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Conozca los libros: Evaluación en el aula

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1976.Vol.2, No.4

La reseña del siguiente libro ha sido preparada  por Floyd C. Woodworth, Redactor de Materiales Didácticos. El libro es recomendado por el Programa de Educación Cristiana en América Latina y Las Antillas.

EVALUACIÓN EN EL AULA

por Héctor M. Rodríguez Cruz y

Enrique García González,

(México, D. F: Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Enseñanza Superior, 1972), 82 páginas.

¡Exámenes! La palabra se oye por dondequiera. En todo Instituto Bíblico se preparan exámenes. ¿Con qué fin? ¿Qué ventajas tiene una clase de examen sobre otra? ¿Valdría la pena aprender a preparar un examen de tipo objetivo, o sea, un test?

Estos interrogantes no solamente inquietan a los profesores de Institutos Bíblicos, sino que han pasado a ser tema de estudio entre los cuerpos docentes de muchas instituciones del nivel secundario. Este libro nació en el Programa Nacional de Formación de Profesores en la República Mexicana, con el fin de conducir al profesor a una comprensión más cabal de las funciones del examen, las ventajas y desventajas de cada clase de examen y como preparar el examen para que ofrezca una medida mejor del aprendizaje del alumno tanto como de la labor del profesor. El librito podrá ser de valor inestimable para muchos de los maestros en nuestras instituciones que se van despertando a la necesidad de superarse en el arte de la preparación de exámenes.

La primera mitad del libro se dedica a una exposición teórica de lo que es la evaluación, las características de una buena prueba y la forma en que el maestro puede utilizar la prueba como un auxiliar de la enseñanza.

En su consideración de las diferentes clases de pruebas, los autores se muestran inclinados claramente a favor del tipo de la prueba objetiva. Uno de sus motivos en dudar de la posibilidad de que un examen del tipo ensayo refleje verdaderamente lo que el alumno ha aprendido es la inmensa dificultad de calificar justamente las respuestas del estudiante. Entre otras cosas preguntan: “¿Qué pasa cuando el alumno no trata con detalles el ‘tema fuerte’ del profesor? Literalmente ‘mete los pies’. Además, el juicio del calificador muchas veces es influido por factores como estos: la belleza de la escritura, la ortografía, la buena sintaxis, etc. Detalles ajenos al contenido de la prueba.” página 23.

La segunda parte del libro trata maneras prácticas para mejorar la evaluación. A  pesar de ser partidarios de la idea de que la prueba por temas, o sea, del tipo ensayo, no da una verdadera medida del progreso del alumno, los autores ofrecen once sugerencias valiosas para mejorar esta clase de examen. Cualquier profesor mejoraría bastante su trabajo con hacerles caso. Antes de pasar a una consideración de la prueba objetiva los autores recuerdan al lector la necesidad de calificar y devolver pronto el examen. La demora en hacerlo resulta en perdida de la motivación del alumno.

Los consejos del libro para la preparación de las diferentes clases de pruebas objetivas son más excelentes. Los autores son buenos pedagogos, porque no solamente ofrecen una explicación de cómo hacerlo, sino que presentan ejemplos malos y buenos que ilustran el punto presentado.

Una idea que para mí es nueva es la recomendación del libro de que en algunos casos el profesor debe pedir a los mismos alumnos que preparen el examen para la clase. Esto se llevaría a cabo dividiendo la clase en grupos pequeños y asignando una parte del examen a cada grupo. No cabe duda de que el ejercicio sería una manera buena de motivar a los alumnos a trabajar con los temas estudiados; les ayudaría a repasarlos y fijarlos en la mente.

Se le da importancia en el libro a la necesidad de que un maestro pida a algunos de sus compañeros que examinen y critiquen los ejercicios de la prueba que ha preparado. Un consejo sabio y provechoso para el que quiere progresar en el ministerio de la enseñanza.

El último capítulo presenta la necesidad de que el profesor también haga una evaluación de su propia competencia. Aunque es un poco quisquillosa para algunos, la evaluación del profesor es necesaria y útil. Los profesores Rodríguez y García creen que más importante que la preparación del maestro, su personalidad, su inteligencia, es “la disposición misma del maestro para mirar como ‘anda’ en estas cualidades y hasta donde unas y otras favorecen o dificultan su labor docente.” Página 4.

No cabe duda de que un cuerpo docente podría estudiar este manual en algunas sesiones de trabajo con estupendos resultados. Si algunos estuvieran dispuestos a someter una prueba que han preparado para sus alumnos al análisis de todo el grupo de profesores, sería una gran experiencia de adelanto profesional. Esta misma actividad fácilmente se podría llevar a cabo en un Taller de Adiestramiento y Renovación.

¡Qué cada cuerpo docente pueda llegar a tener acceso a este manual!

 

Floyd Woodworth W.


 

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