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El cristiano y las filosofías alimentarias

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2021.1

Por Gabriela Giovine de Frettes

 

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¡Mamá! ¿Qué comemos hoy? Pregunta frecuente en los labios de los niños y temida por la mayoría de las madres. Es que resolver el tema de la cocina es agotador. Y el punto no necesariamente es cocinar, sino qué cocinar. Algo nutritivo, que les guste, que reúna las 3 “B”, como decía mi madre: bueno, bonito y barato.

La cuestión aumenta exponencialmente la complejidad cuando alguno de los comensales abraza una filosofía alimentaria. Vegetarianos, ovolactovegetarianos, veganos, crudiveganos, ortorexicos, consumidores de alimentos orgánicos… Filosofías que determinan qué se pone en cada plato de una misma mesa y que hoy son sumamente frecuentes.

La pregunta que me gustaría responder mediante estas líneas es: ¿Un cristiano puede vivir bajo la cosmovisión y las reglas de alguno de estos movimientos? ¿Existe alguna apoyatura bíblica para decir que se debe comer de algún modo u otro? Pues comencemos por definir cada una de las filosofías mencionadas para luego sumergirnos en las Escrituras y descubrir en ellas qué regulaciones existen para establecer la alimentación de un cristiano.

 

Veganos y vegetarianos

Muchos piensan que es lo mismo y juzgando a simple vista, pareciera ser que tienen razón. Ninguno de los dos consume alimentos provenientes del mundo animal. Sin embargo, la diferencia entre ambos se encuentra en la razón de la abstinencia.

Los vegetarianos sólo comen vegetales debido a que consideran que las proteínas de origen animal son nocivas para el cuerpo humano. Un argumento que suelen usar es que el ser humano es el único individuo que sigue consumiendo leche en la vida adulta. Esta realidad les hace pensar que la leche es un alimento innecesario luego de la etapa de lactancia. En cuanto a la carne, no sólo la ven innecesaria, sino también nociva para el cuerpo humano. Le atribuyen al consumo de carne la existencia del cáncer. Pese a esto, los vegetarianos (y algunos veganos también) consumen suplentos alimentarios para suplirlos elementos que no pueden obtener consumiendo sólo vegetales.

Los veganos, en cambio, renuncian al consumo de carne por una razón mucho más profunda. Ellos consideran que el animal es un ser sufriente igual que el ser humano. Dicho de una manera casi simplista, el hombre y los animales son iguales y quitarles la vida, aunque sea por razones de supervivencia equivale a un homicidio.

En ambos casos existen posiciones más o menos radicales como los ovolactovegetarianos que no consumen carne pero sí huevos y láctos, o los crudiveganos solo comen vegetales crudos y frutas que por sí mismas hayan caído del árbol.

 

Ortorexicos

Más que una filosofía, se la considera una patología alimentaria y suele colocársela en la misma bolsa que la anorexia y la bulimia. Podemos verla así, o no, según el grado de compulsión que provoque en el individuo. Dejando los grados de obsesión de lado, este tipo de comensales fijan su atención en la calidad de los alimentos que consumen. Se resisten al consumo de grasas nocivas, las harinas blancas y los azúcares refenidos; nada de latas, aceites hidrogenados y mucho menos colorantes, saborizantes y conservantes.

Una realidad innegable, es que la Iglesia como parte integrante de este mundo es permeable a los valores, principios y modas de la sociedad en las que se inserta. Prueba de ello, son las problemáticas que el apóstol Pablo aborda en cada una de sus epístolas. Conocer una Filipos egocéntrica, una Corinto desordenada y llena de problemas morales, una Éfeso necesitada de recursos para enfrentar luchas demoníacas serían suficiente muestra de que la conversión no nos inmuniza contra los problemas particulares del ámbito en el que nos movemos. Los problemas de nuestras iglesias locales hoy, son los problemas de nuestra sociedad de hoy, algunas veces atenuados… Otras veces exactamente iguales.

Y ya que estamos con la cuestión bíblica, está de más decir que necesitamos sostener nuestras argumentaciones mediante la Palabra de Dios. Aquí no cuenta tu opinión ni la mía. Cuenta la opinión de Dios. Lamentablemente, estoy notando con dolor cuántos de nuestros errores y decisiones personales tratamos de sostener con pasajes bíblicos mal interpretados intentando mediante ellos, no sólo justificar nuestra conducta, sino también forzar a otros a vivir de este o aquel modo. Y aquí el punto no es preguntarnos si un cristiano puede ser vegetariano sino asumir que estemos obligados a serlo. Bien, aquí vamos a un chapuzón en las Sagradas Escrituras.

 

¿El plan original de Dios era que fuéramos vegetarianos porque así lo ordenó en Edén?

Este es un argumento altamente especulativo ya que no existe dentro el pacto edénico ninguna prohibición en cuanto al consumo de carne. No es correcto asumir que lo que dice Génesis 2:16-17 es una restricción alimentaria. Pensarlo de este es descontextualizar el mensaje divino. De ser así, la primera pareja también estaba impedida de consumir el producto del huerto que Adán labraba, ya que la orden era literalmente: “De todo árbol de huerto…” dejando fuera de mención las legumbres y las hortalizas.

Entonces cuál es la razón por la que Dios habla de comer el fruto de los árboles. El punto es que en este grupo alimentario se encontraba el árbol del cual no podían comer, el de la ciencia del bien y del mal. Dicho de otro modo, se menciona los árboles porque entre ellos se encuentra aquel que representaría la muerte del hombre.

Existes otras evidencias que apuntan a pensar que no existían restricciones alimentarias antediluvianas o, que al menos, el hombre no tenía una alimentación cien por ciento vegetariana. Una de estas evidencias es la comprensión del concepto de muerte. Sabemos que mientras ellos no cometieron pecado estuvieron a salvo de morir. Dicho en criollo, estaban en condiciones de vivir eternamente aún en forma física. Frente a esto debemos preguntarnos de qué serviría castigar a alguien usando un concepto desconocido para él. Si el castigo por comer era la muerte, entonces la muerte debía ser algo “normal” en su entorno. Claro, no la muerte humana. Supongo que estará pensado que tal vez sí es posible que lo animales murieran en forma natural y Adán y Eva estuvieran acostumbrados a ver morir animales. Sin embargo, al imponerse la muerte como castigo hablamos de una muerte impuesta por medios externos. Estamos de acuerdo que, hasta aquí, no podemos hablar en forma explícita de consumo de carne. ¡Se lo concedo! Pero déjeme avanzar una generación.

Y conoció Adán a su mujer y ella le dio dos hijos: Caín y Abel. Es aceptable pensar que ambos se dedicaran al oficio de su padre: hortelano… Pero Abel tomó otro camino y se dedicó a criar ovejas. ¿Puedo preguntar para qué cree usted que Abel criaba ovejas? Si fuera para comer, no parece en el texto que Dios planteara alguna objeción a esta actividad pues dice claramente que “… miró con agrado a Abel y la ofrenda suya.” (Génesis 4:4)

 

¿Luego del diluvio Dios habilita el consumo de carne?

Volvemos a tener que pensar en este pasaje en forma teológica antes que alimentaria. Volvemos a la necesidad de explicar que no estamos en ámbito de la habilitación sino de la restricción. Así como en el Edén no se está prohibiendo lo omitido ni habilitando lo mencionado, sino prohibiendo lo explícitamente dicho, en el pacto con Noé se menciona el consumo de carne para introducir el concepto de sacralidad de la sangre. De este modo se comienza a separar este elemento como fundamental de las próximas etapas revelacionales.

En Edén, del universo de los árboles todo se puede consumir menos lo explícitamente prohibido. Para Noé, del universo animal todo se puede comer, pero la sangre es y será de Dios. Más adelante, la Ley estipulará qué animales no podrían comerse y eso es harina de otro costal. Tal vez un día de estos lo podamos charlar. Pero debemos concluir que, a toda discusión sobre los alimentos, tanto Jesús como el apóstol Pablo pusieron un sello definitivo al decir que nada de lo que entra en el hombre lo contamina (Mateo 15:8) y que finalmente todo esto queda librado a una cuestión de conciencia (1 de Corintios 8; 10)

Entonces ¿podemos ser vegetarianos? Sí, siempre y cuando no se pretenda darle sustento bíblico a la decisión y mucho menos se pretenda imponer a otros esta conducta alimentaria como la ley de Dios. ¿Y la ortorexia? Bueno es indudable que hoy en día es muy difícil comer de manera saludable y no está nada mal tratar de cuidar nuestro cuerpo, este es templo del Espíritu Santo y es nuestro deber ser responsables con aquello que Dios nos ha otorgado como préstamo. Sin embargo, esto va más allá de huir de consumo de enlatados y grasas transgénicas. Incluimos en esto no sólo la alimentación sino también el abandono del sedentarismo, el tiempo de sueño suficiente y el descanso adecuado, cosas que el pueblo cristiano tiene muy poco en cuenta. Ahora la gran pregunta ¿podemos ser cristianos y veganos? ¡Ah! Esto merece un párrafo propio y necesitamos volver al Edén un minuto más.

Cuando Dios creo al varón declaró acerca de él: “No es bueno que el hombre esté solo” y para solucionar el conflicto, Dios le dio a Adán los animales. Esto no debe ser tomado como un intento fallido por parte de Dios. Él nunca se equivoca. Esto fue ensayo y error para Adán para que llegara a la conclusión de que entre los animales no habría alguien que esté a su altura. Entonces Dios hizo para el varón alguien que estuviera a su altura, alguien capaz de estar frente a él. Dios hizo a otro ser humano, la mujer, y con esta creación el concepto de humanidad quedó completo.

Junto con esta última creación personal el Señor redefinió la relación del ser humano con el resto de la creación. Ya sabía Adán que no eran sus iguales, ahora Dios lo coloca como señor, juez, gobernante. Y así con el avance del pecado el hombre se volvió un tirano, un opresor. Y como luego de siglos y siglos de nuestro mal gobierno nos dimos cuenta que nuestro accionar nos ha perjudicado hemos tomado el otro extremo de la posición acuñando frases como: “cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro”. La filosofía vegana atenta directamente contra el rol que Dios nos ha otorgado subvaluando aquello que fue hecho a la imagen de Dios y alterando el orden de la creación.

Por eso, come lo que quieras o no lo comas, cuida de tu cuerpo y de todo aquello sobre lo cual tu Creador te ha puesto para gobernar, pero por sobre todas las cosas recuerda que hay algo en ti que te hace diferente y superior a todo otro ser creado. Tú tienes el aliento de Dios en tu alma.

 

Gabriela Giovine de Fretes


 

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