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Reseña de: “Plan supremo de evangelización” por Robert E. Coleman

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2019.3

 

 Por Daniel Silva Labraña, Conexión Araucanía, Las Asambleas de Dios de Chile

Resumen

Los métodos de evangelización han variado a través de los años, sin embargo no siempre el propósito y pertinencia de la acción evangelizadora están relacionadas con la Gran Comisión (Mateo 28:16-20). Robert E. Coleman aborda este problema a través de su libro Plan supremo de evangelización, haciendo un análisis de los principios que debieran estar presentes en la evangelización y que están fundamentados en la persona de Cristo. A través de esta reseña de libro se expone una síntesis y comentarios de su obra.

 

Plan Supremo de Evangelización por Robert E. Coleman: Una Reseña de Libro

Plan supremo de evangelización (Coleman, 1996) es un libro magno, no en tamaño, sino en contenido. Para estos tiempos sería un libro twittable, por su calidad de frases dignas de compartir y analizar en profundidad.

Robert Coleman logra reunir una labor indissoluble, que al parecer por mala interpretación y por lo tanto mala aplicación a través del tiempo se ha ido dividiendo: discipulado y evangelismo. Es más, el libro se titula “Plan supremo de evangelización”, pero trata más bien sobre el discipulado, por lo tanto, se esperaría que los prólogos fueran escritos por eminencias sobre el tema; sin embargo, sus prólogos son escritos por Billy Graham en su versión en inglés y por Luis Palau, en su versión hispana. Ambos, eminencias en evangelismo a nivel mundial y masivo.

Coleman traza su libro con un plan maestro, desde su introducción hasta su epílogo se trata de un plan vital para cada cristiano, el cual es nacido desde Jesús para cada uno de sus discípulos, no sólo desde la enseñanza, sino desde el modelamiento. El problema que aborda son los métodos de evangelización, pero no haciendo un análisis de cada uno de ellos, sino de los principios que debieran estar presentes y que están fundamentados en la persona de Cristo . El autor plantea que el propósito y pertinencia de nuestra acción evangelizadora deben estar relacionadas con la Gran Comisión de Jesús (Mateo 28:16-20, Reina-Valera 1960), por lo tanto, es necesario preguntarnos “¿Estamos realmente cumplimentando la gran comisión de Cristo? ¿Vemos como resultado de nuestro ministerio una comunidad creciente y pujante de hombres consagrados que comunican al mundo el evangelio? ¿Estamos cumpliendo el propósito deseado? (Coleman, 1996, p. 7).

Para responder a estas preguntas y solucionar el problema planteado, aborda ocho principios que dirigieron las acciones del Maestro. Al ser principios, Coleman (1996) “no pretende interpretar métodos específicos de Jesús en la evangelización personal o de masas. Es más bien un estudio de los principios que forman el sustrato de su ministerio: principios que determinaron sus métodos” (p. 8). A continuación unos fragmentos representativos de cada uno ellos, los cuales cada uno de ellos son capítulos del libro.

Principios

Principio uno: Selección

“Escogió a doce de ellos” (Lucas 6:13).

El propósito inicial de su plan, fue buscar pocas personas y concentrar sus energías en aquellos (Juan 1:35-40; Juan 1:41,42; Juan 1:43-51; Marcos 1:19; Mateo 4:21; Mateo 9:); Marcos 2:13,14; Lucas 5:27,28). Esto no implica descuidar a las multitudes, sino más bien intencionar personas llenas de él y que les ministren en su nombre (Lucas 6:13-17; Marcos 3:13-19; Lucas 10:1; 1 Corinto 15:7). Unos cuantos consagrados, con el tiempo sacudirán al mundo para Dios. El triunfo nunca lo consiguen las multitudes.

Principio dos: Asociación

“He aquí yo estoy con vosotros todos los días” (Mateo 28:20).

Lo que Jesús hizo para enseñarles fue mantenerlos cerca de él, siendo él mismo la escuela y programa de estudio. Sus discípulo se distinguieron, no por la conformidad externa a ciertos rituales, sino por permanecer con él, y participar así de su doctrina (Juan 18:19).

La iglesia es el medio para consolidar a todos los que seguían a Jesús. Sin embargo, el problema es que la iglesia habla mucho acerca de evangelización y la educación cristiana, pero hay poca preocupación por asociarse en forma personal cuando se ve claramente que tal cosa implicaría el sacrificio de algo personal. ¿Cómo puede una iglesia esperar cumplir su cometido con una serie de actividades unos cuantos días al año?.

Principio tres: Consagración

“Llevad mi yugo sobre vosotros” (Mateo 11:29).

Quienes decidieron no seguirle Jesús no salió corriendo tras ellos para que permanecieran en el grupo de los discípulos (Juan 6;60, 66). Preparaba líderes para el reino, y si iban a ser instrumentos útiles de servicio, tenían que pagar el precio. Nadie podía seguir a Jesús por todo el curso de su vida a menos que se separa del mundo; los que pretendieron hacerlo sin llenar esta condición, cargaron su conciencia de angustia y tragedia (Mateo 27:3-10; Hechos 1:18,19).

Jesús no urgió a sus discípulos a que entregaran la vida a una doctrina, sino a una persona que era la doctrina, y sólo a medida que prosiguieran en su Palabra podrían llegar a conocer la verdad (Juan 8:31, 32; 14:15, 21, 23, 24; 15:10, 12, 14).

Principio cuatro: Comunicación

“Recibid el Espíritu Santo” (Juan 20:22).

La medida con la que debían aplicar su propio servicio en nombre de él debía ser con la misma liberalidad con que habían recibido (Mateo 10:8). Tenían que amarse unos a otros como él los amaba (Juan 13:34, 35). Por este distintivo serían reconocidos como discípulos suyos (Juan 15:9, 10). En esto contenían todos su mandamientos (Juan 15:2, 7; Mateo 22:37-40; Marcos 12:30, 31; Lucas 10:27). Amor -amor de calvario- era la norma. Tal como lo habían visto durante tres años, los discípulos tenían que entregarse en dedicación desinteresada a aquellos a quienes el Padre amaba y por quienes el Maestro moría (Juan 17:23). Tal demostración de amor por medio de ellos iba a ser el conducto para que el mundo reconociera que el evangelio era verdadero. ¿De qué otro modo se podría convencer a las multitudes? El amor es el único medio para ganarse la respuesta voluntaria de los hombres, y eso es posible sólo por la presencia de Cristo en el corazón. Jesús dijo con claridad meridiana que su vid nos llegrí sólo por medio del Espíritu Santo. “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha” (Juan 6:63). Por eso, incluso para comenzar vivir en Cristo, uno ha de nacer de nuevo (Juan 3:3-9).

Principio quinto: Demostración

“Ejemplo os he dado” (Juan 13:15).

Jesús reconoció que no era suficiente introducir a las personas a la comunión espiritual con él. Sus discípulos necesitaban saber cómo mantener esta experiencia y cómo mantener esta experiencia y cómo compartirla, ya que era necesario perpetuarla por medio de la evangelización. Prácticas como la oración, el uso de la Escritura, el ganar almas, enseñar con naturalidad y clases siempre en acción, siempre estuvieron presentes como demostración a sus discípulos.

Principio sexto: Delegación

“Os haré pescadores de hombres” (Mateo 4:19).

Jesús realizó siempre su ministerio con miras al momento en que sus discípulos habrían de asumir la responsabilidad de la obra y salir al mundo con el evangelio redentor. Su método fue que los discípulos llegaran a una experiencia vital con Dios, y mostrarles cómo actuaba él mismo antes de decirles lo que tenían que hacer. Ellos debían seguir su método, esperando inconvenientes, reconociendo que el evangelio divide, que se trataba de él (uno con Cristo) y que la labor debía hacerse en compañía (de dos en dos).

Principio sextimo: Supervisión

“¿No entendéis ni comprendéis?” (Marcos 8:17).

Jesús procuró siempre reunirse con los discípulos después de sus recorridos, a fin de escuchar sus informes y compartir con ellos las bendiciones de su propio ministerio. En este sentido, se podría decir que su enseñanza alternaron entre instruir y asignar, por lo cual ante los reportes de los discípulos repasaba y extraía alguna aplicación práctica, además de dar lecciones sobre la paciencia en el ministerio.

Principio octavo: Reproducción

“Os he puesto para que vayáis y llevéis fruto” (Juan 15:16).

Jesús se propuso que los discípulos reprodujeran su imagen en y por medio de la iglesia que se iba formando en el mundo. De este modo su ministerio en el Espíritu quedaría duplicado muchas veces por medio de su ministerio en las vidas de sus discípulos. Si no llegaban a comunicar su Espíritu y método a otros que continuaran la obra, entonces su ministerio con ellos todos estos años se reduciría a la nada. La Gran Comisión se trata sobre la reproducción y la petición de obreros para la mies también lo es.

Conclusión

Plan supremo de evangelización es una obra que debe estar en la biblioteca de todo ministros. Muy útil para formación de nuevos obreros, es más, pudiendo utilizarse como lectura obligatoria dentro de algún curso formativo, como ocurre en la formación de liderazgo y pastores universitarios a través de la literatura de Harvey Herman (1991, 2008) por Chi Alpha en Estados Unidos y Red Universitaria en latinoamérica.

Según Logos (2019) de Faithlife, los libros de Robert E. Coleman se publican en 109 idioma y solo en inglés superan los 7 millones de copias. Logra reunir de manera práctica, confrontacional e inspiracional nuestro plan maestro en la tierra encomendado por Jesús, hacer discípulos.

 

Referencias

Coleman, R. E. (1996). Plan supremo de evangelización. Estados Unidos de América: Casa Bautista de Publicaciones.

Herman, Harvey. (1991). Id, y haced discípulos. Manual práctico del discipulado cristiano universitario. Estados Unidos de América: Chi Alpha, Assemblies of God.

Herman, Harvey. (2008). Discipleship By Design: The Discipling of Christian University Students. Estados Unidos de América: Xulon Press.

Logos, Faithlife. (2019). Books by Robert E. Coleman [About the Author]. Recuperado de https://www.logos.com/search?filters=author-13870_Author&sortBy=Relevance&limit=30&page=1&ownership=all

 

Notas del autor

Daniel Silva Labraña, Conexión Araucanía, Las Asambleas de Dios Chile.

La correspondencia relacionada con esta reseña de libro debe ser dirigida a Daniel Silva Labraña, Conexión Araucanía, Las Asambleas de Dios Chile, Código Postal 4781119, Lautaro 541, Temuco, Chile.

Contacto: danielsilva.ministerio@gmail.com

 

 

 

 

 

 

 

Daniel Silva Labraña


 

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