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La herejía colosense: Una advertencia para hoy

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2019.2

Por Max Gallardo

 

 

La iglesia de Jesucristo ha tenido que batallar durante toda su historia con personas que propagan doctrinas erróneas en su seno. La Epístola a los Colosenses fue escrita principalmente para refutar enseñanzas heréticas que habían sido o estaban siendo introducidas en la iglesia de Colosas.

El apóstol Pablo escribió esta carta mientras él estaba prisionero en Roma, probablemente como respuesta al informe que Epafras le trajo. Epafras, un líder de la iglesia en Colosas, seguramente comunicó en detalle a Pablo las enseñanzas y la actitud de los que promovían el error.

Se usa la palabra herejía en este artículo en el sentido de identificar una doctrina, práctica o enseñanza que se aparta seriamente de la enseñanza bíblica respecto de cualquier área de la fe cristiana, y que lleva a una distorsión del evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

 

Características de la herejía colosense.

1. Menoscababa la persona de Jesucristo y su obra en la cruz.

El hecho que Pablo dedicó bastante espacio en su carta para describir la persona y obra del Señor Jesús indica que los falsos maestros no otorgaban al Señor la debida supremacía. Pablo presenta a Jesús como eterno, creador de todo lo que existe, sustentador de lo creado, cabeza de la iglesia, preeminente y plenamente Dios (Col. 1:15-19), lo que indicaría que los falsos maestros enseñaban doctrinas distorsionadas al respecto, otorgando mayor importancia a sus visiones y al culto a los ángeles, desentendiéndose de la posición de Cristo como Cabeza de la iglesia (Col. 2:18-19)

Se describe la obra salvadora de Jesucristo como redentora, Él ha provisto el perdón de los pecados (Col. 1:12-14) y ha obrado la reconciliación entre los creyentes y Dios a través de su muerte en la cruz (1:20-22).

Los falsos maestros enseñaban que no era suficiente la obra de Jesucristo y que se necesitaba la “filosofía” que ellos poseían para alcanzar pleno entendimiento de la salvación, pero Pablo indica que las riquezas de pleno entendimiento están a disposición del creyente en Cristo (Col. 2:2-3). Jesucristo es plenamente Dios y los creyentes están completos en Él (2:8-10).

 

2. Se basaba mayormente en la ley y las tradiciones judías, aunque se apartaba también de ellas.

La mayor parte de las características de la herejía colosense tiene raíces judías. Se menciona las tradiciones (2:8), la circuncisión (2:11-13), el “acta de los decretos” o ley (2:13-14), la dieta judía, sus días de fiesta y días de reposo (2:16) y los ángeles. Los ángeles tenían una posición importante dentro de la cultura judía, incluyendo la tradición de que los ángeles sirvieron como intermediarios en el otorgamiento de la ley (Heb. 2:2-4), por lo tanto es obvio derivar que esta falsa enseñanza había exaltado a los ángeles al punto de desarrollar una religión o culto a los tales (2.18). Los falsos maestros habían añadido tradiciones relacionadas seguramente con las comidas o asuntos ceremoniales que enfatizaban el ascetismo (2:20-23). Por lo tanto, nos encontramos con una herejía de raíces judías que sin embargo se aparta del judaísmo tradicional típico de Jerusalén. El escritor F. F. Bruce indica que podría estar presente en esta herejía la influencia de una antigua corriente disidente judía identificada como “misticismo merkabah”, la cual enfatizaba el viaje místico del alma hacia el trono de Dios mediante una disciplina ascética. Él afirma:

No se puede probar que la herejía colosense involucrara una forma temprana de misticismo merkabah, pero el ascenso celestial implícito en Col. 2:18 parece haber sido del mismo carácter que la experiencia que tales místicos buscaron. La herejía colosense evidentemente alentó la afirmación de que la plenitud de Dios sólo podía ser apreciada por experiencias místicas para las que era necesaria la preparación ascética. (The Epistles to the Colossians, to Philemon, and to the Ephesians, NICNT, p. 26.)

 

3. Enfatizaba el enfrentamiento con poderes espirituales, pero sin considerar la autoridad de Jesucristo.

Pablo enfatiza reiteradamente que Jesucristo es el creador de los poderes espirituales (1:15-16), que Él venció a los poderes malignos en la cruz (2:15), que Dios libró a los creyentes “de la potestad de las tinieblas [poderes malignos]” y que los trasladó “al reino de su amado Hijo” (1:13), y que Jesús tiene autoridad absoluta sobre “todo principado y potestad” (2:10). Esto parece indicar que los falsos maestros no confiaban en la autoridad de Jesucristo para enfrentar los poderes malignos y que preferían el “culto a los ángeles” y sus “visiones” en lugar de asirse a la “Cabeza” de la iglesia (2:18-19) el Señor Jesucristo.

Además, al haber creado una “religión” sincrética los falsos maestros en lugar de lograr la victoria sobre los poderes se habían por otro lado sometido a un sistema que se conformaba a “los rudimentos del mundo [gr. ta stoijeia tou kosmou]” y no a Cristo (2:8). Los creyentes han “muerto en cuanto a los rudimentos del mundo” (2:20), de manera que no tiene sentido volver a ser esclavo de un sistema religioso. Pablo usa la misma palabra “rudimentos” para reprender a los creyentes gálatas que habían aceptado guardar la ley como camino a la salvación.

Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo [gr. ta stoijeia tou kosmou]… Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses; mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos [gr. stoijeia], a los cuales os queréis volver a esclavizar? Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros (Gál. 4:3, 8-10)

El autor de la Epístola a los Hebreos usa stoijeia en el sentido de enseñanza básica en Hebreos 5:12; 6:1. Pablo usa la frase “los rudimentos del mundo [gr. ta stoijeia tou kosmou]” en Colosenses y Gálatas en un sentido negativo, para identificar un sistema religioso que puede esclavizar a las personas, incluyendo la religión judía. Una vez que se ha aceptado la verdad del evangelio de Jesucristo no tiene sentido volver atrás a depender de cualquier sistema religioso en el conocimiento de Dios.

 

4. Se presentaba como una filosofía o sabiduría superior

Los falsos maestros aseveraban poseer una “filosofía” o sabiduría superior, lo que Pablo denomina como “huecas sutilezas”. Ellos afirmaban tener visiones que Pablo atribuye a la “mente carnal” o arrogancia de ellos.

No dejen que los condene ninguno de aquellos que insisten en una religiosa abnegación o en el culto a los ángeles, al afirmar que han tenido visiones sobre estas cosas. Su mente pecaminosa los ha llenado de arrogancia (Col 2:18, Biblia Nueva Traducción Viviente)

Ellos hablaban de cosas que en realidad no habían visto y procedían sólo de sus especulaciones. Sin embargo, Pablo declara que los creyentes ya tienen acceso a la plenitud del conocimiento y sabiduría de Dios en Cristo (2:1-3). En lo cual debían seguir creciendo, y Pablo ora por ellos en este sentido, pidiendo a Dios que los creyentes fueran “llenos del conocimiento de su voluntad [de Dios] en toda sabiduría e inteligencia espiritual” (1:9).

 

5. Enfatizaba el ascetismo

La enseñanza falsa promovía lo que Pablo llama “duro trato del cuerpo” (2:23). Al parecer los falsos maestros habían añadido aún más requisitos a la dieta judía mosaica, pues el apóstol los denomina como “mandamientos y doctrinas de hombres” (2:22). Esta práctica de añadir preceptos humanos a la ley era muy común entre los judíos, y fue también fuertemente denunciada por el Señor Jesús. “Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición” (Mr. 7:9).

Ellos pensaban que el “trato duro del cuerpo” les daría ventajas en su sistema religioso basado en el culto a los ángeles y la búsqueda de visiones. Sin embargo, Pablo indica que el debilitar el cuerpo no ayuda para vencer la naturaleza pecaminosa (2:23), y exhorta a los creyentes más bien a una vida de oración al buscar “las cosas de arriba donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (3:1).

 

Advertencias para la iglesia hoy

La respuesta de Pablo a la herejía colosense nos entrega varias pautas para enfrentar situaciones semejantes en la iglesia del siglo XXI. Por razones de espacio no se considerarán todas las características de la herejía colosense, sino aquellas que afectan más seriamente a la iglesia hoy.

 

1. La preeminencia de Jesucristo en la iglesia.

Jesucristo es el Señor y Cabeza de la iglesia, y Él debe tener la preeminencia en todo. Toda doctrina, práctica, liturgia, alabanza o enseñanza debe ser cristocéntrica. La iglesia debe proclamar a Jesucristo como Dios mismo hecho hombre, creador, sustentador, y vencedor sobre todo poder maligno en la cruz. Lo que cada congregación debe preguntarse es: ¿de qué manera lo que se diga, cante, enseñe o practique otorga a Jesucristo el lugar que le corresponde en la iglesia?

Una de las situaciones que actualmente se está dando en la iglesia es la escasa mención de Jesucristo en la letra de las canciones de alabanza recientes. A veces ni siquiera se menciona a Dios y lo que se canta como alabanza podría pasar como una canción de amor. La centralidad de Cristo y la redención lograda en la cruz se reemplazan por los sentimientos de adorador y una relación mística con Dios.

 

2. La iglesia no es una extensión del judaísmo.

Desde el momento en que gentiles comenzaron a convertirse a Cristo, la iglesia primitiva enfrentó la presión de miembros de la comunidad de cristianos judíos para que los gentiles fueren judaizados mediante la imposición sobre ellos de la circuncisión y la observación de la ley mosaica (Hch 15:1). El apóstol Pablo escribió la Epístola a los Gálatas como respuesta a tales pretensiones. En ella él afirmó categóricamente: “No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo” (2:21). El Concilio de Jerusalén resolvió el asunto tomando la decisión de que no se debía obligar a los gentiles a guardar la ley: “Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis” (Hch 15:28-29). Sin embargo, esta decisión no solucionó el problema ya que el apóstol Pablo tuvo posteriormente que denunciar el error de los cristianos judaizantes que buscaban desviar a los gentiles en otras epístolas tales como 2 Corintios y Filipenses. También tuvo que enfrentar la herejía en Colosas que tenía raíces en un tipo particular de judaísmo local.

Desde ya hace varios años la iglesia está siendo influenciada por modernos judaizantes, que llaman a la iglesia gentil a “volver a sus raíces” judías. Lamentablemente han tenido considerable éxito especialmente en iglesias neo-pentecostales, y en ocasiones se les ve asociados con la así llamada “reforma apostólica”. En los casos más leves la judaización se presenta en la forma de usos litúrgicos de danzas hebreas, el uso del shofar como instrumento, la presencia en el templo de estrellas de David, el candelabro judío, representaciones del arca del pacto, uso de mantos de oración judíos, etc. También se ha puesto de moda celebrar las fiestas judías tales como el Día de la Expiación, la Pascua, la Janucá, o la Fiesta de los Tabernáculos. Ya hay iglesias que están guardando el sábado en lugar del domingo (y no me refiero a la Iglesia Adventista). Los judaizantes más extremos niegan la Trinidad, se identifican más como judíos, consideran a las demás iglesias como apóstatas y falsas, rechazan el uso del nombre Jesús que lo consideran herético y prefieren la palabra Yeshúa o Yahsúa (dependiendo del grupo), no utilizan la palabra Dios y la reemplazan por el Eterno, Abba, Adonai, Elohim u otras, y promueven el aprendizaje del hebreo y el uso de palabras hebreas en la iglesia, además de otras cosas que en este artículo no hay espacio para describir.

La iglesia debe usar mayor discernimiento en reconocer que la iglesia no es una extensión del judaísmo, ni nunca Dios tuvo ese objetivo para ella. Dios no ha llamado a la iglesia a propagar la cultura judía sino a predicar la buena nueva de salvación por gracia en Jesucristo. Si la iglesia adopta como normativa una determinada cultura (la judía en el caso de los judaizantes) pierde su poder transformador dentro de la cultura anfitriona. La judaización de la iglesia gentil es un serio peligro para la integridad del mensaje de gracia del evangelio.

 

3. Uso autoritativo de visiones o experiencias personales.

Los falsos maestros de Colosas basaban su sabiduría en las visiones que aseveraban tener. Es de suma importancia que la iglesia mantenga con firmeza el principio de evaluar toda experiencia espiritual a la luz de la Biblia correctamente interpretada. Existen hoy libros que narran experiencias espirituales de creyentes, las cuales son aceptadas sin averiguar si lo que se dice concuerda con la Biblia. A veces sucede que libros acerca de viajes espirituales al cielo o al infierno, que algunos creyentes afirman haber experimentado, para algunos llegan a ser fuentes autoritativas respecto de estos temas. También la manipulación espiritual que hacen algunos predicadores respecto de lo que aseveran que Dios les está hablando en ese momento es fuertemente censurable. Algunos televangelistas no dudan en usar el nombre de Dios en vano para motivar a la gente a enviarles ofrendas, con expresiones semejantes a la siguiente: “El Espíritu Santo me dice que aquellos que envíen una ofrenda en los siguientes minutos Dios se las va a multiplicar por cien”.

 

Conclusión

Habría mucho más que agregar sobre otros aspectos de la herejía colosense pero el espacio otorgado para este artículo no lo permite.

Es mi profundo deseo y oración que la iglesia y sus ministros ejerzan discernimiento para identificar cualquier cosa que prive a Jesucristo de su preeminencia en la iglesia, o que distorsione la salvación provista por el Señor en la cruz. Las herejías no solicitan invitación, más bien se introducen de manera subrepticia y es deber de los líderes estar atentos para la defensa de la “fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 1:3).

Maximiliano Gallardo P.


 

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