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Introducción al Evangelio de Juan

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2017.3

Por Jaime Mazurek B.

 

 

Es imposible sobredimensionar la importancia del Evangelio de Juan. Desde tiempos tempranos los cristianos dieron un lugar de máximo honor al cuarto evangelio, por ser obra del “discípulo amado” y por su perspectiva de Cristo como el Logos divino y encarnado. Nosotros, cristianos del siglo xxi, no podemos ser diferentes.

No solamente los cristianos conocían y usaban el Evangelio de Juan. Los falsos maestros también se interesaron en usarlo para sus fines. Mani de Persia, fundador de la secta hereje manqueísta en el segundo siglo, se denominaba “el paracletos” o “el consolador”, tomando las palabras de Cristo en Juan cp. 14-16. Tales abusos continúan hasta hoy.

Es imprescindible que todo ministro conozca, comprenda, predique y enseñe las grandes verdades que se revelan en este Evangelio, pero antes de estudiar en detalle algún pasaje en particular, es necesario tener una visión amplia y general de la obra. Por ese motivo se entrega aquí una breve introducción a este libro, tan importante para todo cristiano.

 

I. El autor del Evangelio

Igual que los tres evangelios sinópticos, el evangelio de Juan no identifica a su autor por nombre. Sin embargo toda la evidencia tanto interna como externa apunta a Juan, el hijo Zebedeo, hermano de Jacobo, discípulo de Jesús de Nazaret, como el escritor.

 

La evidencia interna:

1. Sin duda el escritor era un judío, residente de Palestina. Conocía bien las costumbres judías en cuanto a las bodas, los funerales, las ceremonias de purificación, y las fiestas anuales.

2. En Juan la expresión “discípulo amado” aparece cinco veces (13:23; 19:26; 20:2; 21:7, 20).  Juan 21:24 lo identifica como el autor del Evangelio, “Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero.”

La pregunta entonces es, ¿quién era el discipulo amado? Algunos han propuesto a Lázaro, otros a Jacobo, el hermano de Jesús, y algunos hasta afirman que era María Magdalena. Sin embargo sabemos que el discípulo amado era uno de los doce, el que se sentó al lado del Señor en la última cena. Se le ve contínuamente en compañia con Pedro. Todos los testimonios sobre el particular en la literatura Patrística afirman que Juan era ese discípulo.

 

La evidencia externa:

1. Las iglesias primitivas valoraban a Juan de una manera singular y desde sus inicios reconocían a Juan, el discípulo de Jesús, como el escritor.

2. El evangelio de Juan fue citado ampliamente en la Patrística como Escritura, comenzando con Clemente de Roma (c. 95-97), y luego por Policarpo (c.110-150), Papias (c. 130-140), Ireneo de Lyon (c. 130-142), Justino Mártir (c. 150-155) y tantos más, incluyendo a Origenes, Eusebio, Jerónimo, Tertuliano, Atanasio de Alejandría, y Agustín.

Un ejemplo del testimonio patrístico se puede apreciar en las palabras de Ireneo, en Contra Los Herejes, Libro III,1,1. “Por fin Juan, el discípulo del Señor «que se había recostado sobre su pecho» (Jn 21,20; 13,23), redactó el Evangelio cuando residía en Efeso.” Este testimonio es muy creíble, ya que Ireneo fue discípulo de Policarpo, quien fue discípulo de Juan.

3. La lista de libros del Nuevo Testamento reconocidos como inspirados – el “Canon Muratoriano”, el más antiguo que se ha encontrado y que data de aproximadamente el año 170, contiene al Evangelio de Juan, e identifica al discípulo Juan, como su autor.

En resumidas cuentas, todos los testimonios de la antigüedad, los más cercanos al tiempo de Cristo, concuerdan que Juan el discípulo fue el autor del cuarto evangelio.

 

II. La fecha del Evangelio

A pesar del testimonio unánime de la Patrística, por razón de que el Evangelio de Juan expresa la divinidad de Jesucristo de manera tan bella y profunda, no han escaseado quienes desde la modernidad afirman que tuvo que ser escrito muchos años después de la vida de Jesús. Esta idea se basa en la teoría que la idea de la plena divinidad de Cristo vino a existir solamente muchas generaciones después de Cristo.

El manuscrito P52 – papiro John Rylands

Fernand Baur, fundador de la Escuela de Tubinga, afirmaba que Juan fue escrito entre los años 160 y 170, como respuesta a los embates del gnosticismo. Tales ideas fueron repetidas por Bultmann y otros hasta que la arqueología demostró cuán equivocadas estaban.

El fragmento de papiro con el texto neotestamentario más antiguo que se ha encontrado hasta la fecha, es precisamente un fragmento de un manuscrito griego de Juan, que sin duda se usaba en las comunidades cristianas en Egipto. Ese papiro, denominado “Papiro John Rylands” o P52, data de aproximadamente el año 125 a 150 y fue hallado en Egipto en 1920.  Es bastante pequeño, midiendo solo 9 x 6 cm. En un lado hay palabras de Juan 18:31-33 y en la otra cara de Juan 18:37 y 38. Si para ese tiempo ya circulaban copias de Juan en Egipto, es obvio que la obra original fue escrita un buen número de años antes, probablemente entre los años 80 y 100.

 

III. Lugar, ocasión y destinatarios del Evangelio

El testimonio unánime de los testigos más tempranos afirma que el Evangelio de Juan fue escrito por él mismo en Efeso, mientras supervisaba la labor de las iglesias de Asia Menor. Según Ireneo, Finalmente la Iglesia de Efeso, que Pablo fundó y en la cual Juan permaneció hasta el tiempo de Trajano, es también testigo de la tradición apostólica verdadera.” (Contra los Herejes, III,3,4).

La ocasión fue el tiempo tan difícil que vivieron las iglesias durante las últimas décadas del primer siglo. Los judíos (incluyendo los judíos cristianos) fueron expulsados de Roma en el año 49. En el año 64 Nerón inició su persecución de los cristianos en Roma y sus alrededores. En el año 70, las tropas romanas destruyeron por completo al Templo en Jerusalén y ocuparon la ciudad. En los años 80 Domiciano estableció el culto al emperador como la religión imperial.

Fue un tiempo cuando los judíos rechazaron con fuerza el mensaje cristiano y expulsaron a sus compatriotas judíos creyentes en Cristo de sus sinagogas, pues los culpaban por sus penurias. Justamente es en el Evangelio de Juan donde aparecen las únicas instancias en el Nuevo Testamento de la palabra aposunagogos – ¨expulsado de la sinagoga” (Juan 9:22; 12:42; 16:2).

Juan escribió a una comunidad mezclada, mayormente de judíos, pero también de gentiles, personas de culturas muy diferentes y a menudo hostiles, pero transformados y unidos por la fe en Jesús. Habló con familiaridad de cosas propias de los judíos, como sus fiestas y ceremonias, y a la vez explica algunas cosas evidentemente desconocidas por sus lectores gentiles (por ejemplo, Jn. 6:1).

 

IV. Propósitos del Evangelio

El propósito fundamental del Evangelio de Juan era la evangelización. Juan declara que su intencion era hacer que sus lectores creyesen en Jesucristo, para así alcanzar la salvación y la vida eterna. “Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.” (Jn. 20:30,31).

Como vimos, Juan escribió a una comunidad de creyentes judíos y gentiles. Enfatiza más que cualquier otro evangelista la divinidad de Cristo, y muestra a los judíos expulsados de sus sinagogas, que el creer en Cristo es lo que los hace hijos de Dios, pues en Cristo estaba el pleno cumplimiento de todo lo anticipado en las fiestas e instituciones de Israel.

Sin duda, el Evangelio de Juan también cumplía una función didáctica en la comunidad cristiana, para mantener la fe pura de cualquier contaminación.

 

V. Particularidades del Evangelio

El Evangelio de Juan es único en muchas maneras.

 

1. La divinidad de Cristo

Juan destaca la deidad de Jesucristo, más que cualquier otro evangelio. En contraste con los sinópticos que comienzan con el nacimiento o el bautismo de Jesús, Juan describe a Cristo en su condición pre-encarnada, divina. En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” (Jn. 1:1-3).

Las siete declaraciones “Yo soy” de Jesús también afirmaban la verdad de su deidad. El mismo Dios revelado a Israel, se había hecho carne.

 

2. Las “señales” de Cristo

A pesar del hecho que Jesús hizo muchos milagros (Jn 21:25), Juan solamente menciona a siete durante su ministerio pre-crucifixión, y a estas las llama “smeion“, “señales”.  Estos siete milagros se narran en los primeros once capítulos del libro.

1) El agua convertido en vino (Jn. 2:1-11) – “Este principio de sus señales (smeión) hizo Jesús en Caná de Galilea…” (Jn 2:11).

2) La sanación del hijo del oficial del rey (Jn. 4:46-54) – “Esta fue la segunda señal (smeión) que Jesús hizo cuando fue  de Judea a Galilea.” (Jn. 4:54).

3) La sanidad del paralítico de Betésda (Jn. 5:1-15)

4) La alimentación de los cinco mil (Jn. 6:5-14)

5) El caminar de Jesús sobre el agua (Jn. 6:16-24)

6) La sanación del ciego (Jn. 9:1-7)

7) La resurrección de Lázaro (Jn. 11:1-45)

Algunos teólogos creen que la intención de Juan era mostrar a Cristo profetizando la Nueva Creación con los siete milagros como acciones paralelas a los siete días de la Creación, y que la resurrección de Cristo, testificado por la mujeres que se encuentran con él en un huerto, como octava señal, hablaría sobre la inauguración de la Nueva Creación.

 

3. Las siete expresiones “Yo soy”

Como ya se mencionó, en el Evangelio de Juan hay siete instancias donde Jesús afirmaba con la expresión “yo soy”, su identidad como el cumplimiento cabal de todo lo anticipado y profetizado en las diversas fiestas y otros aspectos de la revelación de Dios a Israel. Estas expresiones son:

1) Yo soy el pan de vida (Jn. 6:35)

2) Yo soy la luz del mundo (Jn 8:12)

3) Yo soy la puerta (Jn. 10:9)

4) Yo soy el buen pastor (Jn. 10:11)

5) Yo soy las resurrección y la vida (Jn. 11:25-26)

6) Yo soy el camino la verdad y la vida (Jn. 14:6)

7) Yo soy la vid (Jn. 15:5)

Por medio de estas declaraciones, Jesús anunció y demostró que todas las fiestas y ceremonias de Israel apuntaban a él, y alcanzaban el pleno cumplimiento de sus propósitos en él. El maná en el desierto, las luces de la fiesta de tabernáculos, la histórica figura de la vid como símbolo de la nación de Israel – todo tiene su cumplimiento cabal en Cristo. Estas palabras sin duda daban mucho aliento a los judíos cristianos que había sido expulsados de sus sinagogas.

 

4. Palabras claves en el Evangelio

Tanto el Evangelio como las tres epístolas de Juan emplean un lenguaje del griego koiné muy sencillo, con un vocabulario reducido, pero con ciertas palabras claves e importantes que se repiten mucho. Algunas de estas palabras claves del Evangelio de Juan, con su número de instancias de uso son las siguientes.

1) Cree, creer (pisteuo) – 98 instancias.  Esta es LA palabra clave de Juan. Se emplea ahí  más que en los tres sinópticos sumados juntos. Casi un tercio de las 292 menciones de esta palabra en toda la Biblia, se encuentran en Juan.

2) Saber (eido) 84 instancias

3) Mundo (kosmos) – 78 instancias

4) Saber (ginosko) – 57 instancias

5) De cierto, en verdad (amen) 50 instancias

6) Verdad, verdadero (alethes, aletheia) – 49 instancias

7) Amor, amar (agape, agapao) 47 instancias

8) Vida (zoe) 47 instancias

9) Testificar, Testimonio (martureo, marturia) 47 instancias

10) Verbo (logos) 45 instancias

11) Gloria, glorificar (doxa, doxazo) 40 instancias

12) Juzgar, juicio (krino, krisis) 30 instancias

13) Nombre (onoma) 25 instancias

14) Luz (fos) 22 instancias

15) Mi Padre (pater) 21 instancias

16) Morar (meno) 13 instancias

Todas estas y otras palabras ameritan mucho estudio, pues expresan las ideas claves que quiso comunicar el escritor.

 

VI. Estructura del evangelio

Una buena lectura del Evangelio de Juan deja ver que el libro tiene divisiones intrínsecas, fácilmente reconocibles.

I.          El prólogo – (Jn. 1:1-18)

Este pasaje de manera muy poética y elegante expresa la Cristología de Juan. Jesús era el logos, la expresión, el verbo de Dios, existente desde la eternidad, creador de todas las cosas. Este Cristo fue encarnado, y vino al mundo para manifestar la gloria de Dios. Los que le reciben, son hechos hijos de Dios.

II.        El ministerio público de Cristo (Jn. 1:19-12:50)

Esta división narra los eventos claves del ministerio de Jesús. Los siete milagros (smeion) encuadran la narración del ministerio de Jesús

III.       La pasión de Cristo (Jn. 13:1-20:31)

Esta división narra los eventos de la última semana del ministerio terrenal de Cristo, sus discursos con sus discípulos durante y después de la última cena, su crucifixión y resurrección.

IV.       Epílogo – la misión de los discípulos (Jn. 21:1-25)

El Evangelio concluye con la misión que ahora nos corresponde hacer – alimentar y cuidar al rebaño de Dios, hasta que el Señor vuelva.

 

Aun queda mucho por decir sobre las características singulares y maravillosas del Evangelio de Juan. Este libro, con sus bellas estructuras y vocablos ha desafiado e iluminado las mentes de estudiosos durante dos mil años, atrayéndoles e impulsándoles hacia la fe en Cristo. El mensaje que Jesucristo es “el camino, la verdad y la vida”, necesita resonar con fuerza en nuestra sociedad latinoamericana, cada día más secularizada.

Jaime Mazurek B.


 

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