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El sermón que yo quisiera oir

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2017.2

Por Lidia Lewczuk de Masalyka

 

 

En tiempos posmodernos, quienes tenemos la posibilidad de enseñar o predicar tenemos la constante competencia de la tecnología, que tanto gusta a los jóvenes y adolescentes. Por lo tanto para que un sermón sea efectivo y lograr que algunos hermanos no estén solo entretenidos con sus celulares (fingiendo que tienen allí sus Biblia) considero que debemos replantearnos algunos pasos.

1°) Personalmente no me gustan los chistes “para relajar o descongelar al público”. Tal vez es una excusa del predicador para relajarse, pero he visto que luego de un tiempo de adoración profunda, cuando los oídos y corazones son tierra fértil para la buena semilla, la Palabra, que a veces se cuentan anécdotas graciosas, mientras la gente aún se está secando las lágrimas, luego de un momento serio por un toque espiritual.

No siempre es igual, pero el humor, puede ir tal vez en algún otro tramo del sermón. No estoy en contra de alguna carcajada santa, la solemnidad falsa es odiosa a los ojos de Dios. Tampoco abusar del humor, pues se puede desvirtuar el mensaje o perder la esencia de la predicación, que es la proclamacion de la Palabra de Dios.

2°) Evitar vana palabrería. Puede haber buena retórica, emotividad, pero si lo que decimos no concuerda con lo que vivimos, no sirve de nada. Hasta las personas nuevas se dan cuenta si el que habla es sincero o es un charlatán.

“Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de un corazón limpio y de buena conciencia y de fe no fingida, de las cuales cosas desviándose algunos se apartaron a vana palabrería, queriendo ser doctores de la ley sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman”. Consejos del apóstol Pablo a Timoteo en 1 Tim. 1:5-7.

3°) Mantener el equilibrio desde su apariencia hasta el respeto por el tiempo que se le otorga. Muchos quieren llamar la atención a sí mismos, con ropa atrapante o joyas. He visto predicadores con cadenas de oro y cruces sobre remeras oscuras. Y la gente piensa otra cosa mientras él predica. Otros que son mayores, vestidos como adolescentes (lo que a otros les produce rechazo y puede llevar a que cierren su corazón al mensaje). Esta observación va para ambos sexos.

“Si algo agrada a los oyentes de un discurso, es el hecho de entender con toda facilidad lo que se les quiere decir. De ahí que no depende tanto de cuánto sabe el expositor, sino cuánto le entienden quienes escuchan. Hay quienes se ufanan de sus muchos conocimientos, pero a la hora de evaluar sus grandes discursos, ocurre que apenas un pequeño porcentaje de su público alcanzó a entender sus muchas palabras”. (Extraído de: 5 pasos de un buen discurso[1])

4°) Saber bien el objetivo. Para esto se necesita buena preparación, para una clara estructura de ideas, tener un buen desarrollo y saber qué fin lograr. Teniendo millones de sermones listos en Internet es demasiado fácil tener un sermón exprés. Pero lo que llega al corazón de los oyentes es lo que Dios le ha revelado personalmente, al mensajero. A pesar que llevo más de 40 años enseñando y predicando, he hecho mía una orden de Dios a Moisés (Deut. 5: 29/33) “Tú ven conmigo, que yo te enseñaré lo que tú le enseñarás al pueblo, para que guarden esa palabra, para que a ellos y a sus hijos les vaya bien para siempre:

No estamos para entretener a la gente, debemos darle trigo puro y no paja. Los mensajes preparados sin responsabilidad, sin oración, son paja, por eso hay una generación desnutrida de la Palabra, lo que ha traído tantas consecuencias nefastas. Pero nosotros daremos cuenta de cada oportunidad desaprovechada de FORMAR A LAS PERSONAS PARA LA VIDA NO PARA QUE DISFRUTE DE UN  BUEN CULTO.

5°) “Subir al púlpito con la cabeza ungida”.  El Salmo 23 habla de una unción con aceite fresco. Todos tenemos archivos de años, pero es aceite rancio. Las nuevas generaciones hablan, piensan diferente. No quiero decir que la verdad predicada hace años haya cambiado, pero esa misma palabra debe ser renovada, aplicada a este tiempo. Sería simple estar obsesivos con un tema, pero el público hoy es distinto, pues las generaciones cambian su manera de pensar, antes cada diez años, luego cada cinco, hoy con cada cambio de tecnología. Para ampliar el espectro, debemos interiorizarnos con la actualidad, la cultura de hoy. Podemos tener una historia del pasado, y es bueno aplicarlo, pero ampliar los horizontes es un gran trabajo. Usemos los tesoros nuevos y viejos.

En conclusión, no puedo dejar de recordar el tono de voz, las miradas, ”los gestos también hablan”. Dios nos llamó a predicar, enseñar, ser su voz. Que podamos decir como Jeremías,  “Fueron halladas tus palabras y yo las comí, y me fueron por gozo y alegría para mi corazón”. Al compartir, seguramente contagiaremos ese espíritu sin necesidad de payasadas.

 

 

 

 

 



[1] Extracto tomado de Familia.com.

 

Lidia Lewczuk de Masalyka


 
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Comentarios: 3

  1. Graciela Alicia Martinez

    Muy bueno

  2. Graciela Alicia Martinez

    Muy buena meditacion hna.

  3. Excelente!!! Me encanto el artículo. Sano, fuerte y conciso!!! Adelante!!!

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