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Cómo evangelizar a una persona de la comunidad LGTB

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2019.3

Por Silverio Manuel Bello Valenzuela.

Introducción

¿Cómo presentarle el plan de salvación a una persona que pertenece a cualquiera de las comunidades LGTB? Es una pregunta a la que todo creyente en Cristo debe tener en su mente una respuesta clara y concisa a la luz de la Biblia, la Palabra de Dios.

La exigencia y la naturaleza de esta respuesta evangelizadora está en consonancia con las instrucciones del apóstol Pedro, cuando escribe: “…y estad siempre preparados para presentar defensa con reverencia y mansedumbre ante todo el que demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1Ped. 3:15).

Dentro de estos grupos de personas, por más enredadas y hundidas en el pecado que pudieran estar, siempre habrá quien sienta en lo más profundo de su ser una necesidad de acercarse a Dios y de entrar en el plan de salvación en Cristo Jesús. Por tales razones, como creyentes en Cristo, nosotros no debemos de dejar de ofrecerles el mensaje del evangelio.

El mandato del apóstol Pablo arroja luz sobre cómo dar testimonio de nuestra fe y presentar el evangelio a cualquier pecador que nos pida razón de nuestra fe. “Mansedumbre y reverencia” (respeto) son dos palabras claves para poder acercarnos a estas personas con el mensaje de salvación.

Presento a continuación algunos instructivos que deben ser tomados en cuenta para evangelizar a cualquier persona que pertenezca a cualquiera de los grupos LGTB:

1. Debemos entender que las personas pertenecientes a las comunidades LGTB tienen la misma necesidad de salvación que tiene cualquier otro ser humano que no se ha convertido a Cristo

El hecho de un hombre ser homosexual o de una mujer ser lesbiana, que o de cualquier otra persona que tenga cualquier otro tipo de parafilia sexual, no hace que sean más o menos pecadora que otros seres humanos. El apóstol Pablo encierra a todos los seres humanos sin Cristo en un mismo círculo, cuando escribe: Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Rom. 3:23).

Muchas de estas personas escogen ese desviado estilo vida sexual por diferentes causas, pero llevan dentro de sí un alma que necesita salvación. Por los múltiples testimonios de homosexuales y de lesbianas que se han convertido, nos damos cuenta que muchas de esas personas tienen y sienten necesidad de Dios, y que ni la iglesia como institución cristiana, ni los cristianos como personas debemos dejar de llevarles el mensaje del evangelio.

2. Debemos acercarnos a ellos confiando en el poder la Palabra Dios para llegar a ellos.

En la evangelización de estas personas debemos confiar en el poder que tiene la Palabra de Dios para llegar y penetrar a lo más profundo del alma del pecador. En Isaías 55:11, Dios dice: Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”.

Del mismo modo, en Hebreos 4:12, leemos: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.

En esta misma linea de pensamiento, el apóstol Pablo deja bien claro, que la Palabra de Dios es la que engendra fe en el corazón del ser humano.

Lo dice bien declaro en Romanos 10:17, cuando escribe: “…la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. El santo apóstol pone de manifiesto que es la Palabra de Dios la engendra fe en el corazón del ser humano cuando llega a sus oídos. Los tres versículos juntos, que hemos leído nos ponen de manifiesto la importancia de la Palabra de Dios en la transformación de la mente y del corazón de un pecador, sin importar su condición.

Es nuestro deber y nuestro compromiso como cristianos es predicar el evangelio a toda criatura sin tener en cuenta su condición de vida, lo demás lo hace el Señor.

3. Evitemos iniciar la conversación atacando la conducta homosexual.

Dijo el pastor y escritor Jame Crane, en su libro: “El Sermón Eficaz”, que: “Debemos empeñarnos en predicar lo positivo del evangelio para que la gente entienda lo negativo de su vida”. Este pensamiento del escritor Crane está muy acorde con lo que queremos decir relacionado con la evangelización a estas clases de persona.

Hace cierto tiempo que un hermano se montó en un bus público para dirigirse a su trabajo. A su lado iba un joven con cabellos largos y teñidos de rojo. Llevaba puesta una blusa de mujer y algunos prendas femeninas. Hablaba como una señorita y hacía ademanes muy femeninos.

En seguida aquel hermano se dio cuenta que su compañero de asiento era homosexual. Así que, cargó su ametralladora bíblica y comenzó a dispararle encima todos los versículos de Levítico y Deuteronomio y del Nuevo Testamento que hablan y condenan a los que se echan a los homosexuales. Aquel joven se enojó tanto con los drásticos mensajes de aquel hermano que optó por bajarse del bus.

Tratar a estas personas con amabilidad y respeto nos puede abrir la puerta positivamente para llegar a su mente y corazón con el mensaje de la Palabra de Dios. Esta actitud por parte nuestra nos da la posibilidad de lograr que ellos entiendan que lo que están haciendo no está bien, y entonces se arrepientan de sus pecados.

Que estas personas entiendan el plan de salvación, reconozcan sus pecados y sientan la necesidad de arrepentirse, debe ser el principal objetivo de nuestra tarea evangelizadora hacia ellas. Esto requiere paciencia, sabiduría y comprensión de parte de quien les llevan el evangelio. Uno de los versículos claves para comunicarles el mensaje de vida eterna a esta clase de gente, es Isaías 1:18, que dice: “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”.

4. Procuremos evitar el uso de todo gesto o expresión verbal de rechazo.

Casi todas las personas que pertenecen a cualquiera de los grupos LGTB tienen muchos prejuicios contra los grupos religiosos, especialmente contra los evangélicos. Es probable que cuando un cristiano se le acerque con un tratado, o con un mensaje verbal bíblico, algunos de ellos se indispongan, y al mismo tiempo comiencen a observar con disimulo hacia dónde está dirigiendo el mensajero su mirada. Hay que evitar cualquier tipo de miradas o gestos que puedan traerles sospechas a estas personas de que los están menospreciando. Favorece mucho que ellos descubran que están frente a alguien que les está hablando con sinceridad de corazón. Que se están relacionando con alguien que tiene marcado interés en el bienestar de ellos, especialmente sobre su salvación.

5. Confiemos en el poder del Espíritu Santo para convencer al pecador.

Jesús enseñó bien claro sobre cuál iría a ser el ministerio del Espíritu Santo en la conversión del pecador, cuando dijo: Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8).

El verbo “convencer”, viene de la voz griega elegzei, y quiere decir: redargüir, hacer entender, hacer entrar en razón, convencer con la verdad, ablandar el corazón, redargüir la conciencia, hacer entrar el razón. Esta es la obra fundamental del Espíritu Santo a favor del pecador.

Fue lo que hizo el Espíritu Santo en las mentes, en los corazones y en las conciencias de la multitud inconversas que oían el sermón que Pedro predicaba el día de Pentecostés. Cuando oyeron el mensaje de la Palabra de Dios, el Espíritu Santo los convenció y los redarguyó de sus pecados. En Hechos 2:37-38 leemos: “Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿Qué haremos?

El Espíritu Santo convenció a la multitud de que lo que Pedro les estaba predicando era toda la verdad eterna del evangelio de Cristo, y que si ellos la rechazaban los juicios de Dios iban a caer sobre ellos. Por eso les preguntaron a Pedro y los demás apóstoles: “Varones hermanos, ¿Qué haremos? En seguidas, Pedro les contestó: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”. Fue así que aquel día, más de cinco mil personas aceptaron al Señor.

Los cristianos evangélicos debemos entender a la luz de las Sagradas Escrituras, que Dios no nos manda a convertir a la gente, sino a predicar el evangelio a toda clase de personas. El mandato de Jesús en la Gran Comisión, según Marcos 16:15-16, dice: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura, el que creyere y fuere bautizado será salvo; mas el que no creyere, será condenado”.

Este mandato de Jesús nos deja bien claro, tres verdades misionológicas:

Primera: Que la misión nuestra como creyentes es predicar el evangelio a las personas no creyentes, sin importar la clase de pecados que hayan estado cometiendo:Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura…” (Mar. 16:15)

Segunda: Que la convicción de un pecador es propiedad atributiva y exclusiva del Espíritu Santo: (“…convencerá al mundo de pecados…” Juan 16:8).

Tercera: Que la conversión a Cristo es decisión exclusiva del pecador mismo. (“…el que creyere y fuere bautizado, será salvo…” Mar.16:16)

Si nos esforzamos por presentar el plan de salvación a cualquier persona perteneciente uno de los grupos que nos estamos refiriendo, de seguro que vamos a lograr resultados positivos aún no se conviertan inmediatamente. Recordemos que es la Palabra de Dios y el poder del Espíritu Santo los que hace el trabajo en los corazones de los pecadores.

6. En nuestra tarea evangelizadora a cualquier persona perteneciente a los grupos LGTB, procuremos hablarles más de amor de Dios, que de los juicios de Dios.

Cuando a cualquiera de estas personas les hablamos del gran amor que Dios mostró por el pecador enviando a Jesucristo su Hijo a morir en una cruz por los pecados de la humanidad, esto va a impactar las vidas de esas personas de tal manera, que se van a sentir atraídas a por el mensaje que les damos. Si tenemos una Biblia con nosotros, podemos poner a la persona a leer a Juan 3:16, y luego decirle algo así como que este versículo nos habla de la inmensidad del amor de Dios; es decir, que nos muestra la altura, la anchura y la profundidad del amor de Dios hacia el pecador.

7. Para predicarle a cualquier persona de estas comunidades hay que estar preparado.

Cuando decimos, preparados, no nos estamos refiriendo necesariamente a preparación intelectual o teológica. Queremos decir, que para presentar el mensaje de salvación a cualquiera de estas personas hay que estar preparado mental, emocional, bíblica y espiritualmente. El que le predica a esas clases de personas debe concentrarse, no en lo que ellas son, ni en lo que hacen, sino en la necesidad de salvación que tienen.

Dos situaciones podrían darse, la primera: Es posible que la persona muestre cierto interés en recibir el mensaje de salvación y escuche con marcada atención la prédica. La segunda: Podría ser que la persona se muestre indiferente, arrogante y no solamente rechace el mensaje, sino que procure con altanería justificar su conducta homosexual, y hasta buscar apoyo en la Biblia, como hacen la mayoría de estas personas.

¿Qué deberíamos hacer en este caso?

Hay varios pasos que podríamos dar:

Primer paso: Confrontar a estas personas con la teología creacionista de la familia.

Debemos hacerles entender a la luz de la Biblia que la conducta sexual de los humanos fue regularizada por Dios y que cualquier alteración, es una violación a los mandatos divinos.

Demos enfatizarles que Dios creó al primer hombre y a la primera mujer con género definido.

La Biblia dice que en el Edén Dios creó el primer ser humano y le puso por nombre Adán, y luego de le sacó una costilla de uno de sus costados y con ella hizo a la mujer, a la que Adán llamó Eva. El divino hacer creo al primer ser de género masculino bien definido, conocido con el nombre común de varón, u hombre. Dios creó al otro ser, de género femenino bien definido llevando el nombre común de hembra, o mujer. El divino Creador diseñó en el género humano masculino una contextura física diferente a la del género humano femenino. Le puso a cada uno órganos sexuales diferentes; así lo leemos en Génesis 1:27, que dice: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”.

Al primer hombre que Dios creó (Adán) le ordenó tener sexo con la mujer que le hizo, de la costilla que sacó de su costado. Para tales fines, le hizo a cada uno órganos sexuales diferentes. En el órgano sexual de la mujer, llamado vagina, Dios creó células para concepción del género humano llamados óvulos. En el órgano sexual del hombre, Dios puso las células reproductivas del ser humano, llamadas espermatozoides, para que a través de la cópula sexual entre ambos entrara la espermatozoide del hombre en el ovulo de la mujer y ella concibiera en su vientre el engendro de un hijo o hija y dieran así cumplimiento al mandato de Génesis 1: 28, cuando les mandó Dios, diciendo: “…Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.”

Segundo paso: Dios instituyó la unión matrimonial sólo entre un hombre y una mejer.

En Génesis 2:22-23, leemos:  “Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”

Todos estos versículos de la Palabra de Dios, comprueban que la familia fue la primera institución creada por Dios en Jardín del Edén, y que está compuesta por un hombre, una mujer y de sus hijos.

Tercer paso: A estas personas hay que enseñarles que la homosexualidad está prohibida, tanto en el Antiguo, como en el Nuevo Testamento. Se comprueba con los siguientes pasajes bíblicos:

En Génesis 19:5, Moisés nos narra que cuando los ángeles llegaron a la casa de Lot, los aberrantes moradores de aquella comunidad llamaron a Lot, y le dijeron: ¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche? Sácalos, para que los conozcamos”. Por las propuestas que les hizo Lot, sobre sacarles sus dos hijas, que no habían conocido varón y que se las iba a sacar para que hicieran de ella como bien les pareciera (19:8), indica que ellos, lo que querían era a los varones que estaban de visita en la casa de Lot, para tener sexo hombre con hombre; la palabra conozcamos,así lo indica. Por el pecado de la homosexualidad, Dios destruyó con fuego a Sodoma y a Gomorra.

Desde la destrucción de Sodoma por la práctica homosexual de sus moradores, a las personas de estas tendencias se les endilgó el nombre de “sodomitas”.

Esta práctica fue prohibida por Dios. En Deuteronomio 23:17, ya en el período de la Ley de Moisés, Dios le dice al pueblo de Israel: “No haya ramera de entre las hijas de Israel, ni haya sodomita de entre los hijos de Israel.”

Otro de los nombres que recibió la práctica sodomita en el Antiguo Testamento fue, “echarse con varones”. En el libro de la Ley, Dios prohibió dicha práctica a los israelitas. En Lev. 18:22, leemos: “No te echarás con varón como con mujer; es abominación” (Lv. 18:22).

El tercer nombre que recibió la homosexualidad en el Pentatéuco, fue: Ayuntarse con varón”. Dicha práctica es tan abominable y aborrecible ante los ojos de Dios, que él dictó sentencia de muerte para sus practicantes; en Levítico 20:13, leemos: Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre.”

En el Nuevo Testamento, la homosexualidad y cualquier otra práctica sexual fuera del matrimonio entre un hombre y una mujer, fue prohibida por el apóstol Pablo.En Romanos 1:26-27, leemos:Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza.y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.”

Según el apóstol Pablo, dentro de las personas que no heredarán el reino de Dios, por sus prácticas pecaminosas, están “los que se echan con varones”, es decir, los homosexuales.

En 1 Corintios 6:9, él escribe a la iglesia de Corinto: “No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones…

Queda comprobado por la Biblia, que la homosexualidad y cualquier otra práctica sexual fuera del matrimonio es pecado, y sus practicantes están fuera de la gracia de Dios, y que, por lo tanto, para que la gracia de Dios los alcance y sean salvos por la fe en Cristo Jesús, deben arrepentirse de sus pecados, y convertirse a Cristo.

Ojo: Recuerde que dijimos, que estas verdades bíblicas, solamente se le aplicarían a una de estas personas, única y exclusivamente en caso que adopten una actitud de rechazo al evangelio y traten de justificar sus conductas sexuales desviadas.

¿Cuál debe ser la actitud de la iglesia y una de estas personas se convierten y quieren doctrinarse y bautizarse para ser miembros de la iglesia?

Lo primero es que como muestra de su arrepentimiento y conversión a Cristo, estas personas deben abandonar estas prácticas y dar fruto de arrepentimiento como cualquier otra persona que se arrepiente de sus pecados. Miles de personas en estas condiciones, así lo han hecho, y han llegado a ser muy buenos miembros.

¿Qué hacer si a nuestra iglesia llega una pareja homosexual o lesbiana casada y con hijo, y dice que quiere convertirse, doctrinarse, bautizarse y hacerse miembro de nuestra iglesia? No es extraño que suceda alguna vez, como se van poniendo las cosas. Pero no hay que romperse la cabeza pensando qué hacer. En un caso como este, si se diera, hay que buscar la asesoría de nuestras máximas autoridades eclesiásticas ejecutivas nacionales, y aplicar soluciones consensuadas.

Conclusión

Como es bien sabido, la literatura de evangelismo para los grupos LGTB es escasas. Este material se preparó tomando en cuenta la naturaleza de esta clase de personas a quienes nos proponemos llevar el mensaje de salvación. Las pautas recomendadas pueden ser muy útiles para tratar con ellas ya sea que muestren interés en el mensaje de salvación, o que, por las condiciones de ellas, rechacen flagrantemente nuestra predicación. Por tales razones en esta dirección, se han presentado varias alternativas. Pero siempre recordemos que a la luz de la Palabra de Dios el evangelio debe ser predicado a toda criatura, sin importar la condición de vida de cada individuo.

Recordemos, además, que “la Palabra de Dios no vuelve e él vacía”, y que quien hace la obra de convicción en el pecador es el Espíritu Santo. Bajo mucha oración se ha preparado este material, esperando que, con la ayuda de Dios, surja sus efectos positivos para quienes se ha preparado.

Silverio Manuel Bello Valenzuela


 

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