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Perspectivas de la santidad: entre el sacramentalismo, la legalidad y el significado bíblico

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2025.3

 Por Giselle Torres Venegas

Definitivamente es más fácil escribirlo que vivirlo. Es mucho más sencillo reducir la santidad y sus implicaciones a una liturgia. Vivir de acuerdo a lo que la palabra “santidad” en el original demanda morir.  De las muchas veces que me senté a redactar este artículo uno de los tropiezos más grandes que encontré fueron las aristas que los diferentes dogmas le otorgan a estos términos desde el original. Por un lado, los judíos reducen el término a lo ceremonial y los católicos a lo sacramental, aunque vamos a observar las razones por las que cada mirada religiosa enfatiza lo uno o lo otro la conclusión tiene todo que ver con el enunciado de este párrafo.

Acercarse al termino santidad, desde la liturgia, es más fácil porque permite que la moral se calle de una vez por todas y otorgue un placebo a la conciencia. Pensar “ya cumplí con estos ritos” es más sencillo que decir “tengo esta debilidad, debo confesarla, buscar a quien rendir cuentas y confiar en que el consejo de Dios es sabio por encima de las formas y soluciones  que mi cultura me ha enseñado a salir en limpio de los problemas”.

Mi propuesta para acercarnos al significado de santidad es entonces contrastar las miradas judía y católica con el desarrollo moral intrínseco al ser humano. Posteriormente, analizar la palabra santidad en el idioma original y sus demandas. Además contestar si es cierto el refrán: “Dios aborrece al pecado pero ama al pecador” con una crítica a las implicaciones que esta falacia ha traído a las prácticas cristianas y finalmente contemplar una exégesis del libro de Joel que puede ampliar el concepto de gracia y santidad sostenible solo a través de la justicia.

Dos miradas más fáciles:

Primer mirada: católica

Para empezar, debo confesar que más que sentir que este estudio sobre la mirada católica de la santidad  haya enriquecido mi vida, lo que me deja es un profundo asombro. Al escribir este artículo pude satisfacer una pregunta que estaba latente en mí. ¿Por qué existe la percepción de que los católicos pueden vivir en prácticas pecaminosas, pero luego creen que, con algunas obras o ritos, quedan exonerados de culpa? La respuesta es profunda y se abre en dos caminos: lo patrístico y lo sacramental.

El primer camino tiene soporte según sus dogmas, porque San Agustín de Hipona dijo: “la limosna borra los pecados veniales en quien ama a Dios de verdad”.[i] Y Juan Crisóstomo exclamo: “la oración y el ayuno son alas que elevan al cielo al pecador arrepentido”.[ii] También Tobías, libro apócrifo, dice: “La limosna libra de la muerte y limpia de todo pecado; los que dan limosna gozarán de una vida larga”.[iii]

Además, en su catecismo habla sobre la remisión de penas temporales por obras de caridad y penitencia.[iv] Las famosas indulgencias proponían: confesión sacramental, comunión eucarística, orar por las intenciones del Papa, tener total desapego del pecado, incluso venial, realizar la obra prescrita (ejemplo: rezar el rosario, leer la Biblia 30 minutos, visitar un cementerio en noviembre, etc.).[v] Con esto en mente, una persona católica puede pecar, luego confesar sacramentalmente y pagar indulgencias para que se “borre” la cicatriz del pecado, según ellos y, así cada vez. Según esta postura, los méritos de Cristo no son suficientes sino que además requieren “las obras de la virgen María y de los santos que cooperaron con su propia salvación y obraron en beneficio de sus hermanos”.[vi]

Al adentrarme en la enseñanza católica sobre las indulgencias, pude constatar cómo, a lo largo de los siglos, se sumaron interpretaciones humanas a las Sagradas Escrituras, hasta cristalizar un cuerpo dogmático. El magisterio católico ha desarrollado prácticas que no aparecen en la Biblia ni explícita ni doctrinalmente. Pero, ¿por qué tienen tanta diferencia entre la palabra revelada y sus dogmas? Talmadge ofrece un argumento que sinceramente nos dejan atónitos. En sus palabras “el error católico fue concluir que el cristiano es incapaz de vivir una vida realmente santa… entonces la alternativa es que Dios lo aceptara a través de su liturgia”.[vii] Si lo pensamos así, es realmente triste pero resulta más fácil “pagar indulgencias” que vivir en santidad.

El camino sacramental por otro lado, tiene según la interpretación de la iglesia romana dos componentes: físico y simbólico. El físico consta de un elemento material al cual se le atribuye un significado guiado por la gracia divina. Antony Delgado argumenta que como sacerdotes tienen el riesgo de caer en lo ritualista al darle mayor atención al objeto de la ceremonia o en lo místico al asignarle superstición a los significados.[viii]

Nuevamente, la mirada religiosa apunta a la imposibilidad de ser santo por lo cual se refugia en lo sacramental para expresar devoción. A propósito de este vacío moral, en conversación personal con Francisco Ruíz pastor en Belén, Boyacá, Colombia, describe que en su municipio cotidianamente las personas pueden, por la mañana, cumplir un  sacramento: bautismo, confirmación, eucaristía, y en la tarde celebrarlo con borrachera, fornicación, pleitos y enemistades. Se confirma entonces que tanto las indulgencias como los sacramentos perdieron el matiz didáctico y se volvieron un aliciente para quienes, conscientes de su mal actuar, se conforman con apuntar al “purgatorio” a través de indulgencias o rituales porque ven la santidad como una meta imposible.

Segunda mirada: judía

Cuando uno decide estudiar un pasaje en su idioma original, suele albergar la idea romántica de que los eruditos judíos ofrecerán una descripción objetiva de las raíces de las palabras. Sin embargo, “el judaísmo rabínico interpreta la Escritura dentro de un marco comunitario y legal, no necesariamente buscando la intención literal o universal del texto”.[ix] Pronto se descubre que en necesario leer con pinzas la literatura que viene de los rabinos. La respuesta, parece evidente: al no tener la revelación del Cristo sus interpretaciones permanecen veladas.[x] Además, no se limitan estrictamente a las escrituras, sino que se apoyan en extensas colecciones de comentarios acerca del texto sagrado, escritos por doctores de la ley, que con frecuencia muestran matices humanistas o incluso nacionalistas, más inclinados a reforzar la identidad del pueblo que a realizar una exégesis fiel al texto inspirado.[xi

Este es el caso de la palabra qadosh (קדוש), generalmente traducida como “santo”, cuyo sentido en la literatura rabínica tiende a centrarse en la separación ritual y la pureza ceremonial, mientras, que en la revelación cristiana alcanza su plenitud en la comunión con el Dios que se da así mismo y santifica interiormente al ser humano por medio del Espíritu.  La palabra santidad esta apartada de la categoría ética para Schaser.  De hecho, en su interpretación alude a que asociar la palabra santo a una conducta moral es más una vertiente moderna que una definición antigua hebrea. En cuanto a Levítico 19:2 que dice literalmente: “sed santos”, él dice: “difícilmente puede significar que Israel debe ser moralmente justo o recto como Dios en el cielo”.[xii]

En contraposición cristiana  Feroy Forlines dice:

No podemos decidir si necesitamos vivir de acuerdo con el estándar moral de Dios. Dios lo decidió cuando nos creó. Podemos decidir si queremos vivir de acuerdo con las enseñanzas morales de Dios, pero no podemos decidir si lo necesitamos. Dios lo  ha  decidido.  Un  ser  humano  no  puede  ir  en  contra  de  la  ley  moral  de  Dios  sin  sufrir consecuencias.[xiii]

La moralidad asociada directamente a la santidad es la respuesta a la necesidad intrínseca al ser humano de vivir de acuerdo a los estándares de un Dios santo. Por el contrario, el pecado produce la insatisfacción propia de ir en contra de las directrices que Dios estableció como guía.

La palabra santidad en el original

Para este análisis debemos reconocer la que palabra santo define a Dios, no es solo un atributo sino que representa su esencia. Este “aceite, que se expresa de su poder” genera el concepto de su grandeza y soberanía sobre la creación. Para el artículo Holines la combinación de santidad y justicia son las características a través de las cuales se revela Dios en el Antiguo Testamento.[xiv] Mientras que, para hablar de Dios se usa קָדֹושׁ qādōsh en 1 de Samuel 2:2 en este caso la palabra santo funciona morfológicamente como un adjetivo masculino singular que califica a Dios describiendo una cualidad de su carácter: “no hay santo como Jehová; porque no hay ninguno fuera de ti, y no hay roca como nuestro Dios”.

אֵין־קָדוֹשׁ כַּיהוָה כִּי אֵין בִּלְתֶּךָ וְאֵין צוּר כֵּאלֹהֵינוּ׃

En contraste, la palabra que se usa para hablar de “santo” respecto a un objeto o persona apartada para un oficio que servirá a Dios es la palabra griega ἁγιάζω (hagiazó), para el ejemplo usaremos Mateo 23:19. En este caso, la palabra santo no es un adjetivo, es decir, no califica a la ofrenda, no dice que esta sea una característica intrínseca de este objeto. Por el contrario, al estar en participio se puede traducir hacerse santo. Es decir, este objeto será apartado para hacerse santo o consagrado a un oficio para Dios. Al actuar como participio adjetival es el altar el que santifica la ofrenda.

“Ciegos, porque ¿qué es más grande: la ofrenda, o el altar que santifica la ofrenda?”
τυφλοί, τί γὰρ μεῖζον, τὸ δῶρον ἢ τὸ θυσιαστήριον τὸ ἁγιάζον τὸ δῶρον;

Lo explicaremos en palabras sencillas. El altar τὸ θυσιαστήριον es un sustantivo neutro nominativo, es decir, es quien hace la acción. Mientras que τὸ δῶρον la ofrenda es un sustantivo neutro acusativo, es decir quien recibe la acción. ¿Cuál acción? La que hace el altar expresada en τὸ ἁγιάζον hacer santo o santificar, de esta traducción podemos concluir que por estar en un participio adjetival, es una acción constante que recae sobre la ofrenda en este caso. El altar hace santa la ofrenda.

Esta comparación de palabras nos permite comprender la dimensión de la palabra santidad en el original. La palabra santo le pertenece como cualidad únicamente a Dios quien la porta como parte de su soberanía, autoridad y poder, ser santo es inherente a ser Dios. La palabra santidad o santificar es la acción que recae sobre un objeto o persona apartada para un oficio sacro. La palabra santificar es usada cuando se modifica al espíritu por ejemplo en Mateo 1:18 y expresa que se refiriere al Espíritu Santo, también en 2 Timoteo 3:15 para describir los escritos sagrados. Dios es la fuente de lo sagrado y santifica a los que aparta para su servicio o consagración particular.

Dicho esto, hay una crítica que realiza un sacerdote a nuestra falta de sacramentalismo protestante y para ser justos quiero dejarla como reflexión. Si bien es cierto, los cristianos creemos que somos santificados a través de la obra de Jesús y que él justifica y participa en el proceso de santificación de sus hijos y por lo tanto, no dependemos de lo “sacramental” para alcanzar la purificación. Pero ¿será que el altar puede con todo? Este sacerdote critica las creatividad en el altar y alude que Dios dejó claro las formas a través de las cuales podemos ofrecer adoración. El cita la confesión de Westminster:

La forma aceptable de adoración al Dios verdadero, está instituida por Él mismo, y está de tal manera limitada por su propia voluntad revelada, que no debe ser adorado según las imaginaciones e invenciones de los hombres, o según las sugerencias de Satanás; bajo ninguna representación visible, o en alguna otra forma que no esté prescrita en la Biblia.[xv]

En otras palabras, si bien la iglesia tradicional reduce la santidad a un estilo de vida tan imposible que es mejor buscar refugio en los rituales, promesas y sacramentos, quizá es tiempo de observar las prácticas que se permiten en el altar. Sinceramente, me pregunto: ¿hacer todo tipo de presentaciones, disfraces, ritmos y vestuarios, que en general han incluido neopentecostales, hacen parte de lo “sacro”, o la iglesia evangélica ya no tiene líneas que diferencian entre lo sacro y lo secular y todo es válido para adorar al Señor? Es posiblemente, una pregunta que da para escribir otro artículo. Es importante aclarar que es diferente usar la didáctica, la pedagogía y la neuroeducación para hacer una ilustración, a convertir el tiempo y el lugar de adoración en un espectáculo.

Hay otras palabras utilizadas para referirse a la santidad en el original:  

ἱερός (hieros) – “sagrado, inviolable”. Definición: relacionado con lo sagrado en sentido ceremonial o ritual; no se aplica a personas.[xvi]

ἁγνός (hagnos) – “puro, libre de mancha moral”. Definición: describe pureza tanto en sentido moral como ritual. Ejemplos en el Nuevo Testamento (8 apariciones): 2 Corintios 11:2: “…virgen pura (hagnēn) a Cristo”, Filipenses 4:8: “…lo puro (hagná)…”, dirigiendo los pensamientos, 1 Timoteo 5:22: “…mantente puro (hagnón).”

Otras apariciones: Tito 2:5; Santiago 3:17; 1 Pedro 3:2; 1 Juan 3:3.[xvii]

δίκαιος (dikaios) – “justo”. Definición: Persona que actúa conforme a la justicia divina y el estándar moral divino. Identifica al que es recto y rectificable. Ejemplo: Mateo 1:19

Griego: Ἰωσὴφ δὲ ὁ ἀνὴρ αὐτῆς, δίκαιος ὢν…
Español (RV1960): “Pero como él era justo…”[xviii]

Es interesante, que cada cita bíblica que hace referencia al término (hagnos) se refiere tácita y concretamente a la pureza moral, a la integridad interior, es una “limpieza no contaminada” que se puede vivir en la práctica social y en el ejercicio comunitario y personal. En este caso, se diferencia de (hieros) en el hecho de que es santo no por consagración (alguien lo aparto para) sino por una conducta pura, una sabiduría de lo alto, un pensamiento puro, por no participar en pecados ajenos. Quiero resaltar, que esa pureza más allá del ritual es continua.

En 1 de Juan 3:3 observamos la expresión: “se purifica” este verbo es un presente activo del indicativo en un aspecto imperfecto progresivo lo que señala una acción continua. No se purificó una vez, no es purificado de forma pasiva, no es purificado mediante un sacramento; sino que, de forma activa más bien vive en un proceso de purificación. Dentro de la Teología de Juan el proceso de santificación es iniciada por Dios (Jn.17:17), sostenida por la relación en Cristo (Jn.15) y expresada como purificación continua (1 Jn.1:7, 3:3).

Por lo pronto, podemos afirmar que la santidad es una cualidad atribuible únicamente a Dios, es inherente a su carácter y es la razón por la que él puede actuar con justicia. Por otro lado, él santifica a quienes aparta para su servicio y les confiere un proceso a través del cual pueden tener una vida libre de pecado.

Al respecto cabe resaltar el uso de una de las palabras para santo:

δίκαιος (dikaios) – “justo”

Definición: Persona que actúa conforme a la justicia divina y el estándar moral divino. Identifica al que es recto y rectificable. Ejemplo: Mateo 1:19

Griego: Ἰωσὴφ δὲ ὁ ἀνὴρ αὐτῆς, δίκαιος ὢν…

Español (RV1960): “Pero como él era justo…”

Como hemos visto a lo largo de este estudio, la santidad es un atributo exclusivo de Dios y que además le permite actuar con justicia. A través de Cristo, los hijos de Dios pueden ser apartados para tener una vida pura y ser sostenidos continuamente en el proceso de santificación. No obstante, el acto de juzgar o de ser juez, si bien tiene unos matices confiados por Dios al ser humano, es también puramente inherente a lo divino. Debido al celo que me embarga al utilizar el término: así dice la palabra del Señor, ampliemos este término de justicia, casi pariente de santidad desde la perspectiva de Joel producto de una exégesis de mi propia autoría.

Dios ha delegado una parte, un matiz, un color de la santidad al hecho de actuar con justicia (dikaios), precisamente establece que una persona justa es quien actúa según el estándar moral de Dios. La justicia consiste de esa manera en estar sujeto a la norma. Brevemente veamos un aspecto de la palabra justicia desde la perspectiva de Joel, en este libro se nos muestra que Dios se sentará a juzgar en el valle de Josafat y para tal fin convoca a sus valientes. Se menciona el famoso y tan mal interpretado texto: diga el débil fuerte soy. A simple ojeada parece que por fin el justo castigo de Juda vendrá y será espantoso. Sin embargo, la palabra usada para juzgar es שֹׁפֵט, shofét que significa auxiliador.  El juicio de Dios es para liberar a los oprimidos y reconciliar a las naciones.

¡Que ternura es el corazón de Papá! El Santo Dios, el Rey Justo no busca destruir sino reconciliar. Pero, ¿es posible entonces que Dios “odie el pecado pero ame al pecador”? Esta es una falacia, es un mal muy diseminado en nuestras congragaciones que “tolera el pecado”, es una burla a la ternura con la que Dios juzga y la razón por la que muchos se volvieron pecadores activos o santos pasivos. La palabra de Dios dice enfáticamente  que el Señor no se deleita en la maldad; “el mal no podrá morar contigo, aborreces a todos los que hacen iniquidad” (Sal.5:4-5) ¿Es posible torcer el significado de este texto y decir que Dios aborrece al pecado no a los pecadores? De ninguna manera, procedo a explicarlo desde el hebreo.

שָׂנֵאתָ כָּל־פֹּעֲלֵי אָוֶן

Aborreces a todos los practicantes de maldad

¿El verbo שָׂנֵאתָ śānē’ta se refiere a los pecadores o a la maldad? Pues la respuesta es simple: el objeto directo es שָׂנֵאתָ כָּל־פֹּעֲלֵי אָוֶן kol-pō‘ălê ’āwen a todos los que practican iniquidad. Dios aborrece a los practican el pecado. Me gusta el argumento de Piper en su episodio 140: “los pecados no sufren en el infierno, los pecadores sufren en el infierno”.[xix]

Si Dios aborreciera solo al pecado pues no enviaría al infierno a los pecadores. Entonces no tomemos livianamente el tiempo de gracia que gozamos pues muchos al no ver el inmediato castigo de sus acciones piensan que Dios pasa por alto su vida de pecado y dicen atrevidamente “El Señor me ama mucho.” Penosamente, se escuchan testimonios de gente que pasa a dar gracias porque fue infiel o cometió una infracción y ¡no lo pillaron! Por ningún motivo Dios habita en medio de quien practica la maldad, él es Santo (Sal.73:3, Ec.8:11, Ro.2:4-5, Gá.6:7).

En conclusión Dios es santo y esta cualidad está ligada a la justicia. El consagra y aparta lugares y personas para su servicio sacro, establece de qué manera deben servirle y no debe tomarse con liviandad. La santidad de Dios puede ser vivida por el hombre a través de Cristo en una vida pura, manifiesta en un carácter moral según sus estándares divinos. Es una tragedia judía sacar lo moral de sus interpretaciones rabínicas y un error católico reducir la santidad a lo sacramental o ceremonial.

Por medio de Jesús, la Biblia nos muestra que es posible vivir en un proceso de santificación continua. La ternura con la que nuestro buen Dios nos juzga no debe ser tomada como debilidad o sinónimo de permisividad sino todo lo contrario. Dios con su justicia y santidad liberta a los oprimidos y los apartara de los pecadores para quienes tiene su lugar ya fijado.


Bibliografía

[i] Agustín de Hipona. Enarrationes in Psalmos. En Patrologia Latina, vol. 36–37, editado por J. P. Migne. París: Garnier, 1841–1864.

[ii] Juan Crisóstomo. Homiliae in Matthaeum. En Patrologia Graeca, vol. 57, editado por J. P. Migne. París: Garnier, 1857–1866.

[iii] Biblia Latinoamericana (Madrid: Editorial Verbo Divino, 1995), Tobías 12:9.

[iv] Catecismo de la Iglesia Católica, 2ª ed. (Ciudad del Vaticano: Librería Editrice Vaticana, 1997), n. 1472-1473.

[v] Pablo VI. Indulgentiarum Doctrina: Constitución Apostólica sobre la revisión de las indulgencias. Ciudad del Vaticano: Librería Editrice Vaticana, 1967.

[vi] Catecismo de la Iglesia Católica, 2ª ed. (Ciudad del Vaticano: Librería Editrice Vaticana, 1997), 1476.

[vii] O. Talmadge Spence, “The Biblical Doctrine of Sanctification: Part Two,” Straightway: A Publication of the Foundations Ministries 25, no. 7 (julio 1997), www.straightwayonline.org/articles/56/the-biblical-doctrine-of-sanctification-part-two

[viii] Delgado, Anthony. “A Brief Introduction to Protestant Sacramentalism.” Anthony Delgado|Explore Faith & Hope Today. May 5, 2025. www.anthonydelgado.net/articles/a-brief-introduction-to-protestant-sacrament

[ix] Neusner, Jacob. Introduction to Rabbinic Literature. New York: Doubleday, 1994.

[x] Kaiser, Walter C. The Uses of the Old Testament in the New. Chicago: Moody Press, 1985.

[xi] Sanders, E. P. Paul and Palestinian Judaism: A Comparison of Patterns of Religion. Philadelphia: Fortress Press, 1977.

[xii] Lizorkin-Eyzenberg, Eliyahu. “¿Qué es la ‘santidad’ en hebreo?” Israel Bible Center Weekly, 5 de septiembre de 2025. www.weekly.israelbiblecenter.com/es/que-es-la-santidad-en-hebreo

[xiii] Forlines, F. Leroy. A Theology of Salvation: The Orderly Account. Nashville, TN: Randall House Publications, 2011.

[xiv] “Holiness.” Encyclopedia of the Bible, Bible Gateway. Accedido el 8 de septiembre de 2025. www.biblegateway.com/resources/encyclopedia-of-the-bible/Holiness

[xv] Westminster Confession of Faith. Chapter XXI: Of Religious Worship and the Sabbath Day, Section 1. En The Westminster Confession of Faith. Accedido 8 de septiembre de 2025. www.westminsterstandards.org/westminster-confession-of-faith/

[xvi] Joseph Henry Thayer, Thayer’s Greek-English Lexicon of the New Testament (Peabody, MA: Hendrickson Publishers, 1996), s.v. “ἱερός”.

[xvii] Joseph Henry Thayer, s.v. “ἁγνός”.

[xviii] Frederick William Danker, Walter Bauer, William F. Arndt, and F. Wilbur Gingrich, A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature, 3rd ed. (Chicago: University of Chicago Press, 2000), s.v. “δίκαιος”.

[xix] John Piper, “God Loves the Sinner, But Hates the Sin?,” Ask Pastor John, episodio 140, 30 de julio de 2013, en Desiring God, www.desiringgod.org/interviews/god-loves-the-sinner-but-hates-the-sin

Giselle Torres Venegas


 
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1 Comentario  comments 

Una respuesta

  1. jhonatan giraldo

    Es muy importante entender y tener claro que es la santidad. Ya que Dios es santo y demanda santidad, sin la cual nadie verá al Señor.

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