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Una perspectiva bíblica del ministerio de la mujer

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2019.1

Por Dorothy Cederbloom

 

Cada uno de nosotros, sea hombre o mujer, está llamado a seguir a Cristo. En hebreo ¨Holech¨ (seguir) quiere decir “andar con alguien”.  Muchas mujeres siguieron (holech) a Jesús en Galilea y hasta Jerusalén (Marcos 15:41).  Al seguir y obedecer al Señor, nos encontramos con una variedad de ministerios durante nuestra vida, y nos damos cuenta que es Dios quien nos usa en maneras extraordinarias.  Es el Señor quien nos da dones para el ministerio, según su plan para nuestras vidas.  Siendo mujeres llamadas de Dios, experimentamos un gozo profundo al servir a Jesús y dejar que El abra las puertas para guiarnos en una obediencia fructuosa.

La Biblia cuenta varias veces como Dios usó a mujeres en posiciones de liderazgo.  Débora, una juez y profetiza durante el tiempo de los jueces, guió a los israelitas a una victoria militar sobre los Canaanitas (Jueces 4-5).  Hulda fue otra profetiza a quien Dios usó para declarar su palabra al Rey Josías (2 Reyes 22:14-20 y 2 Crónicas 34:22-28).

María y José llevaron a Jesús al templo cuando él tenía ocho días de nacido.  La profetiza Ana con alegría le proclamó el redentor de Israel (Lucas 2:36).  María Magdalena fue la primera al ver a Jesús después de su resurrección, y la primera para dar la Buena Nueva de su resurrección a sus discipulos (Juan 20:11-18).  Las cuatro hijas de Felipe profetizaban (Hechos 21:9). El apóstol Pablo llamaba a Priscila y a Aqula sus compañeros de trabajo en Cristo Jesús (Romanos 16:3).

Las obras de estas mujeres eran variadas: Una guiaba las tropas en batalla; una se quedaba en el templo en oración y ayuno.  Algunas profetizaban y aún otra les enseñaba a ser predicadores jóvenes. “Ya no hay judio ni griego; esclavo ni libre; hombre ni mujer; sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús” (Gálatas 3:28).

Es importante que dejemos que el Señor nos guíe en el ministerio que El ha escogido para nosotros.  Sigamos a Cristo y El abrirá las puertas de ministerio que resultará en una unción spiritual con mucho fruto.

Hay lugares donde se limitan a las mujeres para el ministerio, insistiendo que ellas deban quedarse en su lugar.  Citan a Pablo, escribiendo a los corintios (I Cor14:34-35), donde el apóstol amonesta a las mujeres a guardar silencio en la iglesia.  ¿Cómo podemos interpretar esto?  El propósito por el cual Pablo escribió esta epístola era para dar consejo y corrección a la nueva iglesia que él había fundada.  El comunicó como un padre a una grey que urgentemente necesitaba ayuda por causa de algunos problemas graves que eran únicos en este tiempo y cultura.

Al entender las circunstancias y la vida cotidiana de esta ciudad tan pagana, debemos interpretar esta pasaje en el contexto en que fue escrito.  Cuidadosamente debemos comparar esta porción de Escritura con otras para determinar si es para toda las mujeres en todo tiempo y en todas partes, o más bien, si fue para corregir un problema específico en aquella iglesia en Corinto.  Con tantos pasajes bíblicos que nos muestran como el Señor usaba mujeres piadosas para trabajar en su obra, tenemos que concluir que esta enseñanza fue dirigida hacia un problema específico en aquella iglesia.

Sin embargo, si somos serios en seguir al Señor, tenemos que rendirnos a Su voluntad (Santiago 4:7).  No hay lugar para luchar por posiciones.  Aunque estamos fervientes en nuestro compromiso a servir, esperamos para que Dios nos guíe para abrir las puertas de ministerio.  La Biblia nos enseña que al someternos al Señor, tenemos que obedecer y someternos a nuestros lideres (Hebreos 13:17), a cada autoridad (1 Pedro 2:13; Romanos 13:1-2), y aún a unos a otros (Efesios 5:21).

María, hermana de Moisés, lideraba en las alabanzas entre los israelitas.  Dios la usaba para dirigir los cánticos de alabanza y acción de gracias, pero cuando ella, siendo mayor que Moisés, se atrevió a poner a prueba su liderazgo, el Señor la reprendió severamente.  La Biblia es clara que para ser usado por Dios, tenemos someternos a la autoridad dada  por Dios.

En algunos países hay prohibiciones culturales que al parecer nos limitan acceder a las posiciones de liderazgo.  Aunque Dios nos ha llamado a servir, es importante obedecer al Señor y someternos a nuestros líderes, a pesar de nuestros sentimientos.  Al humillarnos y someternos a las autoridades, Dios abrirá puertas de ministerio mucha más maravillosas de lo que podemos imaginar.  De todos modos, ¿no es esto lo que nosotras, las llamadas, queremos más que todo; ser usadas por Jesucristo para bendecir a los que están a nuestro alrededor?

Esto no quiere decir que por ser mujeres no tenemos voz ni autoridad. Hulda, la profetiza en el tiempo del Antiguo Testamento, con valor proclamaba la palabra de Dios al rey Josías, advirtiéndolo del desastre que iba a llegar a la nación de Judá.  Ella fue intrépida al denunciar los pecados del pueblo.  Hay momentos cuando Jesucristo nos usa para hablar contra los prejuicios y pecado.  Si el Señor nos manda a hablar, tenemos que obedecer y la palabra será aceptada. El Espíritu Santo convence y trae cambio. No hay diferencia en esto si uno es hombre o mujer.

El Señor en su misericordia afirma nuestro ministerio para animarnos a perseverar al llamado que él nos ha dado.  Un ejemplo de un ministerio fructífero es la hermana Carmen quien fue pastora de una iglesia poderosa en Santo Domingo, República Dominicana durante las décadas 1950-1960.  Ella era mayor de edad, una abuela, que guiaba a su grey con respeto y dignidad a pesar de los problemas políticos.  Los diáconos y ancianos que estaban a su alrededor reconocían su liderazgo dado por Dios.  El ejemplo de su vida y su predicación animaban a los jóvenes al ministerio.  Muchos llegaron a ser pastores y oficiales en la obra.  No queda duda que el Señor le dio al hermana Carmen un ministerio fructuoso.

Josefa era una joven pastora que enseñaba en el Instituto Bíblico en Panamá. Una tarde la encontré cuando ella salió del salón de clase y con tanta alegría me exclamó.  ¨¡O, hermana, la presencia del Señor era tan real durante nuestra clase!¨  Su rostro radiaba  la gloria de Dios.  Jesucristo confirmaba su ministerio a los pastores del futuro quienes eran presentes en su clase.

La pastora Bienvenida se sentía movida a ministrar a los niños por medio de la Escuela Dominical y campamentos juveniles.  Organizó un equipo de hombres y mujeres para ayudarle a planear y promover este ministerio.  El Señor bendijo su esfuerzo en una manera tan poderosa que el Concilio la llamó a ser directora de esta obra a nivel nacional.  Pronto otro países en la América Latina reconocieron su ungida pasión a favor de los niños y la invitaban a compartir sus métodos y materiales en sus iglesias también, y así llegó a ser una líder internacional.

Siendo mujeres llamadas por Dios a servir en cualquier capacidad que El escoja, humildemente reconocemos que la cosecha de almas es resultado de la labor de muchas personas.  Pablo escribió,  ”Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios que da el crecimiento.”  (I Corintios 3:7).  El Señor, en su amor y misericordia, de vez en cuando, nos da un vistazo del valor de nuestro ministerio para animarnos en nuestro labor.  ¡Qué grato es oír a un pastor decirnos, ¨Recuerdo cuando usted enseñó una clase que me dio mucha ayuda en mi predicación.¨ O, quizás puede ser un nuevo convertido que nos da gracias por un sermón que predicamos que le convenció de su necesidad de salvación. ¡Qué gozo nos da para realizar que Jesús nos usa siendo mujeres para el avance de su Reino!  Ninguna barrera debe ser erigida para impedir el ministerio de las mujeres piadosas a quienes Dios ha llamado.

La cuestión no debe ser, ¿Es permitido que una mujer enseñe a hombres y mujeres,  o que ella predique, o que sea pastora de una iglesia?  Más bien, debe ser, ¿estamos dispuestas  a permitir que el Señor nos use de cualquiera manera que El desea para animar y equipar a otros, hombres y mujeres, para usar los dones que Dios les ha dado?  ¡Qué benditas somos por ser llamadas a ministrar la Palabra de Dios en las grandes cosechas del mundo!  El desafío es enorme, pero si todos nosotros, mujeres y hombres, trabajamos juntos, el Señor nos dará una cosecha abundante para su gloria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dorothy Cederbloom


 
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1 Comentario  comments 

Una respuesta

  1. Rubíela

    Excelente, gracias a Dios, llegó a tiempo.

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