo –añadió Muñoz – que muchas veces ese quebrantamiento abre la puerta para todo lo que después decimos. Es muy importante el generar esas oportunidades, el fomentar y el hablar acerca de lo que el Espíritu hace. Si no mencionamos que hay una necesidad del bautismo en el Espíritu Santo. Las personas no van a pensar que hay una necesidad, Y hablando justamente de todo esto.Vamos a la siguiente pregunta.  Los institutos bíblicos son formadores de los ministros  y si los ministros no están debidamente enfocados con lo que es el mover del Espíritu Santo y no entienden la prioridad del Bautismo en el Espíritu Santo probablemente esto se traslada a la iglesia y a las sucesivas generaciones. Por eso es muy importante trabajar en los semilleros que son los institutos bíblicos y los seminarios. Para tener una perspectiva clara de lo que cada uno conoce de sus lugares, de sus ministros. ¿Cuál es el rol de los institutos bíblicos  en la pentecostalidad?

 

Ricardo Castillo respondió que los educadores deben ser modelo de pentecostalidad. A veces no hemos sido cuidadosos de entender que todo comienza con la vida propia del educador.       Así que debemos asegurarnos educadores con una experiencia pentecostal porque si ellos son verdaderos pentecostales transmitirán su experiencia a la vida de sus estudiantes. La segunda cosa que Castillo considera importante que dentro de esas formaciones o  preparación del ministerio hemos de enfatizar que es imposible tener un ministerio efectivo sin el Espíritu Santo. Ricardo cree haber escuchado de Jimmy Salazar de las famosas semanas de énfasis espiritual en los institutos. Considera que si lo hemos dejado de hacer en algunos países hay que volver a retomar la práctica para crear esos espacios donde el Espíritu Santo renueva la experiencia en la vida de nuestros estudiantes. Porque más que teología necesitamos práctica y esa práctica debe ser producto de ceder el espacio al Espíritu Santo. Finalmente debemos enfatizar el propósito  del Espíritu Santo en la vida de los creyentes. Es imposible que un estudiante no sea un evangelista. A veces tenemos muchos estudiantes, pero pocos evangelizadores. La Biblia dice que: “a la verdad la mies es mucha y los obreros son pocos”. Entonces dentro de la dinámica de los institutos, hacer práctico al pentecostalismo a través de la evangelización es una necesidad.

 

Carmen Hidalgo añade que para ingresar al instituto bíblicos se requiere la autorización  de los pastores. Ellos la dan si observan madurez en los candidatos. Sin embargo, los primeros pasos se dan en la iglesia. Los segundos pasos en la formación y capacitación que únicamente se proveen en los institutos. La frase icónica de ISUM “Conocimiento y Fervor” debería incorporarse a los institutos bíblicos. El conocimiento es bueno, los jóvenes llegan con una expectativa de saber qué es lo que les van a enseñar, entre ellas cosas que no la conocían en la iglesia. Pero todo entra en la categoría de letra. Carmen añadió que hay que “incar más el diente” es decir, ponerle más énfasis a la espiritualidad porque no sólo saldrán buenos estudiantes tener una buena homilética, hermenéutica y demás. Necesitan también la parte de la pasión del Espíritu Santo. A esa experiencia llegaron inclusive bautistas y de otras denominaciones en las que el bautismo del Espíritu Santo no es una práctica. Ellos salieron de algunos institutos investidos por el poder del Espíritu Santo. Pensaron: “Quiero tener esto que mis compañeros tienen”, y luego lo compartieron en sus iglesias. Por eso los profesores, directores y académicosson clave para darle esa importancia al Espíritu Santo.

 

Edgardo Muñoz añadía que los educadores estamos muy involucrados en lo que puede hacer un instituto bíblico. Si no somos llenos del Espíritu Santo nunca generaremos esa sed en los estudiantes. En base a lo que expresó la hermana Carmen, los profesores podemos sentirnos muy tentados a buscar la aprobación de los estudiantes y a veces darles lo que nos piden y lo que les gusta. Tenemos que acostumbrarlos a darles lo que necesitan, más allá de lo que les gusta o lo que nos pidan. Nos evalúan bien o mal de acuerdo a su parecer. Ellos todavía no saben claramente cuáles son sus verdaderas necesidades para el ministerio. Erramos cuando tratamos de satisfacer sus apetencias y no sus carencias espirituales.  Por eso debemos estar muy  enfocados en la necesidad que tiene cada uno de ser lleno del Espíritu Santo.

 

Un asistente del auditorio acotó que ingresó al Instituto Bìblico en el año 89. En ese tiempo  pensaba que era bautizado con el Espíritu Santo por lo que puso en el formulario de ingreso que lo era, en base a ciertas experiencias que había tenido. Tener el bautismo en el Espíritu Santo era requisito de ingreso en el seminario para ese tiempo. Durante la entrevista personal con el director, éste le dio la bienvenida, y acto seguido le preguntó si había recibido el bautismo en el Espíritu Santo con la evidencia de las lenguas. El hermano respondió que aún no hababa en lenguas. El director le dijo que no podía ingresar al Instituto bíblico.

Y ¿qué voy hacer? – preguntó el candidato. La respuesta fue breve: “-tienes que buscar”. Como alrededor de la midad de los candidatos se hallaban en esta condición, el director se negó a iniciar las clases hasta que no recibiesen el bautismo. Pasaron los días sin novedades hasta que llegó un predicador, cuyo ministerio consistía en ministrar el bautismo en el Espíritu Santo. Allí casi todo recibieron lo anhelado y así pudieron comenzar las clases. Desde ese momento no cesa de hacerlo. Pero la razón por la que el asistente de la audiencia mencionó su experiencia es porque en nuestros días pareciera no enfatizarse este principio en los institutos. Se necesita poner este énfasis en los institutos. Al menos ISUM sí lo hace.

 

Juan Duarte coincide  que los educadores y formadores no deben ser teóricos. Deben tener experiencia pentecostal los que enseñan en el instituto bíblico. Hay que dar lugar a la experiencia en momentos de búsqueda, retiros y en campamentos. Cree que hay que poner énfasis en los dones del Espíritu Santo como herramientas para trabajar en la vida del Señor. Es indispensable la dependencia del Espíritu Santo. Enfaticemos el rol del instituto Bìblico a través de los educadores que salen con fervor y pasión al ministerio y así sirven al Señor.

 

Daniel Madrazo manifestaba acuerdo con lo que se venía diciendo. Nuestros institutos tienen que estar comprometidos con ese ADN. Los directivos, profesores, alumnos y aún todo el personal relacionado con los institutos debe involucrarse. La palabra tan mencionada de Ricardo Castillo, “intencionalidad”, es importante. Tenemos que ser intencionales y eso es fundamental también para seguir desarrollando ese ADN pentecostal. No se deben perder los énfasis espirituales, sino que se deben seguir desarrollando en cada uno de nuestros institutos.  Los devocionales y demás actividades deben estar al servicio de la vivencia pentecostal para que nuestros alumnos desarrollen el correcto equilibrio entre lo intelectual y la llenura. Es como un todo, podríamos decir, es todo un círculo desde la iglesia pasando todo por el instituto y vuelve. Algo que debe ser continuo… una rueda sin parar.

 

Para Ricardo Nicholson todo lo dicho forma un paquete muy bueno. Hablar de esto anima a los estudiantes a recibir, y anima a los profesores para mostrar la llenura constantemente, porque si el profesor no la tiene, será difícil transmitírselo a otros. Jesús es nuestro modelo. Cuando él hablaba en Juan 17 de la venida del Espíritu Santo, se refiere al poderoso gigante que iba a llegar y entonces se entusiasman y se incentivan entrar, esperar y recibir después con la misión que estaba por delante. Y también animar no solamente a recibir. Pero alguien habló de transmitir, orar por otros para que reciban ellos y poner en práctica eso, porque si lo absorbemos, sólo para nosotros mismos, poco lograremos. Pero si transmito lo recibido y oro por los enfermos, entonces seguro que recibiremos más y más para poder dar más y más.

 

Edgardo Muñoz traslada la charla del presente de la iglesia hacia el futuro.¿Cómo vemos a la iglesia pentecostal dentro de 50 años, suponiendo que el Señor no viniera antes?

 

Ricardo Nicholson continúa y bromea con que dentro de ese tiempo será muy anciano. Pero según la Palabra de Dios, Dios tiende a renovar. Hay tiempo de sequías, hay tiempo de que parece que no hay movimiento, pero Dios hace algo soberano, las cosas se congelan, las cosas se componen y todos los elementos están allí. ¿Quién sabe?  Y añade: “-Yo espero que cada generación tenga su propia experiencia con el poder del Espíritu Santo, y estoy queriendo lo mismo para nuestros hijos que están en eso y aún bisnietos, pero por lo menos para la próxima generación, después de eso vamos a ver.”

 

Daniel Madrazo acota que va depender mucho de nosotros, de la generación del presente lo que podamos transmitirle a la generación futura si es que el Señor no viene. Que realmente no nos pase como en los tiempo de los jueces, que se levante una generación que nunca supo de los milagros, como producto que no hubo una generación que no supo transmitírselo. Que el Señor nos ayude a pasar la antorcha con el fuego encendido para que aquellos que van a venir en el futuro puedan seguir manteniendo vivo el fuego pentecostal.

 

Juan Duarte declaró tener fe de lo que la Escritura dice acerca de que Dios va a derramar su Espíritu Santo con abundancia en estos postreros días. Piensa positivamente que vamos a tener iglesias aún más poderosas en experiencia, en cuanto a la dimensión del Espíritu Santo. Pero dependerá de lo que hoy hacemos los que hoy estamos en pie. También tenemos que preparar un equipo de relevo como Elías preparo a Eliseo y Moisés a Josué. Necesitamos hacer eso para que el mañana llegue con la experiencia pentecostal.

 

Edgardo Muñoz interrumpe alentando a los ministros de relevo. Duarte añade que debemos tener una generación experimentada en cosas sobrenaturales. Hace falta un excelente equipo de relevo experimentado en lo sobrenatural con el ADN pentecostal puro.

 

Carmen Hidalgo expresó su preocupación por el futuro en base al presente ya que no nos hallamos en un ciento por ciento bien en cuanto a la búsqueda del Espíritu Santo. Sól por fe tenemos que creer que será mejor. Un texto bíblico dice que “murió Josué hijo de Num siervo de Jehová a la edad de 110 años y murió también toda aquella generación por lo que la generación que se levantó después no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel.” El libro de Jueces relata que fue caótico después de la muerte de Josué todo fue caótico. Esperemos que dentro de 50 años no ocurra esto. Si el Señor no viene antes, pensemos en el legado que entregaremos. Generalmente cuando nosotros estamos en la iglesia, ministramos a los demás con pasión y ponemos mucho énfasis. Como pastores les proveemos todo lo posible a los hermanos. Deberíamos ser así constantemente y en toda circunstancia.  Que el Señor nos de esa misma pasión en nuestros propios eventos porque nosotros somos los pastores que dejaremos el legado a la próxima generación.

 

Ricardo Castillo añadió el mismo parecer. Sin embargo debemos de verlo como una provocación del Espíritu Santo, donde hay un llamado a despertar. Porque necesitamos elevar la temperatura en la iglesia, necesitamos apasionarnos, necesitamos dejar fuego a la siguiente generación, yo quisiera –decía Castillo- con esta antítesis decir lo que no debemos de hacer. Cuando Samuel nace, nace en una condición espiritual de decadente. Hubo tres o cuatro elementos que hicieron que esa generación estuviera decadente. Primero crearon sus propias reglas. En segundo lugar no había visión. Luego, la lámpara se apagaba. Finalmente no había respeto hacia a Dios. La Biblia dice de manera figurativa que cuando perdieron el arca, la nuera de Elí  le puso a su hijo recién nacido el nombre Icabod (heb. una generación sin gloria). Enfatizó Castillo que no quisiera dejar a una generación sin gloria. En cambio querría que cada uno de nosotros reflexionásemos para no dejar a una generación sin gloria.  Que podamos elevar nuestro espíritu, depender de la misericordia de Dios y que Dios nos vuelva a avivar más. Que el Espíritu nos vuelva a apasionar y vuelva otra vez a encender de nuestro corazón. Animó a los presentes para que permitan a Dios encender sus corazones y así tener un nuevo comienzo, una nueva oportunidad. Que se permitan tener un despertar extraordinario. Castillo reitera su convicción de que los avivamientos no existen. Se explica mejor diciendo que existe gente que entiende el tiempo y la Palabra, se mete en la Palabra y recibe los resultados de la palabra. Entonces si usted despertamos la verdad de Dios. Dios traerá un despertar en nuestra generación.

 

Para concluir, el moderador lanzó la pregunta final: ¿Cómo quisiera ver a la iglesia dentro de 50 años con respecto a la llenura del Espíritu Santo?

 

Ricardo Castillo, que anteriormente tenía la palabra, respondió: “Yo quisiera verla comprometida, quisiera verla encendida en el fuego del Espíritu Santo, pero si no lo hacemos hoy no habrá un mañana.”

 

Carmen Hidalgo continuó: “De la misma forma,  añadiendo a lo que dice Ricardo, el Señor vendrá a buscar a una iglesia santa y pura. Que Cristo nos halle en esa condición y llenos del Espíritu Santo. Esos son mis deseos.”

 

Le tocó el turno a Juan Duarte: “Yo veo una iglesia experimentada en cuanto a la unción de Dios, una iglesia que pone énfasis en el Espíritu Santo y que tiene la experiencia pentecostal.”

 

En su intervención, Daniel Madrazo añadió: “Nuestra oración, nuestro deseo es ver a la iglesia fuerte espiritualmente, tal cual lo oró Pablo. Fuerte en poder , en milagros, fuerte en ambiciones sanas y fuerte en crecimiento. Una iglesia pujante como la que siempre hemos querido ver y la que estamos viendo en algunos aspectos.”

 

Por su parte, Ricardo Nicholson dijo: “Creo que Dios está levantando un ejército para esta undécima hora, que será algo formidable. La Biblia habla de que Dios en un momento va a correr las cortinas para la manifestación de sus hijos. Nada raro, simplemente va a decir: He aquí estos son míos, este es mi ejército. Esta es la iglesia audaz que emprenderá cualquier tarea en la cara del diablo. Irá predicando el evangelio, haciendo señales y prodigios. Creo que será la mejor hora para la iglesia que es imparable. Vamos a decir a Dios: Úngenos para estos difíciles días postreros, días para que el evangelio llegue como testimonio hasta lo último de la tierra.”

 

Edgardo Muñoz finalizó con esta reflexión: “Por lo que podemos apreciar, el soberano Dios confió a nuestras manos el futuro pentecostal. Por eso tenemos que ser ministros pentecostales de pura raza, porque si se altera nuestra genética lo que sigue no será bueno. Pero si mantenemos nuestra genética pentecostal pura, fresca, buscando al Señor, cuidando los institutos y dejando espacio para que el Espíritu Santo actué, es allí, entonces cuando podemos garantizar una iglesia gloriosa sin mancha y sin arruga, ni cosa semejante. Una iglesia que esperamos que dentro de 50 años ya esté con el Señor porque con el poder del Espíritu Santo hemos predicado el evangelio a toda criatura.”

La concurrencia selló las brillantes exposiciones con un estruendoso aplauso.

Edgardo Muñoz


 

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