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Buenos líderes= buenos seguidores

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1979.1

Por Kit Lambeth

 

La calidad de la enseñanza en la clase, la organización con la cual opera la escuela dominical, y los resultados totales de la obra de la escuela dominical dependen grandemente de la calidad del liderazgo que le proporciona su superintendente.

ES UN ORGANIZADOR

Es difícil conseguir que alguien le siga si usted mismo no sabe adónde va. Un superintendente eficiente organiza el trabajo de la escuela dominical de modo que todos los obreros tengan un plan sencillo y definido para seguir.

Entonces, él los guía en sus nuevos senderos. El superintendente es responsable de ver que los maestros reciban el entrenamiento en los métodos de enseñanza más modernos. Debe enfatizar también los planes de extensión. En otras palabras, promueve el crecimiento total de la iglesia. Con un buen plan de continuación, alcanzará cada vez más personas para el Señor.

ES UN BUEN SUPERVISOR

Si en su iglesia se acostumbra todavía a celebrar servicios de apertura de la escuela dominical, el superintendente los debe dirigir. Se deben llevar buenos registros y evaluarlos. Tal vez un maestro llega tarde y otro está ausente, y el superintendente esta ocupadísimo.

Es muy posible que usted haya pasado por situaciones similares sin que se interrumpa el servicio de apertura. Eso es supervisar en el sentido más profundo de la palabra. Sin embargo, algunas situaciones requerirán mucha oración y diplomacia.

Supongamos que un maestro no toma seriamente su responsabilidad. Supongamos que en el departamento de los jóvenes hay problemas de disciplina. En ese caso, el superintendente tendrá la oportunidad de hablar con cada persona personalmente, y manejar la situación con diplomacia.

Por otro lado, el supervisar incluye reconocerles a los maestros cuando su trabajo es excelente. También incluye animarlos mostrándose interesado en su trabajo. Algunas veces esto requiere mucha reserva.

Así sucedió un domingo cuando nuestro superintendente visitó mi clase de la escuela dominical. Mis alumnos y yo estábamos trabajando arduamente repasando algunos hechos bíblicos mientras pintábamos las escenas de fondo para nuestro programa de la Navidad. El superintendente entró a la clase y dijo sonriendo: “Que concentración. Los podía oír pensar desde el otro lado del pasillo.” Los maestros podrán trabajar muy bien con un superintendente así.

DEBE PODER COMUNICARSE BIEN

El tener las líneas de comunicación abiertas entre el maestro y el superintendente es algo vital para un buen liderazgo. Cuando se pueden comunicar bien, los maestros sienten libertad para discutir sus problemas y victorias con usted. Usted estará preparado para ofrecer sugerencias o merecido encomio, según sea el caso, porque puede ponerse en el lugar de los maestros y está adiestrado para escuchar y responder.

Es esa forma, le es posible promover nuevas ideas entre sus obreros u ofrecerles consejos. También entiende cuando la opinión de alguien difiere de la suya. Pero lo más importante es que usted tiene abierta constantemente la línea de comunicación con Dios, y allí es donde yace el secreto de un liderazgo exitoso.

ES UN ORGANIZADOR

El motivar a los demás es probablemente la tarea más difícil del superintendente de la escuela dominical, y tal vez podría ser la más importante.

La clave para motivar a sus obreros puede muy bien ser su propio ejemplo. Usted de la pauta que los demás deben seguir. Si se muestra entusiasta en cuanto a la obra de la escuela dominical, con toda probabilidad, sus obreros también se mostrarán entusiastas.

El superintendente puede generar motivación en sus obreros mostrándose confiado en sí mismo y demostrando confianza en las personas con quienes trabaja” Si persevera en momentos difíciles puede elevar e inspirar a sus colaboradores. Si deja brillar el gozo de su salvación y su fervor por la obra de Dios le será fácil crear actitudes positivas en sus colaboradores.

El entusiasmo se esparce como una epidemia. Muy pronto alcanza al salón de clase, y luego crece a través de toda la iglesia.

De los pozos secos no sale agua buena. Cuando los pozos espirituales de los obreros o del superintendente se secan, el servicio de ellos sufrirá.

No podemos compartir lo que no tenemos. Anime a sus obreros para que mantengan períodos devocionales privados regulares (estudio bíblico y oración). Vuelva a examinar sus propios hábitos devocionales. Sin el poder diario del Espíritu Santo, nuestro trabajo retornará a nosotros vacío.

ES UN CONSTRUCTOR

Los buenos líderes conocen las necesidades de sus obreros. Rápidamente se dan cuenta de las deficiencias que existen en sus organizaciones. Entonces, trabajando estrechamente con el pastor y los obreros tratan de superar los puntos débiles.

El crecimiento continuo requiere cuidado continuo. El hecho de que una clase de la escuela dominical salga muy bien no significa que suceda lo mismo con la siguiente. Las personas cambian y las situaciones también cambian. Por lo tanto, los métodos y las soluciones deben cambiar también. Nos proporciona confianza saber que la fuente de nuestra fuerza y la solución para cada problema nunca cambia. Esa fuente y fuerza es Dios y su Palabra.

El buen liderazgo determina la eficiencia total de la iglesia:

1. Ayuda a los laicos y a los obreros a agrandar su visión, ya que sin la visión de Dios la obra se estanca.

2. Mejora las relaciones dentro de la confraternidad.

3. Ayuda a evitar crisis en el trabajo, la asistencia y los programas de extensión.

4. Significa un esfuerzo evangelístico más grande para la iglesia.

5. Inspira un servicio dedicado y consagrado.

Resumiendo, podemos decir que los buenos líderes son buenos seguidores.

 

Kit Lambeth


 

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