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El rol imprescindible del discipulado

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2020.1

Por Juan Abel Encarnación y

Alfredo Ygnacio de la Cruz

 

 

Me has oído enseñar verdades, que han sido confirmadas por muchos testigos confiables. Ahora enseña estas verdades a otras personas dignas de confianza que estén capacitadas para transmitirlas a otros”.2 Timoteo 2:2 (NTV)

La educación, por lo general, se basa en contenidos, y aunque últimamente se habla de educación por competencia, hay muy poco espacio para las competencias que tienen que ver con la espiritualidad y el carácter.

Generalmente los contenidos son evaluados en función de cuanto dominio ha tenido el alumno del mismo, de manera que un examen de selección múltiple sería suficiente para demostrar cuanto sabe el alumno en cuestión. Pero cuando uno lee el sermón del monte se da cuenta de que tal práctica está muy lejos de responder a las exigencias del discipulado. Tal como dice Segura:

El Sermón del monte nos provee un ejemplo bastante elocuente de lo que sería un programa discipular centrado en la cotidianidad. Los temas fueron, por ejemplo, la ira, el matrimonio, los juramentos, las limosnas, la práctica de la oración, las riquezas, el afán y la ansiedad, la ley y el fundamento de la vida, entre otros. A este temario, le acompañó un modelo educativo que poco tenía que ver con la tradicional academia griega; ni siquiera con el modelo tradicional rabínico.1

Todo proceso de discipulado implica enseñanza pero no todo proceso de enseñanza se dirige hacia la meta de discipulado. Se puede estar de acuerdo con Pérez cuando dice:

En el mundo occidental es un poco difícil llegar a entender el proceso de discipulado, pues nuestro sistema de instrucción es esencialmente el aula, el pizarrón y los libros”.2

Por otro lado es correcto afirmar que el discipulado es un proceso integral para la transformación integral de la vida y para comprometerse con una causa.

El discipulado no se enseña para que se conozca, sino que se comparte para que se viva y se vive para la transformación del mundo. Dice Mar. 3:14 que Jesús “designó a doce, a quienes nombró apóstoles, para que lo acompañaran y para enviarlos a predicar.3

En este texto se observa el doble movimiento del discipulado: acompañar a Jesús (la relación es con una persona y no con un concepto) y predicar el evangelio,

El discipulado es lo que hace al discípulo”,4 esta declaración alude a un proceso que inicia con la salvación, continúa con el desarrollo necesario del creyente; “enseñándoles” (Mateo 28:19), lo que implica que el creyente inicia una ruta progresiva como seguidor de Cristo y que logrará que éste obedezca y se involucre en la Gran Comisión; “Id y haced discípulos”.

El discipulado no es un simple programa de lecciones que se reciclan en el tiempo, a través de las etapas de la vida (biológica y espiritual) del creyente. Los programas concluyen, las lecciones terminan, las metodologías y enfoques para la enseñanza cambian, mientras que el discipulado es una tarea esencial de la iglesia y el creyente, de “todos los días, “hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20, RV1960). De ahí que el discipulado más bien apunta a ser una actitud, una filosofía, un estilo de vida, edificación-exhortación, una vida ejemplar, un ministerio de corazón a corazón, una relación duradera.5

Sin embargo, la enseñanza cumple su función en el proceso de discipulado. Ella es para este un medio, un camino en el proceso hacía la transformación y la madurez del creyente. Así lo plantea Nick Taylor “… el crecimiento espiritual requiere más que transmisión de información; se mide a partir del proceso de desarrollo hacia la semejanza de Cristo”.6

Al escribir a los Colosenses, el apóstol Pablo muestra la estrecha relación entre la enseñanza y el discipulado: “… amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre” – (Colosenses 1:28 RVR60).

Es importante notar la progresión del proceso. Los términos “anunciamos”, “todo”, “hombre”, “enseñando”, “a fin de presentar” y “perfectos” describen en esencia las tareas y propósito implicados en la Gran Comisión. Pablo enfatiza que el misterio del evangelio consiste en proclamar el mensaje a todas las personas y luego hacerlas discípulos (enseñando) para lograr el crecimiento mental y moral, de tal modo que estos (ya salvos) lleguen a la meta de ser sin faltas en Cristo. De tal modo, el discipulado implica llevar a los creyentes a un crecimiento integral, en su forma de vivir y su amor por Cristo.

Es notable que el apóstol asume como un compromiso muy personal la responsabilidad de presentar al creyente como un resultado de su acción ministerial, lo que afirma una relación cercana entre el discipulador o maestro y el discípulo; que va más allá que la simple transmisión de información, de tal modo que la vida del maestro se convierte en una experiencia que modela la meta del proceso.  Por ello es importante que observemos el énfasis que se pone en la necesidad de que el discípulo “imite” a su maestro:

  • Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Juan 13:15).
  • Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Co. 11:1).
  • Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe” (He. 13:7).
  • Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros” (Fil. 4:9).
  • Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia, persecuciones, padecimientos” (2 Ti. 3:10).
  • Amado, no imites lo malo, sino lo bueno” (3 Jn. 11).

El discipulado tiene como propósito desarrollar en el creyente el carácter de Cristo, “…hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo’’ (Efesios 4:13). RV1960). Vale hacerse la pregunta: ¿Tiene la iglesia un proceso intencional y organizado que logre estos resultados? ¿Está formando hombres y mujeres que sigan esta ruta? Veamos esta definición de discipulado que nos aporta Harold Segura y que adaptamos aquí.

El discipulado ha de entenderse como un proceso dinámico y permanente cuyo propósito es la transformación integral de las personas como individuos y de la iglesia como comunidad, a la imagen de Cristo, en un ambiente de interacción dialéctica entre las personas y la realidad, donde se le dé importancia al desarrollo de las capacidades espirituales, intelectuales, afectivas y a la conciencia social.7

En el evangelio de Marcos leemos “Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él; y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios” (S. Marcos 3:13 RV1960) Jesús quería colocar su vida y su misión en profundidad de un grupo de hombres que luego pudieran reproducirla, que pudiesen; multiplicarla. Esto no era posible hacerlo con la multitud. Ya sabemos lo poco confiable que es una multitud y por cierto el Señor lo sabía muy bien. Además, para que ellos pudieran interiorizar debían estar con él. En una multitud cualquiera se puede esconder. Se puede profesar una fe anónima, pero Jesús demanda de sus seguidores dos requisitos: pagar un precio y adquirir un compromiso y ninguno de ellos puede darse desde el anonimato.8

Entonces, cuáles son los principios que han de regir u orientar el discipulado. Hay que decir que para que el discipulado sea un proceso exitoso deben darse ciertas condiciones tanto de parte del discípulo como del discipulador.

Gregory Ogden, en su libro “Manual del Discipulado, creciendo y ayudando a crecer a otros”, plantea tres elementos a tomar en cuenta en un proceso de discipulado que promueve el crecimiento de los creyentes:

  • El primer elemento clave y sirve como principio fundacional es que tenga como centro la verdad inmutable de la Palabra de Dios. En esta era postmoderna y postcristiana predomina el relativismo, donde se han rechazado los grandes relatos, (por ejemplo lo que dice la Biblia sobre el hombre y la creación) y especialmente en el campo de la moral y del estilo de vida cada quien tiene su propio relato y se enarbola con frecuencia este lema “Vive y deja vivir” el cual refleja cuál es el principio más valorado en la actualidad: la tolerancia. La gente cree que todas las convicciones morales y todos los estilos de vida tienen el mismo valor, porque la verdad es algo personal y relativo.9
  • El segundo elemento para que el Espíritu Santo pueda moverse con libertad son las relaciones transparentes. Todo ser humano tiene la necesidad profunda de tener relaciones significativas porque estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Un grupo pequeño de discipulado es un lugar adecuado donde aprender a tener relaciones significativas. Dios nos creó para que nos relacionásemos, en primer lugar con Él y, como consecuencia, con los demás. Lo único que nos quedará en los momentos difíciles es la gente que amamos.10
  • Hay un tercer elemento que es necesario para que se dé la transformación: la supervisión mutua. Eso significa que damos a los demás la autoridad para llamarnos la atención si no estamos cumpliendo los compromisos que hemos adquirido. Nadie crece sólo hasta la estatura de Cristo. 11

En cuanto al discípulo veamos lo que dice Lucas 9:23, ”Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame.” Como puede verse aquí hay al menos cinco condiciones que debe cumplir el discípulo para que el proceso de discipulado sea efectivo:

Debe haber deseo – ” Si alguno…” No se puede ser discípulo sin una motivación fuerte. No se puede avanzar en el camino del discipulado sin una fuerte e impostergable decisión- “quiere venir en pos de mí,...” Entrega- “niéguese a sí mismo…”, pasar el centro de gravitación de la vida a otro, a Jesús. “Ya no vivo yo, sino Cristo en mi”, es la contundente declaración de Pablo sobre su relación con Cristo (Gálatas 2:20, RV1960). Dedicación a una causa – “y tome su cruz cada día,…” y finalmente la determinaciónde seguir a una persona - “y sígame…”

Dietrich Bonhoeffer dijo: – “El cristianismo sin discipulado, es siempre un cristianismo sin Cristo”. Sin discipulado, no existe el cristianismo, porque seguir a Jesús, pone en acción a la fe cristiana.

Hay que ser un discípulo antes de hacer discípulos. Se requiere de un compromiso radical de alinear su propia vida con la enseñanza bíblica. Antes de que uno pueda pedirle a otro que lo imite (y esto es lo que Pablo indica que debemos hacer en 1ra de Corintios 4: 15-16), será necesario tener tu propia vida en orden. El discipulador tiene que marcar el paso para su hijo espiritual, sirviéndole de modelo. No puede alguien discipular a otros si tiene grandes problemas en su propia vida espiritual.12

Un completo discipulado y un completo cristianismo es conceptualmente la misma cosa y lo inverso también es verdad.

 

 

 

NOTAS

1 Harold Segura. El discipulado que se necesita. UBLA. Cochabamba, Bolivia, 2001.

2 Rafael Pérez. Siete principios prácticos sobre el discipulado. Documento de PPT. Pez Mundial. Obtenido en http://pezmundial.com (consultado el 08 de junio 2020), 2005, p.5.

3Segura, p.3.

4Bill Hull. El libro más completo del Discipulado. Obrero Fiel, Dallas, Texas. EEUU, 2010, p.4.

5King James Bible Study Correspondence Course, lección 19:2.

6Linhart 2016:18.

7Segura p.7

8Gregory Ogden. Discipulado que transforma, el modelo de Jesús. Colección Teológica Contemporánea. Editorial Clie, Barcelona, 2006.

9 Gregory Ogden. Manual del Discipulado, creciendo y ayudando a otros a crecer. Colección Teológica Contemporánea. Editorial Clie, Barcelona, 2006, p.19.

10 Ibid. p.20.

11 Ibid. p.21.

12 José Cáceres. Transfiriendo vida por medio del discipulado. Obtenido en https://es.scribd.com/document/237946136/Discipulado-Transferencia-de-Vida (Consultado en el 08 de junio 2020), p.21.

 

 

BIBLIOGRAFIA

Cáceres, José. Transfiriendo vida por medio del discipulado. Obtenido en https://es.scribd.com/document/237946136/Discipulado-Transferencia-de-Vida (Consultado en el 08 de junio 2020)

Hull, Bill. El libro más completo del Discipulado. Obrero Fiel, Dallas, Texas. EEUU, 2010.

King James Bible Study Correspondence Course, lección 19. Obtenido en https://es.scribd.com/document/420124634/KJBS-Doctrina-19-Discipulado (consultado el 01 de junio del 2020)

Linhart, Terry. Enseñando a las nuevas generaciones, una guía completa para enseñar la formación cristiana. Editorial Patmos, Brazil, 2016.

Ogden, Gregory. Discipulado que transforma, el modelo de Jesús. Colección Teológica Contemporánea. Editorial Clie, Barcelona, 2006.

_____________. Manual del Discipulado, creciendo y ayudando a otros a crecer. Colección Teológica Contemporánea. Editorial Clie, Barcelona, 2006.

Pérez, Rafael. Siete principios prácticos sobre el discipulado. Documento de PPT. Pez Mundial. Obtenido en http://pezmundial.com (consultado el 08 de junio 2020), 2005.

Segura, Harold. El discipulado que se necesita. UBLA. Cochabamba, Bolivia, 2001.

Juan Abel Encarnación


 

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