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La enseñanza – un ministerio de vital importancia

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1980.1

Por Lyle Thomson

 

El ministerio de la enseñanza es uno de los dones de más importancia que Dios le ha otorgado a la iglesia. Indudablemente, el Señor Jesucristo le dio a la enseñanza un lugar importantísimo durante su ministerio terrenal. En la gran comisión, se refirió a la enseñanza para ganar a los perdidos y para producir crecimiento espiritual en la iglesia (Mateo 28:19,20).

En la iglesia, la gran comisión fue llevada a cabo en circunstancias que los discípulos “no cesaban de enseñar y predicar de Jesucristo” (Hechos 5:42)

El apóstol Pablo se consideraba a sí mismo un predicador, un apóstol, y un maestro; y deseaba que Timoteo enseñara a otros, quienes a su turno enseñasen también (2 Timoteo 2:2). El apóstol Pablo recalcó el valor de este ministerio cuando escribió diciendo que un hombre que aspirase al elevado cargo de obispo fuese “apto para enseñar” (1 Timoteo 3: 12)

Dios ha instituido este ministerio en la iglesia (1 Corintios 12:28; Efesios 4:8) y en virtud de esta, no debemos pasar por alto su vital importancia. En realidad, se les exhorta a aquellas que tienen este don a ejercer este ministerio (Romanos 12:6,7). Si el predicador está consciente de la necesidad de la unción divina en su predicación, así también aquel que enseña debe esperar la misma unción del Espíritu Santo.

Las Sagradas Escrituras recalcan el hecho de que la enseñanza es un don. Y no es sencillamente para unos pocos. Un gran contingente de maestros se necesita para cumplir la tarea en el reino de Dios. Necesitamos pastores y maestros que sean “aptos para enseñar.” Necesitamos a Timoteos que impartan la enseñanza, y capaciten a otros para enseñar.

 

Este ministerio quizá no esté expuesto a la vista del público en algunos aspectos como está la predicación, pero no por ello es menos importante en el crecimiento general de la iglesia. No debemos despreciar este ministerio, ni dejar que desaparezca por falta de uso. Rindamos el honor que corresponde a aquellos que enseñan. Si tenemos conciencia de que nosotros mismos hemos recibido ese don, ejercitémoslo para la gloria de Dios. El presente avivamiento, que ha atraído a muchas almas al reino, continuará solamente sí tanto los creyentes como los ministros están fundamentados en la fe mediante un conocimiento profundo de la Palabra de Dios.

Lyle Thomson


 

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