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La fidelidad de Dios para la mujer en el ministerio

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2019.1

Por Mary Strickland.

 

 

Son muchos los relatos en la Biblia donde Dios se revela como el Dios fiel, inmutable y que cumple sus promesas. Particularizando sobre la fidelidad de Dios para la mujer en el ministerio podemos repetir las palabras de Pablo: “Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio” (1ª de Timoteo 1:12).

Como mujer involucrada en el ministerio he experimentado la fidelidad del Señor, cuando necesité preparación teológica, El proveyó.  Al llamarme a tiempo completo para dirigir las damas en Honduras nunca faltó su provisión a pesar de solo recibir un salario de $75.00 al mes. Como directora del Instituto Bíblico experimenté su protección mientras caminaba a casa muy de noche. Como Directora de Misiones mas de ocho años viajé en bus, a caballo, en lancha o caminé hasta ocho horas,  y su fidelidad siempre fue real. Son múltiples  las maneras en que la fidelidad de Dios se ha manifestado en mi vida y me complace tanto saber que continuará haciéndolo hasta ese día glorioso cuando me llame a su presencia o que retorne por  su iglesia.

¿Por qué las mujeres involucradas en el ministerio necesitamos reconocer la fidelidad de Dios para con nosotras?

1. Reconocer la fidelidad de Dios en el ministerio nos ayudará a mantenernos  firmes en las dificultades.

Las dificultades  siempre existirán. Pueden ser sociales, económicas, culturales, familiares o personales. El relato en el libro de Rut refiere como Noemí  experimentó dificultades muy semejantes a las que vivimos en la actualidad, el libro habla de emigración, pobreza, hambre, muerte, familia, dolor, amargura y redención entre otras cosas.  A pesar de las dificultades, por la fidelidad de Dios Noemí contó con Rut quién la amó tanto.  Esta mujer pudo planear una estrategia y guiar a  su nuera no solo a buscar provisión y a establecer una nueva familia para ambas, pero además a formar parte de la línea genealógica de nuestro Salvador.

2. Reconocer la fidelidad de Dios en el ministerio enseña a la mujer a desechar el temor.

A pesar de estar desarrollando un trabajo para el Rey de reyes y Señor de Señores, el entorno social, la decadencia moral, las confusiones doctrinales y otras circunstancias propician temores en nuestras vidas. Tal fue el caso de la reina Ester. Presentarse ante el rey sin ser llamada era riesgoso; sin embargo si no lo hacía todo el pueblo y ella misma morirían. Pero con tres días de oración y ayuno y la plena confianza en la fidelidad de  Dios quién la había colocado en el reino, Ester dio con la solución. Es reconfortante hacer nuestras las palabras que mandó Mardoqueo a Ester : “¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?” (Ester 4:14d.) El estrés que produce el temor o las circunstancias adversas puede conducirnos a dejar el ministerio. Sin embargo, aferrarnos a la fidelidad de Dios nos permitirá experimentar grandes victorias.

3. Reconocer la fidelidad de Dios en el ministerio nos permite  mantenernos vigentes.

Según el diccionario, la raíz etimológica de la palabra vigencia emana del latín y está conformada de tres partículas: el verbo “vigere” que se puede traducir como” tener vigor”; la partícula –nt- que es equivalente a “agente”; y finalmente el sufijo –ia- que significa cualidad”, de donde se define vigencia como: “algo que se mantiene actual, mas allá del paso del tiempo, puede relacionarse con la palabra tendencia que en la actualidad es ampliamente utilizada especialmente para referirse a las modas”.

Cuando hablamos de vigencia en el ministerio estamos significando la importancia de mantenernos involucradas en el quehacer ministerial en todas las etapas de nuestras vidas: niñas, jóvenes, solteras, casadas, madres y ancianas. La clave es discernir qué demanda el Señor en esa etapa  específica.

De niña, siendo huérfana experimenté el cuidado y la instrucción espiritual. Como una joven pude integrar el estudio y el ministerio; como pastora y líder soltera experimenté crisis financieras, familiares, peligros y rechazos entre otras circunstancias. Ahora, casada disfruto ser ayuda idónea, ama de casa, madre, abuela, aprendiz de otra cultura y otro idioma, intercesora y educadora; y la fidelidad de Dios ha sido real cada día.  Es la misma fidelidad que experimentaron Jocabed y su hija Miriam cuando conservaron la vida de Moisés. Jocabed pudo concebir la estrategia, Miriam dijo las palabras pertinentes para retornar al niño con su madre, y Dios en su fidelidad se proveyó de tres excelentes líderes que condujeron al pueblo a la tierra prometida (Miqueas 6:4).

La vigencia ministerial solo es posible si mantenemos vigencia espiritual. Esto consiste de una íntima y constante relación con el Señor a través de la lectura de la Palabra, la oración y el servicio. Que nuestra vigencia no sea las tendencias del feminismo extremo o el deseo de poder o fama. Que las dificultades y los temores no afecten nuestra vigencia ministerial sino que experimentemos la fidelidad de  servir de manera vigente por excelencia. “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy , y por los siglos”. (Hebreos 13:8).

Mary Strickland


 

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