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El Espíritu Santo en la vida y ministerio de los discípulos antes y después de Pentecostés.

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2023.1

Por Silverio Manuel Bello Valenzuela

 

Introducción

Un análisis a la vida y ministerio de los discípulos antes y después de Pentecostés nos ayuda a ver, a la luz de la Biblia, la necesidad y la importancia de la manifestación del poder del Espíritu Santo en la vida del creyente. Según la pneumatología de Cristo, para que esa gloriosa acción se produzca en la vida de sus seguidores, es necesario que cada uno haya recibido primero la promesa del Espíritu Santo; especialmente, quienes hayan recibido el llamado para trabajar en su santa obra.

Los errores que cometieron los doce, sumados a las limitaciones ministeriales que evidenciaron tener durante sus tres años de preparación ministerial, justificaron las razones por las que les ordenó a ellos que “se quedaran en Jerusalén, hasta que fueran investidos de poder desde lo alto” (Lc.24:49). Es decir, que los discípulos recibieron orden estricta de no salir a cumplir con la gran comisión que él les había dado hasta que no recibieran la promesa del Espíritu Santo. Ellos recibieron el cumplimiento de la promesa cuando estaban en el Aposento Alto, diez días después (Hch.1:4). Pentecostés marcó en la vida y ministerio de los doce discípulos de Jesús, un antes y un después.

En su comentario sobre Lucas 24:49, la Biblia de Estudio de la Vida Plana, nos dice:

Esa promesa del Padre que “revestirá a los discípulos de poder desde lo alto” se refiera al derramamiento del Espíritu Santo que ocurrió por primera vez el día de Pentecostés.[i]

Sobre Lucas 24:49, Everet F. Harrison, comenta:

De haberse dispersado inmediatamente los discípulos cada cual, a su casa, el movimiento se habría debilitado y no se habría producido el impacto de conjunto sobre el mundo”.[ii]

Las diferencias de la vida y ministerio de los discípulos antes y después de Pentecostés, las podemos identificar bien claro a la luz de los evangelios sinópticos, y del evangelio de Juan, Observemos a continuación:

Vida y ministerios de los discípulos de Jesús antes de Pentecostés

La acción del Espíritu Santo en la vida y ministerio de los discípulos antes de Pentecostés, fue diferente a su acción después de Pentecostés. Tres referencias bíblicas confirman esta declaración: Juan 7:37-39; 14:17; Efesios 1:13.

“Jesús les dijo: el que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva… esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo” (Jn.7:37, 39). El Señor utilizó el tiempo futuro del modo indicativo, correrán. El escritor sagrado confirma que el divino maestro se estaba refiriendo al Espíritu Santo como promesa, el cual moraría en la vida interior de ellos, y los llenaría de poder y autoridad, tal como fue en el día de Pentecostés.

“El Espíritu de verdad, al que el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros y estará en vosotros” (Jn.14:17), Jesús se refirió al lugar que ocupaba el Espíritu Santo en la vida de sus discípulos en el presente, es decir, antes de Pentecostés, leemos: Nuestro Señor Jesucristo usó, primero, en el tiempo presente la palabra mora, que indica posada, estancia, morada. En este contexto, la preposición “con”, entre otras cosas, se usa para indicar compañía, como, por ejemplo:  Estar al lado, acompañar, ir con. Jesús les estaba diciendo a sus discípulos, que el Espíritu Santo estaba con ellos, al lado de ellos, pero que todavía no moraba como promesa, en la vida interior de ellos. Ellos, todos, tenían el Espíritu Santo, como sello de salvación.

“El Espíritu de verdad, al que el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros y estará en vosotros” (Ef.1:13). El apóstol Pablo nos ayuda a entender teológicamente esta verdad,  a partir de que la persona que se convierte a Cristo, es sellada con el Espíritu Santo de la promesa, es lo que se conoce como el “sello de la salvación”. El Espíritu Santo está con esa persona, pero hasta que no manifieste la evidencia de hablar en otras lenguas, todavía no ha sido bautizado en el Espíritu Santo.

Por lo tanto, observemos a la luz de las Escrituras, la vida de los discípulos antes de Pentecostés. Los evangelios registran un conjunto de fallas y errores que los discípulos cometieron durante los tres años de preparatoria en la escuela de Jesús, antes de Pentecostés, por ejemplo: 

 

Simón Pedro: fue el discípulo al cual Jesús tuvo que dedicarle más tiempo en su proceso de  enseñanza aprendizaje para la modificación de su carácter y el comportamiento. Antes de Pentecostés demostró una visión y teología errada sobre el propósito de la muerte expiatoria de Cristo. Según leemos en Mateo 16:21, Jesús comenzó a revelarles a los doce, que las autoridades religiosas judías le iban a dar muerte, pero que al tercer día él iba a resucitar. En el versículo 23 se ve a Pedro tomar a Jesús aparte y tratar de convencerlo para que evitara esa muerte cruel. La forma en que Jesús enfrentó y reprendió a Pedro fue sorprendente, Jesús le respondió:  “¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres”.

Cuesta mucho creer que el mismo discípulo que recibió la revelación de parte de Dios sobre “quién era Cristo” (Mt.16:16), y a quien, por tal declaración, Jesús lo llamó “bienaventurado” (Mt.16:17), y un momento más tarde permitió que el enemigo entrara en su corazón para tratar de convencer a su divino maestro, para que no fuera a la cruz a morir por el pecado de la humanidad. Así fue que en aquel momento Pedro se convirtiera en un instrumento del diablo y por tal razón, con autoridad divina, Jesús lo reprendió diciendo: “Apártate de mí Satanás, porque me eres tropiezo”. El sentimentalismo y su desconocimiento de las Escrituras, aparentemente, nublaron el entendimiento  espiritual para no ver el plan y el propósito de la voluntad de Dios para con su Hijo Jesucristo.

Simón Pedro, antes de Pentecostés mostró tener un carácter violento y agresivo. Cuando fueron a apresar a Jesús, él sacó su espada y le cortó una oreja al siervo del Sumo sacerdote (Jn.18:10-11).   Lowrence O. Richards comenta la actitud de Pedro, diciendo:

Al principio Pedro trató de resistir con su espada, pero Jesús no permitió la resistencia. Era el momento de las tinieblas. Su acto de resistencia fue imprudente, pero valeroso. Pero ¿Qué más podríamos esperar? ¿No había Pedro prometido seguir a Jesús hasta la muerte?[iii]

En sus y decisiones personales, Simón mostró rasgos de ambivalencia en su carácter. Cuando Jesús les dijo a sus discípulos que él iba a ser entregados en manos de las autoridades religiosas judías, y que ellos, todos, se iban a escandalizar (Mt.26:31), Pedro le prometió a Jesús no escandalizarse nunca, aunque otros lo hicieran (Mt.26:33). Sin embargo, más tarde en el patio del sumo sacerdote Caifás, negó al maestro tres veces antes que el gallo cantara (Mt.26:69-74).

Nos preguntamos, ¿Cómo Jesús, conociendo las debilidades de del carácter de Pedro, y peor aún, sabiendo que lo iba a negar tres veces, lo incluyó en el círculo de sus tres amigos íntimos? Sólo nos queda aceptar, que Dios tiene un propósito en cada cosa que él hace, aunque nosotros no lo entendamos.

 

Judas Iscariote: quien con un beso entregó a Jesús para ser crucificado (Mt.26:47-50), y luego se suicidó (Mt.27:5). En su comentario sobre la traición de Judas Iscariote a su divino maestro y su suicidio más tarde, la Biblia de Estudio Pentecostal, dice:

Judas comprendió que sus acciones pecaminosas ocasionarían la muerte de Jesús, del mismo modo, todas las acciones humanas afectan inevitablemente a los demás para bien o para mal. Muchas cosas que los seres humanos ponen el movimiento no pueden detenerse, y su maldad y sus resultados destructivos serán sufridos por los culpables y por los demás. Es de suma importancia evitar todas las acciones y todos los planes que pudieran tener consecuencias potencialmente dañinas.[iv]


Jacobo y a Juan: hijos de Zebedeo, Cristo los apellidó Boanerges, que significad hijos del trueno” (Mr.3:17). En su comentario, la Biblia de Estudio Sendas de Vida, comenta este versículo, diciendo:

Boanerges, palabra aramea del hebreo Bené Regesh, Marcos, traduce “hijos del trueno”. La mención que Jesús dio a los hijos de Zebedeo por el carácter impetuoso que demostraron posteriormente (Lc.9:4).[v]

En Lucas 9:51-4 encontramos a los dos hijos de Zebedeo con un carácter belicoso y vengativo. Cuando Jesús se dispuso enviar mensajeros a Jerusalén, y estos intentaron cruzar por una aldea de Samaria, pero los lugareños les impidieron cruzar, ante aquella negativa, Jacobo y Juan le pidieron a Jesús que les permitiera pedir fuego del cielo, tal como lo hizo el profeta Elías, para que las llamas consumieran a los aldeanos. Gracias a Dios que Jesús no le permitió que hicieran tal petición.

Otra falla en el comportamiento de los discípulos antes de Pentecostés, fue que, mostraron tener entre ellos un espíritu de antagonismo y de rivalidad ministerial al mismo tiempo. En más de una abordaron a Jesús en más de una ocasión para preguntarle quién de ellos sería el mayor en el reino de los cielos (Mt.18:1, Lc.22:24)

 

Los apóstoles: una lección objetiva sin igual, con propósitos correctivos de parte de Jesús para sus discípulos fue la de la toalla y el lebrillo (Jn.13:4-15) de donde se desprenden dos verdades de tal escena:

En primer lugar es probable que Jesús, sentado a la mesa durante su última cena llegara a percibir que todavía el espíritu de rivalidad, de competencia, de grandeza y de presunción estaba vivo entre ellos.  Fue así que se dispuso a darles aquella lección objetiva, que por cierto, llegó a ser una de las enseñanzas más directas y más entendible durante su ministerio terrenal. Es evidente que aquel método de enseñanza aprendizaje que el buen maestro empleó, tenía como finalidad producir un cambio total en el comportamiento de los doce antes de su muerte; y sí, lo logró. Recordemos que Jesús le dijo a Pedro: “Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora; mas lo entenderás después” (Jn.13:7).  Claro está, implícitamente, se estaba refiriendo a después de Pentecostés

En segundo lugar,  en la praxis, Jesús se empeñó en enseñarles a los apóstoles cuál es la llave correcta que abre la puerta de acceso a la vía que conduce al éxito y a la grandeza ministerial en la obra de Dios: la humildad, el compañerismo y el servicio incondicional a los demás.

Sobre el acto ejemplar de Jesús, de lavar los pies de sus discípulos, el escrito Herbert Lockyer, escribe lo siguiente:

En dicho acto, se nos revela más la persona de Cristo, que las cosas que es capaz de hacer. Realiza una labor de siervo, para ocupar un lugar de humildad. Al lavar los pies de los suyos, le deja un ejemplo de humildad auténtica. Quiere que sus discípulos aprendan que el orgullo echa a perder el poder.[vi]

La gran moraleja que Jesús les trató de enseñar sus discípulos con la lección objetiva de la toalla y el lebrillo, está resumida en versículos 14 y 15 del mismo capítulo 13 de Juan: “Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis”.

La noche de la pascua Jesús les lavó los pies a sus doce apóstoles, incluyendo a Judas, el traidor. Nos preguntamos, ¿Por qué Jesús, sabiendo que Judas lo iba a entregar a sus enemigos, para le dieran muerte, le lavó sus pies? ¡Qué lección más profunda! Lavarle los pies a Judas, hizo todavía más grande y más significativa la enseñanza compartida, no solamente a sus discípulos en aquella ocasión, sino también a todos los creyentes de todo el mundo y de todas las épocas..

   

La vida y ministerio de los discípulos después de Pentecostés

Tras recibir la promesa de Espíritu Santo el día de Pentecostés, desde ahí en adelante se produjo una transformación sobrenatural en la vida y en el ministerio de cada uno de los discípulos.

El día de Pentecostés todos los discípulos recibieron la promesa y fueron llenos del Espíritu Santo (Hch.2:1). Ahí estuvo el radio de transformación en la vida y ministerio de los santos apóstoles. El historiador eclesiástico Jesse Lyman Hurlbut, dice que:

El efecto que surgió en los discípulos el descenso del Espíritu Santo el día de Pentecostés fue triple, primero: “Iluminó sus mentes, dándoles un nuevo concepto del reino de Dios, que no era un imperio político sino un reino espiritual. Segundo: Los vigorizó, impartiendo a cada miembro un fervor espiritual y un poder de expresión que hacía el testimonio de ellos convincente para quienes les escuchaban, Tercero: Ese Espíritu divino ha morado en la iglesia desde aquel día como una presencia permanente”.[vii]

Pentecostés marcó en la vida de los discípulos un antes y un después. Observemos los grandes beneficios del descenso del Espíritu Santo como promesa en la vida de cada uno de los apóstoles:

Pentecostés produjo un cambio de 180 grados en la vida y en el carácter de los discípulos: Pedro se convirtió el predicador de multitudes entre los once. Los dos discípulos a quienes Jesús les había dado el sobrenombre de “hijos del trueno”, uno de ellos, Juan, más tarde, por escribir tan vehementemente, sobre el amor en sus cartas, llegó a ser conocido entre los cristianos del primer siglo, como el apóstol del amor.

Desde Pentecostés en adelante, se acabaron las disputas, las rivalidades y los pugilatos sobre los rangos ministeriales que iban a ocupar cada uno en sus funciones apostólicas, y sobre el lugar que iría a ocupar en el reino de los cielos.

No hubo más preguntas escatológicas sobre el reinado del Mesías ni sobre la restauración de Israel (Hch.1:6). Por el contrario, inspirados por el Espíritu Santo, los apóstoles echaron la base doctrinal de la escatología bíblica, tanto en el libro de los Hechos como todas las Epístolas y en el libro de Apocalipsis (Ef.2:20).

Desde Pentecostés en adelante el Espíritu Santo, ya no estaba solamente al lado de los apóstoles, sino dentro de ellos como promesa (Jn.7:38-39; 14;17; Hch.2:1-4)

Después de Pentecostés en el libro de los Hechos no se registra un solo caso en el que los discípulos oraran alguna vez por una persona que estuviera enfermedad, y no fuera sanada, o que oraran por una persona que tuviera endemoniada, y no fuera liberada. Ellos oraron por personas ciegas, y recibieron la vista. Oraron por paralíticos, por sordos y por ciegos y todos fueron sanados. (Hch.2:43; 5:12)

El cumplimiento de la promesa de Espíritu Santo desde el día de Pentecostés trajo como resultado, el primer y más grande avivamiento espiritual de la historia de la iglesia cristiana de todos los tiempos. (Hech.2:43-47).  La causa principal estuvo en que todos los dones del Espíritu Santo se manifestaron en la vida y ministerio de los apóstoles, y todos los creyentes de aquellos días fueron testigos oculares de la manifestación del poder y de la gloria de Dios. Pero no solamente a través de los apóstoles se manifestaron los dones del Espíritu Santo, sino también de diáconos, evangelistas y otras personas con ministerios dados por Cristo, y que habían recibido la promesa del Espíritu Santo.

Después de Pentecostés, el diablo comenzó a lanzar sus dardos de fuego desde las mismas cloacas mal oliente del infierno contra la naciente iglesia. Pero, la manifestación de los dones del Espíritu Santo sobre los miembros de la “novia de Cristo”, se convirtió en el mejor aliado y en el mayor recurso espiritual de resistencia contra todo ataque u oposición que se levantó en su contra. Las puertas del infierno no pudieron, no han podido, ni podrán prevalecer contra la iglesia de Cristo (Mat. 16:18)

Fue en esa dirección y en ese contexto histórico, que el historiador eclesiástico, Josse Lyman Flower, escribió: “los milagros apostólicos han sido designados como las campanas que llaman al pueblo a la adoración”.[viii]

En toda la historia del cristianismo Pentecostés marcó, marca y seguirá marcando las diferentes entre un antes y un después de recibir esa bendecida promesa.

El descenso del Espíritu Santo produjo un espíritu de unidad y de compañerismo inigualable entre todos los miembros de la iglesia naciente

Después de Pentecostés, los apóstoles, inspirados por el Espíritu Santo, echaron la plataforma doctrinal completa de la iglesia de nuestros Señor Jesucristo (Ef.2:20)

 

Conclusión

Estudiar a la luz de la Palabra de Dios, el contraste entre la vida y el ministerio de los discípulos antes y después de Pentecostés ha ayudado a conocer a quienes no lo saben, que sin la manifestación del poder del Espíritu Santo que obra en la vida y ministerio de cada miembro de la iglesia de Cristo, no hay avivamiento eficaz, no hay crecimiento genuino. A quienes ya conocemos más sobre el asunto nos ha servido de repaso para recordar, que ningún líder eclesiástico, ni ninguna congregación cristiana, por más métodos, técnicas y estrategia de trabajo que use, podrá lograr las metas y los objetivos que se han propuesto alcanzar en sus programas y en sus metas de iglecrecimiento sin depender en lo absoluto del poder del Espíritu Santo. Si queremos un avivamiento espiritual genuino en nuestra vida personal y por ende, en cada congregación, debemos procurar que haya una manifestación plena del poder del Espíritu Santo.

 

 

 

 


[i] Biblia de Estudio de la Vida Plana, Editorial Vida, 1444.

[ii] Everet F. Harrisón, El Comentario Moody del Nuevo Testamento, Editorial Moody,

136.

[iii] Lowrence O. Richards, Comentario Bíblico del Maestro, Editorial Patmos, 874.

[iv] Biblia de Estudio Pentecostal, Editorial Vida, 1337.

[v]  Biblia de Estudio Sendas de Vida, Editorial Senda de Vida Publisher.

[vi] Herbert  Lockyer, Todos los Libros y Capítulos de la Biblia: Editorial Vida, 472.

[vii] Jesse Lyman Hurlbut, Historia de la Iglesia Cristiana: Editorial Casa de Publicaciones

Evangélicas, 18.

[viii] Ibid, 21.

Silverio Manuel Bello Valenzuela


 
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1 Comentario  comments 

Una respuesta

  1. carlos

    Excelente querido hermano, muy edificante. gracias hermano Mazurek por la publicación

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