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El avivamiento de Brownsville

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2018.1

Por Jeri Hill

 

 

Era el Día del Padre del año 1995, en Pensacola, Florida.  La iglesia Asamblea de Dios de Brownsville estaba repleta, con más de mil creyentes, listos para adorar al Señor y oir un típico sermón de Día del Padre. Pero este domingo era diferente, pues el pastor John Kilpatrick había recientemente sufrido la muerte de su amada madre, y había invitado a Steve Hill, un misionero de las Asambleas de Dios, a predicar en su lugar. Lo que todos pensaban que sería otro cultó típico del Día del Padre resultó ser un día que jamás olvidarían.

El evangelista Steve Hill ya llevaba dieciseis años sirviendo en el ministerio junto a su esposa Jeri, recorriendo el mundo, proclamando las buenas nuevas a los perdidos. Pero algo estaba cambiando, en medida que ellos sentían un creciente hambre de más de Dios. Habían presenciado el gran avivamiento en Argentina, también el de Toronto, y participado de cultos increíbles donde Dios derramaba su Espíritu sobre su pueblo.

Cuando Steve visitó la iglesia Holy Trinity Brompton, en Londres, Inglaterra, el poder de Dios invadió su cuerpo y sintió como su corazón ardía como nunca antes.  Steve y Jeri ansiaban que más almas fuesen convertidas a Cristo para así extender aun más el Reino de Dios. Pero no tenían idea que en esa pequeña ciudad de Pensacola, Florida, la iglesia Asamblea de Dios de Brownsville ansiaba por lo mismo.

El pastor John Kilpatrick y su esposa Brenda llevaban varios años sirviendo al Señor en la obra pastoral. Sus corazones añoraban un mover del Espíritu de Dios en su ciudad y su congregación. Varios miembros de la iglesia se unían con ellos para clamar por un avivamiento. ¡Durante dos años, la iglesia en Brownsville ayunó y oró por un avivamiento! Sus corazones anhelaban ver lo sobrenatural, que llegara un despertar entre los tibios y los no alcanzados.

Llegó el Día del Padre del año 1995, y muchos miembros de la iglesia testifican que se había un sentido de expectación en el aire. Steve Hill subió al púlpito y comenzó a predicar sobre el tema “Recordando las maravillas del Señor”. Al aproximarse el culto a su fin, el entusiasmo contagioso de Steve prendió en la congregación, mientrás él llamaba a pasar adelante a todos los hambrientos por una renovación de parte del Señor.  Les animaba, diciendo, “No permitas que este momento te pase de lado. ¡Busca al Señor!

La gente comenzó a moverse. Los que deseaban un toque de Dios avanzaron como una gran ola hacia el altar y comenzaron a clamar a Dios.

Steve Hill y John Kilpatrick comenzaron a orar por los que habían pasado al frente. ¡Por todo el santuario personas comenzaron a caerse bajo el poder electrificante de Dios! Risas y llantos llenaron el edificio, en medida que Dios vivificaba a los quebrantados. De repente el pastor Kilpatrick sintió una fuerte rafaga de viento y se cayó al piso. Todos se dieron cuenta que Dios les tenía preparado algo diferente a un típico culto de Día del Padre.

Los siguientes meses fueron marcados por una interminable cadena de cultos. Los hermanos se quedaban hasta muy tarde, iban a sus casas a descansar algunas horas, cumplían sus deberes laborales y retornaban a la iglesia a buscar más de la presencia de Dios.

Cada noche Lindell Cooley dirigía las alabanzas, el pastor Kilpatrick pastoreaba a los hermanos, y Steve Hill entregaba mensajes frescos y ungidos que echaban la red, caputurando a las almas tocadas por el poder convencedor de Dios, mientras la joven Charity James cantaba con sentido de urgencia apasionada. La noticia se difundió, y llegaron los hambrientos y los desesperados de las comunidades vecina, de los estados vecinoa, de toda la nación, y finalmente de todo el mundo. Desde cada continente, la gente viajaba hasta el suburbio de Pensacola llamada Brownsville para recibir un toque especial del Padre.

Más de cuatro milliones pasaron por las puertas de la iglesia en Brownsville, hambrientos para oir la voz de Dios. Nuestros miembros voluntarios trabajaban dia y noche para ver a las almas salvadas y a los tibios renovados. Dios estaba en el centro de todo, nosotros eramos simples vasijas dispuestas a ser usadas por El. Centenares de miles respondieron al llamado de la salvación y a un compromiso con la santidad. Era un llamado a todo el mundo a buscar la santidad y una intimidad fresca con Dios.

Se estableció la Escuela de Ministerio de Avivamiento de Brownsville la cual formó a miles de misioneros, pastores y evangelistas. Los fuegos del avivamiento aun brillan en todo el mundo, en los que fueron tocados de manera tan poderosa por Dios hace ya veinte años. El Señor escuchó el clamor de iglesia de Brownsville y de otros que buscaban la salvación, y respondió a aquellos clamores con un gran avivamiento. La soberanía de la presencia del Señor fue tangible e inolvidable. Llamó a los perdidos y avivó a los tibios, para que nunca volvieran a ser los mismos de antes.

 

 

 

Jeri Hill


 

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