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El Milenio Post–Apocalíptico

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2019.3

Por Gabriela Giovine de Fretes

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¿Ha oído alguna vez hablar de las neurociencias? Pues, este vocablo que ha cobrado cada vez más relevancia en nuestro medio, define un conjunto de disciplinas científicas que se dedican al estudio del sistema nervioso con el fin de entender las bases biológicas de los procesos cognitivos y de la conducta. Esto nos abrió las puertas a un mundo tan fascinante como innovador. Uno de los aspectos más reveladores de este nuevo universo consiste en determinar cuánto de la naturaleza humana viene ya impreso en nuestra esencia. Mucho de lo que se creía impuesto por la sociedad y la cultura hoy se sabe que está profundamente inscripto en el ser mismo del hombre. Cantamos, hablamos, caminamos y hasta adoramos porque fuimos diseñados para eso.

Sirva esto como excusa para introducirnos en el tema que nos ocupa, ya que algunos argumentan que, del mismo modo en que las capacidades que poseemos están entretejidas en nuestra naturaleza, nuestros anhelos y metas de perfección provienen de una fuente prediseñada con el ser mismo de la raza humana. ¿Cómo imaginar y desear algo que nunca hemos visto o experimentado? ¿Cómo anhelar lo que nunca ha existido? ¡Pues Dios nos sembró esos anhelos! Como dice el Rey Salomón en Eclesiastés 3:11 “Aunque creó todas las cosas hermosas, Él puso eternidad en nuestros deseos.” (paráfrasis libre) Justamente esto ocurre con el Milenio: resulta imposible imaginarlo y desearlo por nuestra propia cuenta.

Aunque Dios lo reveó, el entendimiento humano no lo asimila. Sin duda alguna que nace en el corazón de Dios, se inserta en su plan, se revela en Su Palabra y se sembra en nuestro corazón. Ocupémonos, pues de las disquisiciones teológicas que nos permiten encausar nuestros anhelos en un marco absolutamente bíblico.

I. NUESTRA ATENCIÓN NO DEBERÍA ESTAR CENTRADA EN LAS CARACTERÍSTICAS DE ESTE PERÍODO SINO EN LA FUENTE DE DÓNDE PROVIENEN.

Cristo, la razón de ser de todo, por quien y para quién fue constituido el Universo (He. 1:2; Jn. 1:3; Col. 1:15-16), es la razón de ser del Milenio. Si sacamos a la persona de Cristo de la ecuación, carece de sentido continuar con el tema. Apocalipsis es un libro profundamente cristocéntirico y no tener en cuenta este principio implica subvaluar cualquier análisis escatológico. Todo anhelo de perfección y bienestar que podamos tener, nace y muere en nuestra relación con Él.

El Milenio es el clímax de la escatología, el punto cúlmine de toda la profecía, el momento de la plena manifestación del Mesías glorioso, el cumplimento de todas las expectativas de la Iglesia, su esposa, y de Israel, su pueblo. Dios prometió a David un descendiente que se sentaría en su trono para siempre (2 de Samuel 7:12-13). Obviamente parte de esta promesa se cumple en Salomón, pero muchos datos no encajan: “… cuando duermas con tus padres…”, Salomón fue nombrado rey con David en vida. “… edificaré para siempre el trono de su reino.” tal vez esta segunda cita podría ser considerada un modismo de eternidad en consideración al hecho de que el reinado de Salomón fue largo y lleno de paz, pero… un día terminó.

El pueblo de Israel sabía acerca de esta profecía y esperó ver su cumplimiento pleno en la primera venida de Cristo. Claro, habiendo sufrido la abominación desoladora provocada por Antíoco Epífanes y bajo la posterior dominación romana, era bastante aceptable que sus expectativas mesiánicas fueran muy altas. Jesús hizo lo suficiente para que ellos creyeran que había llegado el momento. Sin embargo, Él fue muy claro cuando frente a Pilato reconoció su esencia, pero negó el tiempo: el Hijo en las nubes vendría con gran poder y gloria (Dn. 7:13-14), verdad que les fue ratificada a los discípulos cuando se les apareció un ángel luego de la ascensión (Hch. 1: 10-11) y entonces la Iglesia nació mirando al cielo. ¡Cómo no vivir de expectativas!

II. TODOS LOS BENEFICIOS Y MEJORAS VISTOS DURANTE EL MILENIO HAN SIDO OBTENIDOS EN LA CRUZ DEL CALVARIO

Si bien es cierto que este período comienza con una batalla, la batalla en sí no obtiene la victoria, más bien se muestra como una épica emblemática. C. S. Lewis logra hacer entender esta verdad en su saga “Las Crónicas de Narnia”. Cuando se presenta la batalla final en la que Aslan enfrenta a la Bruja Blanca todos esperamos un combate sangriento. Sin embargo, Aslan sólo ruge y todo se desvanece. ¡Sí! ¡Así, nada más! Es que ese no fue el momento del triunfo, el triunfo se consiguió en la mesa de piedra. ¡Qué gran verdad! El triunfo de Cristo no es un concepto profético el cual deberíamos esperar para el futuro. El triunfo de Cristo es un hecho ya obtenido en el pasado y real para su Iglesia hoy. Sólo esperamos su manifestación plena.

Entonces, ¿cuáles son los aspectos del triunfo de Cristo que llegarán a su plenitud durante su reinado milenial? Aunque el pasaje de Apocalipsis es bastante breve en comparación con el período que describe (tan sólo 10 versículos), se muestra sumamente rico desde la perspectiva teológica. Analicemos, pues, los detalles que nos brinda:

a. EL ENCARCELAMIENTO DEL ENEMIGO.

Juan describe la visión que recibe en ese momento: un ángel con una llave y una cadena encierra a Satanás. Emplea a la llave que posee como un instrumento para cerrar. El mismo concepto aparece dos versículos más adelante cuando se describe que ya fue encerrado. El ángel toma control del diablo y lo lanza al abismo colocando un sello sobre él. Este detalle muestra que su encierro responde a un mandato superior (por ejemplo, el sello romano sobre la tumba del Señor o el sello de Asuero en la carta de Mardoqueo). ¿El objetivo del encierro? Estamos acostumbrados a pensar al encierro como castigo. En este caso la razón es otra: impedir que siga engañando a las naciones. Aquí la palabra engañar es planao que implica desviar de la verdad, labor de las que Satanás se ha encargado desde el Edén mismo. Y aunque su encarcelamiento no llegará hasta el milenio, su fin ha llegado hace tiempo: “… ahora – dijo Jesús a sus discípulos – el príncipe de este mundo será echado fuera” (Juan 12:31)

b. LA POSICIÓN DE LOS REDIMIDOS

Lo segundo que observa Juan son tronos (Apocalipsis 20:4). Sobre ellos están sentados los que tienen facultad para reinar. Esa facultad no les es inherente, les fue concedida. El verbo en griego se encuentra en voz pasiva. Ellos no hicieron nada para obtener esta facultad y esta posición. Quiénes pueden ser estos. Sin duda los redimidos. Pablo le dice a Timoteo “… si sufrimos, también reinaremos con Él.” (2° de Timoteo 2:12) No debiéramos suponer este privilegio como un premio al sufrimiento sino más bien como la consecuencia de nuestra identificación plena con Jesús y con el Reino de los Cielos. De hecho una mejor traducción a esta palabra sería permanecer. ¡Claro! Lo entendemos en la parábola: “en lo poco has sido fiel, …” (Lucas 19:17) En esta historia sólo el hombre noble tiene derecho a reinar y él es quien les concede la capacidad a sus siervos. Somos coherederos y estamos sentados sobre esos tronos desde que fuimos redimidos y adoptados y esto tiene como único objetivo mostrar “las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.” (Efesios 2:6-7)

c. LAS RESURRECCIONES

Hacemos mal en emplear este vocablo en plural. Lo usamos así solamente aludiendo a la cantidad de personas que experimentaran este fenómeno, pero el texto es muy claro cuando dice que ésta es la primera resurrección y por tanto de Cristo en adelante es una sola (Apocalipsis 20:5). Inicialmente, Juan sólo ve almas y las identifica con los mártires de la tribulación (Apocalipsis 6:9; 20:4) Pero de repente viven y completan el número de los que reinan. Así estos, junto con los que fueron levantados primero y los arrebatados (1 de Tesalonicenses 4:16) completan la resurrección que comenzó y se garantizó con Cristo (1° de Corintios 15:20-28) manifestando así que todas las cosas se le sujetan, aún la muerte. Y de esta manera todo está listo para que reine por mil años.

Concluyendo pues, ¿qué de aquello que podemos anhelar si ya lo poseemos todo? ¿Cuánto de aquello pensamos que debemos alcanzar o producir por nuestra cuenta, si ya todo ha sido conquistado en el Clavario? ¡Cuántas cosas acariciamos como nuestros logros, perdiendo la conciencia de que todo se nos ha otorgado! ¡Con cuánta fuerza miramos al futuro codiciando el tiempo de nuestro protagonismo y perdiendo de vista que todo aquello será consumado para que Él se manifieste en su máximo poder y gloria! Si como Juan, nuestro mayor anhelo no es reinar sino verlo a Él en trono, entonces como parte de la Esposa y junto con Espíritu clamamos a una: “¡Sí, ven Señor Jesús!”

Gabriela Giovine de Fretes


 
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1 Comentario  comments 

Una respuesta

  1. LAURA

    Impecable la profe Gaby!!! Ojala podamos seguir leyendo artículos de ella!

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