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La gloria de una mujer (Jueces 4:6-9)

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2018.2

Por Sonia Shim

Tomado del libro “La Mujer Influencer” de Editorial Peniel


 

Una rápida lectura bíblica no es suficiente para comprender por qué Barac no quiso ir solo a la batalla. Al fin de cuentas, ¿no era él general de ejército y con diez mil hombres que lo acompañaban? Sin embargo, Barac le puso una condición. Hay veces en que la capacidad de una mujer supera a la del varón, pues Débora dijo algo que me llamó mucho la atención:

“Pero, por la manera en que vas a encarar este asunto, la gloria no será tuya, ya que el Señor entregará a Sísara en manos de una mujer” (Jueces 4:9, énfasis mío).

Las mujeres seremos más frágiles, físicamente hablando, pero hay circunstancias en la vida que nos nace un espíritu combativo que hasta nosotras mismas nos sorprendemos de lo que somos capaces de hacer. No importa lo que nos digan los demás, ponemos primera marcha, y pisamos fondo hasta alcanzar la meta.

En su libro I am on your side, la Doctora Kim Sunghae explica lo que sucedió en 1992 cuando el Doctor Cho fue invitado a predicar a Moscú. Durante 2 noches, miles y miles de personas habían llenado el palacio del Kremlin. Pero al tercer día, mientras la hora del comienzo del evento se estaba acercando, surgió un problema administrativo que no permitía usar el palacio. Había una multitud que esperaba afuera del establecimiento, y los líderes de la iglesia que habían acompañado estaban sentados sin hacer nada. Al ver esta situación, la pastora Kim Sunghae, esposa del Doctor Cho, levantó su tono de voz, y dijo:

“Levántese ahora mismo y predique en la plaza ahora mismo”.

De esta forma, levantó el ánimo de su esposo y los líderes, mandó a improvisar una plataforma, y hasta le consiguió una traductora nueva, porque el que había acompañado no estaba al tanto de la situación y había desaparecido. Finalmente, Dios obró y ninguno de la gran multitud de gente que había acercado se quedó sin escuchar la palabra de Dios, y este evento quedó registrado como la primera cruzada evangelística llevada a cabo nada menos que en la mítica Plaza Roja en Moscú.

El mundo espera que las mujeres de Dios nos levantemos y marquemos una diferencia. Así como la mujer sirofenicia que conquistó el corazón de Jesús, y logró que su hija fuese libre del demonio, no descansó hasta alcanzar lo que Dios le haya puesto en su corazón. Sea fuerte y valiente, y la gloria de Dios se manifestará a través de su ministerio.

Fue a principios de la década del 80 cuando el pastor Yonggi Cho abrió su corazón a un pastor estadounidense, y dijo:

“Tengo un problema. Mi suegra, la pastora Choi Ja Sil es una excelente predicadora. Pero en mi cultura, no está bien visto que una mujer suba al púlpito a predicar la palabra. ¿Qué puedo hacer?”

Si bien la iglesia en Seúl hoy cuenta con más de 700.000 miembros activos, el ministerio de la mujer en la iglesia más grande del mundo no ha tenido lugar hasta hace poco tiempo atrás.

Entonces, el pastor estadounidense le recomendó la vía más rápida y sencilla.

“¿Pues por qué no la hace subir al púlpito, y listo?”

“Eso lo dice porque usted es un estadounidense, pero para nosotros, los coreanos, es muy difícil aceptar eso”.

“Tengo una idea. Podría invitar a mi madre para que predique la palabra. Su gente aceptaría su mensaje sin prejuicio ya que viene de otra cultura. Y apenas finalice de predicar, haga subir a la plataforma a su suegra. La congregación entenderá cuál es el punto, y comprenderá que no es una cuestión cultural, sino ministerial”.

En pocas palabras, este encuentro sirvió para que la iglesia del pastor Cho pudiese crecer exponencialmente a través del ministerio de las mujeres, y llegar a más de 50.000 líderes de células, y ni hablar del ministerio a las naciones de la suegra de Cho hasta que falleció en Los Angeles en 1989. Es así que el pastor Cho empezó a enfatizar el ministerio de la mujer, diciendo:

“¡Usen a las mujeres!”

Sucede que cuando una mujer se levanta en el nombre de Jesús, algo acontece. La condición de mujer no es ningún impedimento para que Dios Todopoderoso la use tal como Dios la creó.

Luego de que Barac haya desbaratado el ejército de Sísara, el general cananeo huyó a pie hasta la carpa de Jael, esposa de Heber. Se dice que Barac eligió esta casa porque había buenas relaciones entre el rey Jabín y los quenitas, el clan al que pertenecía Heber (véase Jueces 4:17). Luego de tomar leche, Sísara le pidió a esta mujer que si venía alguien a preguntar por él, que diga que no había nadie en su casa. Pocos instantes después, cuando Sísara cayó en un profundo sueño, Jael tomó una estaca de la carpa y un martillo, y le clavó la estaca en la sien y se la atravesó, hasta clavarla en la tierra (véase Jueces 4:21).

No mucho tiempo después, Barac pasó por allí, y Jael salió a su encuentro, y le dijo:

“Ven, te mostraré al hombre que buscas” (Jueces 4:22).

En un principio, pensé que la gloria de una mujer al que se refería Débora era a sí misma, pero no. Estaba equivocada. Dios le había entregado a Sísara, general de ejército del rey Jabín, en manos de una mujer llamada Jael. Entonces, la gloria de una mujer al que hacía mención no era la gloria de Débora, sino la gloria de Jael, esposa de Heber, el quenita. En pocas palabras, no solo era una mujer la que gobernaba Israel como jueza y profetiza, sino que también ha sido una mujer la que le puso punto final a la opresión del rey Jabín. En fin, ¡es una historia de mujeres de Dios!

A partir del 2014, cuando empecé a viajar junto a mi esposo para participar de las conferencias de la Cuarta Dimensión, no tenía idea de lo que Dios iba a hacer con mi vida. Sucedió 1 año después cuando invitamos una vez más a la Doctora Kim Sunghae a los Estados Unidos para una conferencia, y de repente sentí una conexión espiritual que no se podía explicar con palabras humanas. Durante varios días que me tocó atenderla de cerca, sosteniéndola de la mano, arreglando su peinado y asegurándome de todos los detalles, ví a una mujer de más de 70 años que intentaba predicar en inglés y algunas frases sueltas en español, cuando podía descansar en los laureles de la iglesia más grande del mundo. A diferencia de mi persona que la había conocido recientemente, mi esposo ya la conocía personalmente, y sabía cómo era su estilo de predicación, aparte que es un excelente intérprete del coreano al español. De hecho, le ha traducido a grandes predicadores mientras estuvo como pastor en la iglesia del Doctor Cho. El podía hacer el trabajo de traducirlo sin ningún inconveniente, pero no. Se encerraba en su habitación para leer el bosquejo en voz alta las veces que fueran necesarias, y no mostraba mucho interés en salir a pasear, excepto de a ratos.

Su esfuerzo me conmovió de una manera increíble. Y exclamé a mí misma, diciendo:

“¡Quiero ser como ella!”

Durante esos días, la Doctora Kim me dijo algo que captó mi atención mientras desayunábamos en el hotel.

“Anoche tuve un sueño muy raro. Me había quedado embarazada y había dado luz a una bebé. ¿De qué se tratará este sueño?”

Sin dudarlo, le respondí diciendo lo que Dios me había puesto en mi corazón de manera instantánea:

“Doctora Kim, esa bebé soy yo. Acaba de tener una hija espiritual”.

A veces me pregunto de dónde habrá sacado esa valentía Jael para terminar con la vida de Sísara, el mayor opresor luego del rey Jabín, cuando en aquellos tiempos, la mujer era considerada como botín de guerra y eran repartidas a los guerreros como si fueran premios o algo por el estilo (véase Jueces 5:30). Y no puedo dejar de ponderar en la gran influencia que ejercía Débora por ese entonces. Es decir, Jael había visto cómo Débora se había levantado como madre en Israel, y ella quería ser como su madre espiritual. Finalmente, Jael se llevó toda la gloria; gloria de mujer.

 “¡Despierta, despierta, Débora! ¡Despierta, despierta, y entona una canción!” (Jueces 5:12).

Tome su estaca así como lo hizo Jael, y déjese usar por Dios, porque la gloria será suya.

Sonia Shim


 

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