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Pioneros del Pentecostés

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2010.2

 

Desde la creación, Dios ha manifestado su buena voluntad para con la humanidad creando escenarios y levantando hombres y mujeres como proclamadores de su gracia y misericordia.

Así también ocurrió el día del nacimiento de la Iglesia, marcado por la asignación de la Gran Comisión a sus discípulos y la ascensión de Jesucristo a los cielos. En esa ocasión Jesucristo resaltó que, además del nuevo nacimiento y la santidad, para cumplir esta Comisión necesitaban estar revestidos de un poder divino.  En esa oportunidad les recordó: “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto” (Lu. 24:39).  Fue así como los que permanecieron unánimes en oración y clamor recibieron esa llenura y se convirtieron en los “pioneros del Pentecostés”.

La palabra “pionero” significa “persona que da los primeros pasos en alguna actividad humana”.  Un “Pionero del Pentecostés” es entonces una persona escogida como un instrumento de Dios, investida del poder de lo alto a través del bautismo en el Espíritu Santo con evidencia de hablar en otras lenguas, para proclamar las virtudes de salvación, sanidad, señales y prodigios de Dios durante un período de avivamiento.

Entre esos primeros pioneros resalta el papel de Pedro. Apenas unos días antes había negado tres veces al Maestro ante un puñado de gente; pero en el día de Pentecostés se levantó movido con el poder del Espíritu Santo para enfrentarse a la muchedumbre reunida afuera del aposento alto. El mismo Espíritu de Dios le inspiró un mensaje tan homiléticamente perfecto y poderoso, que aún asombra a los eruditos de hoy, de manera que más tres mil de ellos aceptaron a Jesucristo como su Salvador personal, fueron bautizados y regresaron a sus lugares con el ardor de cumplir la Gran Comisión. Ese primer Pentecostés inició un avivamiento que duró por trescientos años, cuando decayó con la adopción del cristianismo como la religión oficial del imperio de Constantino I el Grande. Para ese entonces el cristianismo se había expandido por todo el mundo conocido.

Lo anterior nos lleva a la conclusión que Dios renueva el poder de la Iglesia a través de un avivamiento. La Iglesia evangélica ha sido comparada en su desarrollo con el período de los jueces en la historia judía. Dios los introdujo en la Tierra Prometida con el propósito de levantar el Nombre de Dios entre todas las naciones.  Pero después de la muerte de Josué, cada uno hizo lo que bien le parecía. Se olvidaron de Dios y en vez de conquistadores, se tornaron en conquistados, en vez de proclamar al único y verdadero Dios, se inclinan ante los ídolos cananitas.  Entonces Dios levantaba un juez, quien lo liberaba de sus opresores; pero  después de un tiempo volvían a hacer lo que bien les parecía.  Ese mismo patrón ha seguido la Iglesia Cristiana, solo que en lugar de jueces Dios levanta “Pioneros del Pentecostés”  en periodos de avivamientos sobrenaturales, pero después de un tiempo cada uno vuelve a hacer lo que bien le parece.

Un avivamiento es una respuesta de Dios al clamor de hombres y mujeres de Dios que anhelan un despertar en la actividad eclesiástica. La Biblia no registra las oraciones de los ciento veinte discípulos reunidos en el Aposento Alto para que Dios enviara un avivamiento, pero hay una oración posterior al Pentecostés que podría darnos un indicio. Lucas la registra Hch 4: 29 – 31 Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.”  En casi todos los avivamientos registrados hay evidencias de oraciones intercesoras por los perdidos y de clamor a Dios para que envíe poder de lo alto para alcanzarlos.

El inicio de la Reforma Evangélica fechada el 31 de octubre de 1517, cuando Lutero clavó sus noventa y cinco tesis a las puertas de roble de la Catedral de Wittenberg, podría ser considerado como el inicio de un avivamiento que alteró la historia política, secular y eclesiástica de todo el continente europeo y posteriormente de todo el mundo. A Martín Lutero se le puede considerar como otro “pionero del Pentecostés”. El historiador eclesiástico Theodor Sauer, escribe lo siguiente,

“Lutero fácilmente se puede considerar como el más grande hombre evangélico después de los apóstoles, lleno de amor interno por el Señor, tal como Juan, acelerado en su acciones como Pedro, profundo en su pensar como Pablo, sagaz y poderoso al hablar como Elías, sin ceder ante los enemigos de Dios tal como David; profeta y evangelista, hablador en lenguas e intérprete – todo en una persona equipada con todos los dones de gracia, una luz y un pilar de la iglesia…”[i]

 

A partir de la Reforma los historiadores cristianos han registrado seis avivamientos y en cada uno de ellos Dios a levantado sus “pioneros de Pentecostés” como portaestandartes de su amor, su misericordia y su poder.

 

Primer Gran Avivamiento de 1727 y Juan y Carlos Wesley

Situación de la Iglesia: Nos encontramos en Inglaterra del Siglo XVIII donde el anglicanismo era la religión del estado, resultado de una separación ocurrida dos siglos antes entre la Iglesia Católica de Inglaterra y el Papado a causa de la negativa del papa de conceder el divorcio del Rey Enrique VIII de su esposa Catalina.

Fue en la Iglesia Anglicana donde se congregaba la familia Wesley y donde fueron ordenados los hermanos Juan y Carlos. El fracaso de ambos hermanos en su misión entre las tribus indígenas en el estado de Georgia, Estados Unidos, llevó a Juan expresar lo siguiente “Yo fui a América para convertir a los indios, pero, ay, ¿quién me convertirá a mí?”[ii], por medio de la cual manifestaba su necesidad de un nuevo nacimiento a través de una confesión de Cristo como Salvador y Señor.  Pero Dios necesitaba a estos pioneros y por medio de hermanos cristianos moravos, con tres días de diferencia, ambos hermanos experimentaron el nuevo nacimiento, que marcó el principio de este avivamiento, complementado con el ministerio de Jorge Whitefield.

¿Por qué la obra de los hermanos Wesley fue tan importante? Porque su obra “puso en movimiento una cadena de eventos que cambiaron el rostro de la sociedad.  Entusiasmados por su propia experiencia de la gracia salvadora, los Wesley tuvieron que viajar a lo largo y ancho del país con celo inapagable para ofrecer a Cristo a todos.  Desde los días de Wycliffe y sus Lollardos no había estrategia tan extensa y efectivamente desplegada.”[iii]  En su diario personal Juan Wesley registra más de 200 casos de sanidad divina.[iv] La historia también registra que durante sus prédicas los oyentes eran llenos del Espíritu Santo[v]. Definitivamente los hermanos Wesley, por su pasión por el evangelismo, las sanidades divinas y la llenura del Espíritu Santo en su ministerio, tres de los valores del Pentecostalismo, se ganaron de Dios el honor de ser considerados “Pioneros de Pentecostés”.

 

Segundo Gran Avivamiento de 1792 y Guillermo Carey

Situación de la Iglesia: La Iglesia de Jesucristo por más de mil quinientos años fue una institución que de una manera u otra ejercía la obra misionera. Después de la Reforma fueron los católicos-romanos, a través de Francisco Javier, los que ejercieron las misiones al Oriente; mientras que la Iglesia Reformada estaba más interesada en establecer los dogmas, las doctrinas y ordenar los servicios de la Iglesia.

En 1792, Guillermo Carey, ex-zapatero autodidacta, para entonces un ministro bautista, recibe un llamado de Dios para restaurar el ministerio misionero entre un mundo pagano. En ese año predica dos sermones que encienden la pasión misionera en una iglesia indiferente hacia los perdidos: “Emprended grandes cosas para Dios” y esperad grandes cosas de Dios”.  Así se fundó la Sociedad Misionera Bautista y se ganó para Dios el título de “Fundador de las Misiones Modernas”. En 1811 un grupo de estudiantes organizaron la famosa “reunión de oración” sobre el tema de misiones en el Colegio Williams, Massachussets, Estados Unidos. Allí consagraron sus vidas a la obra misionera y se fundó la Junta Americana de Comisionados para Misiones Extranjeras.  Pronto vino la creación de la Sociedad Misionera Bautista Americana y pocos años después cada iglesia tenía su propia organización para la promoción misionera, lo cual persiste hasta nuestros días.

El impacto de las misiones modernas ha sido descrito como “uno de los movimientos mundiales más extensos en toda la historia humana, y ha servido para que el cristianismo pase de convertirse, de una fe limitada mayormente a Europa occidental, en la religión más extendida del mundo.”[vi]  Guillermo Carey por ese compromiso con la Gran Comisión a través de las misiones como uno de los valores del pentecostalismo también ganó para Dios su título de “pionero de Pentecostés”.

 

El Tercer Gran Avivamiento de 1857 y D. L. Moody

Situación de la Iglesia: La Revolución Industrial que se inició en Inglaterra y se extendió por todo el mundo había debilitado la influencia de la Iglesia sobre una población concentrada en las grandes ciudades donde había perdido su fervor religioso, convirtiéndose en cristianos nominales y por herencia.

Dwight Lyman Moody, mejor conocido como D. L. Moody, tenía toda la capacidad y el  talento para convertirse en un acaudalado hombre de negocios en la ciudad de Chicago, Illinois, Estados Unidos; pero en 1860 abandonó todo para trabajar con niños y como evangelista.  Tras la destrucción de la ciudad de Chicago por un voraz incendio en 1871 y mientras levantaba fondos para reconstruir iglesias “experimentó una renovación espiritual”[vii]  De D. L. Moody se escribió lo siguiente:  “En una reunión en Los Ángeles, el Dr. R. A. Torrey contó que en un culto en Londres donde Moody se acercó al púlpito a predicar y más bien irrumpió en otra lengua.  Intentó de nuevo empezar a predicar, con resultados similares.  A la tercer vez, después de oración y alabanza, pudor predicar su mensaje”.[viii] Su ministerio lo llevó a Escocia e Inglaterra en donde, solamente con el poder de Dios, pudo vencer sus fuertes limitaciones de una voz inatractiva y de un inglés no gramatical y como comentó un ciudadano inglés “nunca se podía escuchar a Moody sin sentir un fuerte deseo de amar y conocer a Cristo.”[ix]  Dios envió un avivamiento en cada ciudad donde Moody predicaba. En 1885, de una campaña en la Universidad de Cambridge, surgió el grupo de los “Siete de Cambridge”,  siete jóvenes adinerados de óptima posición social que dejaron todo para zarpar para China como misioneros en 1885.  Al año siguiente Moody fundó en Chicago  el Instituto Bíblico Moody cuya misión es “preparar y motivar a las personas para extender la causa de Cristo a través de ministerios que eduquen edifiquen y evangelicen”

D. L. Moody, por su compromiso con la causa de Cristo de evangelizar, inspirar, preparar y enviar a otros, importantes principios pentecostales es otro de los “Pioneros del Pentecostés” escogido por Dios.

 

El Cuarto Avivamiento de 1882 y Charles Haddon Spurgeon

Aunque este avivamiento tuvo una cobertura más amplia, se le considera como una secuencia del Tercer Avivamiento. Nuevamente Dios usó para su gloria a Moody, Sankey y en forma especial a Charles H. Spurgeon. De Spurgeon, un predicador británico contó como una vez se disculpó con su audiencia ya que a veces se alegraba en el Señor de una manera especial: “irrumpo en una especie de jeringonza que yo mismo no entiendo.”[x] A los 21 años Spurgeon era ya el predicador más escuchado de Londres y es considerado como el más grande predicador del siglo xix.

A este movimiento de avivamiento se añadieron  Sam Jones, J. Wilber Chapman y Billy Sunday en Estados Unidos, Andrew Murray en Sur África y a John McNeil en Australia. Por su labor de proclamación del mensaje de Salvación en Cristo  este grupo también ha sido declarados “Pioneros del Pentecostés”.

 

El quinto período de avivamientos de finales del siglo xix y el inicio del siglo xx y Charles Fox Parham

Situación de la Iglesia: La Iglesia evangélica pasa por una profunda necesidad de Dios que se manifiesta en intensas reuniones de oraciones lo que produjo que Dios enviara avivamientos en diferentes lugares de Europa y Estados Unidos.  Crecía en los creyentes una creciente compasión por los perdidos que los motivaba a interceder, emprender actividades evangelizadoras y una gran promoción de esfuerzos misionero; pero en sus oraciones se hacía mucho énfasis en el bautismo del Espíritu Santo y su manifestación de hablar en otras lenguas como señales del poder divino que necesitaban para lograrlo. Estos avivamientos se caracterizaron por manifestaciones del poder de Dios en señales y prodigios, sanidades, liberación e imposición de manos.  En enero de 1890 Daniel Awrey, un ministro evangélico recibió el bautismo del Espíritu Santo en Delaware, Ohio, Estados Unidos. Hasta finales del siglo xix se produjeron en Estados Unidos avivamientos en los estados de Carolina del Norte, Tennessee y en Minnesota.

Ya en el siglo xx, exactamente en 1901, se prende la chispa que producirá el avivamiento más poderosos e influyente de la historia de la Iglesia Cristiana. Este movimiento pentecostal se inició en la Escuela Bíblica Betel en la ciudad de Topeka, Kansas, Estados Unidos.  Una vez más, la intensa oración intercesora por los perdidos mueve el corazón de Dios.  Un grupo de estudiantes después de haber hecho un estudio sobre las evidencias bíblicas del bautismo en el Espíritu Santo, y pasar un tiempo dedicado a la oración intercesora  reciben el bautismo del Espíritu Santo con la evidencia de hablar en otras lenguas (glosolalia). Posteriormente, el fundador, Charles Fox Parham, recibe el bautismo del Espíritu Santo, y también un llamamiento de parte de Dios para revelar al mundo que el hablar en lenguas era la evidencia del bautismo del Espíritu Santo.

Esta verdad iba en contra del pensar de la mayoría de los cristianos que aseguraban que el bautismo del Espíritu Santo se recibía con el nuevo nacimiento y no incluía la experiencia de hablar en otras lenguas. Por sus intensas y exitosas campañas en difundir esta verdad y que multitudes recibieran el bautismo del Espíritu Santo, Charles Fox Parham es considerado como el Padre del Pentecostés y por lo tanto es otro de los “Pioneros del Pentecostés”.

 

El Sexto Avivamiento de 1906 y William J. Seymour

Situación de la Iglesia: Aunque las iglesias hambrientas de Dios habían disfrutado de ministerio de Charles Fox Parham, los desafortunados acontecimientos de los últimos años de su vida,  menguaron la intensidad y el impacto que Dios había planeado.

Pero Dios levantó a otro Pionero de Pentecostés, fruto del ministerio de Charles Fox Parham, al Rev. William J. Seymour.  Aunque son muchos lo pormenores de la vida del Rev. Seymour, una experiencia crucial que lo marcó para toda su vida fue cuando, en el otoño de 1905, escuchó los testimonios de creyentes bautizados en el Espíritu Santo y las enseñanzas de Parham sobre la evidencia del hablar en otras lenguas. Aún antes de haber recibido él mismo el bautismo del Espíritu Santo, el Rev. Seymour enseñó con entusiasmo sobre esta experiencia, hasta que el 12 de abril después de haber pasado toda la noche en oración, a las cuatro de la mañana recibió la añorada vivencia en la casa de unos amigos en la Calle Bonnie Brae de Los Ángeles, California, Estados Unidos.

Por tres días y sus noches el poder de Dios se manifestaba con gran intensidad sobre la congregación. La muchedumbre de curiosos creció hasta el punto que el piso de la casa cedió; pero nadie salió lastimado. Muchos recibieron el bautismo de Espíritu Santo, eran sanados de sus enfermedades; pero, sobretodo, recibían salvación de sus pecados por el sentimiento de arrepentimiento que los invadía.  Surgió entonces la posibilidad de usar el ahora famoso edificio en el Número 312 de la Calle Azusa.  Había sido el templo de la Iglesia Metodista Episcopal Africana, pero que en ese momento era usado como establo para almacenar forraje y ganado. Pero, como ocurrió con el nacimiento del Salvador del Mundo, ese establo se convirtió en la cuna del avivamiento más poderoso de la historia de la Iglesia Cristiana.

En las reuniones las diferencias de razas, nacionalidades, estratos sociales, niveles académicos fueron borradas por la sangre de Cristo y la unidad del Espíritu. Como en el primer Pentecostés, miles vinieron de los cuatros puntos cardinales de la tierra, recibieron con el bautismo del Espíritu Santo el poder, la unción, la pasión por los perdidos y volvieron a sus tierras transformados en predicadores del Evangelio de salvación pero también proclamadores del poder pentecostal. Se calcula que en la actualidad hay más de 500 millones de creyentes pentecostales y carismáticos alrededor del mundo, como resultado del avivamiento de la Calle Azusa y todo esto porque un hombre por fe proclamó de una vivencia que ni él mismo había experimentado. Es por eso que William J. Seymour es conocido como el “Catalizador del Pentecostés”, un verdadero “Pionero del Pentecostés”.

 

A manera de conclusión: Hoy nos podríamos preguntar qué hizo de hombres comunes y corrientes a convertirse en “Pioneros del Pentecostés”, tanto a aquellos que hemos mencionado aquí, como también a aquellos otros no mencionados o aquellos cuyas obras no quedaron registradas en la historia escrita de la Iglesia Cristiana; pero seguramente sí en los registros de Dios. Podríamos asegurar, y sin temor a equivocarnos, que cada uno de ellos creyó, obedeció y ministró conforme a la última instrucción del Maestro cuando dijo: “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”  No hay otra manera para ser llamado pentecostal, ni mucho menos convertirse en un “Pionero de Pentecostés”.

 

 

 



[i] Traducido de la obra en alemán,Geschichte der Chrislichen Kirche fur Schule und Haus (Dresden; R. Kuntzes, 1859), Tercer Libro, 400.

[ii] John Woodbridge. Grandes Líderes de la Iglesia, (Miami: Editorial VIDA), 1998, 291.

[iii] Ídem., 291.

[iv] Journal, 11/1/50, citado por R. A. Knox en Enthusiasm.

[v] Bowen, Marjorie, Wrestling Jacob. 184ff

[vi] Woodbridge, 307.

[vii] Ídem., 340.

[viii] Lennard Darbee, Tongues: The Dynamite of God. , 24.

[ix] Woodbridge, 341.

[x] Darbee, 24.

Arturo Benoit

El Reverendo Arturo Benoit, de origen Panameño, y su esposa Lilia Olaya dirigen el Seminario de las Asambleas de Dios, sede Caribe en la ciudad de Barranquilla, Colombia. Además de ser el administrador y decano académico del seminario, el Señor le ha dado un ministerio también de profesor/maestro. Gozan la presencia de un hermoso hijo, el joven Jean-Pierre Benoit.


 

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