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El hombre de Dios como líder

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1976 Vol 2, No.2

El siguiente ensayo fue escrito por Jesús Esteban Gómez en parcial cumplimiento del curso “Principios de Administración” dado en el seminario de ISUM realizado en la ciudad de Barquisimeto, Venezuela, en el mes de febrero de 1976. El pastor Gómez ha servido como ministro por ocho años, y actualmente pastorea la iglesia El Buen Pastor en San Fernando, Caracas.

El líder de Dios desempeña un papel de suma importancia hoy en nuestras iglesias. El mundo cada día va creando líderes que arrastran multitudes al infierno, y es necesario que el hombre de Dios sea líder.

Dios necesita en este tiempo hombres en quien poner responsabilidades, ministerios, dones; hombres tales como Moisés, Josué, Caleb; hombres que estén dispuestos a atender el llamado del Señor, que estén dispuestos a negarse a sí mismos. No condicionalistas, no asalariados, no interesados en lo que pueda dejar provecho personal. ¡NO!, Dios necesita líderes hoy que sean obedientes, esforzados, valientes, tales como Esteban, quien enfrentó una turba enardecida; como Pablo que predicó ante un Areópago ansioso de conocer cosas nuevas. ¡Sí! Dios está interesado en hombres líderes que luchen contra las amenazas de la iglesia de falsas doctrinas; líderes que se paren ante el pecado y con su actitud digan ¡No! Líderes que tengan conciencia de lo que realmente es servirle al Señor.

Líderes que incólumes permanezcan erguidos ante toda tempestad, toda malicia. Líderes que sientan en carne propia el atraso de la obra, líderes que se lancen al ministerio que Dios tiene para dar, no importa cuánto valga ni cuanto pida. Líderes que amen a las almas, a la iglesia y a la organización, que trabajen en este tiempo peligroso que el Señor ha dejado para hacer la última cosecha.

¡Hombres de Dios, levantaos y alistaos con Dios para lo que Él quiera! Dios está cansado de seudo-líderes, asustadizos, desesperados, vacilantes, faltos de fe; Dios busca hoy hombres claves para sus fines.

El hombre moderno necesita ese encuentro para cumplir las aspiraciones que el Señor desea. Hoy más que nunca es necesaria esa comunión, ese acercamiento que nos hace más capaces, esa capacidad necesaria para llegar a colmar los deseos más sublimes del Señor.

Tan bien el hombre de Dios debe tener muy en cuenta quien lo ha puesto en el ministerio, ya que eso es por pura gracia que se concede al hombre. Por eso el líder debe tener su dependencia en Dios.

El que reconozca esa verdad estará dentro de la bendición de Dios. Porque el Señor se regocija cuando hay hombres en la tierra que le dan la gloria y la alabanza en medio del éxito ministerial.

Es necesario que ese hombre, ese líder sepa reconocer que no está superdotado ni es suficiente, sino que necesita la colaboración de otros, y debe saber apreciar los valores a su alrededor.

Él debe comprender que es mejor trabajar en conjunto que aislado, que entienda lo que significa la colaboración. El apóstol Pablo anduvo con Bernabé, Timoteo, Pedro, Ananías, y otros. Sus epístolas hacen referencia de como él aprovechaba esa colaboración. El siervo que Dios ha llamado será sabio si logra ese objetivo también, ese hombre debe reconocer a sus superiores en la organización. Esto le da al hombre carácter y solvencia hacia los que están bajo su ministerio, tendrá más provecho en todo y el respaldo de su organización. ¡Qué Dios levante hombres líderes, santos, que en este tiempo logren en el Señor la finalidad que Él desea para sus vidas!

 

Editor


 

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