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Revitalizando la predicación

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2017.2

Por Marcelo Marcón

 

 

Vivimos en un mundo modernizado en muchas maneras. Los avances tecnológicos y las comunicaciones han alcanzado niveles que cincuenta años atrás eran impensados.

Estos avances también se han hecho presentes en la iglesia del Señor y con muy buenos resultados. Por ejemplo: los cristianos de hoy pueden tener innumerables versiones de la Biblia en su móvil, leer sus devocionales desde sus dispositivos, estar actualizados con la música cristiana mas reciente, escuchar mensajes en línea de cientos de predicadores, e incluso pueden ver en vivo y en directo el servicio  de su iglesia  si es que no pudieron asistir.

Esta  generación vive actualizándose de manera constante, todo lo ven en full HD y con  sonido envolvente.  Es en este contexto que los predicadores de hoy intentamos llegar a las vidas de las personas con una Palabra de Dios.  Resulta ser entonces un desafío enorme confeccionar y predicar un mensaje que pueda satisfacer de buena manera al auditorio mas riguroso de los últimos tiempos.

Otro elemento que dificulta nuestra labor es que la mayoría de los predicadores actuales somos “inmigrantes” digitales (mas de 25 años de edad), y no “nativos” digitales, (menos de 25 años, nacidos en la generación tecnológica).  Entonces, para el predicador, estar actualizado y  la vanguardia con la tecnología es un doble esfuerzo ya que todos los avances siempre le sacan una ventaja considerable.

Por este fenómeno de modernización constante, es que nos encontramos en muchas congregaciones con la realidad de que la mayoría de sus membresías  son de la misma generación del pastor; ya no se está alcanzando a la generación que viene porque la brecha tecnológica se hace cada vez más evidente. De esta realidad surgen las siguientes interrogantes: ¿Cómo lograr que la predicación del evangelio  toque a esta generación?  ¿Cómo hacer que el mensaje del evangelio sea interesante y fresco para  los fieles de este tiempo  y no caer en el obsoletísimo?

Una posible respuesta sería el buen uso de los auxiliares.

La percepción del ser humano a través de sus órganos sensoriales es de un 11% por lo que escucha, un 3,5% por el olfato,  un 1,5 por el tacto, un 1% por el gusto, y un 83% por la vista.  De allí la importancia fundamental de que  los predicadores y oradores actuales podamos hacer “visibles” las verdades espirituales de la Palabra.

Los auxiliares se definen como todos aquellos elementos que podamos ocupar para estimular los sentidos. También conocidos como “ayudas visuales”  o sensoriales que facilitan el aprendizaje. Es la forma más antigua de exponer y enseñar, pero no por eso la menos importante.

Por mucho tiempo hemos encasillado el uso de los auxiliares, las lecciones objetivas, y todo lo sensorial, solo al rol del profesor dentro de una clase de niños, adolescentes, jóvenes o adultos. Pero la verdad es que hoy es necesario para toda la iglesia tener la capacidad de realzar las verdades bíblicas ilustrando de manera concreta y esa es una tarea de los predicadores. No solo debemos preocuparnos de hacer una buena exégesis del texto, y ordenar nuestros sermones de manera homilética, sino también de asegurar el aprendizaje a través de los auxiliares.

Los que nacimos en la generación anterior podemos recordar distintos elementos auxiliares con los que nos ensañaron las Escrituras, tales como la pizarra, el franelógrafo, las cartulinas,  los mapas, los equipos de proyección, los casetes,  el vhs, entre otros. Estos recursos y muchos más, (que en algunos lugares aun son utilizados), fueron fundamentales en nuestra formación cristiana, pero para nuestros hijos y nietos ya son casi desconocidos.

Entonces: ¿Cuáles son los nuevos recursos que podemos usar hoy en día?  La respuesta esta en las Nuevas Tecnologías de Información. (NTI). Los programas de diapositivas, imágenes, videos, gráficos estadísticos, audios, contactos  en vivo y todo lo que nos ofrece internet como herramienta  de apoyo.  Todo está a nuestra disposición para un uso adecuado y  que realmente sea un aporte en nuestra tarea como predicadores.

Para el buen uso de los auxiliares no hay una ley que diga que los elementos antiguos son mejores que los actuales o viceversa. Tanto lo pasado como lo presente funcionarán con éxito dependiendo de la habilidad del predicador respecto de sus uso.

Jesús, nuestro modelo por excelencia hizo uso de auxiliares en innumerables ocasiones,  aludiendo a los lirios del campo, las aves del cielo, los campos blancos para la cosecha, el yugo, la vid, el agua del pozo y muchos más.  Si el Señor usó este recurso hace dos mil años atrás, cuanto más nosotros debiéramos  hacerlo hoy frente  a un auditorio tan riguroso.

El uso del recurso gráfico, es lo que en la actualidad algunos definen como “el poder de la imagen”. El dicho popular dice: “una acción vale más que mil palabras”, mientras que los predicadores decimos: “una imagen dice más que mil palabras”.  En el presente “la imagen” se ha transformado en una de las herramientas más  significativas  para  la comunicación. Una imagen  no solo atrae nuestra atención como auditores,  también nos provee un descanso mental en medio de un tema profundo y extenso, además nos empuja a una reflexión combinada con las ideas que la refuerzan.

Cada uno de los esfuerzos por ilustrar una verdad resultarán en muchas personas cambiadas y trasformadas por el Señor luego de haber comprendido  en profundidad  el mensaje que se está predicando.

Cuesta demasiado visualizar verdaderos  cambios en personas que no han entendido el mensaje. Todo lo que usemos para hacer “sencillo lo profundo” o “fácil lo difícil” traerá una respuesta positiva en nuestras congregaciones. Si el uso de un elemento ilustrativo lleva a las personas a tomar decisiones que mejoran su relación con Dios entonces vale la pena el esfuerzo creativo que hace el predicador.

Pero, que debe tener en cuenta un predicador en relación al uso de los auxiliares:

En primer lugar, no olvidarse que las “ayudas visuales” o sensoriales son justamente eso, “ayudas.”  El auxiliar que vamos a utilizar en nuestra exposición no debiera quitarle protagonismo al asunto principal que estamos tratando. No se debe elaborar  un sermón por causa de una ilustración. La gente terminará recordando lo novedoso del auxiliar usado y nada recordará del principio bíblico en cuestión.

Lo segundo es tener en cuenta lo que se denomina “el marco físico” que corresponde al tamaño del salón; en caso de usar  proyección, asegurar el soporte técnico como pantalla, sonido, iluminación, etc. También la posición que ha de usarse frente al auditorio para un uso adecuado de volumen. Todos los elementos que aseguren  el éxito en la entrega del mensaje y  del auxiliar que usará  en el momento indicado.

En tercer lugar, interiorizarse de las características del auditorio. El número aproximado de personas, ¿todos podrán observar mi ilustración desde su lugar? También la edad promedio de los oyentes es importante, lo que determinará el tipo de auxiliar a utilizar. Lo que siempre perdemos de vista, el tiempo de la predicación. El predicador siempre pregunta: ¿cuánto tiempo tengo? La pregunta correcta es: ¿De cuánto tiempo disponen las personas que me van a escuchar?

Y en ultimo caso, el predicador debe saber que el uso del recurso auxiliar es solo para cuando sea necesario y que tiene un solo propósito, “ilustrar una verdad.” Muchos han intentado ilustrar lo que es muy obvio, lo cual les lleva a ser predecibles, mientras que otros tienen la intención de mostrar su ingenio. En ambos casos,  la práctica es un fracaso porque se vuelve una distracción mas que una ayuda al entendimiento, diluyéndose de esta manera el argumento principal.

Son incontables las opciones que tenemos a nuestro alrededor para lograr graficar enseñanzas de las Escrituras con elementos simples y cotidianos que marcarán la memoria de nuestros auditores.  Recuerdo en varios sermones haber usado diferentes elementos visuales para una mejor comprensión. Una oveja de peluche sobre mis hombros hablando del buen pastor, una caja de herramientas; para explicar  que nuestras diferencias en las manos del maestro son de utilidad. Recuerdo haber predicado con una espada en mi mano mientras aludía a los valientes de David,  también con un salvavidas puesto, para hablar de la importancia de la salvación.  En otra ocasión rompí una figura de yeso hasta quedar echa polvo, para explicar  de manera gráfica lo que significa estar “quebrantado”. También extractos de películas motivacionales entre muchas otras cosas.

Considerando que  el fondo de nuestras doctrinas nunca debiera ponerse en riesgo por tratar de alcanzar mayor éxito ministerial; si podemos mejorar en muchos aspectos la forma en que predicamos. Si bien en materia de Homilética decimos mucho acerca del uso tradicional de las “Ilustraciones habladas” y su buen resultado en los sermones, nunca serán un tropiezo; al contrario, será de gran utilidad el uso de auxiliares como una herramienta relevante para el predicador de hoy.

El desafío para el predicador del siglo XXI, en un mundo tan tecnológico y visual, es que pueda desarrollar hábilmente el uso de auxiliares en sus exposiciones. Entonces la generación actual, no solo escuchará el mensaje del Evangelio de una forma más contemporánea, sino que también comprenderá los principios bíblicos de una manera  más gráfica a través del buen uso de los auxiliares. Nunca es tarde para renovar nuestro estilo de predicación.

 

Marcelo Marcon


 

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