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Reseña de: “Juventud en riesgo en América Latina y el Caribe: Entendiendo las causas, realizando su potencial”

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2017.1

Por Jaime Mazurek B.

 

Todos quienes vivimos en América Latina y el Caribe (ALC) estamos muy conscientes de la triste realidad de las condiciones de alto riesgo en que viven muchos niños y adolescentes de nuestra región.

Damos gloria a Dios porque muchos ministerios se han levantado para ir en ayuda de estos chicos, con muestras tangibles del amor de Cristo y no solo palabras. En Santiago de Chile, mi esposa dirige uno de estos ministerios en el cual también colaboro constantemente. Los desafíos no dejan de aparecer. Justo cuando uno llega a creer que lo ha visto todo, se encuentra con algo que prueba lo contrario.

En esta clase de obra misionera, como en todas, dependemos en primer lugar en la dirección del Espíritu Santo para saber dónde, cómo y cuándo enfocar nuestras energías en la obra del ministerio. Nada hay que pueda tomar el lugar del llamado divino.

Pero juntamente con eso, las ciencias sociales también pueden iluminar nuestras mentes con información vital sobre las realidades en que vivimos. Creo que es importante que conozcamos bien las condiciones y los factores que producen los altos niveles de riesgo que enfrentan los niños de ALC. Por ejemplo, ¿sabía usted que más jóvenes mueren asesinados en ALC que en cualquier otra región del mundo? Las iglesias necesitan profundizar su comprensión de esta realidad.

Hace algunos años el Banco Mundial (para nada una entidad religiosa) realizó un estudio profundo sobre las realidades y los factores contribuyentes al riesgo social que enfrentan los niños y jóvenes de ALC de 12 a 24 años de edad, y los nefastos efectos que estas cosas producen en las economías nacionales y regionales. Encuentro que este documento es de gran valor y por eso aquí les comparto una pequeña síntesis de algunas cosas muy interesantes que he aprendido por su estudio.

El documento completo se ha publicado en el inglés (326 páginas) y este se puede descargar en formato PDF del Internet en el link que aparece en la nota al final de documento.[1]  También existe un resumen del informe en español (34 páginas), también disponible en formato PDF.[2]

El nombre completo del estudio es Juventud en riesgo en América Latina y el Caribe – entendiendo las causas, realizando su potencial.  La investigación fue dirigida por Wendy Cunningham y realizada por un equipo de expertos provenientes de toda la región. Los propósitos del estudio fueron dos: 1) identificar los jóvenes en riesgo en ALC y 2) proveer dirección a los líderes de los países de ALC para aumentar la efectividad y la eficacia de sus inversiones en programas de asistencia social.

 

Conductas de alto riesgo

El estudio se centra en cinco tipos de conducta o circunstancias de alto riesgo comunes entre las naciones de ALC.

  1. Deserción de los estudios sin haber aprendido.
  2. La falta de trabajo – más que el desempleo
  3. Inicio en la actividad sexual de manera más temprana y sin consideración de los riesgos
  4. Nuevas formas de violencia y crimen que emergen en ALC.
  5. El abuso de narcóticos

 

Niveles de riesgo

Los investigadores también ofrecen un sistema de clasificación de niveles de riesgo. Proponen que existen cuatro niveles, 0, 1, 2 y 3.[3]

Nivel de riesgo 0

Los niños y jóvenes que se clasifican como de nivel de riesgo 0 generalmente viven en ambientes del siguiente tipo:

  • No abandonan sus estudios secundarios, y el 75% avanza a estudios superiores
  • Inician su vida laboral y sexual como adultos jóvenes
  • Se mantienen activos
  • Mantienen conexiones saludables con su familia
  • El embarazo precoz es muy raro
  • El 90% mantiene un sentimiento positivo hacia su comunidad
  • Evitan el abuso de sustancias
  • La mayoría no vive en la pobreza

Los chicos que viven con un nivel de riesgo 0 son verdaderamente bendecidos por gozar de una situación y oportunidades privilegiadas. Sin embargo es necesario hacer obras de prevención desde su infancia para impedir que caigan en conductas de riesgo.

Menos de la mitad de la población juvenil de ALC vive con un nivel de riesgo 0. La mayoría efectivamente se sitúa en los otros niveles.

Nivel de riesgo 1

Los niños y jóvenes que se clasifican como de nivel de riesgo 1 generalmente se caracterizan de la siguiente manera:

  • Abandono de los estudios secundarios – 7%
  • Trasfondo familiar – Bueno
  • Vida laboral y sexual  – iniciación tardía
  • Inactividad – 0%
  • Exclusión social – 10%
  • Embarazo precoz – 1% de las chicas
  • Pobreza – poca

Los chicos del nivel de riesgo 1, aunque viven con algunos factores de riesgo en su entorno, aun no han caído en las conductas de riesgo. Sin embargo, siempre existe la posibilidad que caigan en malas conductas por las influencias de sus pares.  Para estos chicos es imprescindible que tengan acceso a programas de prevención de riesgo social.

Nivel de riesgo 2

Los niños y jóvenes que se clasifican como de nivel de riesgo 2 viven en ambientes del siguiente tipo:

  • Abandono de los estudios secundarios – 15%
  • Iniciación temprana en la actividad laboral – 50%
  • Iniciación temprana en la actividad sexual – 50%
  • Abuso en el hogar – en algunos casos, aunque mantienen conexión con sus padres y comunidades
  • Pobreza – en la mayoría de casos, aunque no extrema
  • Inactividad – 15%
  • Embarazo precoz – 40% de las chicas

Los jóvenes que han alcanzado el nivel de riesgo no. 2 ya practican de manera regular una o más conductas de alto riesgo, pero aun no han experimentado plenamente sus consecuencias negativas.  Para estos jóvenes es necesario mantener programas de prevención, como también de rehabilitación.

Nivel de riesgo No. 3

Los niños y jóvenes que se clasifican como de nivel 3 de riesgo viven en ambientes del siguiente tipo:

  • Abandono de los estudios secundarios – la mayoría
  • Iniciación temprana en la actividad laboral – la mayoría
  • Iniciación temprana en la actividad sexual – la mayoría
  • Actividad sexual de alto riesgo – 70%
  • Analfabetismo – 8%
  • Abuso en el hogar – 10%
  • Pobreza – extrema
  • Inactividad – 15%
  • Embarazo precoz – 75% de las chicas

Los chicos que se encuentran en un nivel de riesgo 3, siendo jóvenes, ya se enfrentan a las consecuencias de sus conductas arriesgadas, consecuencias como – el desempleo, la violencia, las adicciones, el embarazo, el encarcelamiento,  VIH/SIDA u otras enfermedades y o la muerte.

Estos son los jóvenes que demandan una atención muy especial de ayuda, restauración y rehabilitación.

 

Algunos resultados del estudio

El estudio hizo una comparación de los niveles de riesgo en tres naciones latinoamericanas: Argentina, Chile y México. Los resultados fueron:

Riesgo 0 Riesgo 1 Riesgo 2 Riesgo 3
Argentina 55% 16% 6% 23%
Chile 46.5% 8.7% 28% 16.8%
México 23.5 18% 23% 34%

Es interesante observar que en el caso de Chile se aprecia una separación entre los extremos, con el 46.5% en nivel de riesgo 0 y el 45.6% en nivel de riesgo 2 y 3.  En México, por otro lado, solo el 23.5% vive en nivel de riesgo 0, y el 34% está con nivel de riesgo 3.

Otra observación importante en el estudio es que cuando son varios los factores de riesgo, su efecto es mucho mayor. Un factor conduce a otro. Por ejemplo, el abandono escolar guarda relación directa con el empleo prematuro, la actividad sexual temprana, la violencia y el consumo de drogas. Una situación de hogar sin padre, o de distancia emocional y falta de comunicación con los padres, también puede conducir a comportamientos riesgosos. “Cuando los jóvenes no sienten una conexión emocional con sus padres, tal conexión emocional con otros adultos puede compensar, en parte, esta carencia.¨[4]

Otros datos producidos por la investigación son:

  • En cuanto a la deserción de los estudios – A pesar que el número promedio de años de estudio completados por jóvenes de ALC ha aumentado en los últimos cincuenta años, las naciones de otras regiones subdesarrolladas del mundo han mejorado más. El peor caso es el de Guatemala, donde casi el 72% de los chicos no termina sus estudios secundarios. Además de eso, los chicos que se mantienen en la escuela en muchas instancias no aprenden. “Aquellos que vienen de los hogares más pobres, son los que obtienen el rendimiento más bajo en la muestra mundial”.[5]
  • En cuanto a la falta de trabajo – Otro factor que contribuye a la delincuencia juvenil es la falta de trabajo. Las tazas de desempleo para jóvenes suele ser el doble que el de los adultos – alrededor del 25%. En Argentina, si un joven pierde su empleo, en promedio, le tomará nueve meses encontrar otro.
  • En cuanto al inicio temprano en la actividad sexual - El estudio demuestra que los jóvenes de ALC toman mayores riesgos de índole sexual que las generaciones previas. Las chicas de hoy tienen hijos a una edad más temprana que las anteriores. Las infecciones por contacto sexual, incluyendo el VIH van aumentando, especialmente en Centro América y el Caribe, donde la prevalencia de VIH entre jóvenes de 15 a 24 años es casi el más grande del mundo, solamente superado por la región Sub-Sahara del África.[6]
  • En cuanto a las nuevas formas de violencia y crimen – América Latina y el Caribe es la región donde más hombres jóvenes de 15 a 29 años mueren asesinados, de todo el mundo. En verdad, casi el doble del promedio mundial. El país más violento es Colombia, donde 212 de cada 100.000 jóvenes sufre esa suerte. La violencia juvenil hoy está organizada en grandes pandillas, sobre todo en El Salvador, Guatemala y Honduras.
  • En cuanto al abuso de narcóticos - Latinoamérica hoy no es solamente un productor de drogas sino también un lugar de creciente consumo. Chile lidera en el consumo de tabaco, alcohol y marijuana. La mayoría de los jóvenes consumidores afirma confiadamente que en poco tiempo dejarán tales vicios, pero la mitad de esos no lo llega a hacer.

 

Las recomendaciones del estudio

Los profesionales involucrados en el estudio presentan a cinco principios esenciales para formular buenas estrategias de intervención para ayudar a los jóvenes en riesgo.

1. Ver la implementación de buenas estrategias como una inversión necesaria e importante, pues de lo contrario, los costos a la sociedad por la no intervención pueden ser muchos mayores.

2. Incluir programas de prevención de comportamientos de riesgo desde el nacimiento y la temprana niñez. No hacer nada hasta que los chicos tengan doce o catorce años es esperar mucho, demasiado. Se debe tratar con niños pequeños, junto a sus familias y escuelas.

3. Incluir programas para los jóvenes en situación de riesgo que necesitan una segunda oportunidad. Esto es para ayudarles a recuperarse de la situación dañina que han creado para si, y a desarrollarse como miembros productivos de la comunidad.

4. Concentrarse en los jóvenes en mayor situación de riesgo, estos son, los más pobres y los que han abandonado sus estudios escolares.

5. Preferir programas que tienen impacto sobre múltiples riesgos. Un programa de nivelación educacional puede también ofrecer capacitación técnica y formación social para lograr el éxito.

 

Conclusión

Algo que me llamó mucho la atención al leer este informe del Banco Mundial sobre los problemas regionales de la juventud en riesgo, es cuánto de esto ya conocemos en nuestras iglesias, y cuán acertados son los ministerios que ya tenemos para niños, jóvenes y adultos.  Sin embargo, el estudio cuidadoso de este documento puede ser de mucha ayuda para quienes participamos en estos ministerios. Recomiendo el documento de manera absoluta.

 

 

 



[2] http://documents.worldbank.org/curated/en/306271468054545497/Juventud-en-riesgo-en-America-Latina-y-el-Caribe-entendiendo-las-causas-realizando-su-potencial

[3] Cunningham, et al, Youth at Risk in LAC, p 66.

[4] Cunningham, et al, Juventud en Riesgo en ALC, p 17.

[5] Ibid, p 14.

[6] Ibid, p 13.

 

 

Jaime Mazurek B.


 

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