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El niño del futuro

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1991.4

Por Judy Bartel de Graner

 

¡La escena es espeluznante! En medio de edificios semidestruidos corren grupos de pequeños harapientos, greñudos y sucios. Esperanzados de hallar una cáscara, un pedazo de pan con que desayunar, escarban en la basura. Bajo unos cartones y trapos mugrientos, yace el cuerpecito de un recién nacido que muere convulsionado por las drogas que se inyectaba su madre antes que él naciera. Cerca se oyen los disturbios de una pandilla de adolescentes que riñe con otra. Esos, también niños aún, son padres enloquecidos de los niños que lloran de hambre.

La película de ciencia ficción se llama “Ciudad del Futuro”. Nos consuela que la escena es sólo gestada toda en la mente maquiavélica de algún productor de cine. Apagamos la “tele”; pero no se apaga la inquietud. ¿Será profética la visión de aquel productor? ¿Será un cuadro que desafortunadamente ya se vive en algunas urbes del mundo?

Apaciguamos la conciencia. “No son NUESTROS niños… gracias a Dios que los NUESTROS no viven así. Pero de nuevo la con ciencia penetra la mente: “Bien sabéis que lo que esos niños sufren en lo físico, sufren mucho más en lo mental, en lo moral y en lo espiritual. Su hogar, su ciudad, su nación son basureros morales. Son también nuestros niños. “¿Qué haréis?”

Satanás ha emprendido un fuerte ataque en su estrategia de destruir áreas de la sociedad en que se desarrolla el niño: la familia, la iglesia, la escuela, el gobierno, el arte, los medios de comunicación y el comercio. Sabe bien que al lograr destruir o contaminar esas influencias, controla la nación.

Hay estadísticas que indican que en dos de cada tres familias habrá que resultará en la destrucción emocional del niño. Se informa que en cierto país latinoamericano, 25% de los niños han sufrido algún abuso sexual de parte de un familiar. El niño así se destruye moralmente.

Procura el diablo destruir la fe del niño. El ocultismo, el espiritismo y las religiones orientales ganan adherentes. Se satura la mente del niño de mentiras evolucionistas, ateas y humanistas. El “rap” y el “rock” crean mundos alucinantes de droga y violencia. Programas televisivos para niños proyectan seres mágicos que practican sus conjuros y empujan hacia el espiritismo.

El cuadro es terrible; pero la verdadera tragedia sería cruzarnos de brazos, asumir la actitud de que no hay nada que hacer y permitir esa destrucción desenfrenada. ¿De qué manera iremos al contraataque? Muchos nos desanimamos el miércoles en la semana de marcha alrededor del Jericó espiritual. Sólo a base de la perseverancia podemos llegar a ver desplomarse las defensas del enemigo.

Ojalá que cada congregación, cada grupo interesado en el niño se reuniera con determinación e interés para planear específica e inteligentemente la estrategia de guerra Espiritual. Se requiere un poco de investigación. Hay que formular preguntas claves para descubrir cuáles estrategias está empleando el enemigo para destruir al niño en las diferentes áreas.

Por ejemplo, para realizar una investigación de los medios de comunicación se podría hacer una encuesta entre niños de la iglesia como también entre los del barrio. Se les podría preguntar: ¿cuáles son sus programas favoritos de televisión? ¿Quisiera ser como él o ella? ¿Qué comercial sabe decir o cantar de memoria? ¿Qué se ve en el comercial?

A los padres o a las programadoras se les puede pedir una breve descripción de los programas que se proyectan durante el horario de los niños. ¿Cuáles son los originarios de otros países? ¿cuál el es contenido? ¿Hay cable o satélite? ¿Tienen los niños acceso a canales pornográficos? ¿Tienen las familias videograbadoras? ¿Qué videos alquilan?

Cada informe de los resultados de esas encuestas se debe presentar por escrito. Al obtenerlos, el dirigente o pastor puede planear un programa de acción. Hay que establecer tiempos para ayuno, oración e intercesión y motivar a la congregación a unirse en esta guerra para rescatar a los niños.

Al descubrir los daños que el enemigo hace, la iglesia ha de buscar la forma de arrebatar las horas que tiene para influir en los niños. Conseguir programas radiales y televisivos evangélicos. Difundir videos y audiocassettes con buena música y mensajes de ánimo. Así se contrarrestan los ataques satánicos y el tiempo de los niños se ocupa con enseñanzas edificantes.

Hay que enseñar a los niños cómo emplear armas ofensivas contra el enemigo. El Espíritu Santo mora en mentes y cuerpos inmaduras, pero puede obrar a través de ellos así como a través de adultos. Nuestra responsabilidad es adiestrarlos para ser fuertes soldados, listos para la batalla que les espera. Las mismas investigaciones que se hagan nos podrán ayudar a orientar a los niños para que sepan cómo el enemigo quiere destruirlos. Luego les podemos enseñar cómo estar pendiente para resistir sus artimañas.

El enemigo no espera hasta que los niños sean grandes para atacarlos. Es tan rudo con el indefenso como con el que se sabe defender. Al no actuar le cedemos el corazón del niño al diablo como si se lo pusiéramos personalmente en las manos. Si queremos salvar al niño hay que actuar. El trabajo descansa en nuestros hombros.

 

Judy Bartel de Graner


 

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