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El examen con el libro abierto

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1977.3

Por Jaime Woolsey

 

“El tiempo no alcanza para enseñar todo el material de este curso”, se queja un profesor en el Instituto Bíblico. Otro interroga: “¿Cómo recordarán los alumnos todas estas enseñanzas del texto y de las clases?” “Parece que los alumnos solamente estudian y memorizan para sacar una buena nota en el examen y después olvidan casi todo el material”, recalca otro profesor.

Estas quejas hablan de algunos problemas que cada profesor deseoso de enseñar más eficazmente quiere solucionar. De este modo sus alumnos saldrán con una preparación mejor para ministrar la Palabra de Dios después de graduarse. El profesor puede disponer de un método de dar exámenes que ayudará a solucionar dichos problemas y mejorar su manera de enseñar el material del curso, para que el alumno saque el mayor provecho posible de sus estudios en el tiempo proporcionado para el curso.

Examinemos las quejas mencionadas. Puesto que el tiempo apremia, muchos profesores escogen sólo unas cuantas preguntas al fin de cada capítulo del texto y enseñan en tal forma que los alumnos podrán contestar algunas escogidas en un examen. Pero, ¿dónde queda el resto del material que muchas veces tiene más importancia para el ministerio que las preguntas escogidas? ¿Cómo puede el profesor incluir todo el material del curso, en tal forma que el alumno lo use para provecho del ministerio?

¿Con qué fin estudia y memoriza el alumno estos pocos conocimientos? Para sacar una buena nota, no para usar el material en el ministerio (aunque el propósito del curso recalca la necesidad de preparación para el ministerio). ¿Y qué pasa después del examen? Muy a menudo sucede que el alumno olvida casi todo lo que ha memorizado tan rápidamente. También sucede que no alcanza el tiempo en la clase para repasar el examen y enterarse de las respuestas correctas.

¿Y qué sucede con el alumno después de graduarse? Presenciamos la siguiente escena. El obrero ya se graduó del Instituto Bíblico. En el ministerio se prepara para predicar un mensaje sobre un tema surgido de una necesidad en la iglesia. El predicador repasa en su mente todo lo que recuerda sobre el tema, pero escasamente recuerda que estudió el material en algunos de los cursos del Instituto Bíblico. “¿Dónde está ese material?”, se pregunta a sí mismo. En seguida busca en varios libros y cuadernos guardados dicho material sobre el tema. Pasan las horas y todavía no saca provecho de lo que estudió sobre el tema en los años de cursar estudios en el Instituto Bíblico. ¡Resulta un desperdicio completo de su tiempo!

¿Cómo podemos preparar mejor al futuro obrero mediante las clases que se dictan en el Instituto Bíblico para evitar estos problemas? Parte de la respuesta reside en variar la manera de dar los exámenes y modificar el método de enseñanza correspondiente. Una manera que ayuda a solucionar el problema consiste en usar el examen de tipo “libro abierto”.

¿Cómo se define este método de “libro abierto”? El examen con el “libro abierto” consiste en preparar un examen sobre el material estudiado, permitiendo a cada alumno utilizar su libro de texto para el curso y las notas de las clases durante el examen para ayudarlo, si es necesario, a contestar las preguntas del examen. El presente ensayo no pretende tratar sobre la técnica de la preparación del examen con el “libro abierto”, sino exponer algunas ventajas de dicho método.

¿Por qué usar este método del “libro abierto” para dar un examen? En primer lugar, cuando el alumno estudia el material del curso participa activamente en la lectura y estudio subrayando y anotando en el margen de la página en una forma que le llama la atención el lugar de una idea particular para su referencia futura. Durante su estudio y repaso del material, el alumno sabe que podrá referirse al material sobre diversos temas.

De este modo, el alumno se acostumbra al material y a las ideas presentadas. ¿No se acostumbró usted al uso de su Biblia en la misma forma? Muchos creyentes y ministros tienen sus Biblias marcadas, subrayadas y anotadas en tal forma que facilita la referencia futura a ciertos versículos y porciones bíblicas. El dueño de tal Biblia sabe el lugar exacto en donde se ubica un texto bíblico porque se acostumbró a usar esa Biblia. En cambio, entréguele una Biblia nueva y casi se perderá cuando quiera ubicar rápidamente un texto bíblico que necesita urgentemente.

El trabajador se acostumbra a usar sus propias herramientas. De la misma manera el alumno se habitúa al uso del material del curso por medio de un intercambio activo y alerta con las ideas presentadas en el texto y notas de la clase. Este método facilita a su tarea futura de organizar material sobre el tema, porque ya sabe donde localizarlo rápidamente.

¿Qué hace el ministro en la práctica cuando prepara un mensaje? Se sienta con sus libros y notas de los cursos que estudió en el Instituto Bíblico y su Biblia subrayada. Busca información para incluir en el mensaje. Ahora, si él se acostumbró al material, ya sabe dónde localizar la información que necesita para ayudarle en la preparación del mensaje. El cambio, si no sabe dónde ubicar la información deseada, casi obligatoriamente vuelve a leer mucho del material, malgastando su tiempo. Pero si tuvo que presentar exámenes de tipo “libro abierto”, ya está familiarizado con sus libros y notas y podrá utilizarlas rápida y eficientemente.

Mientras que el alumno repase el material subrayado y anotado con confianza y calma, no le pesa la ansiedad de memorizar un mantón de detalles y datos. Utiliza su tiempo mejor por medio de seleccionar las ideas principales y muy a menudo estas mismas quedan grabadas en su mente porque sucedió un intercambia de la idea en el papel impreso con su mente, cuando la anotó en forma gráfica, la que servirá para su referencia futura.

¿Qué ventaja destaca este método del examen con el “libro abierto” para el profesor? Primero, el profesor usa su tiempo mejor enseñando las ideas expuestas en el material y compara las mismas, en lugar de perder el tiempo con los detalles porque sabe que el alumno en cualquier momento tiene la completa libertad para referirse a esos detalles en sus materiales.

Segundo, el profesor puede preparar el examen en tal forma que sirva para una evaluación verdadera de la que el alumno aprendió. El examen con el “libro abierto” tiene la posibilidad de probar la capacidad del alumno para relacionar las ideas y principios del curso en lugar de servir solamente como detalles memorizados separadamente. El examen con el “libro abierto” interroga en tal forma que hace que el alumno incluya en su respuesta todos los detalles necesarios para poder contestar.

Tercero, el profesor que usa el método del “libro abierto” puede interrogar sobre cualquier punto del curso o material estudiado sin temor de ser injusto porque el alumno se responsabiliza en conocer bien todo el material y donde ubicarlo con facilidad. Tampoco puede quejarse el alumno por las preguntas que aparecen en el examen, porque si él se familiarizó bien con el material, con facilidad podrá localizar los datos necesarios durante el examen para dar una respuesta completa o escoger las respuestas correctas.

Cuarto, el profesor se libera del problema de enseñar tradicionalmente solo para el examen. Él se dedica ahora a la verdadera enseñanza de las grandes ideas propuestas en el material y cómo usar estos conocimientos en el ministerio futuro del predicador en preparación.

Un suspiro de liberación se levanta en el auditorio de profesores de Institutos Bíblicos. Ahora, no se amarran a ciertos detalles de los cursos que enseñan, sino quedan libres para enseñar todo el material bajo la inspiración del Espíritu Santo. Las enseñanzas llegan a ser prácticas para el alumno porque va acumulando un gran depósito de materiales que le servirán para un ministerio eficaz, porque sabe exactamente donde ubicar el material en sus herramientas de trabajo.

 

Jaime Woolsey


 

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