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El Dios de las balanzas cabales

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1999.2

LO QUE UNA persona ama y lo que aborrece nos revelan mucho de como es. Al detallar Proverbios exactamente lo que aborrece Dios, se nos ayuda a percibir mejor la naturaleza divina.

Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma:

los ojos altivos,

la lengua mentirosa,

las manos derramadoras de sangre inocente,

el corazón que maquina pensamientos inicuos,

los pies presurosos para correr al mal,

el testigo falso que habla mentiras,

y el que siembra discordia entre hermanos.

Proverbios 6:16-19.

Para entender bien este pasaje lo debemos interpretar en dos maneras. Primero, al nivel sencillo. Dios aborrece siete cosas. Para la predicación, uno podría usar cada ejemplo como base de un mensaje con el propósito de exhortar a los creyentes que sean humildes, que no mientan, y así con cada verso.

Sin embargo, no debemos perder la fuerza de la repetición en el texto. ¿Cómo distinguimos entre la lengua mentirosa y el testigo falso si cada testigo falso tiene una lengua mentirosa? Salomón se vale de miembros del cuerpo para representar toda la persona. El cuadro pintado es de una persona entera, de los ojos hasta los pies, que queda afectada por el pecado. Para Dios todo lo enumerado en la lista es una abominación. No basta con decir que Dios aborrece el pecado pero ama al pecador, porque el testigo falso mismo es una abominación. La técnica literaria que empleó Salomón: “seis y aun siete” que las primeras seis ideas son una unidad y la séptima es algo adicional. El enfoque cambia. Ahora la idea se refiere más a las personas afectadas y menos al pecador. La persona que siembra discordia que es una abominación.

Lo difícil de comprender es la relación entre el perdón que todos los que se lo piden a Dios lo reciben y el hecho de que todos nosotros cometemos pecados que se mencionan en esta lista de Proverbios 6. Es cierto que Cristo Jesús nos perdona, pero también hay momentos cuando Dios califica nuestros hechos de abominables, y a veces, hasta nosotros mismos.

¿Qué es lo que provoca tanto a Dios? En el Levítico, después de establecer el sistema de sacrificios y el sistema sacerdotal, Dios dijo:

Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os sanctificaréis,

y seréis santos, porque yo soy santo; (…)

Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro

Dios:

seréis, pues, santos, porque yo soy santo. Levítico 11:44,45

Dios los hizo recordar que la santidad no era opción. La referencia a la liberación que Dios realizó cuando sacó los hijos de Jacob de Egipto es para hacerles recordar que el propósito de la Pascua no era político, sino adoptivo para que Jehová fuera el Dios del pueblo. Ya que Dios es santo, el mandamiento es: que sean santos. Que se parezcan a su Papá.

Muchas veces pensamos que la santidad es una opción, que es algo volitivo, como si pudiéramos escoger la santidad o rechazarla. La enseñanza bíblica indica algo distinto. Los que adoran a los ídolos se parecen a sus ídolos, Salmo 115:8. Los idólatras que viven , respiran, hablan y ven, se parecerán a los ídolos muertos, que ellos mismos han confeccionado con sus propias manos. El principio es que nos vamos a parecer a quien o a lo que adoramos. El que alaba a Jehová no tiene la opción de decidir si ha de ser santo, de la misma manera que un niño no puede decidir si quiere o no parecerse a sus papás.

Queda claro que la santidad bíblica y verdadera no consiste en una decisión de abstenerse de algo, ni de llevar una vida dolorosa y austera; más bien es una afirmación de todo lo que Dios es, todo lo que Dios ama y es una consecuencia de nuestra adoración a él. La santidad tiene poco que ver con vino, música o ropa, pero mucho que ver con tener la misma opinión que tiene Dios en cuanto a la mentira, la violencia, pensamientos malos, la codicia y el orgullo.

Ahora podemos entender la razón por la cual la pureza de la práctica religiosa en el culto hebreo era tan importante. Jehová se declara que es un Dios celoso, que no permite la adoración de cualquier otro. Su enemistad hacia el sincretismo, el cual consiste en combinar las prácticas paganas con el culto de Jehová, no sólo es consecuencia de los celos, sino de su deseo de verse reflejado en sus hijos. Los que adoran a un dios empiezan a parecerse al objeto de sus alabanzas. La santidad de los israelitas era evidencia que eran hijos de Dios. La falta de santidad implicaba que ellos adoraban a otro dios y por resultado se parecían a sus ídolos. Ningún padre quiere que sus hijos se parezcan al vecino.

¿Qué más aborrece Dios? Ya se dijo que el sincretismo. Además se menciona en la

Biblia que aborrece la perversidad, los pensamientos malos, la codicia.

No nos sorprende que Dios aborrezca la adoración de dioses falsos. Los demás pecados de las 21 referencias son los mismos que encontramos en Proverbios 6:16-19. Sin embargo, cinco referencias tratan asuntos no mencionados en este pasaje. Veamos el peso falso.

Proverbios 11:1 que dice El peso falso es abominación a Jehová.

Proverbios 20:10,23. Tanto la pesa falsa como la medida falsa son abominación para el Señor.

El peso de estos versículos se refiere a una piedra que se empleaba en las culturas antiguas para medir con una balanza. El carnicero la empleaba para determinar el costo de la carne que despachaba al cliente. Pero si usaba en su balanza una piedra que pesara un tris menos que lo establecido por ley, salía con mayor ganancia y nadie se daba cuenta. Es fácil comprender por qué Dios tuviera una actitud mala contra esta práctica. Cualquiera condenaría eso como pecado.

Lo interesante es preguntar que por qué el peso falso es abominación mientras que muchos otros pecados no son declarados abominables. Teológicamente no es suficiente decir que Dios es justo. Él es el ser que define lo que es justo. No es bueno o santo o justo debido a una regla que hemos establecido para juzgar a Dios. Su ser nos explica el concepto del bueno, santo, justo. David lo dijo así:

Justicia y juicio son el cimiento de tu trono;

Misericordia y verdad van delante de tu rostro. Salmo 89:14.

El Dios justo nos revela su justicia por medio de lo que él hace. Quien determina lo que es justo es Dios. También lo afirma en su palabra. Gobierna el universo en base a esta justicia. Inimaginable sería que Dios lo hiciera de otra manera, Job 34:12; Salmo 9:7; 96:10,13. Su justicia perdura siempre y se administra a todos.

El que oprime al pobre afrenta a su Hacedor;

Mas el que tiene misericordia del pobre, lo honra. Proverbios 14:31.

Dios trata a cada una de sus criaturas de manera igual. Cuando nos manda tener misericordia del pobre, hace ver que desea que seamos como él. No hemos de robar ni medir con pesos falsos. Cuando nos aprovechamos de otros, cuando usamos el equivalente de un peso falso, nos parecemos más a dioses falsos que al Justo.

La última referencia a lo que Dios aborrece se halla en Proverbios 17:15:

El que justifica al impío, y el que condena al justo,

Ambos son igualmente abominación a Jehová.

Los malos experimentan la ira debido a la justicia de Dios. Los rectos son restaurados por la justicia, por lo que el salmista pidió:

Júzgame conforme a tu justicia, Jehová Dios mío,

Y no se alegren de mí. Salmo 35:24

Socórreme y líbrame en tu justicia;

Inclina tu oído y sálvame. Salmo 71:2.

Tal liberación es justa. Cuando Dios restaura algo al propósito para el cual lo creó, la Biblia dice que es justo. La victoria de Débora es justa, Jueces 5:11. La declaración de Ciro que liberó los judíos del cautiverio también es justa, Isaías 41:2. Por lo tanto los que adoran a El Justo son obligados a llevar una vida que sigue los dos sentidos de justicia. Los hijos de Jehová tienen sólo un peso y los hijos de Jehová trabajan para restaurar la justicia. No basta con no hacer el mal. Si queremos ser como nuestro Dios justo debemos luchar para corregir lo injusto en nuestro mundo. XXX

Pablo Kazim Gury


 

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