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La perspectiva rabínica de los libros históricos

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2018.2

Por Pr. Leonardo Kraselnik

Luego de una vida intensa, Dios llamó a Moisés a reunirse con sus antepasados, pero antes debía dejar un continuador, un conductor, un líder: “Josué, hijo de Nun, estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés le había impuesto las manos. A él obedecieron los israelitas, cumpliendo la orden que Adonai había dado a Moisés”[1].  Así finaliza la vida de Moshé y su libro: La Torá dando comienzo a una nueva etapa y libro en la historia.

El libro de Ieoshúa – Josué- constituye el primero de los seis libros que integran la serie de los Profetas Anteriores. Describe el proceso como el regreso de tribus que en un pasado habían vivido allí. Este pueblo conformado por los hijos de Iacob -Israel- no había visto jamás esta tierra, pero sí había soñado 400 años con hacer de la Tierra Prometida su hogar, y así poder cumplir con su parte dentro del Pacto Divino.[2] Comienza con la narración de la conquista y posesión de la tierra y finaliza diciendo: Tomaron posesión de Canaán, y “no faltó ni una palabra de todas las buenas promesas que Dios había hecho a la casa de Israel. Todo se cumplió.”[3]

Este libro no sólo habla de conquistas militares sino que nos muestra la evolución y maduración del pueblo. Cabe tener en cuenta tres aspectos. El primero de ellos es la estrategia e inteligencia previa a cada conquista, o propuesta de un pacto de paz. El segundo es la unión entre las tribus. El último, que Dios estaba en batalla y su poder era determinante en la victoria. A pesar de estos aspectos los distintos pueblos que habitaban la tierra de Canaán no fueron derrotados definitivamente y continuaron viviendo junto a los israelitas, lo que supuso peligros de ataques militares y asimilación cultural.

Ieoshúa tras renovar el Pacto[4] murió sin dejar sucesor por lo que de vez en cuando surgirán entre el pueblo de los hijos de Israel hombres y mujeres que, tras congregar un ejército en torno suyo, salían a luchar contra esa amenaza militar o cultural. Estos hombres, dotados de espíritu divino, entraron en nuestra historia a través del libro Shoftim- Jueces- como único testimonio de ese período. El libro es muy fragmentario y por momentos con escasos detalles sobre sus vidas. De alguno de ellos conocemos su misión e incluso aspectos personales y entorno social: Dvorá -Débora- , Ifté -Jefté-, Shimshón -Sansón-, Guidón -Gedeón- y Shmuel -Samuel-. En cambio, de Otniel -Otoniel-, Ehud -Aod- que no lideraron batallas, apenas tenemos algunos datos.[5]

Al estudiar este libro, nos llama la atención ver cómo en aquellos dos siglos de anfictionía el pueblo de Israel adquirió cierto nivel de consolidación social y económica acompañado por años de paz, pero interrumpidos por . . . “Los hijos de Israel hicieron lo que era malo ante los ojos de Dios. . .” Entonces, por enojo divino, aparece el enemigo sometiéndolos. Luego el pueblo se arrepiente, implora perdón y aparece un nuevo juez liberándolos.  Este ciclo recurrente que encontramos en el libro de Shoftim -Jueces- de ser una secuencia aparentemente cronológica, no puede ser aceptada al pie de la letra[6] sino que el énfasis recae en la enseñanza moral y teológica tras las historias de estos líderes carismáticos. Por otra parte introduce las razones del pueblo para elevar la petición: “Pon ahora un rey sobre nosotros que nos juzgue como tienen todos los pueblos.”[7] Notamos esto último en el libro de Ruth, que si bien su relato está circunscripto al período de los jueces,[8] en el Tanaj dicho libro es parte de la tercera sección del canon: Ketubim – Escritos – entre Proverbios y Cantar de los Cantares, como parte de las Meguilot. Tal colocación, unida a la presencia en el texto de determinados datos culturales y lingüísticos, apunta a la posibilidad de que Ruth no alcanzara su forma definitiva hasta después del exilio babilónico, en fecha posterior a la de los hechos que narra.

Pero más allá de su ubicación cronológica o su forma definitiva de escritura, es sumamente enriquecedor el texto desde el punto de vista literario.  Esto nos permite encontrar  otras enseñanzas: desde el rol de la mujer, el amor por un ideal, la solidaridad para con la viuda, la dura situación social-económica de la época, las migraciones, los lazos familiares y mucho más.

Los nombres propios de los protagonistas también nos proveen  una lectura interesante. Cada nombre tiene su por qué, explicándonos la personalidad del portador, sus intenciones o invitando al lector a realizar una reflexión más profunda del mensaje que el texto nos quiere dar a través del personaje en cuestión.

En conclusión, estos tres libros que desde lo teológico o filosófico ofrecen escasos aportes pero, desde lo evolutivo muestran cómo un conjunto de tribus, ligadas por un pasado familiar en común, se hacen de un lugar en la historia en base a una propuesta que aún hoy es difícil de realizar: Dios siempre escucha al hombre, pero:  ¿El hombre escucha a Dios?

 

 

 


[1] Deuteronomio 34:9

[2] Génesis 13:14-17;  26:3-5;  28:13-14

[3] Josué 21:43

[4] Josué 24

[5] Abba Eban. Mi pueblo. Historia de los judíos. Ed. Losada.1973

[6] Ben Sassón. Historia del Pueblo Judío. Desde los orígenes hasta la Edad Media. Tomo l. Alianza Editorial. Madrid 1988.

[7] I Samuel 8: 5

[8] Rut 1:1

 

Leonardo Kraselnik

El Profesor Leonardo Kraselnik se ha desempeñado como Director Comunitario, Seminarista y Profesor en instituciones judías de Argentina (Paraná, Posadas, Bahía Blanca y Salta), como Director Institucional y líder religioso en Comunidades del Movimiento Conservador, a nivel internacional, en Chile, República Dominicana y Puerto Rico. Como Educador y Asesor Pedagógico, destacan su paso por el Consejo de la Magistratura y el dictado de cursos y conferencias en diferentes foros. Actualmente, está a cargo de la Dirección Comunitaria y de Culto de la Asociación Hebrea Dr. Herzl de Lomas de Zamora. Habiendo finalizando sus estudios en Argentina, se encuentra próximo a recibir su ordenación rabínica en Jerusalén.


 

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