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Orientación espiritual y desarrollo

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1978.4

Por Evaristo Ward

 

¿Qué pensaríamos de padres que están muy felices con el nacimiento de un hijo, y luego dejaran al bebé solo sin que nadie lo cuidara y alimentara, y finalmente el bebé muriera a causa del descuido?

Estoy seguro de que pensaríamos que esta es una acción criminal. Y, sin embargo, este es el mismo crimen que muchas iglesias han cometido y que todavía siguen cometiendo. Un hecho cierto y triste es que muchas iglesias están perdiendo a sus nuevos convertidos porque han fallado al cuidarlos en forma debida.

¿Cuál es la razón de que se pierdan los nuevos convertidos? ¿Radica la falta en el evangelista? ¿O en el pastor? ¿O en los maestros de la escuela dominical? ¿O en la literatura y en los materiales de estudio que usamos? Nadie puede proporcionar una respuesta clara y conclusiva a estas preguntas, dado que hay tantos factores involucrados. Pero una cosa es cierta, queremos retener el mayor porcentaje posible de convertidos y ver que se desarrollen y lleguen a ser seguidores del Señor Jesucristo maduros y consagrados.

Alguien ha dicho: “Cuando el pecador se salva, el trabajo está hecho sólo por la mitad.” Está muy bien hablar de alcanzar a los perdidos, pero para realizar un trabajo efectivo debemos desarrollar y desempeñar un programa definido para orientar a los nuevos convertidos en su fe.

¿Cómo podemos desarrollar esta tarea? No hay reglas fáciles que podamos enunciar, pero tal vez los siguientes puntos nos ayudarán en el esfuerzo:

1. Debemos estar seguros de que los nuevos convertidos han sido guiados a una experiencia real de nuevo nacimiento. La experiencia de esa persona debe estar bien cimentada en la Palabra de Dios. Las emociones cambian, y las experiencias pueden variar, pero la Palabra de Dios nunca cambia. Les debemos enseñar a usar la Biblia y a apropiarse de distintos pasajes de ella, haciéndolos una realidad en sus vidas.

2. Debemos ayudar al nuevo convertido en esos primeros días cruciales de la experiencia cristiana. Especialmente la primera semana es un período crítico para el nuevo creyente, porque el enemigo, Satanás, con frecuencia realiza un contraataque dentro de un lapso corto. Es necesario proveerle al nuevo convertido compañerismo espiritual y social. En Santiago, Chile, uno de nuestros pastores ha entrenado a su congregación para que no dejen solo al recién convertido, a que lo acompañen a su casa, lo visiten al día siguiente de la decisión, y aun a que lo pasen a buscar para que asista a los próximos servicios. Este pastor también realiza reuniones en las casas de los recién convertidos, cuando esto es posible, las cuales llama: “Círculos de inquietudes cristianas.” En estas reuniones se aconseja y se ayuda a los recién convertidos a en tender los aspectos de la vida cristiana. Muchos pastores encuentran que el librito “¿Y ahora qué?” es muy útil para orientar a los nuevos convertidos, especialmente durante la primera semana de su nueva vida.

3. También debemos guiar al recién convertido a desarrollar patrones a seguir en su vida cristiana, los cuales le acompañarán durante toda su vida, ayudándole a convertirse en un creyente maduro. Esto se logra por medio del ejemplo y de la instrucción. En nuestro deseo de ver que maduran, no debemos apresurar el adiestramiento y el proceso de crecimiento. Algunas personas, en su deseo de hacer discípulos, ahuyentan a personas sinceras, a les hacen sentir como ciudadanos de segunda categoría en el reino de Dios, simplemente porque los recién convertidos no hacen lo que los creyentes más maduros esperan de ellos.

Como conclusión, debemos recordar que cuando el recién convertido se esfuerza por aprender, debemos demostrarle amor. Un programa de continuidad “computarizado” no le impresionará en lo más mínimo. Él necesita sentir el amor de Cristo en los creyentes con los cuales se asocia. Un líder cristiano ha manifestado que hay cuatro elementos básicos en la orientación y el desarrollo de los creyentes: la oración, la oración, la oración y la Palabra de Dios. Pensando en esto, vemos que aquello que siempre hacemos al último es lo que da mejores resultados. Es más fácil hablar a los hombres acerca de Dios que hablarle a Dios acerca de los hombres. Sería bueno que recordáramos las palabras de Samuel: “Así que, lejos sea de mi que peque yo contra Jehová cesando de rogar por vosotros.” (1 Samuel 12: 23)

Evaristo Ward


 

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