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El coordinador habla

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1976.Vol.2, No.3

Muy amados consiervos:

Es para mí un privilegio dirigirme una vez más a mis hermanos en la América Latina y las Antillas, que se dedican al gran ministerio de enseñar. ¡Por lo tanto, les saludo en el nombre del Gran Maestro de maestros!

Mientras meditaba en cuál sería el tema más importante para presentarles en esta ocasión, me sentí profundamente impresionado por el Señor a enfatizar la necesidad de dar prioridad a la obra del Espíritu Santo en nuestro ministerio de la educación cristiana.

Nuestro Gran Maestro, el Señor Jesucristo, nos dio el mandato de enseñar con estas palabras: “…id, y haced discípulos a todas las naciones…enseñándoles que guarden todas las cosas que as he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:l9, 20). En efecto, el Señor que nos mandó a enseñar, prometió estar con nosotros mientras cumplamos este sagrado ministerio.

Nosotros, los que vivimos en pleno siglo XX, tenemos cierto privilegio que no han tenido otros en tiempos pasados. El arte, la ciencia y la técnica de la educación se han desarrollado y han avanzado tanto, que estamos en mejores condiciones que nunca, de hacer un trabajo más completo en el ministerio que Dios nos ha encomendado. Hoy en día, tenemos el privilegio de utilizar todos estos medios en el desarrollo de la educación cristiana y teológica.

En las Asambleas de Dios a través de este hemisferio, es muy común oír expresiones y vocablos tales como: “la instrucción programada”, “el plan de curso”, “la educación teológica por extensión”, “el currículo”, “la dinámica de grupos pequeños”, “las ayudas audio-visuales”, y muchos otros. Con el fin de perfeccionar nuestro ministerio de enseñanza y liderazgo, tenemos ministerios tales como el Programa de Educación Cristiana (PEC), el Instituto de Superación Ministerial (ISUM), y los Talleres de Adiestramiento y Renovación (TAR).

Aunque todas las técnicas y métodos mencionados son buenos, nunca jamás podrán ocupar el lugar que el Espíritu Santo desea llenar en medio nuestro. Cuando planeamos y proyectamos, busquemos que la presencia divina nos guíe. En nuestros Institutos Bíblicos los cuerpos docentes y administrativos deben reunirse en oración y adoración, como se hizo en el Aposento Alto. De este modo, podemos conservar la unidad del Espíritu Santo sobre nuestro ministerio. En la programación de nuestro calendario académico anual, debemos incluir suficiente tiempo para tales ejercicios espirituales como la oración, la adoración, predicación y dedicación. Como ya hacen muchos Institutos, es recomendable dedicar cierto tiempo extendido (por ejemplo una semana), al énfasis espiritual para el alumnado y profesorado. Sobre todo, si el Espíritu Santo se digna visitarnos en nuestros Institutos Bíblicos en cualquier tiempo del año, debemos darle la bienvenida, poniendo a un lado todos nuestros planes de programa, y dejando que Él nos enseñe. ¡Esta es la enseñanza óptima!

En fin, mis colegas y hermanos, usemos todo medio moderno que sea útil y eficaz para ayudarnos a cumplir el mandato del Señor, a la vez, recordando que el mismo Dios profetizó lo siguiente para los últimos días en que vivimos: “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días” (Joel 2:28,29).

 

Verne A. Warner


 

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