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El Instituto Bíblico no es la iglesia local

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2020.1

Por Julio Daniel Reyes Y.
Ministro ordenado (UAD)
Buenos Aires Argentina

 

El Instituto Bíblico ya sea externo o residencial, es una de las instituciones más nobles y fructíferas con las que cuenta la Iglesia para la formación y entrenamiento de obreros. Esta institución ha potenciado y promocionado una gran variedad de ministerios que han bendecido a la obra de Dios a lo largo del tiempo, en una infinidad de emprendimientos espirituales multidisciplinarios.

La capacitación teológica, filosófica y en otras áreas, como también el trato de los estudiantes con sus pares, ha sido y será invaluable en el balance que la Iglesia puede hacer, sin olvidar claro, el tremendo impulso que muchos logran en el desarrollo de su vida espiritual y devocional.

El Instituto es donde los maestros también pueden desarrollar sus dones de enseñanza con libertad y quienes hemos estudiado en el reconocemos que la influencia de algunos maestros sobre nuestras vidas ha sido decisiva al momento de sentar posiciones y establecer una filosofía de ministerio.

Sin embargo, algunos olvidan que la aplicación de lo que se aprende en el Instituto, se perfecciona en la aplicación práctica en el ámbito de la congregación local, en áreas tales como el evangelismo, la enseñanza a los niños, los estudios bíblicos a los mayores, la plantación de iglesias nuevas, las misiones transculturales, etc. No se sale de la iglesia local, para congregarse en el instituto bíblico, sino que se asiste al Instituto bíblico para prepararse para servir mejor dentro la iglesia local.

Frecuentemente muchos estudiantes creen que una semana de clases dentro del Instituto Bíblico es justificación para no asistir a la congregación local. Pero si tal persona no está funcionando en la iglesia que le permitió la asistencia al Instituto Bíblico, probablemente, algo esta funcionando mal en sus prioridades.

Sucede en ocasiones que el descubrimiento de datos nuevos o perspectivas más amplias o métodos novedosos, generan en algunos un menosprecio hacia la congregación que los envío a estudiar y eso se manifiesta en críticas a los pastores, al liderazgo de la iglesia y a la congregación en su conjunto. A veces se abusa de la motivación que se hace sobre los estudiantes diciéndoles que deben ir a las naciones, centrando el objetivo en otros países, cuando en verdad el término naciones es “gente” y esas naciones, pueden ser el vecindario del alumno.

El verdadero estudiante del Instituto Bíblico, manifiesta humildad. El aprendizaje lo hace contemplar diversas maneras de mejorar su accionar y ayudar a quienes lo rodean, a crecer. ¿Será incomprendido? Es probable. ¿Será ignorado? Es posible. Pero todo eso es parte del aprendizaje. La sencillez y la vocación de servicio deben constituir la principal característica del que estudia.

Otra cuestión a tener encuentra es que para muchos el Instituto es como una burbuja, donde todo lo que sucede es perfecto, los maestros son perfectos y cuando egresen del mismo, todo será perfecto. Eso es un espejismo. Si bien es un tiempo de mayor cobertura y contacto con la Palabra de Dios y ejercicios espirituales diversos, es también un periodo para prepararse para la lucha espiritual que espera a los que se preparan.

Debemos erradicar la ilusión, de que al salir del Instituto nos encontraremos con la iglesia perfecta que nos estará esperando, el auto cero kilómetros y el sueldo abundante, que nos ayudará a realizar nuestro llamado con excelencia. O que vendrá alguien que financiara los proyectos soñados y nada nos detendrá; cuando es probable que fuera del instituto, nos esperen privaciones, golpes, incomprensiones, soledad y la lista sigue…

Todo eso está por hacerse, no está hecho. Hay un camino por andar y en pocas palabras será difícil. Que solo podremos transitar y terminar con la ayuda del Señor, tal como Pablo se lo expresa a Timoteo: “Tu, pues hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.” (2° Timoteo 2:1) y a los efesios: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.” (Efesios 6:10)

Lo normal y habitual, es trabajar para alcanzar los objetivos y no que los otros trabajen para que logremos realizar nuestros sueños (aunque hay algunos que hacen eso precisamente, pero este no es el mejor ejemplo a seguir).

El Instituto Bíblico demuestra su poder y valor en la práctica de sus graduados; cuando demuestran la destreza en el frente de batalla, pueden trazar la Palabra de verdad con profundidad y equilibrio, y demuestran conocer mejor al Maestro de los maestros. No hay límites para estudiar y prepararse, pero no olvidemos que el Instituto Bíblico es un medio y no un fin en sí mismo. Ojalá haya cada vez más institutos que enseñen las Sagradas Escrituras, pero cuyo objetivo sea sobre todo formar siervos de Dios y no estrellas intelectuales.

El Instituto es vital para la Iglesia y es maravilloso que una congregación abunde en estudiantes de la Palabra de Dios porque hay futuro y la sucesión pude estar asegurada. Pasando por estas sencillas pruebas que tienen que ver con la sujeción, el servicio en la congregación, es probable que las puertas se abran y los horizontes se expandan y lo que Dios nos dé nos sorprenda.

Julio Daniel Reyes Y.


 
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Comentarios: 2

  1. Raquel

    Me encanto su artículo. Gracias. Como puedo contactarlo a través de email?

  2. Christian Thorne

    Excelente planteamiento sobre la actitud del estudiante del instituto biblico. Se le debe recordar que su preparación apunta a que sirva mejor en la iglesia local y no a distanciarce de ella.

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