Por Cleto Pérez
Introducción
En la Primera Epístola de Juan, el apóstol emplea el sustantivo (ἀλήθεια, ‘verdad’) nueve veces, el adjetivo (ἀληθής, ‘verdadero/a’) dos veces, el adjetivo (ἀληθινός, ‘verdadero/a’) cuatro veces y el adverbio (ἀληθῶς, ‘verdaderamente’) una vez. La forma verbal (ἀληθεύω, ‘decir verdad’) no aparece. Este estudio analiza estos términos en su contexto y no se ha de considerar todos los términos que el apóstol emplea.
Contexto histórico
Durante los días del apóstol Juan, la iglesia enfrentaba el naciente gnosticismo, un sincretismo entre filosofía y fe cristiana. La enseñanza gnóstica postulaba un dualismo radical: el espíritu resultaba bueno, perfecto y puro, mientras el cuerpo (materia) se consideraba malo, imperfecto e impuro. En consecuencia, Jesús (humano) no podía identificarse con el Cristo (Espíritu). Juan combatió este error mediante el uso de los términos «verdad», «verdadero/a» y «verdaderamente».
Testigo y praxis de la verdad en amor
Juan no inicia su epístola presentándose como autógrafo, ni tampoco ofrece un saludo de bendición, sino que comienza como testigo, junto con sus condiscípulos, de que Jesús era el Cristo. Ellos oyeron, vieron, contemplaron y tocaron al verbo (λόγος) de vida (1:1), divino – humano (Dios – hombre). Juan comunica aquella experiencia real en su primera epístola a sus lectores (1:4). También, afirma que, quien no practica el mensaje anunciado ni guarda los mandamientos de Jesucristo carece de la ‘verdad’ (ἀλήθεια, 1:5; 2:5). Por tanto, poner por obra la Palabra protege del error.
Jesucristo nos amó hasta el punto de entregar su vida por nosotros. Así, el amor (ἀγάπη) fraternal hacia los demás no debe limitarse a palabras, sino manifestarse en hechos y en ‘verdad’ (ἀλήθεια) (3:16-18). En esto conocemos que pasamos de muerte a vida (3:14). Además, en esto se reconoce que pertenecemos a la ‘verdad’ (ἀλήθεια) (3:19).
Unción verdadera
El apóstol amado inculca a los receptores de su misiva la unción (χρῖσμα) del Santo, de modo que todos poseen conocimiento (2:20). La unción recibida de Jesucristo permanece en ellos; enseña todas las cosas y resulta ‘verdadera’ (ἀληθής) en su enseñanza (2:27).
Conclusión
Para refutar y cerrar la boca de los heréticos, Juan escribe en primera persona del plural.:“sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para que conozcamos al ‘verdadero’ (ἀληθινός); estamos en el ‘verdadero’ (ἀληθινός), en su Hijo Jesús (humano) Cristo (Divino). Éste es el ‘verdadero’ (ἀληθινός) Dios y la vida eterna” (5:20). Por tanto, Jesucristo, Hijo de Dios, ¡es Dios!





